jueves, 30 de diciembre de 2010

Crónicas de 2010: Un ojeador afortunado

Un día antes de la final del Mundial publiqué este artículo sobre Vicente Del Bosque, y un día antes de que acabe el año lo recojo aquí. Así termina este repaso al Mundial 2010, tal y como lo fui escribiendo durante los meses de junio y julio. El año en el que alcanzamos nuestros sueños toca a su fin. Sólo nos queda seguir soñando... y recordando.

"Fue en una mañana gris, durante el puente de Todos los Santos de 1999. Un par de compañeros de equipo habían sido llamados por la selección provincial sub’15 para disputar un intersector del campeonato autonómico, y como aquello era una novedad (hasta ese año éramos un equipillo… bueno, dejémoslo en mediocre) y les tocaba jugar en casa, fui con mi padre a verlos. Hacía un frío de mil demonios en aquellos campos situados en medio de ninguna parte, entre diminutas huertas y descuidadas parcelas de cereales, y el escaso público presente parecía más preocupado por no quedarse aterido en la banda que por el tosco fútbol desplegado por aquellos cadetes. Mis compañeros estaban en el banquillo y yo empezaba a lamentarme por haberme pegado un innecesario madrugón sólo para pasar frío cuando mi padre me hizo un gesto. “Mira, ¿ves a ese? Es Del Bosque, el ojeador del Madrid”. Yo sólo veía a un tipo con bigote, tirando a barrigudo, cubierto con un grueso anorak y un gorro de lana y que sujetaba discretamente bajo el brazo una pequeña libretilla, pero mi padre veía al jugador que le deslumbró en la segunda mitad de los setenta y principios de los ochenta (“este sí que era bueno, vaya técnica tenía, no sé cómo no jugó más en la selección”) y, lo que entonces era aún más sorprendente, al entrenador ideal para un Real Madrid en pleno proceso de re-deconstrucción. “Ah, sí, este entrenó un día al Madrid cuando echaron a Valdano, ¿no?, y ganaron 5-0 en San Mamés” dije yo, haciendo memoria. “Y antes de que ficharan a Valdano también estuvo un par de meses” me recordó mi padre. “Por lo menos pondría un poco de orden”, añadió. “Pues si en un partido es capaz de ganar 0-5, podrían probarle a ver qué tal” dije inocentemente, más por no quedarme callado que por otra cosa, y volvimos a concentrarnos en el juego. Sé que mi padre, que no es precisamente un mitómano, se quedó con las ganas de acercarse y decirle algo, pero entendió que estaba trabajando y no quiso molestarle. No habían pasado ni tres semanas de aquello cuando Vicente Del Bosque era designado nuevamente como apagafuegos tras el cese de J.B.Toshack, y viendo las noticias mi padre me dijo: “¿Te acuerdas?”


Por supuesto que me acordaba, y durante un tiempo incluso tuvo su gracia el poder decir en el insitituto y en el vestuario que había visto en persona al nuevo entrenador del Madrid sólo unos días antes de que lo nombraran mientras ojeaba atentamente en los Campos del CIA un aburrido partido de la selección cadete de Palencia. El tiempo fue pasando y aunque su equipo no acababa de carburar y enlazaba buenos triunfos con sonrojantes goleadas, la paz que Vicente transmitía al entorno (en clara contraposición a su antecesor) contribuyó a que su estancia en el banquillo se prolongase. Y así llegó la Octava, obtenida con una defensa de tres centrales para suplir la baja por lesión de Fernando Hierro, y el mundo habló de suerte por esa ocurrencia, por aquel taconazo mágico de Fernando Redondo que el central noruego Berg todavía debe estar buscando en aquel rincón del Teatro de los Sueños, por la súbita eclosión de Anelka en la semifinal ante el Bayern, por la inesperada debilidad que mostró el Valencia en la final, o por ganar el máximo título europeo justo el año en que se acabó la Liga en quinta posición, como si ganar la Champions hubiera sido un accidente. Lorenzo Sanz se creyó invencible tras el triunfo y convocó unas elecciones que acabaron provocando un terremoto en el fútbol español, con la llegada a la presidencia del club del prometedor Florentino Pérez, gracias a un fichaje imposible, Luis Figo. Se iniciaba una nueva etapa de recomposición de la plantilla que, quizás por eso de haber ganado una Copa de Europa, no afectó al entrenador, y uno de los primeros en salir fue precisamente Redondo, un héroe para la afición, que no entendió su venta al Milan. Vicente tampoco, pero tuvo que callar. No era su cometido.

