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lunes, 5 de octubre de 2009

Octavos de final: España - Italia

1-3

Italia ha puesto fin a las esperanzas españolas de reeditar viejos laureles en el Mundial sub'20 de Egipto al imponerse por 3-1 en el primer partido de octavos de final. La selección italiana ha aprovechado mejor sus ocasiones y se ha visto favorecida por la expulsión de Botía en el minuto 28, una acción que sin duda ha marcado el partido y lo ha puesto de cara para una Italia que, visto lo visto, ha alcanzado más premio de lo que como equipo parece merecer. Antes del comienzo, España se presentaba como clara favorita a llevarse el duelo: había ganado sus tres partidos de la primera fase (única selección en conseguirlo), mantenía imbatida su portería y, pese a que no había alcanzado todavía un nivel de juego acorde a lo esperado, su rival había dejado aún más dudas. Privada de varios de sus mejores jugadores, Italia había sufrido para clasificarse en el grupo A: un empate a cero ante Paraguay en un partido igualado pero en el que las ocasiones más claras fueron para los sudamericanos, una sufrida victoria por 2-1 ante Trinidad y Tobago y una clara derrota por 4-2 ante Egipto en la última jornada reflejaban perfectamente el nivel de un equipo que no acababa de mostrarse sólido atrás, cometía errores garrafales en casi todos los partidos y tenía bastantes problemas a la hora de crear juego. Ante un equipo que presumiblemente buscaría replegarse y entregar la pelota a España, Milla dio la alternativa en el once a Oriol Romeu, que había dejado buenas sensaciones en el partido frente a Venezuela, en el puesto de Marcos Gullón. Pero ya desde el comienzo se vio que el cambio no iba a solucionar el principal problema que ha venido padeciendo España durante todo el campeonato, y que era la escasa participación en el juego de Parejo y Fran Mérida, los dos hombres destinados a llevar el peso del ataque hispano y que sin embargo apenas han tenido continuidad en sus acciones. Pese a que para España era el cuarto partido sobre la moqueta del estadio Al Salam, fue Italia quien pareció mejor adaptada desde el primer miunto a la hierba sintética y con una intensa presión en campo rival comenzó a llegar con peligro a la meta de Asenjo. Mattia Mustacchio, que acabaría siendo nuestro verdugo en la segunda parte, ya era entonces el jugador más activo, entrando una y otra vez por banda izquierda. En los primeros diez minutos, una acción suya y un disparo desde el borde del área de Sciacca que salió cerca del poste evidenciaron que habría que sudar mucho para doblegar al cuadro transalpino. Por parte española, sólo Aarón y Jordi Alba intentaban crear algo en ataque, aunque con poca fortuna. Mientras tanto, Italia continuaba obteniendo réditos de su presión y así a los 28 minutos, tras la enésima pérdida española, Botía llegó tarde al cruce y cazó a Andrea Mazzarani. El colegiado argentino Héctor Baldassi no dudó y mostró la cartulina roja al central del Sporting, quizá de manera algo rigurosa. España tuvo que recomponer filas, retrasando a Oriol para colocarlo de central junto al zaragocista Laguardia y formando un doble pivote con Mérida y Parejo. El del Getafe tomó la iniciativa organizadora y comenzó a entrar más en juego, pero el equipo no le acompañaba e Italia se sentía muy cómoda ante la escasa presencia ofensiva de Nsue. Pese a estar con un hombre más no intentó dominar el juego, sino que se mantuvo en su papel de contención, esperando una nueva pérdida de España para lanzar el contragolpe.

