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lunes, 28 de septiembre de 2009

Partido 2: Nigeria - España

0-2

La selección española ha logrado esta tarde una importantísima victoria que le garantiza virtualmente el acceso a octavos de final del Mundial sub'20 al menos como segundo de grupo, aunque no despejó demasiadas dudas sobre si debemos considerarla definitivamente candidata al título. Si antes de empezar el campeonato los de Milla se encontraban en la terna de favoritos, las bajas de última hora mermaron el potencial ofensivo del equipo y se hacía necesaria una victoria contundente, quizá más por el juego que por el marcador, para que, sumándola a la goleada del viernes ante Tahití, esas dudas se disiparan. Pero, personalmente, pocas me ha resuelto este encuentro. Puede que Nigeria, muy presionada por el mal resultado de la primera jornada, no atraviese su mejor momento, pero los africanos plantearon un partido serio, buscando siempre el área contraria, y en ese duelo España se acomodó demasiado en su papel de acosado y no demostró tener capacidad para mandar en el juego. Y ese es un aspecto clave para medir las posibilidades de cualquier equipo que quiera aspirar al cetro mundial. De salida Luis Milla sólo introdujo una novedad respecto al plácido debut ante los polinesios, y fue la entrada de Laguardia por Fontás en el centro de la zaga, buscando quizá algo más de físico y contundencia defensiva para frenar a los potentes delanteros nigerianos. Necesitada de puntuar para afianzar sus posibilidades de pasar a octavos, Nigeria comenzó dominando y llegando con peligro a la meta de Asenjo, que cuajó un gran encuentro, realizando varias paradas de mérito en acciones como el mano a mano que le sacó a Osanga o un lejano disparo de Ighalo que estuvieron a punto de inaugurar el marcador. España no estaba en el partido y no dio señales de vida en ataque hasta pasado el ecuador del período, cuando por fin comenzaron a aparecer (sin demasiada continuidad) Parejo y Fran Mérida, sobre todo este último, que intentó un par de disparos de media distancia. Y en esa fase de mayor equilibrio llegó el gol español: Marcos Gullón se aprovechó de la inferioridad numérica nigeriana en el centro del campo para enviar un gran pase a la espalda de la defensa para Mérida, que se plantó ante Okafor y lo batió con un toque sutil. De ahí al final nuevos acercamientos por ambos bandos, con bastante peligro, y la entrada de Rabiu Ibrahim para potenciar aún más el ataque africano, más peligroso por el número de futbolistas que se acumulaban en cada jugada en torno al área española que por su juego.

La segunda parte comenzó igual que la primera, con Nigeria volcada sobre el arco de Asenjo y España buscando infructuosamente alguna internada de Nsue o Aarón. El portero atlético salvó a los nuestros con un par de buenas intervenciones en los primeros diez minutos, en los que además sus compañeros se cargaron de tarjetas (Mérida, Parejo y Botía vieron sendas amarillas, y el jugador del Getafe bien pudo ser expulsado por el belga De Bleeckere). Al cuarto de hora Milla mandó un claro mensaje a su tropa retirando a Aarón y dando entrada a Fontás para fortalecer el centro del campo, y el repliegue hispano se intensificó. Una nueva manita del árbitro, que anuló sólo él sabe por qué un gol completamente legal del nigeriano Adejo, tampoco sirvió para que los nuestros despertaran. A los 25 minutos el recién ingresado Salami lanzó un buen disparo que se estrelló en el travesaño, pero ni por esas. Con Nsue y Alba desaparecidos en combate y Parejo muy desacertado, nadie era capaz de coger el balón y calmar el ritmo de un partido que seguía claramente inclinado hacia el área de Asenjo, y sólo la precipitación de los nigerianos (y la nefasta actuación arbitral) nos mantenía con ventaja en el marcador. A falta de un cuarto de hora Ander Herrera sustituyó a Parejo, y aunque el zaragocista tampocó fue ese líder que el equipo estaba necesitando, su entrada fue clave. Poco más de cinco minutos después de ingresar al terreno de juego, en una de las escasas jugadas trenzadas del bando español Herrera recibió un balón de Fran Mérida y fue derribado por Rabiu Ibrahim cuando entraba en el área. El belga no lo dudó y señaló el punto fatídico, desde el que Fran Mérida se encargó de ahuyentar los fantasmas del empate con un lanzamiento a lo Panenka que sirvió para subir el segundo gol al marcador y de paso redimirse un poco de su fallo en la tanda de penaltis de la final del Mundial sub'17 de Corea. Casi a continuación De Bleeckere completó su generosa actuación al expulsar a Salami por un manotazo al centrocampista del Arsenal y el partido quedó definitivamente visto para sentencia. Ya en el descuento y con Nigeria entregada, Kike, que había sustituido al bigoleador, envió un diparo al larguero, pero el tercer gol hubiera sido demasiado premio para España y un castigo demasiado duro para un equipo africano que, al igual que en la primera jornada, mereció llevarse al menos un punto. Ahora los de Milla descansarán hasta el jueves, cuando tendrán que vérselas con Venezuela a las 18:45 y con la primera plaza del grupo B en juego, un puesto que da derecho a enfrentarse con un tercero (de los grupos A, C o D) en octavos de final.