A cambio llegaron Makelele y Flavio Conceiçao (y Solari, y Munitis, y Celades, y Tote), y el equipo ganó en solidez. Tras un inicio titubeante se colocó líder y acabó llevándose la Liga con Raúl de Pichichi, y a la gente le pareció normal, porque el Barcelona había entrado en crisis y el Depor nunca pareció capaz de reeditar su histórico título del año anterior. Además en la Champions el Bayern se tomó la revancha, Palermo y Riquelme destrozaron al equipo en la Intercontinental y el Galatasaray sorprendió en la Supercopa europea, así que para mucha gente el primer año de Figo quedó algo soso. Pero Florentino es mucho Florentino y redobló la apuesta galáctica con el fichaje de Zidane y el ascenso de los Pavones, a quienes Del Bosque conocía bien. Debutaron Pavón, Raúl Bravo, Miñambres y Valdo, pero el equipo tardó otra vez en conjuntarse. Zidane era un estorbo e Iván Campo acabó en el diván del psicólogo tras un par de errores y una absurda campaña de desprestigio. La Liga se iba para un férreo Valencia y a Del Bosque se le criticaba por apostar por César en detrimento de Casillas para un decisivo partido de Champions otra vez contra el Bayern. También se le hubiera criticado la entrada de Geremi por Figo, pero el gol del camerunés a los diez minutos tapó muchas bocas aunque también sirvió para dar motivos a quienes seguían convencidos de que Vicente simplemente tenía mucha suerte. Ganar en semifinales a un Barça sin rumbo se vio como algo normal, y en el partido de Glasgow el golazo de Zidane, la pillería de Raúl y la aparición milagrosa de Casillas en el último instante volvieron a restarle méritos al entrenador de aquel equipo.


El mal estaba hecho. Ronaldo engrosó aún más la plantilla galáctica y la caída en semifinales de la Champions significó la sentencia para Del Bosque. No importó la nueva exhibición, pese a la derrota, en Old Trafford, con McManaman brillando de interior izquierdo y Ronaldo como ejecutor con su hat-trick, ni que la prensa obligara a cambiar el planteamiento de la vuelta de semifinales al descubrir que preparaba una defensa de 3 centrales. Vicente tuvo cintura y sacó tres mediocentros, pero la baja forma de Raúl y Ronaldo tras sus recientes lesiones y un penalti marrado por Figo acabaron con el equipo eliminado a manos de la Juventus de Nedved. El motín encabezado por Hierro tras la consecución de un nuevo título de Liga fue sólo la puntilla. Las aguas bajaban revueltas por Chamartín y a Del Bosque le comunicaron oficialmente su no renovación al término de una cuasi-humillante entrevista en el telediario de Antena 3 que iba a ser de homenaje pero en la que mantuvo el tipo sereno hasta cuando le preguntaron si se imaginaba para qué le estaba citando el club a la salida de la tele. Importaron más los títulos perdidos que los conseguidos, y pesó más su perfil discreto y aburrido que la eficacia en la gestión del vestuario. En definitiva, en un mundo plagado de personalidades arrolladoras y polémicas, esa imagen de normalidad y tranquilidad que unos años antes le había servido para mantenerse en el puesto fue su perdición, y los dirigentes de entonces acabaron por ignorar sus muchos méritos deportivos en su búsqueda de la excelencia mediática.