En el descanso Milla movió ficha y sustituyó a un desafortunado Jordi Alba por Ander Herrera, que tapó un poco las incursiones del lateral zurdo Mazzotta y aportó algo más de lucidez al juego español, como ha hecho en todas sus apariciones en este Mundial. España se hizo con el control del esférico pero Italia no se sentía ni mucho menos incómoda, y dio un zarpazo letal a los diez minutos. Después de un buen trabajo de presión recuperó el balón en el centro del campo y en apenas dos toques Mazzarani le dejó el balón franco a Mustacchio, que bordeaba el fuera de juego. El extremo golpeó casi con el tobillo y consiguió cruzar el balón ante la tardía salida de Asenjo, subiendo el primer gol al marcador. La reacción no se hizo esperar, y casi en la jugada siguiente Aarón se revolvió bien en banda izquierda, avanzó en diagonal y soltó un derechazo que se estrelló en el larguero tras haberlo rozado el meta Fiorillo. Luego Nsue remató alto un buen centro del propio Aarón, y cuando parecía que el empate se acercaba llegó el segundo mazazo. Los nervios y la falta de compenetración entre la inédita pareja de centrales que habían asomado en la jugada del primer gol quedaron evidenciados cinco minutos después, cuando un balón largo sin aparente peligro pasó por encima de Oriol, Laguardia se comió el bote y ni Azpilicueta ni Asenjo estuvieron atentos para quitarle la bola a un Mazzarani que no desaprovechó el regalo y batió desde dentro del área pequeña la meta española. El partido se ponía tremendamente cuesta arriba y parecía que sólo un milagro podía permitir a España acceder a los cuartos de final. Sin embargo, lejos de rendirse el equipo de Milla tiró de orgullo e hilvanó varios minutos de dominio y buen juego, durante los que era difícil saber qué selección contaba con un efectivo menos sobre el campo. Así, tras una buena jugada de ataque, Ander Herrera le robó la cartera al central Albertazzi, que no tuvo más remedio que agarrarle del pantalón. Penalti claro que Aarón Ñíguez transformó con mucha sangre fría, la misma que demostró Fran Mérida ante Nigeria, al lanzar también a lo Panenka. La inercia era positiva y con casi media hora por delante el empate parecía más que posible. Milla se la jugó retirando a un desaparecido (y amonestado) Mérida para dar entrada a Kike, con el que ganamos presencia en ataque pero perdimos fuerza en el centro del campo, convirtiendo el choque en un partido de ida y vuelta en el que la balanza acabaría decantándose del lado italiano. Durante esos minutos de toma y daca Asenjo salvó los muebles en un par de ocasiones, desviando un remate de Mustacchio y cortando providencialmente una contra del incisivo jugador transalpino, además de ver en primera fila como un remate cruzado de Mazzotta golpeaba el poste y se perdía lejos de las redes. España acusaba el cansancio y pedía a gritos un tercer cambio que inexplicablemente no llegó nunca, pero incluso asfixiada pudo haber cambiado el signo del partido en el minuto 85, cuando Aarón, sin duda el jugador más entonado de los nuestros, fue derribado en el área por Bruscagin. El jugador del Celta tomó la responsabilidad de lanzar su segundo penalti de la tarde pero lamentablemente Fiorillo adivinó su intención y rechazó su disparo raso. despejando también los nubarrones que se cernían sobre el cielo azzurro. Apenas dos minutos después, el incansable Mustacchio se escapó por velocidad y con un zurdazo cruzado terminó de enterrar nuestras ilusiones bajo la arena de Egipto.

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viernes, 2 de octubre de 2009

Partido 3: Venezuela - España

0-3

España completó ayer su impoluta andadura en la fase de grupos del Mundial sub'20 con una cómoda victoria ante Venezuela por 3-0. Como era previsible, Milla introdujo varios cambios con respecto al equipo que había disputado los dos primeros encuentros, dando descanso a varios de los jugadores apercibidos de suspensión para que pasaran limpios a las eliminatorias y también a aquellos que más minutos llevaban en las piernas. Así, Fran Mérida, Cote, Botía, Jordi Alba, Marcos Gullón y Nsue dejaron su sitio a Ander Herrera, Domínguez, Dídac, De Marcos, Oriol Romeu y Kike, respectivamente. Del mismo modo, la selección de Venezuela, para quien este Mundial es prácticamente una cuestión de Estado, salió con algunas novedades en su once aunque dispuesta a rematar su brillante clasificación para octavos con una victoria ante España, algo que siempre luce y aumenta el prestigio de cualquier equipo. Sin embargo la diferencia teórica que ya de por sí existe entre los dos equipos titulares no hizo sino aumentar con los menos habituales sobre el césped artificial del estadio Al Salem, y desde el primer momento España se hizo con el control del balón de la mano de un Parejo que, bien situado en la zona de media punta, por fin hizo acto de presencia en este campeonato. Los primeros minutos fueron de acoso hispano y, tras varios acercamientos peligrosos a la meta venezolana protagonizados por el incisivo Aarón, en el minuto 12 Parejo lanzó magistralmente una falta desde la frontal del área que se coló imparable en el arco de Romo, que se quedó con el molde. El tempranero gol sirvió para aumentar la confianza del cuadro español, que guiado por la buena labor de Parejo y Ander Herrera dominó a sus anchas la primera mitad. Venezuela no era capaz de armar su ataque y sufría mucho sin balón, con lo que el segundo tanto parecía cuestión de tiempo. Y efectivamente acabó llegando en el minuto 25, cuando tras una buena jugada combinativa del equipo español De Marcos centró desde la derecha y Parejo fue derribado cuando saltaba buscando el remate. Penalti que Aarón lanzó con tranquilidad (y por duplicado), engañando al portero sudamericano en el segundo remate y anotando así su tercer gol en el campeonato. A partir de ese momento España bajó un poco el ritmo y Venezuela pasó a dominar tímidamente, aunque sin crear excesivo peligro ante la meta de Asenjo.