TODO sobre el partido en FIFA.com

jueves, 20 de agosto de 2009

2007, Europeo sub'19: Ensayo general en Austria

La inesperada eliminación del Mundial sub'20 fue un duro revés para todos por la manera de producirse y por las expectativas que se habían ido generando, pero afortunadamente la pelota no para nunca de rodar y en esta ocasión apenas hubo tiempo para lamentos. Sólo dos días después de la derrota en Edmonton ante la República Checa empezaba en Austria una nueva edición del Campeonato de Europa sub'19, torneo en el que defendíamos la corona lograda el año anterior por la mayoría de aquellos jóvenes que en esos momentos debían estar volando de vuelta a España sumidos en una profunda decepción. Algunos de los máximos exponentes de la generación del 88 y principales artífices de la clasificación para este Europeo (Mata, Bueno, Sunny o Adrián López) ya habían dado el salto y se encontraban en aquel triste vuelo procedente de Canadá, por lo que el grupo de jugadores que acudió a la cita continental era bastante heterogéneo y estaba formado tanto por el resto de habituales de esa generación (como Javi Martínez, Montoro o Felipe Ramos) como por varios de los mejores del 89 (Asenjo, Azpilicueta o Aarón Ñíguez), en una mezcla que llevaba tiempo preparándose desde la Federación ya que casi todos habían contribuido a la clasificación para esta cita, aunque fuera sólo de manera testimonial. Tras superar a Noruega, Islandia y Azerbayán en la Ronda Élite, el sorteo de la fase final nos deparó un grupo con Austria, Grecia y Portugal que, aunque no era precisamente sencillo, sí nos ofrecía más posibilidades de clasificación que el formado por Francia, Alemania, Serbia y Rusia. En todo caso la selección acudía a tierras centroeuropeas sin el cartel de favorita y más bien entre la desconfianza de unos aficionados que, haciendo honor a la verdad, no esperaban gran cosa de este equipo desprovisto del brillo de anteriores combinados. Pero como casi siempre, la realidad nos volvió a demostrar que nuestros pronósticos no sirven de nada.

El partido del debut era contra Austria, selección anfitriona que, al contrario que la española, apenas había perdido elementos por la disputa del Mundial sub'20. No dejaba de ser irónico que el país que parecía haberse centrado en el torneo continental que organizaba estuviese en condiciones de meterse en la final del Mundial mientras que quien más había apostado por la cita mundialista estuviera ya eliminado. El caso es que, bajo el asfixiante calor que marcó todo el torneo y obligó a la UEFA a permitir la interrupción del juego en el ecuador de cada parte para que los jugadores se refrescaran, en la primera parte apenas hubo nada reseñable, con el dominio muy repartido y las ocasiones brillando por su ausencia, hasta que al poco de comenzar la segunda parte Aarón decidió finiquitar el duelo: sirvió a Azpilicueta el primero tras una gran internada por su banda y apenas unos minutos después se marcó un auténtico jugadón para hacer el segundo tanto. Austria intentó reponerse a ese duro golpe pero apenas sí inquietó la meta de Felipe Ramos, y el partido acabó con una trabajada victoria que sirvió a los nuestros para coger confianza en sus posibilidades, aunque el juego fue manifiestamente mejorable.