Sólo la deriva institucional y deportiva en la que entró el club blanco tras su marcha hizo que su trabajo fuera justamente valorado, pero ya era tarde. Vicente probó en Turquía sin demasiada suerte, siendo despedido justo cuando su equipo comenzaba a levantar el vuelo, así que quienes dudaban de su valía como técnico quedaron más que contentos. Luego rechazó todas las ofertas que se le presentaron y fue tachado de cobarde por ello, pero nunca entró al trapo. En sus habituales colaboraciones con los medios Del Bosque se contenía cuando intentaban tirarle de la lengua para que rajara del club de su vida, y lo más que consiguieron fueron pequeños dardos contra la directiva de Florentino Pérez, demasiado poco para lo que otros hubieran dicho en sus circunstancias. La mesura también fue su seña distintiva durante el largo periodo en el que su futuro como seleccionador nacional era un secreto a voces, y por respeto jamás quiso confirmar algo que seguramente ya estaba hecho. Llegó al puesto en medio de una absurda polémica provocada por los defensores de Aragonés, y desde el primer momento se puso en duda su capacidad como entrenador y su supuesto interés por cambiar un estilo que nos había llevado a la gloria. Probar alternativas se convirtió en pecado mortal, introducir cambios era casi traicionar al país. España ganaba y convencía, pero Vicente sólo tenía la suerte (otra vez) de haberse encontrado un equipo ganador. El mérito nunca era suyo, sino de Luis y de los jugadores (y últimamente hasta de Guardiola), y él era simplemente un sospechoso que quería romper todo eso. Llegó el tropiezo de la Confederaciones y volvieron a aparecer las dudas, y llegó la derrota contra Suiza y todos los dedos le señalaron. Se cuestionó hasta su otrora elogiada lista de convocados y se criticó un esquema con el que nadie se había metido cuando sirvió para cerrar una brillante clasificación. Del Bosque introdujo modificaciones ante Honduras, hizo cambios inesperados ante Portugal y Paraguay, y volvió a sorprender con el once ante Alemania. Planteando los partidos un poco en función del rival, sí, pero en función de sus debilidades, convencido de la fortaleza de España con cualquier pequeño retoque y dando una vuelta de tuerca más para terminar de desactivar los generalmente rígidos esquemas de los adversarios, diseñados exclusivamente para lo visto hasta ese momento.


Y sin embargo eso en fútbol parece un crimen, y creo que es tan absurdo como si un equipo de baloncesto (por ejemplo) no pudiera variar sus esquemas ofensivos cuando le cambian a una defensa zonal. Pero si Xavi no la huele es culpa de Del Bosque por adelantarlo de posición, aunque el jugador confiese que la presión a la que le someten los rivales es lo que le impide entrar más en juego; y cuando por fin el de Terrassa empieza a carburar es porque ha decidido no hacer caso al entrenador y jugar donde sabe, no porque Del Bosque haya ajustado las piezas. Y así podríamos hablar de Busquets, de Navas, de Cesc, de Torres… Todas sus decisiones han sido duramente criticadas, y a uno le queda la sensación de que se pasa por alto la cuestión principal: que precisamente con esas decisiones estamos en la final de un Mundial. Debe ser que estamos tan acostumbrados a vernos ahí que no nos gusta cómo hemos llegado esta vez, digo yo, no sé. Otro en su lugar habría estallado, habría aprovechado para mandar recados a todos los que dudaron de él y se habría dedicado a proclamar su grandeza a los cuatro vientos (claro que si ese fuera su carácter a lo mejor no tendría tantos problemas), pero Vicente no contesta y sigue trabajando, mostrando una enorme riqueza táctica, una inteligencia preclara para escuchar las sugerencias de los jugadores y para que los cambios no rompan el grupo, y una exquisitez absoluta para replicar a la mosca cojonera que fue un Maradona que intentaba desestabilizar desde el día 1 un enfrentamiento que al final no se produjo (“es un tío majo pero un poco pesado”). Pero claro, Del Bosque tiene suerte y si ganamos será a pesar de él. Pues nada. Yo lo que sé es que el miércoles, después de que acabara el partido, en mi casa había un silencio sepulcral, emocionante, que rompí mirando a mi padre con una media sonrisa y diciendo: “¿Te acuerdas de cuando…?