Desgraciadamente por motivos laborales apenas pude seguir el desarrollo del juego durante la segunda mitad por lo que tan solo puedo resaltar lo que narran las crónicas del encuentro, que España mantuvo su dominio aunque sin tanta profundidad como en la primera parte y que hubo tiempo para ver en acción a Iago Falqué, que sustituyó a Aarón tras el descanso. En el minuto 77 llegó el tercer tanto, un gran gol de Ander Herrera que, tras una pared con Fontàs (que había salido por el apercibido Parejo minutos antes), culminó con rabia una gran jugada de toque de la selección justo antes de ser reemplazado por Cote. España pasa por tanto a octavos como primera de grupo, con unos números demoledores (13 goles a favor y 0 en contra) aunque todavía con ciertas incógnitas en su juego que deberá ir despejando en las eliminatorias. De momento ya conocemos a uno de nuestros posibles rivales, Italia (tercera en el grupo A tras su derrota de ayer ante los anfitriones), y hoy se sabrá qué equipos ocupan el tercer lugar en los grupos C y D, aunque en principio sólo el del C parece tener opciones de ser uno de los terceros clasificados. El partido de octavos se disputará el lunes a las 16:30 también en el estadio Al Salem, y en principio será retransmitido por Eurosport y laSexta.

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03/10/2009 - Tras los resultados de ayer, podemos descartar ya a Uzbekistán (tercero en el grupo D) como posible rival, ya que con 1 punto será uno de los dos peores terceros. Así que la cosa está entre Italia y Estados Unidos, que debe esperar a los resultados que se den hoy para saber si pasa como uno de los mejores terceros, algo que los italianos tienen ya asegurado al haber acabado con 4 puntos.

04/10/2009 - Finalmente Estados Unidos ha quedado fuera de los octavos de final como el otro peor tercero, por haber marcado menos goles que Costa Rica, por lo que Italia será nuestro rival mañana. En el hipotético partido de cuartos de final nos las veríamos con el vencedor del Hungría-República Checa. Podeis ver cómo han quedado los cruces aquí.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Partido 1: España - Tahití

8-0

Ya sabíamos que del encuentro ante Tahití no íbamos a poder sacar demasiadas conclusiones válidas, y tras ver el partido sólo cabe reafirmarse en tal idea. La diferencia entre los dos conjuntos hizo que el choque transcurriera con un ritmo más propio de un amistoso de pretemporada que de un partido de una Copa del Mundo, y España apenas tuvo que pisar el acelerador para superar a su débil rival. En realidad ayer el partido realmente importante no lo disputó España, porque cuando los nuestros saltaron al césped artificial del estadio Al Salem la noticia ya se había producido. En el primer partido del grupo Nigeria se habia visto sorprendida por la debutante Venezuela, que se impuso por 0-1. La vinotinto empieza a acariciar con la clasificación a octavos y de paso complica ligeramente el panorama del grupo, sobre todo para los africanos. Aunque el triunfo sudamericano no hacía peligrar nuestras opciones, sí que prohibía tropezar, y quizá por ello Milla prefirió no correr riesgos y apostó de inicio por su once de gala, como por otra parte se esperaba. El objetivo evidente era que el equipo se fuera acoplando y empezar con un partido cómodo siempre ayuda a calmar nervios y otorgar confianza a un equipo llamado a hacer grandes cosas en este torneo. Así, Sergio Asenjo ocupó la portería, completamente recuperado de unas molestias estomacales sufridas el día anterior. Por delante del palentino la defensa formó con Azpilicueta y Cote en las bandas y la pareja de centrales Fontàs-Botía. Marcos Gullón se situó como pivote supuestamente defensivo (supuestamente porque la actividad ofensiva tahitiana fue casi inexistente), con Fran Mérida y Parejo ocupando la posición de interiores. Aunque la idea era dibujar un 4-3-3, las características de este trío de centrocampistas y la inoperancia del rival hizo que durante muchas fases del partido viéramos algo más parecido al 4-1-4-1, con mucha movilidad de los hombres ofensivos. Jordi Alba por banda izquierda, Aarón Ñíguez por derecha y Nsue como punta de lanza completaron un once que empezó pronto a marcar la distancia futbolística que le separa del cuadro oceánico. Aunque, curiosamente, tras unos minutos de tanteo el primer acercamiento peligroso correspondió a Tahití, con una falta lateral en el minuto 9 en la que Asenjo midió mal su salida y el central Ludivion estuvo a punto de cabecear a la red. Pero la acción espoleó a una España que respondió contundentemente en la siguiente jugada, en una buena internada de Jordi Alba por la izquierda que culminó con un centro al corazón del área, por donde apareció Mérida completamente desmarcado. Su remate se topó con el meta tahitiano pero el rechace le cayó a Aarón que no perdonó, subiendo el primer tanto al electrónico. El céltico repitió apenas cinco minutos después, cuando aprovechó el error de la defensa rival tras un saque largo de Asenjo para plantarse ante Hauata y batirle con un disparo cruzado. Y el vendaval continuó tras el saque de centro: España recuperó la bola, Aarón recogió un buen pase de Marcos Gullón y cedió a Nsue, que fusiló desde dentro del área. En apenas diecisiete minutos el duelo estaba finiquitado y el equipo de Milla se dedicó a dejar correr el tiempo y buscar diagonales y balones a la espalda de los defensores polinesios, aprovechando que la zaga tahitiana, muy adelantada y más lenta que nuestros atacantes, se prestaba a ello. En el minuto 23 Nsue vio cómo le anulaban un gol por falta previa a un defensor, pero se resarció pasada la media hora cuando culminó la enésima internada de Aarón por la derecha. Después de su doblete, el mallorquín volvió a dar motivos a sus detractores al fallar dos claras ocasiones, sobre todo la primera, delante del portero. Poco más a destacar antes del descanso, sólo un disparo de Jordi Alba que se marchó fuera y una tarjeta amarilla a Aarón por desplazar el balón, una tontería que ojalá no tenga que lamentar en posteriores (y mucho más importantes) encuentros.