El segundo partido, esta vez ante Portugal, comenzó de una manera similar, con los dos equipos jugando a bajas revoluciones por las altas temperaturas, pero pareció animarse cuando a los ocho minutos Javi Martínez estrelló un zapatazo en el larguero. Portugal, que en la jornada inaugural había perdido 1-0 con Grecia, se echó atrás, y España comenzó a dominar y a crear peligro ante la portería lusa, aunque las sucesivas ocasiones de Aarón, Nsue o Modrego no encontraron premio. Pasada la media hora de juego el partido volvió a calmarse y no despertó hasta otra vez el minuto ocho de la segunda mitad, cuando Aarón fue derribado dentro del área por un defensor portugués. El propio jugador valencianista se encargó de transformar la pena máxima y puso en ventaja a España, que desde ese momento vio como Portugal intentaba reaccionar y se estiraba cada vez más hasta lograr el gol del empate por medio de Carriço en el minuto 70. El partido volvió a cambiar de manos y Nsue tuvo la oportunidad de hacer el segundo, pero falló en su remate y el partido finalizó con un empate que dejaba a España a las puertas de la clasificación y a Portugal a las puertas de la eliminación.


El partido contra Grecia se prestaba a toda clase de rumores maledicentes, puesto que a ambas selecciones les valía el empate para plantarse en semifinales. Y si bien es cierto que al final ése fue el resultado definitivo, también hay que reconocer que el encuentro tuvo ocasiones de sobra como para haber roto el empate a cero inicial, aunque finalmente la lógica acabara imponiéndose. Empezó fuerte España, acorralando a una Grecia de la que tampoco esperábamos otra actitud, y pronto empezaron a llegar las ocasiones. Aarón seguía mostrándose como el jugador más desequilibrante del bando hispano y suyas fueron las acciones más peligrosas, aunque el barcelonista Coto y el mallorquinista Nsue también pudieron haber marcado antes del descanso. Tras el parón reglamentario, Grecia se estiró un poco más y trató de conectar con un hasta entonces desaparecido Sotiris Ninis, su principal estrella. En esa fase de dominio heleno llegó la jugada clave, un penalti en el área española que Mitroglou se encargó de lanzar pero que Ramos despejó con acierto. Y entonces sí, como si ambos equipos le hubieran visto las orejas al lobo, sobre el césped del estadio de Linz pareció firmarse un armisticio. España dominaba pero sin llegar demasiado y Grecia corría pero sin presionar en exceso, dejando pasar el tiempo con ese resultado tan favorable para ambos. Se llegó al final sin más sobresaltos y España accedió a semifinales como primera de grupo, un resultado con el que muchos ya nos dábamos por satisfechos pero que afortunadamente no parecía suficiente para quienes estaban en Austria.

Lo cierto es que encontrarnos en semifinales con una Francia como siempre físicamente muy potente, aunque parecía venir de más a menos en el torneo, tampoco ayudaba a sentirnos demasiado optimistas. El juego español se había mostrado muy plano y lento en el centro del campo, con un Javi Martínez que evidenciaba no ser un organizador puro, y dado que Emilio Nsue tampoco parecía estar fino de cara a gol prácticamente todas nuestras opciones parecían pasar por lo que fuera capaz de inventarse Aarón Ñíguez. El comienzo fue una buena muestra de ello, puesto que Aarón lanzó un bonito disparo al larguero y Nsue no acertó a materializar el rechace. En los primeros minutos el dominio territorial correspondió a España pero costaba crear ocasiones y cuando se lograba Nsue no era capaz de resolverlas con acierto. Luego el juego volvió a ralentizarse y ninguno de los dos equipos supo acercarse con peligro al meta rival. La segunda parte comenzó tan vibrante como la primera pero con los papeles cambiados, ya que fue Francia quien estuvo a punto de inaugurar el marcador en una contra de Monnet-Paquet, principal artillero galo, que detuvo a tiempo Felipe Ramos. El portero madridista protagonizó poco después la jugada desgraciada de la noche al caer lesionado tras una salida. El esguince de tobillo que se produjo le impedía continuar en el campo y llegó la hora de otro de los jóvenes, Sergio Asenjo, que se convertiría en el héroe del partido. Pero todavía quedaba mucho tiempo para su momento de gloria. Antes, Aarón vio como el colegiado le anulaba un gol por fuera de juego, y luego el jugador del Albacete Carletes falló una clara oportunidad a la contra. Francia apretaba con un juego más directo pero tampoco creaba peligro, y se llegó al término de los 90 minutos con el marcador inalterado. La prórroga fue un auténtico suplicio para dos equipos muy castigados físicamente y a los que la tensión por la importancia del choque pareció atenazar. Tan sólo hubo una ocasión reseñable, también para España, pero el cabezazo de Mikel San José fue bien atrapado por Carrasso. Llegaba la tanda de penaltis, y en el tercer lanzamiento francés emergió la figura del palentino Sergio Asenjo, que detuvo el disparo de Monnet-Paquet. San José transformó el cuarto para España y Asenjo volvió a atajar el cuarto, dando el pase a la final al equipo español.

