Metidos ya de lleno en las Navidades, llega el momento de repasar lo que escribí antes de las semifinales contra Alemania, el que creo que acabó siendo el mejor partido de España en este inolvidable Mundial. Me centré en dos jugadores sin demasiado protagonismo en la cita sudafricana, Cesc y Silva, pero que por edad deben ser quienes tiren del carro español en Brasil 2014. Para entonces, creo que esta nueva Alemania llegará como máxima aspirante al título, y pase lo que pase no debemos olvidar que su éxito será consecuencia también de nuestro trabajo.
"Esta Alemania es distinta a las anteriores, nos cuentan, y para justificarlo muchos se quedan simplemente en el crisol de razas y culturas que conforman su plantilla: descendientes de polacos, turcos, tunecinos, ghaneses, españoles y hasta un brasileño nacionalizado se mezclan con alemanes de pura cepa para formar un equipo sólido y, he aquí otra de las diferencias con respecto a anteriores selecciones germanas, con un exquisito gusto por el buen trato de balón. Se dice que Joachim Löw ha construido su equipo tratando de imitar el juego desplegado por España en la pasada Eurocopa, pero para lograrlo hay que tener las piezas adecuadas y eso no se consigue así como así. Alemania siempre ha reunido jugadores competitivos en su selección absoluta, pero en esta ocasión la edad de algunos de sus componentes llama poderosamente la atención (Khedira y los defensas suplentes Serdar Tasci y Denis Aogo apenas llegan a los 23 años; Boateng, Badstuber, Ozil y Marko Marin tienen 21; y Muller y Kroos, sólo 20), transformando en curtidos veteranos a jugadores de 25 y 26 años como Lahm, Schweinsteiger, Podolski, Mario Gómez o Mertesacker, y casi en “semiretirados” a Klose, Friedrich y Butt, los únicos que superan la treintena de entre los veintitrés convocados. ¿Qué hay detrás de esta nueva generación de alemanes?
Pues tras estos jóvenes descarados y talentosos está más o menos lo mismo que se encontrarán mañana enfrente. España. Porque en cierta manera este babyboom germano tiene sus raíces en nuestro país, y no me refiero sólo a que el hasta ahora casi inédito Mario Gómez descienda de familia andaluza. En abril de 2006, la Federación Alemana decidía darle las riendas de sus deprimidas categorías inferiores (ni un solo título continental en categorías sub’17, sub’19 y sub’21 desde el año 1992) a Matthias Sammer, el histórico jugador de los 90 y Balón de Oro en el 96, quien sabía perfectamente qué hacer para levantar el vuelo del fútbol base teutón: fijarse en los que saben. Adaptando el tradicionalmente exitoso modelo español de búsqueda, selección y gestión del talento a las características de su nación, Sammer comenzó a elevar rápidamente el nivel de las selecciones inferiores alemanas hasta alcanzar un histórico triplete entre 2008 y 2009, cuando durante unos meses Alemania pudo presumir de algo nunca visto antes en Europa, que un mismo país fuera el vigente campeón continental en las tres categorías. Varios de los jugadores que alcanzaron tal hazaña están hoy en Sudáfrica peleando ya por el Mundial, y si siguen con su evolución lógica llegarán al 2014 en plena madurez. Ese debería ser su Mundial, pero este es el nuestro y los maestros españoles todavía tienen mucho que enseñarles a sus discípulos germanos.
Establecido ya como titular, Fábregas marcó un gol a los norteamericanos y lideró con dos tantos y una asistencia la goleada por 5-2 a Portugal en cuartos de final, en lo que fue la revancha de la final del Europeo de unos meses antes. Cesc, llamado en principio a ser el siguiente 4 de la factoría Barça, se aprovechaba del buen trabajo en la recuperación de Markel Bergara y de su buena compenetración con Jurado para asomarse al área con mucho peligro, pues era capaz tanto de disparar con precisión como de meter un último pase magistral. Y precisamente ese mayor atrevimiento ofensivo es lo que le ha acabado colocando en un plano distinto al de su ídolo Guardiola, que curiosamente es el último 4 que ha salido de la Masía, porque detrás de él vinieron Celades (más limitado), Xavi (ya hablamos sobre él), Arteta (quizá el más parecido a Cesc), Iniesta (qué decir) y el propio Fábregas. Todos criados en teoría para una misma posición, todos triunfando en otra distinta. Cosas del fútbol.
Pero estábamos en el país del sol de medianoche. En semifinales, la Argentina de Garay y Ustari golpeó primero y se fue al descanso con 2-0, pero España salió en tromba en la segunda parte y empató en menos de diez minutos gracias a dos golazos, cómo no, de Cesc y Jurado. La albiceleste se quedó con diez pero aguantó hasta la prórroga, y casi hasta los penaltis. Con España también con diez, y mientras en TVE simultaneaban el partido con la final del 1500 de los mundiales de atletismo de París, Cesc agarró un balón en la esquina del área y lo clavó en la escuadra de Ustari. Gol de oro en el minuto 117 que sirvió para meter a España en la final y para llevarse los premios como Mejor Jugador y Máximo Goleador del campeonato. Silva, que reapareció en la final tras una sanción de dos partidos, se llevó el galardón al tercer mejor jugador habiendo jugado poco más de partido y medio, lo que dice mucho de lo bien que lo hizo y de lo arbitrarios que muchas veces son estos premios.

Uno anda tocado y el otro parece haberse caído del equipo, pero tal vez mañana vuelvan a asociarse sobre el campo con quienes mejor se entienden, con esa tropa de bajitos que disfrutan pasándose el balón y acostumbran a explotar como nadie los espacios entre líneas que dejan los rivales. Mañana toca mirarse al espejo (y decirle al reflejo alemán que veamos“¿estás hablando conmigo?”) y presumir de fútbol durante dos horas para la Historia."
¿Sería ese penalti ante Inglaterra el último que tiró Cesc antes de esa tanda de penaltis ante Italia en la Euro'08?
ResponderEliminarGrandes previas para grandes partidos del Mundial, una lástima que no las leí antes ;)
Un saludo desde http://ojeadorinternacional.blogspot.com/
Jeje, pues no lo sé, aunque no me extrañaría, porque en el Arsenal creo que empezó a tirarlos después. En esa tanda el que confesó que jamás había lanzado antes un penalti fue Santi Cazorla, y sin embargo fue uno de los que mejor disparó. Cosas de la confianza
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