Si las selecciones inferiores españolas son lo que son y consiguen los éxitos que consiguen es, evidentemente, gracias a la calidad de sus jóvenes jugadores. Pero del mismo modo es evidente que quienes los escogen y dirigen tienen también mucha parte de culpa. En este punto es de justicia reconocer la inmensa labor que realizan los miles de entrenadores que se pasan las tardes en humildes campos de tierra sin más aspiraciones que hacer que unos críos se entretengan y disfruten con el fútbol, en la mayoría de las ocasiones hasta poniendo dinero de sus bolsillos para ello. Obviamente hay otros técnicos que tienen la fortuna (seguramente merecida) de pertenecer a la órbita de grandes clubes, y que son los encargados no ya de enseñar y entretener, sino también de pulir a las verdaderas joyas del mañana, aquellos chavales tocados por la varita del talento que están llamados a nutrir las plantillas profesionales del futuro y que son descubiertos tras un concienzudo y metódico trabajo de búsqueda por esos modestos campos de entrenamiento. Y volviendo al comienzo, en lo más alto de esta pirámide estarían los encargados de buscar lo mejor de entre lo mejor, quienes eligen a los más capacitados para representar a nuestro país en cada categoría y los dirigen al éxito. Y es aquí donde surge imponente la figura del mejor entrenador de fútbol base del continente (así fue reconocido por la UEFA), Juan Santisteban, alguien que, pese a ocupar esa cima del escalafón, alberga en su interior a uno de esos entrenadores de barrio que se dejan la piel por tratar de llevar por el buen camino a unos chavales de 15 años. Porque sus innumerables éxitos probablemente no serían tantos sin ese espíritu educador y paternalista que caracteriza a este sevillano, veterano de mil batallas y que ha conocido en su dilatada carrera todas las caras del complejo prisma que es el fútbol.
De compañero de Di Stéfano y Puskas a instructor de Bojan. Ha sido larguísima la estancia de Juan Santisteban Troyano (Sevilla, 1936) en el fútbol, tanto como para ganarse la Medalla al Mérito Deportivo en su versión de plata. El 30 de junio, camino de los 72 años, acaba su contrato como técnico de categorías inferiores y es probable que no renueve. Si es así, tendrá el final perfecto. Acabará como campeón de Europa Sub-17, tras un manteo de admiración y reconocimiento por parte de su último alumnado.
Santisteban perdió a sus padres a los seis años y hasta los dieciséis estuvo en el durísimo Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil. "La disciplina era terrible y se pasaba mucha hambre en aquella España de finales de los cuarenta. Aquellos ochocientos chavales nunca supimos a qué sabía la carne. Teníamos que conformarnos con un trocito de pollo el día del Pilar". El fútbol en los dos patios de aquel internado de la calle Serrano era un buen consuelo. Partidos entrecruzados entre docenas de chavales que se las apañaban para distinguir al compañero, al adversario y al ajeno durante el largo invierno. Porque el verano era otra cosa. Santisteban lo pasaba en Sevilla y allí jugaba partidos con los juveniles del Betis (antes probó en el Sevilla). "Hasta que un día, cuando tenía 16 años, vino el Madrid juvenil a jugar contra el colegio. Debí hacerlo realmente bien, porque Moleiro, el técnico, recomendó mi fichaje". Un cuento de Dickens en un colegio del Madrid de 1952.