De momento seguro que tuvo tiempo para recapacitar sobre la acción, porque Milla decidió dejar a la estrella de la primera parte en el vestuario (por unas molestias en el tobillo) y dar la alternativa al zaragocista Ander Herrera. Cuesta decir si lo hizo bien, porque si ya en la primera parte el ritmo había sido bastante lento, en la reanudación bajó todavía un poco más. Tahití se replegó ligeramente y los minutos fueron pasando despacio, entre lentas circulaciones de balón de la zaga española y algún intento de acercamiento sin demasiado énfasis. Pese a estar jugando al tran-tran, España hiló algunas jugadas de calidad, como la que acabó con un disparo cruzado de Mérida o la que Nsue estrelló en el travesaño, todo en el primer cuarto de hora. El quinto gol se hacía de rogar y por momentos pareció que no llegaría, tal era la calma con la que discurría el partido. Pero faltando un cuarto de hora Fran Mérida lo intentó desde lejos, el guardameta tahitiano decidió colaborar con la causa y el balón entró casi por el centro de la portería. Entonces, como ocurriera en la primera parte, los demás goles llegaron en cascada. Kike, que había sustituido a Nsue, anotó los dos siguientes, el primero tras una gran jugada por banda de Azpilicueta y el segundo al culminar una buena acción individual, y ya cerca del noventa Ander Herrera redondeó la goleada al recoger un nuevo balón en largo a la espalda de los centrales y deshacerse de la desesperada salida del meta polinesio. Ocho tantos en un simulacro de partido que nos dejan un cómodo colchón de goles para resolver hipotéticos empates a puntos y de los que, como decíamos al comienzo, pocas conclusiones más podemos extraer. Para eso hace falta ver al equipo ante un rival más potente, y afortunadamente no tendremos que esperar mucho: el lunes a las 4 de la tarde nos espera una Nigeria herida que seguro que nos pondrá en más apuros que esta noble selección de Tahití, que mucho deberá mejorar si no quiere marcharse de Egipto con el dudoso honor de haber sido el peor equipo presente en un Mundial juvenil.

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jueves, 20 de agosto de 2009

2007, Europeo sub'19: Ensayo general en Austria

La inesperada eliminación del Mundial sub'20 fue un duro revés para todos por la manera de producirse y por las expectativas que se habían ido generando, pero afortunadamente la pelota no para nunca de rodar y en esta ocasión apenas hubo tiempo para lamentos. Sólo dos días después de la derrota en Edmonton ante la República Checa empezaba en Austria una nueva edición del Campeonato de Europa sub'19, torneo en el que defendíamos la corona lograda el año anterior por la mayoría de aquellos jóvenes que en esos momentos debían estar volando de vuelta a España sumidos en una profunda decepción. Algunos de los máximos exponentes de la generación del 88 y principales artífices de la clasificación para este Europeo (Mata, Bueno, Sunny o Adrián López) ya habían dado el salto y se encontraban en aquel triste vuelo procedente de Canadá, por lo que el grupo de jugadores que acudió a la cita continental era bastante heterogéneo y estaba formado tanto por el resto de habituales de esa generación (como Javi Martínez, Montoro o Felipe Ramos) como por varios de los mejores del 89 (Asenjo, Azpilicueta o Aarón Ñíguez), en una mezcla que llevaba tiempo preparándose desde la Federación ya que casi todos habían contribuido a la clasificación para esta cita, aunque fuera sólo de manera testimonial. Tras superar a Noruega, Islandia y Azerbayán en la Ronda Élite, el sorteo de la fase final nos deparó un grupo con Austria, Grecia y Portugal que, aunque no era precisamente sencillo, sí nos ofrecía más posibilidades de clasificación que el formado por Francia, Alemania, Serbia y Rusia. En todo caso la selección acudía a tierras centroeuropeas sin el cartel de favorita y más bien entre la desconfianza de unos aficionados que, haciendo honor a la verdad, no esperaban gran cosa de este equipo desprovisto del brillo de anteriores combinados. Pero como casi siempre, la realidad nos volvió a demostrar que nuestros pronósticos no sirven de nada.

