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lunes, 27 de diciembre de 2010

Crónicas de 2010: Cesc, Silva y el espejo alemán

Metidos ya de lleno en las Navidades, llega el momento de repasar lo que escribí antes de las semifinales contra Alemania, el que creo que acabó siendo el mejor partido de España en este inolvidable Mundial. Me centré en dos jugadores sin demasiado protagonismo en la cita sudafricana, Cesc y Silva, pero que por edad deben ser quienes tiren del carro español en Brasil 2014. Para entonces, creo que esta nueva Alemania llegará como máxima aspirante al título, y pase lo que pase no debemos olvidar que su éxito será consecuencia también de nuestro trabajo.

 "Esta Alemania es distinta a las anteriores, nos cuentan, y para justificarlo muchos se quedan simplemente en el crisol de razas y culturas que conforman su plantilla: descendientes de polacos, turcos, tunecinos, ghaneses, españoles y hasta un brasileño nacionalizado se mezclan con alemanes de pura cepa para formar un equipo sólido y, he aquí otra de las diferencias con respecto a anteriores selecciones germanas, con un exquisito gusto por el buen trato de balón. Se dice que Joachim Löw ha construido su equipo tratando de imitar el juego desplegado por España en la pasada Eurocopa, pero para lograrlo hay que tener las piezas adecuadas y eso no se consigue así como así. Alemania siempre ha reunido jugadores competitivos en su selección absoluta, pero en esta ocasión la edad de algunos de sus componentes llama poderosamente la atención (Khedira y los defensas suplentes Serdar Tasci y Denis Aogo apenas llegan a los 23 años; Boateng, Badstuber, Ozil y Marko Marin tienen 21; y Muller y Kroos, sólo 20), transformando en curtidos veteranos a jugadores de 25 y 26 años como Lahm, Schweinsteiger, Podolski, Mario Gómez o Mertesacker, y casi en “semiretirados” a Klose, Friedrich y Butt, los únicos que superan la treintena de entre los veintitrés convocados. ¿Qué hay detrás de esta nueva generación de alemanes?

Pues tras estos jóvenes descarados y talentosos está más o menos lo mismo que se encontrarán mañana enfrente. España. Porque en cierta manera este babyboom germano tiene sus raíces en nuestro país, y no me refiero sólo a que el hasta ahora casi inédito Mario Gómez descienda de familia andaluza. En abril de 2006, la Federación Alemana decidía darle las riendas de sus deprimidas categorías inferiores (ni un solo título continental en categorías sub’17, sub’19 y sub’21 desde el año 1992) a Matthias Sammer, el histórico jugador de los 90 y Balón de Oro en el 96, quien sabía perfectamente qué hacer para levantar el vuelo del fútbol base teutón: fijarse en los que saben. Adaptando el tradicionalmente exitoso modelo español de búsqueda, selección y gestión del talento a las características de su nación, Sammer comenzó a elevar rápidamente el nivel de las selecciones inferiores alemanas hasta alcanzar un histórico triplete entre 2008 y 2009, cuando durante unos meses Alemania pudo presumir de algo nunca visto antes en Europa, que un mismo país fuera el vigente campeón continental en las tres categorías. Varios de los jugadores que alcanzaron tal hazaña están hoy en Sudáfrica peleando ya por el Mundial, y si siguen con su evolución lógica llegarán al 2014 en plena madurez. Ese debería ser su Mundial, pero este es el nuestro y los maestros españoles todavía tienen mucho que enseñarles a sus discípulos germanos.

Y ojalá que la última lección puedan impartírsela dos jugadores llamados a ser los auténticos líderes de nuestra selección dentro de 4 años, Cesc Fábregas y David Silva, dos jóvenes que llevan dando clases a todo el mundo sobre cómo manejar una pelota desde el ya lejano 2003. Silva, un año mayor que el centrocampista catalán, fue el primero en aparecer en la escena internacional, guiando a España hasta el subcampeonato en el Europeo sub’17 de ese año. A su lado destacó José Manuel Jurado, quien unos meses después se convertiría en el mejor socio de un semi-desconocido Fábregas en el Mundial de Finlandia. Digo semi-desconocido porque sólo los más fieles seguidores de la cantera blaugrana, el seleccionador Juan Santisteban y el equipo de ojeadores de Arsene Wenger sabían de lo que era capaz de hacer este adolescente con un balón en los pies. Uno por llegar lesionado (Silva) y otro por ser el benjamín de la convocatoria (Cesc), nuestros protagonistas de hoy, y esperemos que también de mañana, tuvieron que esperar al segundo partido de aquel mundial para debutar en el torneo, y lo hicieron en una situación bastante desesperada para nuestra selección. Tras firmar un agónico empate en el minuto 96 del primer partido ante Sierra Leona, España perdía por 1-0 en el descanso del partido ante Corea del Sur y se complicaba mucho el pase a cuartos de final. El viejo Santisteban no se lo pensó más y dio entrada a estos dos cracks, pero Corea del Sur marcó el segundo y las cosas se pusieron verdaderamente feas. Sin embargo, Cesc comenzó a distribuir el juego y en sólo diez minutos, entre el 65 y el 75, Silva firmó la remontada con un hat-trick. Su nombre fue el que acaparó los titulares, pero el de Arguineguín (¿qué tendrá ese pueblo?) se autoexpulsó por una agresión en el siguiente partido ante Estados Unidos y dejó vía libre para que Cesc se convirtiera en el rey del Mundial.

Establecido ya como titular, Fábregas marcó un gol a los norteamericanos y lideró con dos tantos y una asistencia la goleada por 5-2 a Portugal en cuartos de final, en lo que fue la revancha de la final del Europeo de unos meses antes. Cesc, llamado en principio a ser el siguiente 4 de la factoría Barça, se aprovechaba del buen trabajo en la recuperación de Markel Bergara y de su buena compenetración con Jurado para asomarse al área con mucho peligro, pues era capaz tanto de disparar con precisión como de meter un último pase magistral. Y precisamente ese mayor atrevimiento ofensivo es lo que le ha acabado colocando en un plano distinto al de su ídolo Guardiola, que curiosamente es el último 4 que ha salido de la Masía, porque detrás de él vinieron Celades (más limitado), Xavi (ya hablamos sobre él), Arteta (quizá el más parecido a Cesc), Iniesta (qué decir) y el propio Fábregas. Todos criados en teoría para una misma posición, todos triunfando en otra distinta. Cosas del fútbol.

Pero estábamos en el país del sol de medianoche. En semifinales, la Argentina de Garay y Ustari golpeó primero y se fue al descanso con 2-0, pero España salió en tromba en la segunda parte y empató en menos de diez minutos gracias a dos golazos, cómo no, de Cesc y Jurado. La albiceleste se quedó con diez pero aguantó hasta la prórroga, y casi hasta los penaltis. Con España también con diez, y mientras en TVE simultaneaban el partido con la final del 1500 de los mundiales de atletismo de París, Cesc agarró un balón en la esquina del área y lo clavó en la escuadra de Ustari. Gol de oro en el minuto 117 que sirvió para meter a España en la final y para llevarse los premios como Mejor Jugador y Máximo Goleador del campeonato. Silva, que reapareció en la final tras una sanción de dos partidos, se llevó el galardón al tercer mejor jugador habiendo jugado poco más de partido y medio, lo que dice mucho de lo bien que lo hizo y de lo arbitrarios que muchas veces son estos premios.