Santisteban, medio de creación, un Guardiola traducido al fútbol actual, pasó un año en el juvenil blanco y dos en el aficionado antes de que Pepe Villalonga le subiera al primer equipo. "Tenía 19 años y todo el mundo me llamaba 'El chaval'. Decían que tenía un juego fino, pero muy poco físico. Medía 1,72 y el día que debuté en Pamplona pesaba 53 kilos. Para que engordara me llevaron un tiempo a Navacerrada". Su segundo partido fue un amistoso ante el Sochaux francés (14-1) y el tercero, un Atlético-Madrid en el Metropolitano: "Todo el mundo pensaba que en la media jugarían Muñoz y Zárraga. Ya en el vestuario, Villalonga me preguntó: '¿Cómo te ves, chaval?'. 'Bien', le dije. 'Pues ponte las botas, que sales". Santisteban relevó así a una leyenda, Muñoz, y ganó con el Madrid cuatro Ligas y otras cuatro Copas de Europa. Fue titular en las finales del 58 (3-2 al Milán en Bruselas) y del 59 (2-0 al Stade Reims en Stuttgart). La del 60 ya le cogió lesionado. "Me rompí el recto anterior por querer forzar demasiado y tuvieron que operarme". El Madrid lo cedió al Venecia y lo repescó un año después. Jugaría de blanco hasta el 64, después se marcharía al Betis y acabaría su carrera en el 'soccer' estadounidense. "Yo estaba casi retirado y Puskas me llamó para jugar un partidillo de jugadores españoles contra estadounidenses en la Ciudad Universitaria. Les gusté y me prometieron un contrato. Saporta me adelantó 500 dólares para el billete de vuelta por si al llegar allí me dejaban colgado. También me dio cartas para el director del Banco Exterior en Washington y para el embajador en Estados Unidos. Pero en el Baltimore se portaron fenomenal. De hecho, cuando acabé, me propusieron quedarme como profesor de fútbol. No me decidí". Una carrera no demasiado larga, pero suficiente para sacar una conclusión: "No nacerá otro como Di Stéfano. Quizá fueran más técnicos Pelé o Maradona, pero el más completo de siempre ha sido Alfredo. Yo le vi, en un partido contra la Real, salvar un gol en nuestra portería y marcar en la misma jugada. Corría los noventa minutos y no quería verte parado ni cuando te atabas las botas".
Santisteban empezó y no acabó la carrera de Magisterio, pero siempre tuvo vocación docente. Pasó doce años en el Madrid, saltando de técnico del Castilla a ayudante del primer entrenador (Miljanic, Boskov, Di Stéfano). "En el 88, el Castilla no estaba bien y yo me fui a hablar con Molowny y le dije que necesitaba ayuda. Un directivo debió escuchar la conversación y el club decidió que no entrenara más al equipo. Me relegaron a ayudante de Molowny, entonces director de la Ciudad Deportiva. Me dolió. Y entonces Luis Suárez, al que habían nombrado seleccionador absoluto, me hizo una propuesta para trabajar en las selecciones inferiores. Me advirtió que no podían pagarme como en el Madrid, pero le dije que sí. Y hasta hoy". En veinte años ha estado en diecisiete finales y ha ganado doce títulos: cuatro europeos Sub-16, dos Sub-17, un Sub-19 y cinco Meridian Cup. Ayer mismo le llegó una felicitación de Michael Platini, presidente de la UEFA. "Después de conquistar algún título recibí ofertas para entrenar en Primera, pero siempre dije que no, porque no me sentía capacitado. Yo fui segundo de varios técnicos y vi lo difícil que es llevar un equipo profesional. En cambio, trabajar con chavales es magnífico". Recorre de memoria los 23 de esta Eurocopa y sólo le salen cinco que no pasaron por su clase: Palop, Juanito, Senna, Marchena y Güiza. "En cada concentración pido a los chavales que se presenten y a continuación les advierto que el que se crea más listo que los demás estará allí un día. No se llega a futbolista sin ser persona. La disciplina es esencial. Yo he tenido castigados a jugadores que hoy son internacionales durante año y medio".
