
España había logrado la plaza para el Mundial sub’20 de Nigeria 1999 el verano anterior, con una discretísima quinta posición en el Europeo sub’18. No había muchos grandes nombres en aquella generación, una de las primeras afectadas por la sentencia del Caso Bosman, salvo quizá el de Xavi, que tras debutar en la Supercopa de aquel año ante el Mallorca (gol incluido) había tenido bastantes minutos en el Barça de Van Gaal, y los de algunos jovencitos que comenzaban a despuntar en equipos de Segunda, como Marchena (Sevilla) u Orbaiz (Osasuna). Se hablaba también de un jovencísimo portero de la cantera del Real Madrid, Iker Casillas, pero lo cierto es que aquel grupo estaba lejos del nivel teórico de otras selecciones como la de Qatar’95, con De la Peña, Raúl y Morientes como abanderados, y la lesión de Gerard López, la principal figura del equipo, unos días antes de viajar a África, no hizo sino disminuir las pocas esperanzas que los aficionados habían depositado en aquel torneo juvenil.
En ese intervalo de nueve años, Xavi ha vivido absolutamente de todo. A la vuelta de Nigeria levantó el título de liga con su club y la siguiente temporada se vio favorecido por una lesión de Guardiola que le permitió consolidarse en Primera sustituyendo a su maestro. En los Juegos Olímpicos de Sidney repitió exhibición al mando de la selección española que se colgó una amarga plata (la final se perdió ante Camerún por penaltis tras irnos con un 2-0 a favor al descanso) y unos meses después Camacho le dio la alternativa con la absoluta. La marcha de Guardiola al fútbol italiano le abrió definitivamente las puertas de la titularidad en el Barça, pero la entidad se encontraba en plena travesía por el desierto y, a pesar de su buena actuación en el Mundial 2002, comenzaron a oírse las primeras críticas hacia su desempeño en el mediocentro. Xavi no parecía crecer al ritmo esperado, y ya ni siquiera encontraba consuelo en la selección. Aunque Iñaki Sáez era ahora el seleccionador absoluto, el barcelonista no jugó ni un solo minuto en la Eurocopa de 2004, y a los 24 años su proyección amenazaba con estancarse.
Sin embargo, las Navidades de 2005 le trajeron un regalo inesperado, el enésimo socio holandés para el centro del campo blaugrana, un excéntrico veterano con fama de duro que liberó por fin a Xavi de su condena al puesto de 4. Exonerado de tareas defensivas por Edgar Davids, el catalán comenzó por fin a desarrollar todo su potencial junto a Deco y a uno de los damnificados por la excelsa España del 99, Ronaldinho, y el Barcelona retomó la senda de los éxitos. Sin embargo, a Xavi todavía le quedaba una dura piedra por superar. En diciembre de 2005 se rompió los ligamentos de la rodilla y apenas pudo participar en la exitosa campaña del doblete. Luis Aragonés confió en él para el Mundial 2006, pero su ritmo no era el mejor y no cuajó un gran campeonato. Tras ese verano retornó a su condición de titularísimo en su club, pero su juego parecía haber bajado un peldaño. El triunfal Barça de Rijkaard se deshacía semana a semana y no faltó quien culpara a Xavi del pobre rendimiento del equipo en la 2007/2008.
Pero el genio resurgió en aquel mágico mes de junio de 2008 para reclamar su puesto entre los mejores del mundo. Como ocurriera nueve años antes, Xavi fue el encargado de llevar la batuta en un equipo a ratos ilusionante pero del que, para qué engañarnos, no esperábamos mucho más que una digna actuación y una nueva montaña rusa de emociones que acabaran en una eliminación más o menos honrosa. Pero ayudado por un coloso en la labor destructiva como Marcos Senna, y flanqueado por dos interiores de inmensa calidad como Silva e Iniesta, Xavi volvió a reencontrarse con su mejor versión, similar a la del 99 pero con el poso que da la experiencia, la que mandaba con criterio, la que no erraba un pase, la que se permitía el lujo de llegar al área para definir y la que, en definitiva, le hizo acreedor, esta vez sí, de un premio que reconociera su importancia en el equipo campeón.
Pd.- Esta vez sí. Podéis interpretar el texto como un deseo de que Del Bosque se decida a retrasar ligeramente a Xavi, porque ni es un 4 como le obligaron a ser durante muchos años en Can Barça ni es un 10 como se empeña don Vicente. Es, simplemente, Xavi. "
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