Semifinal España-Francia, tanda de penaltis


Ahora sí que las expectativas estaban por todo lo alto, porque una clasificación por penaltis y con un héroe inesperado siempre da moral, y porque el rival sería Grecia, que sorprendentemente había derrotado 3-2 a la Alemania de Ozil y Ben Hatira. Aunque España tenía las bajas de Javi Martínez y Montoro (uno por acumulación de tarjetas y el otro por haber sido expulsado en los últimos instantes de las semifinales) y el equipo griego ya nos había dado un susto en la fase de grupos, casi nadie dudaba de que el título volvería a viajar a tierras españolas. El sabio Juan Santisteban tenía la difícil decisión de elegir a los sutitutos de los centrocampistas sancionados y desde luego su solución no pudo dar mejores resultados. Adelantó a Mikel San José al centro del campo y colocó junto a él al madridista Dani Parejo, quien apenas había jugado unos minutos antes de la final y que había viajado a Austria por la lesión a última hora del barcelonista Marc Crosas, y fue el madrileño quien acabó llevándose los titulares al marcar el único tanto del encuentro. Corría el minuto 38 y hasta entonces España, que había dispuesto de algunas ocasiones, no veía la forma de derribar una muralla helena que, pese a contar con la importante baja de su líder Papastathopoulos, tenía al guardameta Stratilatis como su principal soporte. Entonces Parejo acudió a sacar una falta a la banda izquierda, oteó el horizonte y chutó directamente a puerta cuando todos, incluído el meta griego y su mal colocada barrera, esperábamos un centro al corazón del área. El balón entró pegadito al primer palo y se convirtió en el único gol de un partido que España dominó casi por completo. Casi porque al comienzo de la segunda parte Grecia puso cerco a la meta de Asenjo y, aunque retiró a Ninis, estuvo a punto de alcanzar el empate en un par de jugadas en las que la suerte acompañó al meta del Valladolid, que vio como los delanteros helenos o no llegaba a rematar o disparaban fuera en situaciones prácticamente inmejorables. Afortunadamente el agobio sólo duró un cuarto de hora y luego España volvió a controlar el balón, tratando de dormir un partido que pudo sentenciar antes del final si Stratilatis no se hubiera empeñado en enmendar su error en el gol con varias paradas de mérito. Pero la situación estaba controlada y el título en el bolsillo, y mientras nuestros juveniles levantaban la copa en el verde de Linz seguro que todos pensábamos en lo bonito que sería repetir aquella modesta imagen al año siguiente, en el mismo país pero en un escenario más imponente y con un título definitivamente más ansiado: una Eurocopa absoluta. ¿Por qué no?