El partido del debut era contra Austria, selección anfitriona que, al contrario que la española, apenas había perdido elementos por la disputa del Mundial sub'20. No dejaba de ser irónico que el país que parecía haberse centrado en el torneo continental que organizaba estuviese en condiciones de meterse en la final del Mundial mientras que quien más había apostado por la cita mundialista estuviera ya eliminado. El caso es que, bajo el asfixiante calor que marcó todo el torneo y obligó a la UEFA a permitir la interrupción del juego en el ecuador de cada parte para que los jugadores se refrescaran, en la primera parte apenas hubo nada reseñable, con el dominio muy repartido y las ocasiones brillando por su ausencia, hasta que al poco de comenzar la segunda parte Aarón decidió finiquitar el duelo: sirvió a Azpilicueta el primero tras una gran internada por su banda y apenas unos minutos después se marcó un auténtico jugadón para hacer el segundo tanto. Austria intentó reponerse a ese duro golpe pero apenas sí inquietó la meta de Felipe Ramos, y el partido acabó con una trabajada victoria que sirvió a los nuestros para coger confianza en sus posibilidades, aunque el juego fue manifiestamente mejorable.

El segundo partido, esta vez ante Portugal, comenzó de una manera similar, con los dos equipos jugando a bajas revoluciones por las altas temperaturas, pero pareció animarse cuando a los ocho minutos Javi Martínez estrelló un zapatazo en el larguero. Portugal, que en la jornada inaugural había perdido 1-0 con Grecia, se echó atrás, y España comenzó a dominar y a crear peligro ante la portería lusa, aunque las sucesivas ocasiones de Aarón, Nsue o Modrego no encontraron premio. Pasada la media hora de juego el partido volvió a calmarse y no despertó hasta otra vez el minuto ocho de la segunda mitad, cuando Aarón fue derribado dentro del área por un defensor portugués. El propio jugador valencianista se encargó de transformar la pena máxima y puso en ventaja a España, que desde ese momento vio como Portugal intentaba reaccionar y se estiraba cada vez más hasta lograr el gol del empate por medio de Carriço en el minuto 70. El partido volvió a cambiar de manos y Nsue tuvo la oportunidad de hacer el segundo, pero falló en su remate y el partido finalizó con un empate que dejaba a España a las puertas de la clasificación y a Portugal a las puertas de la eliminación.


El partido contra Grecia se prestaba a toda clase de rumores maledicentes, puesto que a ambas selecciones les valía el empate para plantarse en semifinales. Y si bien es cierto que al final ése fue el resultado definitivo, también hay que reconocer que el encuentro tuvo ocasiones de sobra como para haber roto el empate a cero inicial, aunque finalmente la lógica acabara imponiéndose. Empezó fuerte España, acorralando a una Grecia de la que tampoco esperábamos otra actitud, y pronto empezaron a llegar las ocasiones. Aarón seguía mostrándose como el jugador más desequilibrante del bando hispano y suyas fueron las acciones más peligrosas, aunque el barcelonista Coto y el mallorquinista Nsue también pudieron haber marcado antes del descanso. Tras el parón reglamentario, Grecia se estiró un poco más y trató de conectar con un hasta entonces desaparecido Sotiris Ninis, su principal estrella. En esa fase de dominio heleno llegó la jugada clave, un penalti en el área española que Mitroglou se encargó de lanzar pero que Ramos despejó con acierto. Y entonces sí, como si ambos equipos le hubieran visto las orejas al lobo, sobre el césped del estadio de Linz pareció firmarse un armisticio. España dominaba pero sin llegar demasiado y Grecia corría pero sin presionar en exceso, dejando pasar el tiempo con ese resultado tan favorable para ambos. Se llegó al final sin más sobresaltos y España accedió a semifinales como primera de grupo, un resultado con el que muchos ya nos dábamos por satisfechos pero que afortunadamente no parecía suficiente para quienes estaban en Austria.