Desgraciadamente, el título acabaría siendo para una decepcionante selección brasileña que comenzaba a mostrar en categorías inferiores una alarmante tendencia a rehuir el control del balón y a arremolinarse en torno a su portería. El 1-0 final fue injusto, pero es que curiosamente Cesc tiene el dudoso honor de ser uno de los pocos integrantes de nuestra selección que no ha ganado ningún título en categorías inferiores (claro que la Historia le tenía reservado el papel principal en la mítica tanda de penaltis de la Eurocopa). Fábregas salió del Mundial sub’17 ya como jugador del Arsenal, en una de esas oscuras operaciones que acaban con talentosos adolescentes en la escuela de Wenger a cambio de casi nada (aunque al final hubo acuerdo para pagar una importante compensación al Barça), y no tardó demasiado en debutar con el primer equipo de los “gunners”. En Londres creció como futbolista, aprendiendo el oficio de mediocentro con Patrick Vieira y Gilberto Silva y batiendo todos los récords de precocidad del club, y llegó al Europeo sub’17 del año siguiente como una estrella emergente. Pero el equipo que comandaba el del Arsenal y en el que figuraban Piqué o Capel, entre otros, perdió la final (para la que se clasificó gracias a un penalti transformado por Cesc en la prórroga del partido contra Inglaterra) ante la Francia de Nasri, Ben Arfa y Benzema. La siguiente temporada, la 2004/2005, es la de su ascenso definitivo a la élite, aunque una inoportuna lesión le hizo llegar algo justo de forma al Mundial sub’20 de 2005 (el de los goles de Llorente) y España cayó en cuartos de final a manos de la Argentina de Leo Messi. Con 18 años, y tras brillar en la Champions, Luis le dio la alternativa en la absoluta antes del Mundial de Alemania, y hasta hoy. Con una madurez impropia de sus 23 años pero perfectamente entendible si reparamos en cómo fueron sus primeros años en Londres, Cesc ha asumido sin complejos la capitanía de un club histórico, se ha instalado entre los mejores futbolistas del mundo, se ha acostumbrado a los rumores que los sitúan verano sí, verano también, en uno de los dos grandes del fútbol español y se adapta sin queja (o eso creemos) a un rol secundario en una selección en la que poco a poco ha ido ganando confianza y que pronto bailará a su ritmo.

Silva no perderá el paso, desde luego. El habilidoso jugador canario fue rechazado de niño por el Real Madrid y acabó aterrizando en Valencia, con ficha en la cantera y un puesto de trabajo en el club para su padre, que es como se hacían antes estas cosas. Porque en la ciudad del Turia sí supieron ver que su talento estaba muy por encima de su aparente fragilidad física y allí creció hasta convertirse en lo que es hoy, uno de los mejores centrocampistas ofensivos del mundo. Tras el éxito en Finlandia, Silva sí tuvo la oportunidad de levantar un trofeo con las selecciones inferiores, el Europeo sub’19 de 2004 junto a los Sergio Ramos, De la Red, Soldado, Raúl Albiol o Borja Valero, por citar a unos pocos miembros de aquel auténtico equipazo. Luego, con apenas 18 años, confirmó con una enorme temporada en el Eibar que su desborde y visión de juego estaban hechos para campos más importantes que el vetusto Ipurúa, y tras brillar en el Mundial sub’20 de 2005 otra cesión, esta vez al Celta, en Primera, disipó cualquier duda: el chico iba para figura. Jugando indistintamente en la derecha, en la izquierda, en la media punta o incluso un poco más retrasado, en sus 4 temporadas en el Valencia ha dejado detalles espectaculares, se ha asentado en la selección y, aunque en este Mundial ha perdido esa condición de indiscutible que se ganó en la Eurocopa, su multimillonario fichaje por el City evidencia que no es uno más.

Uno anda tocado y el otro parece haberse caído del equipo, pero tal vez mañana vuelvan a asociarse sobre el campo con quienes mejor se entienden, con esa tropa de bajitos que disfrutan pasándose el balón y acostumbran a explotar como nadie los espacios entre líneas que dejan los rivales. Mañana toca mirarse al espejo (y decirle al reflejo alemán que veamos“¿estás hablando conmigo?”) y presumir de fútbol durante dos horas para la Historia."

sábado, 11 de julio de 2009

2004, Europeo sub'17: Cesc no está solo

Tras el brillante 2003, en el que nuestras selecciones inferiores lograron 2 subcampeonatos mundiales y uno europeo, el 2004 volvía a ser año exclusivamente de Campeonatos de Europa, una vuelta a la lucha por la supremacía continental y como siempre un gran banco de pruebas para las nuevas generaciones que se incorporaban al fútbol internacional. Claro que en la sub'17 de este año la novedad era menor, puesto que 4 de sus componentes ya habían saboreado el amargo sabor de la plata en el Mundial sub'17 de Finlandia 2003. Adán, Mandaluniz, Javi García y Cesc Fábregas debían liderar por su experiencia a un buen grupo de jóvenes talentos entre los que destacaban Gerard Piqué, Diego Capel, Marcos García, Esteban Granero o Jonathan Pereira. Pero evidentemente, por encima de todos ellos, sobresaliendo incluso entre el resto de jugadores del torneo, emergía la figura de Cesc Fábregas, doblemente galardonado en la cita mundialista finesa y que a estas alturas (mayo de 2004) ya sabía lo que era jugar y marcar con el primer equipo del Arsenal. Aunque todas las miradas se centraban en el nuevo protegido de Arsene Wenger, lo cierto es que ya en la fase de clasificación, disputada en marzo en las localidades gaditanas de Algeciras y Los Barrios, se había visto que en aquel equipo había bastantes más jugadores a tener en cuenta. Así que como casi siempre, el objetivo de Juan Santisteban era volver de Francia con el título en el equipaje.


No sería fácil, puesto que tras la citada fase previa en la que nos clasificamos empatados a puntos con Rusia pero con bastante mejor diferencia de goles gracias a sendas goleadas infligidas a la República Checa (4-0) y a Hungría (6-1), nuestros rivales en la fase de grupos del Campeonato de Europa serían Francia, selección anfitriona y siempre candidata, Turquía, que empezaba a despuntar en categorías inferiores, e Irlanda del Norte. El debut ante los otomanos fue tremendamente complicado, pues Turquía era un rival correoso y no exento de calidad que puso en aprietos al equipo español, teóricamente favorito y que salió obligado a mandar en el partido. Claro que eso era lo que se esperaba y también lo que los nuestros sabían hacer, y desde el comienzo las pocas ocasiones del encuentro cayeron mayoritariamente del lado hispano. Con un 4-4-2 muy marcado, con Javi García jugando en punta con la idea de usar su envergadura para cazar los centros desde las bandas de Marcos y Carmona, Cesc y Mario Suárez se encargaban de ordenar el juego desde el mediocentro. El dominio español fue casi absoluto y el premio llegó al filo del descanso, cuando el jugador del Villarreal Marcos aprovechó un mal despeje del portero para marcar el primer gol. La segunda parte fue más disputada y los turcos se estiraron en busca del empate, algo que estuvieron a punto de lograr con un tiro al travesaño, pero también España tuvo sus ocasiones para sentenciar. Afortunadamente no hubo que lamentar esas oportunidades marradas y se llegó al final de los 80 minutos con esa victoria que servía para poder tomarse el partido contra Francia con menos tensión.