miércoles, 29 de julio de 2009

2006, Europeo sub'17: Vuelta al sendero del éxito

Después del mazazo que supuso la no clasificación para el Europeo de 2005 al perder en la última fase previa (la denominada "Ronda Élite") ante Suiza, a la postre campeona del torneo, y que significó la primera ausencia de España en veinte años a la fase final de un campeonato de la categoría, el año 2006 debía ser el de la recuperación. Una nueva hornada de chavales, la del 89, se ponía bajo la sabia batuta de Juan Santisteban para intentar devolver a España al lugar de honor al que nos tenían acostumbrados nuestros jóvenes futbolistas, y lo cierto es que, como casi siempre, el equipo que acudió a Luxemburgo para disputar la fase final era uno de los grandes favoritos para alzarse con la victoria. Tras una fase de clasificación no demasiado exigente celebrada en Chipre ante el cuadro local, Gales y Moldavia, y que se superó con una destacada actuación del valencianista Aarón Ñíguez, España llegaba llena de confianza a la cita luxemburguesa, dispuesta a confirmar las expectativas que había vuelto a levantar este nuevo grupo. El Campeonato de Europa se celebró del 3 al 14 de mayo con el formato habitual de dos grupos de 4 equipos. Equipos clásicos como Francia, Portugal o Inglaterra no habían logrado su pase, y por contra la pujanza de los países del este de Europa iba en aumento, con la presencia de Rusia (debutante en un campeonato sub'17), República Checa, Hungría y Serbia y Montenegro. Además del anfitrión Luxemburgo, completaban el cartel una sorprendente Bélgica y la sempiterna Alemania. España quedó encuadrada en el grupo A, junto a Luxemburgo, Hungría y Rusia.
Debutar contra Luxemburgo, débil selección que acudía por vez primera a un europeo de categorías inferiores (y gracias a ser el organizador), debía servir para empezar el torneo con buen pie, y como no podía ser de otra manera el guión se cumplió a rajatabla: un cuarto de hora bastó para sellar la abismal diferencia entre ambos conjuntos y dejar finiquitado el partido con dos goles de Ñíguez y otro del atlético Rubén Ramos, amén de un buen puñado de acercamientos peligrosos y varios disparos a la madera. No había historia posible en un choque tremendamente desigual e impropio de un Campeonato de Europa, y en el descanso Santisteban se decidió a dar la alternativa a uno de los jugadores del 90, el delantero Bojan Krkic, todavía con 15 años, que desde luego no dejó pasar la oportunidad para darse a conocer definitivamente ante los seguidores del fútbol base. Y es que el jugador del Barcelona, que reemplazó al bigoleador Aarón, se destapó con un hat-trick en apenas media hora: primero aprovechando una buena dejada de Ramos, luego cazando oportunamente un balón suelto en el área y finalmente culminando una preciosa jugada personal para cerrar el marcador definitivo, que fue de 7-1 para los nuestros. Entre medias del show de Bojan hubo tiempo para que el jugador del Villarreal José Hermosa subiera al marcador el gol que en ese momento significaba la manita y hasta para que Luxemburgo hiciera el gol del honor por medio de Pjanic, que sorprendió a Sergio Asenjo con un lanzamiento lejano.
El segundo partido se presumía mucho más igualado, ya que enfrente estaría Rusia, que también había vencido en la primera jornada. Así pues, ganar significaba clasificarse virtualmente para las semifinales, ya que sólo una amplia derrota ante Hungría en la última jornada pondría en peligro el pase a la penúltima ronda. Sorprendentemente tras su exhibición ante los organizadores, Santisteban no eligió a Bojan para sustituir al lesionado Emilio Nsue, sino que optó por dejar al barcelonista en el banco y dar la alternativa al centrocampista del Villarreal Marcos Gullón. La primera parte transcurrió sin muchas ocasiones de peligro, en buena medida por el férreo entramado defensivo tejido por los rusos del que sólo Aarón era capaz de liberarse, y con cuentagotas, por lo que en el descanso Santiesteban no tuvo más remedio que dar entrada a Bojan para ver si el benjamín del grupo era capaz de cambiar el panorama. Y como no podía ser de otra manera, el chaval de Linyola volvió a ser el principal referente ofensivo de un equipo que casualmente (o quizá no) se mostró mucho más incisivo que en el primer tiempo. Tras un par de buenos intentos de Rubén Ramos, Bojan regaló el primer gol a Aarón Ñíguez, que aprovechó un pase de la muerte del barcelonista en el minuto 57. Apenas cinco minutos después, el recién ingresado Cristian Vergara remachó un disparo de su compañero en el Barça que casi se colaba, y a cinco minutos del final fue Gullón el que cazó un despeje del portero ruso, a disparo cómo no de Bojan, para hacer el 3-0 definitivo.