10 comentarios:

  1. Di por casualidad con este blog hace unas semanas y he estado leyendo todas las entradas en mis ratos libres. He llegado al final, es una pena. Pero, no quiero abandonarlo sin felicitar al autor por el gran trabajo realizado. Multitud de datos, impecable estilo narrativo, seriedad, rigor y una indisimulada pasión por el tema tratado. ¡Excelente trabajo, felicidades!
    Un saludo.

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  2. Muchas gracias José Angel. El blog está dormido, todavía quedan muchas cosas que contar. No puedo prometer fechas, pero tarde o temprano habrá alguna nueva historia que recordar

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  3. Snedecor va siendo hora que despiertes el blog que hace ya mucho tiempo que leo lo mismo. Ahora podrías hacer un artículo sobre la selección de baloncesto o sobre Juan Carlos Navarro, uno de mis más grandes ídolos. O el baloncesto no te tira??
    De un amigo (barsovia)

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  4. Ya ves, como soy un mentiroso desertor y tengo tanto tiempo para dedicarle al blog... en fin. Pero bueno, algo nuevo sí que hay, que llevo 6 entradas en 2011, jejeje.

    Me alegra mucho leerte por aquí, un abrazo!

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  5. Ya sabes que hay gente que mejor no hacerle caso. A mi me pasa algo parecido, el trabajo me permite como mucho leer titulares en los periódicos pero no tengo tiempo para leer todos los artículos que quisiera. Sólo te leo de vez en cuando a ti y me gustan también mucho los artículos de Brotons y sobretodo de Rubén Uría en Eurosport. Son un oasis dentro de la jauría periodística que reina últimamente. No sé si los has leído alguna vez pero te los recomiendo porque son una delicia. Espero que todo te vaya muy bien y lo que sí tepuedo decir es que si el trabajo me lo permite yo te seguiré leyendo

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  6. Pues tienes que leer más, Barsovia ;) Hay cosas muy buenas por la red, como El Enganche o Diarios de Fútbol, por no ir más allá de los blogs que enlazo aquí. A Brotons no lo trago, lo siento, el cargo que tiene en GolTV le pesa demasiado a la hora de tratar ciertos temas y su visión es siempre interesada. Lo peor es que encima suele dar datos erróneos para apoyar sus teorías y eso es lo único que no debería hacer un periodista (lo demás es opinable). Uría a veces peca de sensacionalista y demagógico (escuela García, qué se le va a hacer) pero al menos se atreve a hablar de temas tabú para la mayoría de medios, y no suele cometer errores de bulto como los de Brotons. Además se nota que le gusta el deporte, cuando escribe de cosas que no son Mourinho, Florentino o el Atleti cambia mucho (a mejor)

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  7. En lo de Brotons te doy la razón, el cargo que tiene hace que no tenga la libertad de consciencia necesaria a la hora de opinar. Se le nota que a veces tiene las manos atadas. En lo de Uría sí que no estoy de acuerdo en todo lo que dices. Está claro que cuando escribe de Mourinho es para atizarlo, pero que otra cosa puede decir de él?? Hoy en día lo único que se puede decir de Mourinho es su trato déspota y uría simplemente da su opinión, que generalmente es parecida a la mía. Pero en realidad lo que me gusta de Uría es lo bien que utiliza el lenguaje. Hace del periodismo un arte y es de las plumas más finas que conozco. Además no es para nada corporativista, es decir, no sigue ninguna corriente y simplemente se guía por lo que piensa. Aunque es cierto que sus mejores artículos son cuando habla de hechos históricos relacionados con el fútbol(véase la realidad de "Evasión o victoria") muy distinta a la película o cuando escribió sobre el mítico Torino que perdió la vida en un accidente aéreo. En estos artículos se recrea, porque sabe que escribe muy bien, y cuando acabas de leerlo se te cae la baba. Al menos a mi me sucede. Por cierto, ojearé esos blogs que citas.

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  8. Ya sabes que no soy precisamente un defensor de Mourinho, pero me cansa que se le dé tanta coba, aunque sea para criticarlo. Por lo demás, de acuerdo en todo, como casi siempre. Y si te vas a dedicar a investigar la blogosfera, pasa también por Ecos del Balón. Fútbol y sólo fútbol, una delicia

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