 
Y es que si España presentaba una gran selección, la Francia de Philippe Bergeroo (otro clásico de las selecciones inferiores) no le iba a la zaga y en sus filas contaba con jugadores como el férreo central Abdelkarim El Mourabet, el veloz Franck Songo'o (hijo del ex-portero del Deportivo), los habilidosos centrocampistas Hatem Ben Arfa y Samir Nasri y dos rápidos y potentes delanteros como Jeremy Menez y Karim Benzema, si bien este último no disfrutó de muchos minutos en el torneo. Un equipo temible que, jugando en casa, salió dispuesto a marcar el territorio y tuvo las primeras ocasiones gracias a la movilidad de Menez y a su buen entendimiento con Ben Arfa y Nasri, superiores en este comienzo al centro del campo español. Santisteban además tuvo que introducir en el minuto 13 al delantero del Espanyol Marc Pedraza por la lesión del albaceteño César Díaz y, para completar el mal arranque de España, el gol francés llegó sólo cinco minutos después, cuando un centro de Menez fue introducido por Mario Suárez en propia puerta. Como ya nada podía ir peor, el tanto sirvió para que España se metiera en el partido y Carmona gozó de un par de buenas oportunidades que no supo aprovechar. En la segunda parte el duelo se equilibró y los dos guardametas se convirtieron en protagonistas al abortar casi todas las ocasiones de gol. La entrada de Diego Capel le dio más mordiente al ataque español pero no era el día ni de Javi García ni de Piqué, que incorporado a la desesperada tuvo en su cabeza el empate pero no acertó.

La derrota sin embargo no era demasiado trascendente ya que bastaba con ganar a la débil Irlanda del Norte para asegurarse el pase a semifinales, y eso fue lo que ocurrió. Marc Pedraza tuvo su tarde de gloria al anotar los tres primeros goles del cuadro español, que ya antes de que el espanyolista abriera la cuenta en el minuto 27 había dispuesto de varias oportunidades muy claras, incluyendo un disparo al larguero de Marcos. Los goles llegaron como culminación de una serie de contrataques muy bien llevados por toda la delantera hispana, que con espacios demostraba ser demoledora. Tras el tercer gol, al poco de comenzar la segunda parte, España se relajó un poco y casi en el primer acercamiento norirlandés Matt Doherty clavó una tremenda volea en la escuadra de Adán. El tanto del rival espoleó a los nuestros, que volvieron a crear muchas oportunidades, y fue Diego Capel quien marcó el cuarto en el minuto 65 tras una bonita jugada personal. De ahí al final, más oportunidades para España, sobre todo en las botas de Jonathan Pereira, que podían haber significado un resultado de auténtico escándalo. Pero lo importante era la victoria, que nos metía en semifinales como segundos de grupo, lo que significaba tener a Inglaterra como rival en la penúltima ronda.

Inglaterra había liderado el grupo B por delante de Portugal, a la que habían derrotado con claridad por 3-1 en su enfrentamiento particular, y se mostraban como una selección rocosa y veloz, típicamente británica. Con David Wheater como jefe de la defensa, Mark Noble era el encargado de mantener el orden y hacer circular la pelota desde el centro del campo. En el banquillo figuraba el delantero Frazier Campbell, aunque la principal referencia ofensiva era Shane Paul que ya había marcado 3 goles en el torneo. El partido tuvo un comienzo electrizante y Carmona estuvo a punto de adelantar a los nuestro en el minuto 1, pero su disparo se topó con el poste. El primer gol llegó a los diez minutos tras una buena internada de Cesc y un potente remate de Pedraza que el siempre atento Marcos cazó en el segundo palo para enviar la bola a la red. Inglaterra se recuperó de inmediato y Kyel Reid casi empató en la jugada siguiente, pero su disparo se marchó desviado. Pocos minutos después, el propio Reid botó un córner muy cerrado que Mario Suárez no supo despejar en el primer palo y que sorprendió a Adán, quien no pudo evitar que el balón se colara en su meta. Empate a uno y dominio inglés de ahí al descanso, con llegadas constantes ante una defensa que se sentía desprotegida por la baja de Piqué, sancionado por acumulación de tarjetas. El inicio de la segunda parte siguió el mismo guión que el final de la primera mitad, con Inglaterra llegando con peligro a la meta de Adán. Aunque la entrada de Jonathan Pereira y Diego Capel supuso un soplo de aire fresco para el inoperante ataque español, las ocasiones más peligrosas continuaban siendo para los británicos. El final del partido se acercaba e hizo honor al emocionante encuentro que se estaba disputando. En el minuto 79, una brillante acción del sevillista Diego Capel fue abruptamente cortada dentro del área por Mark Noble, que fue justamente expulsado. Era el último minuto, la hora para los líderes, y ahí apareció un hasta ese momento desdibujado Cesc Fábregas para demostrar a su país de adopción de qué pasta estaba hecho. Tomó el balón con decisión y su disparo a media altura fue imposible de alcanzar para el portero inglés. En el tiempo de prolongación Inglaterra mandó arriba a todos sus hombres pero no hubo manera de derribar la muralla española y los de Santisteban corrieron a celebrar su pase a la final. Allí esperaba Francia, que se había deshecho de Portugal por 3-1, remontando el tanto inicial luso.