Lo cierto es que encontrarnos en semifinales con una Francia como siempre físicamente muy potente, aunque parecía venir de más a menos en el torneo, tampoco ayudaba a sentirnos demasiado optimistas. El juego español se había mostrado muy plano y lento en el centro del campo, con un Javi Martínez que evidenciaba no ser un organizador puro, y dado que Emilio Nsue tampoco parecía estar fino de cara a gol prácticamente todas nuestras opciones parecían pasar por lo que fuera capaz de inventarse Aarón Ñíguez. El comienzo fue una buena muestra de ello, puesto que Aarón lanzó un bonito disparo al larguero y Nsue no acertó a materializar el rechace. En los primeros minutos el dominio territorial correspondió a España pero costaba crear ocasiones y cuando se lograba Nsue no era capaz de resolverlas con acierto. Luego el juego volvió a ralentizarse y ninguno de los dos equipos supo acercarse con peligro al meta rival. La segunda parte comenzó tan vibrante como la primera pero con los papeles cambiados, ya que fue Francia quien estuvo a punto de inaugurar el marcador en una contra de Monnet-Paquet, principal artillero galo, que detuvo a tiempo Felipe Ramos. El portero madridista protagonizó poco después la jugada desgraciada de la noche al caer lesionado tras una salida. El esguince de tobillo que se produjo le impedía continuar en el campo y llegó la hora de otro de los jóvenes, Sergio Asenjo, que se convertiría en el héroe del partido. Pero todavía quedaba mucho tiempo para su momento de gloria. Antes, Aarón vio como el colegiado le anulaba un gol por fuera de juego, y luego el jugador del Albacete Carletes falló una clara oportunidad a la contra. Francia apretaba con un juego más directo pero tampoco creaba peligro, y se llegó al término de los 90 minutos con el marcador inalterado. La prórroga fue un auténtico suplicio para dos equipos muy castigados físicamente y a los que la tensión por la importancia del choque pareció atenazar. Tan sólo hubo una ocasión reseñable, también para España, pero el cabezazo de Mikel San José fue bien atrapado por Carrasso. Llegaba la tanda de penaltis, y en el tercer lanzamiento francés emergió la figura del palentino Sergio Asenjo, que detuvo el disparo de Monnet-Paquet. San José transformó el cuarto para España y Asenjo volvió a atajar el cuarto, dando el pase a la final al equipo español.

Semifinal España-Francia, tanda de penaltis


Ahora sí que las expectativas estaban por todo lo alto, porque una clasificación por penaltis y con un héroe inesperado siempre da moral, y porque el rival sería Grecia, que sorprendentemente había derrotado 3-2 a la Alemania de Ozil y Ben Hatira. Aunque España tenía las bajas de Javi Martínez y Montoro (uno por acumulación de tarjetas y el otro por haber sido expulsado en los últimos instantes de las semifinales) y el equipo griego ya nos había dado un susto en la fase de grupos, casi nadie dudaba de que el título volvería a viajar a tierras españolas. El sabio Juan Santisteban tenía la difícil decisión de elegir a los sutitutos de los centrocampistas sancionados y desde luego su solución no pudo dar mejores resultados. Adelantó a Mikel San José al centro del campo y colocó junto a él al madridista Dani Parejo, quien apenas había jugado unos minutos antes de la final y que había viajado a Austria por la lesión a última hora del barcelonista Marc Crosas, y fue el madrileño quien acabó llevándose los titulares al marcar el único tanto del encuentro. Corría el minuto 38 y hasta entonces España, que había dispuesto de algunas ocasiones, no veía la forma de derribar una muralla helena que, pese a contar con la importante baja de su líder Papastathopoulos, tenía al guardameta Stratilatis como su principal soporte. Entonces Parejo acudió a sacar una falta a la banda izquierda, oteó el horizonte y chutó directamente a puerta cuando todos, incluído el meta griego y su mal colocada barrera, esperábamos un centro al corazón del área. El balón entró pegadito al primer palo y se convirtió en el único gol de un partido que España dominó casi por completo. Casi porque al comienzo de la segunda parte Grecia puso cerco a la meta de Asenjo y, aunque retiró a Ninis, estuvo a punto de alcanzar el empate en un par de jugadas en las que la suerte acompañó al meta del Valladolid, que vio como los delanteros helenos o no llegaba a rematar o disparaban fuera en situaciones prácticamente inmejorables. Afortunadamente el agobio sólo duró un cuarto de hora y luego España volvió a controlar el balón, tratando de dormir un partido que pudo sentenciar antes del final si Stratilatis no se hubiera empeñado en enmendar su error en el gol con varias paradas de mérito. Pero la situación estaba controlada y el título en el bolsillo, y mientras nuestros juveniles levantaban la copa en el verde de Linz seguro que todos pensábamos en lo bonito que sería repetir aquella modesta imagen al año siguiente, en el mismo país pero en un escenario más imponente y con un título definitivamente más ansiado: una Eurocopa absoluta. ¿Por qué no?