La clasificación para semifinales estaba encarrilada pero Santisteban no quería sorpresas y, sabiendo de la más que probable abultada victoria de Rusia ante Luxemburgo, contra Hungría decidió sacar a su mejor once posible para evitar posibles combinaciones que dieran con España en la calle o clasificada como segunda de grupo. Con Gullón fuera del equipo por enfermedad, Aarón Ñíguez formó pareja de ataque con Rubén Ramos, que fue el encargado de inaugurar el marcado pasado el cuarto de hora al rematar un buen centro del osasunista César Azpilicueta. Llovía a cántaros sobre Luxemburgo y España se dedicó a mantener la posesión, con especial protagonismo para otro de los más jóvenes del grupo, el mediocentro Ignacio Camacho, titular indiscutible ya desde la fase de clasificación. Sergio Asenjo tuvo que solventar un par de acercamientos húngaros, propiciados más por la relajación propia que por el acierto del rival, y ya cerca del final tuvo que ser Bojan Krkic, que había vuelto a entrar en el descanso, el que colocara el tranquilizador 2-0 al transformar un penalti. España acababa como primera de grupo con pleno de victorias y teniendo en sus filas al máximo realizador del torneo, un Bojan que jugando sólo las segundas partes llevaba ya 4 goles.
El rival en semifinales sería la República Checa, que se había paseado junto a Alemania por el grupo B y que se había adjudicado la segunda plaza por su menor capacidad anotadora. Además, tenía la baja de su principal goleador, Tomas Necid, lo que parecía decantar un poco más la balanza hacia el lado español, a pesar de que los nuestros también tenían las bajas de Nsue y Azpilicueta. Por primera vez Santisteban le daba la titularidad a Bojan y la tripleta que formaba el barcelonista con Aarón y Ramos parecía suficiente aval como para pensar en una nueva victoria para España, pero desde el primer momento se vio que algo fallaba en el equipo. La ordenada defensa checa abortaba cualquier intento de penetración y su trabajador centro del campo ahogó al nuestro, desactivando por completo el juego español. El partido pintaba parecido al disputado ante Rusia, pero esta vez no teníamos la opción de Bojan como revulsivo y además nos encontramos con dos grandes obstáculos en el camino: primero el golazo del checo Pekhart, que sorprendió a Asenjo con un voleón desde treinta metros, y luego la expulsión por doble amarilla del central del Atlético Roberto García justo antes del descanso. Cuál fue el golpe más duro es díficil de saber, pero el caso es que España desapareció del campo en la segunda parte y, aunque dominaba tímidamente, nunca dio sensación de peligro. En el minuto 59 llegaría la sentencia, al culminar con maestría Vošahlík una veloz jugada de los checos, y de ahí al final sólo la impotencia de unos chavales que no pudieron sobreponerse a las adversidades y que acabaron cayendo ante un equipo inferior pero que supo jugar sus bazas con inteligencia.
En el amargo partido por el tercer puesto España se encontró con Alemania, también eliminada por sorpresa en semifinales ante una Rusia muy defensiva (pero que en una bonita final ante los checos acabaría llevándose el título en los penaltis). La final que todos esperaban se había convertido en una descafeinada batalla por la tercera plaza en la que los seleccionadores optaron por dar minutos a los menos habituales. Sin duda el que mejor aprovechó la oportunidad de Santisteban fue el guardameta atlético Jesús Coca, principal artífice de que Alemania no se fuera al descanso con ventaja al desbaratar las ocasiones teutonas. En la segunda parte hubo más movimiento con la entrada de jugadores como Bojan Krkic, Manuel Fischer, Marko Marin y Toni Kroos, y de hecho fueron los goleadores de ambos equipos (Bojan y Fischer) los que se encargaron de mover el marcador, primero el español y luego el alemán. En la prórroga hubo multitud de ocasiones para que cualquiera de las dos selecciones se llevara el gato al agua pero los porteros ganaron la batalla a los delanteros y se llegó a la tanda de penaltis. Ahí Coca resultó decisivo, deteniendo los lanzamientos de Fischer, Schorch y Kroos, y España se hizo con el premio de consolación, poniendo punto final al campeonato con una sonrisa y con Bojan Krkic como pichichi. Y es que si bien el resultado final del torneo no fue todo lo bueno que se esperaba, al menos este Europeo sirvió para tranquilizarnos y demostrar que tras el aciago 2005 sólo había un simple mal año y no un problema más profundo para la prolífica cantera hispana.