Gol de Cesc a Inglaterra


Por segundo año consecutivo España se enfrentaría en la final del Europeo sub'17 al organizador del torneo, y esperaba no repetir el resultado de 2003. Además la derrota de la primera fase estaba muy cercana y en los nuestros había ánimo de revancha. Sin embargo el duelo en Châteauroux no pudo empezar peor: en la primera acción del partido Francia logró adelantarse en el marcador al culminar Kevin Constant una buena jugada por banda. No había pasado ni medio minuto y España ya estaba a remolque, obligada a chocar una y otra vez contra la ordenada defensa francesa. Claramente superados por las circunstancias, los españoles pecaron de impaciencia mientras el rival, muy cómodo en su papel, se limitaba a esperar alguna genialidad del omnipresente Ben Arfa, muy activo todo el encuentro, y a enviar pelotazos a un Jeremy Menez bien sujetado por Piqué. Cesc Fábregas dispuso de la primera ocasión clara para España pero su disparo salió desviado por poco. Luego, en unos minutos de acoso hispano, Javi García y Cesc volvieron a estar cerca del gol, pero sus remates no encontraron el camino a la red, e incluso un libre directo del jugador del Arsenal se estrelló en el poste del meta Benoit Costil. Al borde del descanso, Francia pudo desembarazarse del tímido dominio español y Menez y el defensa Akakpo tuvieron sus opciones, aunque tampoco acertaron. Santisteban movió ficha en el descanso y la entrada de Jonathan Pereira y Diego Capel sirvió para abrir un poco más el campo y ofrecer nuevas alternativas a Cesc, que seguía siendo quien más lo intentaba. Por el bando francés, Ben Arfa era quien llevaba el peligro, cada vez más cómodo con los espacios que iba dejando el centro del campo español. Fruto de un gran pase suyo fue una clarísima oportunidad de Menez, que no pudo superar a Adán en el mano a mano. Pero más por ganas que por buen juego, España se estaba mereciendo el empate y por fin lo logró en el minuto 63, cuando Gerard Piqué hizo alarde de su poderío en el juego aéreo para cabecear a las mallas un saque de esquina. El último cuarto de hora se jugó de poder a poder, con Francia buscando el gol con algo más de insistencia pero con España buscando también sus opciones en la velocidad de Pereira y el desborde de Capel. Sin embargo, el triángulo formado por Ben Arfa, Menez y Nasri empezaba otra vez a combinar con peligro y en este último tramo los tres tuvieron una oportunidad para dar la victoria a su equipo: primero Menez chutó fuera cuando tenía todo a favor, luego fue Ben Arfa quien no encontró portería con un intencionado chut desde fuera del área, y ya en el último minuto fue Samir Nasri el que agarró un balón en tres cuartos de cancha, avanzó hasta la frontal y soltó un colocado disparo ante el que nada pudo hacer Adán. De esta dolorosa manera España volvía a caer en la final de un Campeonato de Europa de la categoría, aunque dejaba para la esperanza un buen puñado de nombres a seguir con atención durante los próximos años. Antes del torneo España era Cesc y diez más, pero tras el campeonato teníamos claro que la generación del 87 pisaba con mucha fuerza.

lunes, 22 de junio de 2009

2003, Mundial sub'17 (y IV): Premios sin Premio

1-0

Tristeza. Rabia. Impotencia. Desolación. Cualquier adjetivo vale para describir la sensación que nos quedó a todos después de la final del Mundial sub'17 de Finlandia 2003. Y todos ellos juntos, y alguno más que nos dejamos, resumen el estado de ánimo de quienes disputaron aquel partido por el bando español. Varios años después, durante el Mundial sub'17 de 2007, Juan Santisteban seguía recordando esa final como el momento más amargo de su larguísima trayectoria al frente de las selecciones inferiores. "Teníamos una gran plantilla y ese día, sencillamente no pudimos meter la pelota en la portería. Recuerdo estar en el banquillo y no creer que ese equipo que reventaba la pelota era brasileño" decía el técnico sevillano en una entrevista concedida entonces a la página web de la FIFA. Y pocas crónicas podrán reflejar con mayor concreción y contundencia lo ocurrido aquella tarde del 30 de agosto de 2003 en la capital finesa. Tras un brillante Campeonato en el que España había sido capaz de marcar al menos 2 goles en los 5 partidos anteriores, nuestro casillero se fue a quedar en blanco el único día en el que no debía hacerlo.


El partido se planteaba como una lucha entre un equipo (Brasil) muy fuerte defensivamente, tremendamente ordenado y mortal en ataque, y otro (España) algo más imaginativo en el juego pero con algunas deficiencias en la parcela defensiva; en otras palabras, los brasileños jugando a la europea y los españoles a la brasileña. El mundo al revés. Los problemas para la zaga española se veían acentuados por las bajas de los dos laterales titulares, para los que no había recambios naturales. En la izquierda, Pallardó sustituyó al lesionado Raúl Llorente, y en la derecha César Arzo y Sergio Sánchez se turnaron para cubrir la ausencia del sancionado Ruz. Como contrapunto, David Silva regresaba al once tras cumplir su sanción y en su conexión con Cesc y Jurado, y en las galopadas de Sisi por la derecha, descansaban muchas de nuestras esperanzas de victoria. El partido tuvo un comienzo vibrante, sin un dominador claro y con los dos equipos bien asentados sobre el campo, hasta que en el minuto 7 una falta lejana botada por Joao sobrevoló la superpoblada área española y superó a Mandaluniz en su precipitada salida. Milagrosamente, el balón rebotó en el poste, pero el central carioca Leonardo remachó sin oposición. Como en cuatro de los cinco partidos anteriores, España se veía por detrás en el marcador, pero todos confiábamos en que también en esta ocasión se acabara remontando. Sin embargo, el tempranero gol fue un duro mazazo y durante muchos minutos el conjunto español deambuló perdido por el campo, a merced de un rival que si hubiera mostrado algo más de interés y acierto en el remate hubiera podido finiquitar el partido en los primeros veinte minutos. Mandaluniz corrigió su error en el gol con varias paradas de mérito y poco a poco España fue recobrando la fé en sus posibilidades, aunque el primer acercamiento con cierto peligro al área brasileña no llegó hasta casi la media hora. Fue necesario que Sisi y Silva intercambiaran sus bandas para empezar a ver algo del juego que había llevado a la selección hasta aquella final, aunque apenas fueron unos chispazos. El orden defensivo de la canarinha no dejaba espacios para las combinaciones entre Cesc y Jurado y sus laterales se anticipaban casi siempre a las acciones de los extremos valencianistas, que apenas recibían ayudas de los improvisados carrileros hispanos.

La segunda parte arrancó con ánimos renovados, pero rápidamente la intensidad defensiva de Brasil se encargó de desactivar el peligro español. Tras unos minutos de tanteo, tanto Brasil como España tuvieron sendas oportunidades para batir el arco rival, pero ambos guardametas respondieron con acierto a los remates de Joao y Xisco. A partir de ese momento, el encuentro sólo tuvo un dueño y una dirección. La última media hora fue un monólogo incontestable de España, que encerró a una selección brasileña insospechadamente cómoda en su papel de achicar balones ante el empuje español. Desaparecidos Ederson y Evandro, y con el pichichi Abuda fallando la única oportunidad brasileña para sentenciar el partido, las ocasiones hispanas iban cayendo casi a cada minuto, pero el balón parecía no querer entrar y ni siquiera Cesc estaba inspirado con sus mortales disparos desde fuera del área. Pese al inesperado cerrojazo de Brasil casi todos los atacantes españoles tuvieron su opción, pero sucesivamente todos fueron errando en el remate. Ni Silva, ni Jurado, ni Xisco, ni David, ni el propio Cesc fueron capaces de superar a un Bruno que se convirtió en el auténtico salvador de un equipo que, como bien diría Santisteban, parecía increíble que fuera brasileño. Ya en el tramo final, el meta carioca sacó un par de milagrosas manos a remates de César Arzo y Cesc que terminaron por confirmarnos que definitivamente aquel no era el día de España. Tras el pitido final, las caras de nuestros chavales eran todo un poema. Se había perdido una oportunidad inmejorable para conquistar un título que todavía hoy se nos sigue resistiendo, y mientras los brasileños se abrazaban sobre el césped los españoles intentaban explicarse cómo se había llegado a aquella amarga situación.