miércoles, 29 de julio de 2009

2006, Europeo sub'17: Vuelta al sendero del éxito

Después del mazazo que supuso la no clasificación para el Europeo de 2005 al perder en la última fase previa (la denominada "Ronda Élite") ante Suiza, a la postre campeona del torneo, y que significó la primera ausencia de España en veinte años a la fase final de un campeonato de la categoría, el año 2006 debía ser el de la recuperación. Una nueva hornada de chavales, la del 89, se ponía bajo la sabia batuta de Juan Santisteban para intentar devolver a España al lugar de honor al que nos tenían acostumbrados nuestros jóvenes futbolistas, y lo cierto es que, como casi siempre, el equipo que acudió a Luxemburgo para disputar la fase final era uno de los grandes favoritos para alzarse con la victoria. Tras una fase de clasificación no demasiado exigente celebrada en Chipre ante el cuadro local, Gales y Moldavia, y que se superó con una destacada actuación del valencianista Aarón Ñíguez, España llegaba llena de confianza a la cita luxemburguesa, dispuesta a confirmar las expectativas que había vuelto a levantar este nuevo grupo. El Campeonato de Europa se celebró del 3 al 14 de mayo con el formato habitual de dos grupos de 4 equipos. Equipos clásicos como Francia, Portugal o Inglaterra no habían logrado su pase, y por contra la pujanza de los países del este de Europa iba en aumento, con la presencia de Rusia (debutante en un campeonato sub'17), República Checa, Hungría y Serbia y Montenegro. Además del anfitrión Luxemburgo, completaban el cartel una sorprendente Bélgica y la sempiterna Alemania. España quedó encuadrada en el grupo A, junto a Luxemburgo, Hungría y Rusia.
Debutar contra Luxemburgo, débil selección que acudía por vez primera a un europeo de categorías inferiores (y gracias a ser el organizador), debía servir para empezar el torneo con buen pie, y como no podía ser de otra manera el guión se cumplió a rajatabla: un cuarto de hora bastó para sellar la abismal diferencia entre ambos conjuntos y dejar finiquitado el partido con dos goles de Ñíguez y otro del atlético Rubén Ramos, amén de un buen puñado de acercamientos peligrosos y varios disparos a la madera. No había historia posible en un choque tremendamente desigual e impropio de un Campeonato de Europa, y en el descanso Santisteban se decidió a dar la alternativa a uno de los jugadores del 90, el delantero Bojan Krkic, todavía con 15 años, que desde luego no dejó pasar la oportunidad para darse a conocer definitivamente ante los seguidores del fútbol base. Y es que el jugador del Barcelona, que reemplazó al bigoleador Aarón, se destapó con un hat-trick en apenas media hora: primero aprovechando una buena dejada de Ramos, luego cazando oportunamente un balón suelto en el área y finalmente culminando una preciosa jugada personal para cerrar el marcador definitivo, que fue de 7-1 para los nuestros. Entre medias del show de Bojan hubo tiempo para que el jugador del Villarreal José Hermosa subiera al marcador el gol que en ese momento significaba la manita y hasta para que Luxemburgo hiciera el gol del honor por medio de Pjanic, que sorprendió a Sergio Asenjo con un lanzamiento lejano.
El segundo partido se presumía mucho más igualado, ya que enfrente estaría Rusia, que también había vencido en la primera jornada. Así pues, ganar significaba clasificarse virtualmente para las semifinales, ya que sólo una amplia derrota ante Hungría en la última jornada pondría en peligro el pase a la penúltima ronda. Sorprendentemente tras su exhibición ante los organizadores, Santisteban no eligió a Bojan para sustituir al lesionado Emilio Nsue, sino que optó por dejar al barcelonista en el banco y dar la alternativa al centrocampista del Villarreal Marcos Gullón. La primera parte transcurrió sin muchas ocasiones de peligro, en buena medida por el férreo entramado defensivo tejido por los rusos del que sólo Aarón era capaz de liberarse, y con cuentagotas, por lo que en el descanso Santiesteban no tuvo más remedio que dar entrada a Bojan para ver si el benjamín del grupo era capaz de cambiar el panorama. Y como no podía ser de otra manera, el chaval de Linyola volvió a ser el principal referente ofensivo de un equipo que casualmente (o quizá no) se mostró mucho más incisivo que en el primer tiempo. Tras un par de buenos intentos de Rubén Ramos, Bojan regaló el primer gol a Aarón Ñíguez, que aprovechó un pase de la muerte del barcelonista en el minuto 57. Apenas cinco minutos después, el recién ingresado Cristian Vergara remachó un disparo de su compañero en el Barça que casi se colaba, y a cinco minutos del final fue Gullón el que cazó un despeje del portero ruso, a disparo cómo no de Bojan, para hacer el 3-0 definitivo.