"López Vallejo, Robaina, Sandro, Dani...". Santisteban repasa la primera generación que patroneó, que quizá quedó por debajo de sus expectativas. Jugadores pequeños y con talento. "Es verdad que en los años ochenta y noventa nuestra condición física de base era inferior a la de la mayoría de los rivales. Ahora ya no. La raza ha mejorado muchísimo, aunque sin llegar al nivel de los africanos... Dicen que allí los registradores pasan por los pueblos cada mucho tiempo y quizá las edades no sean exactas. Aún recuerdo aquella final del Mundial Sub-17 contra Ghana. Eran grandísimos. Nos ganaron 1-0 y nos pudieron hacer catorce. Si no es por López Vallejo... En cualquier caso, España ha sufrido un cambio brutal en el aspecto físico. Nos hemos equiparado a la mayoría de países europeos". Y, además, jugamos mejor: "Eso hay que atribuírselo a la cantidad de campos de hierba artificial que se han construido. Los hay en cada rincón de España". Ese giro a la modernidad, sin embargo, amenaza con limpiar el país de jugones: "Nos hemos preocupado tanto de mejorar el físico que quizá nos hemos olvidado del balón. Yo presencio entrenamientos y en cuanto veo a un entrenador que sale con 23 o 24 chavales y tres balones, me marcho porque ya sé lo que va a hacer". La proliferación de agentes tampoco ayuda demasiado a los chicos: "A veces engañan a los padres. Hubo épocas en que representantes y ojeadores tenían libre acceso en la residencia. Hierro ha acabado con eso. Ahora sólo pueden pasar los familiares". Dando saltos en el tiempo, Santisteban repasa a quienes mejor acabaron el curso: "De los campeones de Europa Sub-17 de 2007, Aquino, Camacho, Fran Mérida y Bojan ya han jugado en Primera. Éste es el que más me ha impresionado. Ha superado lo que me habían dicho de él. Es sensacional como jugador y como persona. Y está bien aconsejado. Su padre ha sido futbolista. Torres siempre fue rápido y valiente, lo más parecido a Van Basten que he visto. Cesc es increíble. Y Capel, al que obligaba a mirar mis manos en alto mientras corría para que levantara la cabeza. Y Casillas, aunque me criticaron porque le llevé demasiado joven. Y Sergio Ramos, del que me habían hablado maravillas y no me gustó demasiado en el primer partido. Pero es que jugó con 41º de fiebre sin decírselo a nadie. Y Granero o Javi García, a los que ser cedidos les ha venido bien. Y Thiago, al que no se le ha subido el éxito a la cabeza. Es inexplicable que con ellos la absoluta no haya ganado un gran campeonato. Quizá nos puede la presión, el tener a todo un país detrás". Quizá.
Personalmnte creo que la figura de este excelso hombre de fútbol se ha mantenido siempre en un segundo plano para mi de una forma injusta. Por motivos laborales alguna vez he coincidido con él en algún acto y sbre todo me ha llamado la atención su humildad y las ganas de quitarse protagonismo. Un señor de los pies a la cabeza. Un saludo
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Es injusto pero en cierta manera él mismo ha preferido mantenerse en ese segundo plano, como dices va con su personalidad y se entiende al conocer su vida. Además el fútbol base no suele ser un tema que acapare portadas y quizá por eso su trayectoria haya pasado desapercibida para el aficionado medio que sólo se guía por la actualidad más mediática, pero creo que todos los que amamos el fútbol en todas sus vertientes (que somos muchos) le tenemos en altísima estima, como no puede ser de otra manera. Un saludo, precisamente ayer estuve ojeando tu blog y me pareció muy interesante, te agrego al blogroll
ResponderSuprimirEStá claro que él ha preferido estar en ese segundo plano que mencionas, además cuando uno se acomoda en una faceta y es bueno en lo que hace, le cuesta cambiar de palo, sobre todo si eres como él que huye de los focos y de el primer plano. Además para trabajar con gente tan jóven hay que tener una exquisitez en el trato que no todos los entrenadores tienen por muy preparados que estén, así que es lógico que alguien tan válido haya llegado a la edad de él cosechando éxitos. Como comentas en otra entrada aun es pronto para valorar la etapa Hierro, pero si este fenómeno todavía seguía con ganas ( cosa que desconozco) merecería sin duda haber seguido trabajando hasta que él quisiera, me parece que esos valores que ha inculcado a tantas generaciones nunca caducan. Saludos
ResponderSuprimirHombre, en la entrevista de FIFA.com que enlazo en el segundo párrafo ya decía que empezaba a estar cansado de tanto viaje y que podría ser su última competición importante (era el mundial sub'17 de 2007), pero siendo como es no sé si lo diría de verdad o porque se olía que no le iban a renovar. De todas formas si no estaba "harto" de esto (tiene 73 años) podría haber seguido aportando cosas, aunque fuera sólo como asesor. No sé si se ha apartado él o le han dejado al margen, lo que sí sería muy triste
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