Ficha del Partido:
Final del Campeonato del Mundo Sub'17 de 2003, disputada en el Töölö Stadium (Helsinki). 10.452 espectadores.
BRASIL 1: Bruno (GK); Leo, Joao (C), Leonardo, Junior; Sandro, Ederson (-69, Juliano), Arouca, Jonathan; Evandro (-85, Felipe), Abuda (-90, Hugo)
ESPAÑA 0: Mandaluniz (GK); Pallardó, Arzo, Francis (C), Sergio Sánchez (-89, Cases); Sisi (-79, David), Markel, Cesc, Jurado, Silva (-84, Oskitz); Xisco
Goles: 1-0 Leonardo (BRA, min. 7)
Árbitro: Eric Braamhaar (NED)
Tarjetas: Xisco (ESP, min. 16), Pallardó (ESP, min. 54), Abuda (BRA, min. 58), Francis (ESP, min. 58), Cesc (ESP, min. 87)
Crónica de FIFA.com


No obstante, no todo fue negativo. Cesc Fábregas obtuvo la Bota de Oro como máximo goleador gracias a haber jugado menos minutos que el colombiano Carlos Hidalgo, ya que ambos habían marcado 5 tantos (los mismos que el portugués Manuel Curto) y repartido una asistencia, y David Silva, que ni siquiera había llegado a disputar 180 minutos en todo el Campeonato, fue nombrado Balón de Bronce, algo que por un lado evidenciaba la brillantez con la que se empleó el canario en sus escasas actuaciones y por otro volvía a reafirmar la enorme subjetividad de estos reconocimientos periodísticos. En cuanto al Balón de Oro, galardón que premia al mejor jugador del torneo, recayó también en Cesc Fábregas, que salía del campeonato reconocido por todo el mundo como la mayor promesa futbolística de su generación, algo que Wenger ya intuía desde hacía meses, claro, y que afortunadamente no tardaríamos en corroborar. Pero el catalán siempre ha sido un hombre de equipo y aquellos dorados premios no podían ocultar su dolor por haber sido derrotado: su compungido rostro y sus apagados gestos durante la entrega de trofeos reflejaban a la perfección la mezcla de sentimientos (¿tristeza, rabia, impotencia, desolación?) que invadía a unos adolescentes que seguramente hoy todavía no alcancen a comprender cómo se puede perder una final de un Mundial siendo mejores que Brasil.

jueves, 18 de junio de 2009

2003, Mundial sub'17 (III): Cesc, de Oro

La primera fase del torneo había concluido sin demasiados sobresaltos. En el grupo A, Colombia había demostrado una buena y progresiva adaptación al césped artificial del Estadio Töölö que culminó con la goleada del Campeonato, un 9-1 al conjunto anfitrión que colocaba a los "cafeteros" en el grupo de favoritos al título. Su rival en cuartos de final sería Costa Rica, que había protagonizado la única sorpresa del campeonato al acabar en la segunda plaza del grupo B, dejando fuera a la Nigeria de John Obi Mikel de una manera pocas veces vista: por sorteo. Y es que centroamericanos y africanos acabaron esta primera fase empatados absolutamente a todo y tuvo que ser el azar quien determinara el equipo clasificado para cuartos. En ese grupo, la superioridad de Argentina había sido manifiesta, puesto que además de ser el único equipo del torneo que sumó los 9 puntos de la fase de grupos era también el único que concluyó esta fase sin recibir un solo gol. Con futbolistas como Óscar Ustari, Ezequiel Garay, Fernando Gago, Lucas Biglia o Neri Cardozo, la albiceleste parecía la más firme candidata al título. El primer obstáculo sería México, segunda clasificada del grupo A, que no parecía rival para la engrasada máquina de Hugo Tocalli.

Por la otra parte del cuadro, Brasil había pasado con suficiencia como primer clasificado del grupo C y se enfrentaría a Estados Unidos. Los brasileños habían tenido un dubitativo comienzo (1-1 frente a Camerún) pero luego se desataron y guiados por Ederson y Evandro golearon a Portugal y Yemen para reafirmar su condición de favoritos. Con Brasil virtualmente clasificado antes de la última jornada, el rival de España en los cuartos de final saldría del electrizante duelo entre portugueses y cameruneses. Portugal había dejado muchas dudas en sus primeros partidos, saldados con una apurada victoria ante Yemen (4-3, remontando un 0-2 al descanso) y una sonrojante goleada ante Brasil (0-5), mientras que los africanos también habían dado una de cal y otra de arena al empatar a un tanto sus partidos contra Brasil y Yemen. Las dudas sobre quién pasaría parecieron quedar resueltas en los primeros cuarenta y cinco minutos, a cuya conclusión se llegó con un incontestable 4-0 para Portugal gracias a la gran actuación de Bruno Gama, Vierinha y Manuel Curto, autor de 3 goles. Pero tras el quinto tanto luso, en el minuto 52, se inició uno de los capítulos más apasionantes de la historia de los campeonatos mundiales: bajo la batuta de Alexandre Song, Camerún se lanzó al ataque y golpe a golpe fue reduciendo distancias hasta firmar el empate en el descuento. Pero el quinto gol llegó ya demasiado tarde, sin tiempo para buscar el que hubiera supuesto su más que milagrosa clasificación, y los africanos acabaron derrumbándose abatidos sobre el césped mientras los jugadores portugueses, todavía con el miedo en el cuerpo, intentaban animar a sus rivales. Así pues, Portugal sería nuestro rival en cuartos, y el diametralmente opuesto momento de forma que parecían mostrar ambas selecciones nos daba confianza para pensar que el pase a semifinales era factible.