La clasificación para semifinales estaba encarrilada pero Santisteban no quería sorpresas y, sabiendo de la más que probable abultada victoria de Rusia ante Luxemburgo, contra Hungría decidió sacar a su mejor once posible para evitar posibles combinaciones que dieran con España en la calle o clasificada como segunda de grupo. Con Gullón fuera del equipo por enfermedad, Aarón Ñíguez formó pareja de ataque con Rubén Ramos, que fue el encargado de inaugurar el marcado pasado el cuarto de hora al rematar un buen centro del osasunista César Azpilicueta. Llovía a cántaros sobre Luxemburgo y España se dedicó a mantener la posesión, con especial protagonismo para otro de los más jóvenes del grupo, el mediocentro Ignacio Camacho, titular indiscutible ya desde la fase de clasificación. Sergio Asenjo tuvo que solventar un par de acercamientos húngaros, propiciados más por la relajación propia que por el acierto del rival, y ya cerca del final tuvo que ser Bojan Krkic, que había vuelto a entrar en el descanso, el que colocara el tranquilizador 2-0 al transformar un penalti. España acababa como primera de grupo con pleno de victorias y teniendo en sus filas al máximo realizador del torneo, un Bojan que jugando sólo las segundas partes llevaba ya 4 goles.
El rival en semifinales sería la República Checa, que se había paseado junto a Alemania por el grupo B y que se había adjudicado la segunda plaza por su menor capacidad anotadora. Además, tenía la baja de su principal goleador, Tomas Necid, lo que parecía decantar un poco más la balanza hacia el lado español, a pesar de que los nuestros también tenían las bajas de Nsue y Azpilicueta. Por primera vez Santisteban le daba la titularidad a Bojan y la tripleta que formaba el barcelonista con Aarón y Ramos parecía suficiente aval como para pensar en una nueva victoria para España, pero desde el primer momento se vio que algo fallaba en el equipo. La ordenada defensa checa abortaba cualquier intento de penetración y su trabajador centro del campo ahogó al nuestro, desactivando por completo el juego español. El partido pintaba parecido al disputado ante Rusia, pero esta vez no teníamos la opción de Bojan como revulsivo y además nos encontramos con dos grandes obstáculos en el camino: primero el golazo del checo Pekhart, que sorprendió a Asenjo con un voleón desde treinta metros, y luego la expulsión por doble amarilla del central del Atlético Roberto García justo antes del descanso. Cuál fue el golpe más duro es díficil de saber, pero el caso es que España desapareció del campo en la segunda parte y, aunque dominaba tímidamente, nunca dio sensación de peligro. En el minuto 59 llegaría la sentencia, al culminar con maestría Vošahlík una veloz jugada de los checos, y de ahí al final sólo la impotencia de unos chavales que no pudieron sobreponerse a las adversidades y que acabaron cayendo ante un equipo inferior pero que supo jugar sus bazas con inteligencia.
En el amargo partido por el tercer puesto España se encontró con Alemania, también eliminada por sorpresa en semifinales ante una Rusia muy defensiva (pero que en una bonita final ante los checos acabaría llevándose el título en los penaltis). La final que todos esperaban se había convertido en una descafeinada batalla por la tercera plaza en la que los seleccionadores optaron por dar minutos a los menos habituales. Sin duda el que mejor aprovechó la oportunidad de Santisteban fue el guardameta atlético Jesús Coca, principal artífice de que Alemania no se fuera al descanso con ventaja al desbaratar las ocasiones teutonas. En la segunda parte hubo más movimiento con la entrada de jugadores como Bojan Krkic, Manuel Fischer, Marko Marin y Toni Kroos, y de hecho fueron los goleadores de ambos equipos (Bojan y Fischer) los que se encargaron de mover el marcador, primero el español y luego el alemán. En la prórroga hubo multitud de ocasiones para que cualquiera de las dos selecciones se llevara el gato al agua pero los porteros ganaron la batalla a los delanteros y se llegó a la tanda de penaltis. Ahí Coca resultó decisivo, deteniendo los lanzamientos de Fischer, Schorch y Kroos, y España se hizo con el premio de consolación, poniendo punto final al campeonato con una sonrisa y con Bojan Krkic como pichichi. Y es que si bien el resultado final del torneo no fue todo lo bueno que se esperaba, al menos este Europeo sirvió para tranquilizarnos y demostrar que tras el aciago 2005 sólo había un simple mal año y no un problema más profundo para la prolífica cantera hispana.