5-2

El 24 de agosto de 2003 pasó a la historia de nuestro deporte como el día en que un piloto español logró la primera victoria en la Fórmula 1 (Fernando Alonso en el Gran Premio de Hungría), y puede que también porque vio el debut oficial de David Beckham con la camiseta del Real Madrid (en la ida de la Supercopa ante el Mallorca). Entre ambos acontecimientos, TVE decidió que no había mejor forma de pasar la tarde del domingo que viendo la segunda jornada de los Mundiales de Atletismo de París, privándonos de presenciar en directo otro de los acontecimientos que deberían aparecer en las reseñas de aquel día: el partido en el que Cesc Fábregas puso su nombre en boca de todos los aficionados al fútbol. Porque se podría decir que ese fue el día en el que vimos que aquel chico estaba realmente capacitado para hacer grandes cosas, aunque la confirmación la tendríamos sólo tres días después. Con ganas de revancha por la derrota en la final del Europeo, España saltó al terreno de juego del Ratina Stadium de Tampere con el mismo once que había derrotado de manera convincente a Estados Unidos, salvo la presencia de Oskitz por el sancionado Silva. Así, Mandaluniz se mantenía en la portería y Xisco ocupaba el puesto de David como ariete. En Portugal, que también optaba por el 4-5-1, destacaba la presencia en la media de la tripleta Vierinha-Bruno Gama-Manuel Fernandes, por lo que se preveía una bonita lucha en un superpoblado centro del campo. El partido se presentaba apasionante y no tardó en responder a las expectativas. Portugal golpeó primero con un gol de Manuel Curto, que se colocaba con 5 goles como máximo artillero del torneo, pero España respondió mandando en la posesión y explotando la verticalidad y el regate de Sisi, a un gran nivel durante todo el torneo pero sencillamente imparable en aquel partido. Fruto de su enésima incursión por la derecha fue una falta que lanzó Jurado y que Sergio Sánchez empalmó a la red, firmando el empate poco antes de la media hora. El dominio español era total y Portugal daba muestras continuas de su endeblez defensiva, aunque el segundo gol no llegó hasta el filo del descanso, cuando Cesc cabeceó con precisión un medido centro de Sisi. España se iba al vestuario con el marcador de cara pero con ganas de seguir marcando diferencias, y a los 5 minutos de la reanudación Xisco aprovechó un magistral pase entre líneas de Cesc para firmar el tercero. El partido enloqueció por el afán portugués de recortar distancias y después de un buen par de oportunidades de Xisco y Jurado, una nueva combinación entre Cesc y Xisco dejó al primero al borde del área pequeña para batir cómodamente al meta luso. La exhibición de toque estaba siendo brutal, pero Portugal no se rendía y Vierinha hizo un auténtico golazo de falta para poner el 4-2. Apenas quedaban un par de minutos y el partido no se nos podía escapar pese a los últimos esfuerzos lusos por recortar distancias, y de hecho lo que llegó fue la puntilla cuando, ya en el descuento, Jurado transformó con frialdad un penalti cometido sobre Xisco. España había derrotado claramente a los campeones de Europa, tomándose una dulce revancha de la final de Viseu, y con su exhibición de fútbol dejaba claro que se metía en semifinales por méritos propios y con muchas papeletas para hacerse con el Campeonato.

Crónica de FIFA.com


La selección española completaba el cuadro final del torneo en el que estarían nada menos que las tres selecciones sudamericanas. Y es que, como se preveía, Colombia se había deshecho de Costa Rica por 2-0 sin forzar demasiado la máquina, como Brasil, que había pasado por encima de una timorata selección estadounidense (3-0), que pareció hipnotizada por las camisetas verdeamarelhas que tenía enfrente y apenas inquietó la meta carioca, por lo que la primera aventura internacional de Freddy Adu llegaba a su fin. Ahora España se las vería con el coco del torneo, Argentina, que tampoco había necesitado realizar su mejor partido para imponerse con comodidad a México por 2-0. El hasta el momento infranqueable muro albiceleste era el nuevo reto que tenían unos chicos que parecían crecerse por momentos.



2-3

Si en cuartos Cesc había sido un jugador clave en la victoria ante Portugal, en semifinales fue sencillamente decisivo, y con su brillante actuación sin duda convenció a la mayoría de periodistas presentes en el Campeonato: el chico era de oro. Y ante él nos rendimos también los aficionados que intentamos ver el partido, nuevamente maltratado por TVE al simultanearlo en La2 con los Mundiales de Atletismo, lo que nos hizo perdernos buena parte del encuentro. Ante la imbatible Argentina, y con Brasil esperando en la final tras su cómoda victoria ante Colombia por 2-0, Santisteban repitió alineación basándose en la máxima que deberían seguir todos los entrenadores: si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Pero lo cierto es que la albiceleste empezó el partido dispuesta a marcar territorio, a demostrar que estaban en Finlandia para ganar el Campeonato, y su arrollador comienzo obtuvo el premio del gol a los 3 minutos, en una polémica jugada en la que Lucas Biglia remachó a la red un balón que el central Ezequiel Garay devolvió al corazón del área después de que aparentemente ya hubiera traspasado la línea de fondo, tras un cerradísimo saque de esquina. Las protestas hispanas no surtieron efecto y el tanto subió al electrónico del Töölö Stadium. A los nuestros, algo nerviosos y quizá descentrados por el polémico gol, les costó unos minutos adaptarse al terreno sintético, pero en cuanto se juntaron a tocar Cesc, Jurado y Xisco el dominio pasó a ser español. En apenas diez minutos se crearon no menos de 3 clarísimas ocasiones que nuestros jugadores desperdiciaron sin llegar a poner a prueba a Óscar Ustari. Sin embargo, cuando mejor pintaba el partido llegó el segundo gol argentino. En un nuevo córner, Garay hizo valer su poderío aéreo para marcar de un espléndido cabezazo. Aunque el gol descolocó otra vez a los nuestros, Argentina se sentía cómoda y tampoco quiso apretar más el acelerador, por lo que se llegó al descanso con ese difícil marcador. Santisteban decidió meter toda la artillería dando entrada a David por el poco afortunado Oskitz, y entonces comenzó el espectáculo. A los tres minutos de la reanudación, tras una gran jugada individual de Markel, Cesc Fábregas aprovechó un rechace en la frontal para colocar el balón en la escuadra. La hasta ese momento imperforable meta argentina, que había aguantado más de 400 minutos sin recibir un gol, se hizo enorme para los nuestros y sólo 5 minutos después fue Jurado quien encontró otro hueco para colar el balón dentro después de una preciosa jugada de Sisi y una buena dejada de cabeza de Xisco. Entre medias ya se habían producido otro par de peligrosos disparos que Ustari desvió con dificultades y la retirada por lesión del capitán argentino Biglia, y un par de minutos después del empate llegó la expulsión de Neri Cardozo tras una escalofriante entrada sobre Raúl Llorente que mandó al lateral atlético a la enfermería con una gravísima lesión de rodilla que le tendría casi 8 meses parado. El partido parecía de cara para los nuestros y las combinaciones entre Jurado y Cesc levantaban la admiración del público presente en el estadio, pero el tercer gol no llegaba. David marró un par de buenas ocasiones e incluso Argentina pudo marcar a la contra antes de que el colegiado sueco decretara el final de los 90 minutos. En el tiempo extra España redobló sus esfuerzos y tuvo numerosas oportunidades pero, a falta de 5 minutos para el final de la prórroga, y en pleno acoso español, Ruz vio su segunda amarilla, dejando a los nuestros con diez. En ese momento, con igualdad numérica y la portería argentina convertida de nuevo en un muro infranqueable, los penaltis parecían inevitables. Pero en el campo había alguien capaz de derribar esa muralla. Ya lo había hecho una vez, y volvió a hacerlo. En el minuto 117, en una esquina de la pantalla de televisión, mientras en el recuadro grande se comentaba la decepción española de la final del 1.500, intuímos a Cesc deshaciéndose de su par en una esquina del área y largando un disparo mortal. La piña de jugadores españoles que se produjo a continuación nos confirmó la primera impresión: golazo, gol de oro, España a la final, pero tuvimos que esparar unos segundos antes de que TVE nos ofreciera un repetición de la acción en falso directo para poder vivir la magia de aquel momento único. España había derrotado al equipo invencible en una épica remontada, y con sus goles (ya eran 4 entre los cuartos y las semis, y 5 en total, lo que le colocaba empatado por la Bota de Oro) Cesc acababa de dar un paso de gigante para ser proclamado también Balón de Oro, Mejor Jugador del torneo. Había llegado a Finlandia sin hacer ruido, pero ya era vox populi: Wenger había fichado una verdadera joya.



domingo, 14 de junio de 2009

2003, Mundial sub'17 (II): Niños prodigio

3-3

En la tarde del 14 de agosto de 2003, cuando las selecciones sub'17 de España y Sierra Leona saltaron al césped del estadio de Lahti, a las redacciones de los principales medios de comunicación mundiales estarían llegando multitud de crónicas y teletipos pregonando a los cuatro vientos el nombre del nuevo fenómeno del planeta fútbol, un niño aprendiz de genio que acababa de demostrar en 90 minutos que parecía dispuesto a confirmar todas las expectativas depositadas en él desde que un año antes su imagen diera la vuelta al mundo fruto de una estudiada campaña de comunicación sólo al alcance de una de las principales multinacionales de ropa deportiva. ¿El nombre de tan magna estrella? Freddy Adu. En su debut oficial en la escena internacional, ávida de contemplar las virtudes del nuevo icono de Nike, el estadounidense de raíces ghanesas y sólo 14 años de edad acababa de firmar un hat-trick en la goleada de su selección a Corea del Sur (6-1). Eclipsado por semejante acontecimiento, el partido de los nuestros comenzó según lo previsto, con el 4-5-1 de España dominando a la fuerte selección africana, y necesitando tan sólo 8 minutos para adelantarse en el marcador, gracias a una buena asistencia de Ruz que David no desaprovechó. Siete minutos después, Sisi culminaba un veloz contragolpe para hacer el segundo. Con el encuentro de cara al cuarto de hora, nada hacía presagiar lo que ocurriría a continuación, por más que supiéramos de lo traicioneras que son estas categorías, en las que un partido puede cambiar de signo a cada minuto. En apenas dos minutos el central César Arzo vio dos amarillas más que discutibles y dejó a España con un jugador menos. Era el minuto 28, y antes del 40 Sierra Leona ya había empatado gracias a dos tantos de Samuel Barlay, el primero tras una gran acción individual y el segundo aprovechando una garrafal fallo del meta Adán. Con la entrada del central Francis la defensa española volvió a armarse y se pudo llegar al descanso sin más sobresaltos, pero la segunda parte pintaba mal para nuestros chicos. En inferioridad numérica, Jurado tenía que echarse el equipo a las espaldas, pero sin su socio Silva, renqueante de su lesión de pubis, eran los africanos quienes dominaban el encuentro. Santisteban intentó cambiar el panorama dando entrada a Xisco, pero unos pocos minutos después Barlay volvía a marcar y culminaba la remontada. Sin embargo, en lugar de ser un mazazo insalvable, el gol espoleó el orgullo hispano y el partido volvió a girar. Bajo un intenso aguacero, Cases entró por Jurado y el equipo se volcó en ataque ante una Sierra Leona que se dedicaba a perder tiempo descaradamente con jugadas casi surrealistas en las que los jugadores africanos se desplomaban continuamente al suelo para detener el choque. Afortunadamente el colegiado saudí tomó buena nota y nada menos que en el sexto minuto añadido Xisco cabeceó un córner en el primer palo para establecer el empate definitivo. El resultado justo para un partido que no pasaría a la historia ni daría la vuelta al mundo como el hat-trick de Adu. Ni siquiera el triplete de Barlay pudo competir con el del talento estadounidense puesto que no fue oficialmente reconocido por la FIFA, que atribuyó el segundo tanto al defensa español Ruz, quien tocó el esférico en su intento por evitar que traspasara la línea de gol.




2-3

Tras el apurado empate ante Sierra Leona, el partido contra Corea del Sur era vital para mantener las aspiraciones de pasar a cuartos de final. Estados Unidos ya estaba clasificada tras vencer también con apuros (y gracias a otro gol de Adu) a la selección africana, por lo que una victoria de España ante los asiáticos dejaría el pase muy encarrilado. Y por si fuera poco, todos teníamos en la memoria el infausto partido del Mundial 2002, por lo que la motivación era máxima. El partido se planteaba como un constante ataque a la muralla coreana y efectivamente así fue: con Corea encerrada en su área, España intentaba una y otra vez llegar al marco rival, sin conseguirlo. Poco a poco el choque se fue haciendo más y más monótono, entrando en un peligroso ritmo lento que sólo favorecía los intereses de los jóvenes coreanos, agazapados a la espera de poder aprovechar algún despiste. Y la ocasión les llegó al filo del descanso, cuando el delantero Hyen Yang Dong, que pertenecía al Valladolid, trazó un desmarque a la espalda de la defensa española para plantarse solo ante Adán y batirle por bajo ante el estupor general. Aquello necesitaba un cambio radical, y Santisteban lo sabía. Tras el descanso dio entrada al recuperado David Silva y al imberbe Cesc Fábregas para que se encargaran de dar otro ritmo al partido. Los espectadores estábamos ansiosos por ver a ese desconocido chaval que iba a formar parte del "Universo Wenger", y lo cierto es que desde el principio mostró un dinamismo y una compenetración con Jurado que ya auguraba buenos momentos. Pero ése todavía no era su día. Era el de Silva, aunque todavía hubo que sufrir un poco más antes de que el canario comenzara su recital, porque al cuarto de hora de la segunda parte, un error de entendimiento entre Sergio Sánchez y Adán en una jugada sin peligro acabó con el cuero impulsado por el defensor espanyolista dentro de nuestra portería. Era el más difícil todavía, pero la calidad y el orgullo herido de la juventud hicieron posible el milagro de la remontada. En apenas diez minutos, del 65 al 75, Silva se convirtió en el héroe del equipo al marcar tres goles de todos los colores: un cabezazo, un disparo desde la frontal y un remate a bocajarro sellaron el hat-trick del de Arguineguín y dispararon la locura en el bando español.

Ficha Oficial del partido
Crónica de FIFA.com



0-2

Llegábamos al partido con Estados Unidos con la moral por las nubes después de las remontadas de los encuentros anteriores y con la sensación de que habíamos encontrado un sistema y unos jugadores que podían darnos muchas alegrías, pero también con el convencimiento de que había que mejorar mucho en defensa si queríamos tener opciones de pelear por algo grande. Así que como la victoria de Corea ante Sierra Leona en el partido disputado inmediatamente antes nos metía directamente en cuartos de final y el seleccionador del también clasificado combinado estadounidense parecía dispuesto a dar descanso a algunos de sus mejores jugadores, Santisteban optó por colocar sobre el campo a los chavales que mejor nivel ofensivo habían mostrado y por dar minutos al guardameta suplente, Mandaluniz. El experimento no pudo salir mejor ya que, liberados de la presión del resultado, los españoles dieron una lección de fútbol a los norteamericanos. Aunque el sistema seguía siendo el 4-5-1, la entrada de Cesc por Tébar o Javi García, y la de Silva por Oskitz le daban más posesión, profundidad y pegada al centro del campo. El trío Markel-Jurado-Cesc repartía el juego a su antojo y además se incorporaba con peligro, y así llegó el primer gol, obra de Jurado tras una buena jugada personal que culminó con un disparo raso que tropezó en un defensor y acabó entrando. El dominio español era incontestable y pudieron llegar más goles, pero justo antes del descanso a Silva se le cruzaron los cables y tras sufrir una entrada no demasiado aparatosa soltó un manotazo que impactó en la cara de su defensor. Expulsión justa, dos encuentros de sanción y otro partido plácido que empezaba a complicarse. Tras el descanso a España le costó más hacerse con el balón y el seleccionador estadounidense, viendo su oportunidad, sacó a Freddy Adu, al que había reservado por estar apercibido de sanción. Sin embargo, sólo 5 minutos después del ingreso del delantero americano, Cesc inauguró su cuenta goleadora al cazar en la frontal del área un balón suelto tras un córner y enviarlo a la escuadra. De ahí al final poco más, salvo la sensación de que Adu todavía estaba demasiado verde para enfrentarse a defensas serios y de que sin duda en aquel torneo había otros jugadores mejores que aquel niño prodigio que nos querían vender.


miércoles, 10 de junio de 2009

2003, Mundial sub'17 (I): Viaje al País del Sol de Medianoche

El Mundial sub'17 de Finlandia 2003 está íntimamente ligado a un nombre: el de Cesc Fábregas, y es imposible empezar a recordar aquel torneo sin citarlo casi instintivamente. Cuando repasábamos la trayectoria de algunos de los jugadores que estuvieron presentes en el Mundial sub'20 de 1999 en Nigeria comentábamos esa especie de maldición que impide brillar al máximo nivel, cuando dan el salto al fútbol profesional, a muchos de los que en estos campeonatos logran distinciones individuales. Por eso, casos como los del cerebro del Arsenal, ganador del Balón de Oro y de la Bota de Oro de aquel torneo, destacan mucho más, porque pocas veces una aparición tan fulgurante se ve refrendada de manera tan veloz en el fútbol adulto. La historia de Cesc es sinónimo de precocidad desde que comenzara a dar sus primeras patadas a un balón en su Arenys natal y hasta prácticamente la actualidad, porque con 22 años recién cumplidos Fábregas tiene un currículum envidiable en el que quizá sólo se eche en falta algún título más con su club. Pero si algo le sobra para conseguirlo es tiempo. Y talento, evidentemente. Un talento comparable al que demostró poseer Arsène Wenger para hacerse con los servicios de este chaval de 16 años antes de que explotara en el verano finés, en una cita que parecía destinada a nombres como los del brasileño Ederson, el portugués Vierinha o el "niño prodigio" estadounidense Freddy Adu. Y es que, pese a que empezaba a despuntar en las categorías inferiores del Barça, apareciendo ya con el Juvenil de División de Honor, para el gran público Fábregas era uno más de los desconocidos jugadores que inundaban la lista de Juan Santisteban. Y además, uno de los benjamines del grupo. En realidad, antes del campeonato sólo reconocíamos, y no demasiado, a Jurado, Silva, David Rodríguez y Xisco, que habían brillado en el Europeo de mayo. Pero para cuando acabó el mes de agosto muchos más habían despertado nuestra curiosidad y se habían ganado nuestra atención.

El torneo se disputó entre el 13 y el 30 de agosto de 2003 en las ciudades de Helsinki, Tampere, Turku y Lahti (donde España disputó los 3 encuentros de la primera fase). Como novedad, la FIFA decidió incluir por primera vez en un campeonato organizado por ella un campo de césped artificial, el del estadio Töölö de la capital finesa (en la imagen), donde se disputaron nada menos que 10 partidos, entre ellos todos del grupo A, en el que estaba incluído el anfitrión, y la final. El resultado fue satisfactorio y desde ese momento se permitió la celebración de encuentros internacionales en superficies sintéticas. A la cita escandinava acudieron 16 selecciones, repartidas en 4 grupos de la siguiente manera:

GRUPO A
Finlandia
China
México
Colombia

GRUPO B
Argentina
Australia
Costa Rica
Nigeria

GRUPO C
Portugal
Yemen
Camerún
Brasil

GRUPO D
España
República de Corea
Estados Unidos
Sierra Leona

España debutaría frente a Sierra Leona para jugar después contra los surcoreanos y cerrar esta primera fase con Estados Unidos. En su lista, Santisteban confió mayoritariamente en el bloque que se había proclamado Subcampeón de Europa unos meses antes, llegando a incluir a un David Silva que se recuperaba a marchas forzadas de una lesión de pubis (el canario había decidido no operarse antes para no perderse el Campeonato, aunque no llegó a tiempo para el primer partido). Así, la relación de jugadores inscritos fue la siguiente:

Núm. - Nombre - Fecha de nacimiento - Posición - Club
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1.- Antonio ADÁN Garrido - 13/05/1987 - PO - Real Madrid C.F.
2.- Manuel RUZ Baños - 05/04/1986 - DF - Valencia C.F.
3.- RAUL LLORENTE Raposo - 02/04/1986 - DF - Atlético de Madrid
4.- FRANCIS J. Borrego Campos - 06/06/1986 - DF - F.C. Barcelona
5.- SERGIO SÁNCHEZ Ortega - 03/04/1986 - DF - R.C.D. Espanyol
6.- Marcos TÉBAR Ramiro - 07/02/1986 - MC - Real Madrid C.F.
7.- SISI González Martínez - 22/04/1986 - MC - Valencia C.F.
8.- MARKEL Bergara Larrañaga - 05/05/1986 - MC - Real Sociedad
9.- DAVID Rodríguez Sánchez - 14/02/1986 - DL - Atlético de Madrid
10.- David Jiménez SILVA - 08/01/1986 - MC - Valencia C.F.
11.- Jose Manuel JURADO Marín - 29/06/1986 - MC - Real Madrid C.F.
12.- Miguel PALLARDÓ González - 05/09/1986 - MC - Valencia C.F.
13.- IVÁN GARCÍA González - 14/01/1986 - PO - Real Avilés C.F.
14.- CÉSAR ARZO Amporta - 21/01/1986 - DF - Villarreal C.F.
15.- JAVI GARCÍA Fernández - 08/02/1987 - DL - Real Madrid C.F.
16.- XISCO Nadal Martorell - 27/06/1986 - DL - Villarreal C.F.
17.- Cesc FÁBREGAS Soler - 04/05/1987 - MC - Arsenal F.C.
18.- OSKITZ Estefanía Gil - 12/10/1986 - DL - Real Sociedad
19.- Jose María CASES Hernández - 23/11/1986 - DL - Villarreal C.F.
20.- Javier MANDALUNIZ Rentería - 15/01/1987 - PO - Athletic Club

Aunque el bloque estaba hecho, los equipos inferiores no son compartimentos estancos y el sabio técnico sevillano aprovechó la ocasión para llamar también a varios jugadores un año más jóvenes y que le habían impresionado en las primeras concentraciones de la nueva sub'17 que comenzaría a competir al curso siguiente. Entre ellos estaba, obviamente, Cesc Fábregas, el último diamante en bruto adquirido por el orfebre Wenger para ser pulido en su academia londinense. Pero cuando por fin se puso a sus órdenes, el alsaciano comprobaría que su labor se limitaría a unos pocos retoques, porque en el País del Sol de Medianoche aquella joya ya se había mostrado al Mundo en casi todo su esplendor.