La selección española ha logrado esta tarde una importantísima victoria que le garantiza virtualmente el acceso a octavos de final del Mundial sub'20 al menos como segundo de grupo, aunque no despejó demasiadas dudas sobre si debemos considerarla definitivamente candidata al título. Si antes de empezar el campeonato los de Milla se encontraban en la terna de favoritos, las bajas de última hora mermaron el potencial ofensivo del equipo y se hacía necesaria una victoria contundente, quizá más por el juego que por el marcador, para que, sumándola a la goleada del viernes ante Tahití, esas dudas se disiparan. Pero, personalmente, pocas me ha resuelto este encuentro. Puede que Nigeria, muy presionada por el mal resultado de la primera jornada, no atraviese su mejor momento, pero los africanos plantearon un partido serio, buscando siempre el área contraria, y en ese duelo España se acomodó demasiado en su papel de acosado y no demostró tener capacidad para mandar en el juego. Y ese es un aspecto clave para medir las posibilidades de cualquier equipo que quiera aspirar al cetro mundial. De salida Luis Milla sólo introdujo una novedad respecto al plácido debut ante los polinesios, y fue la entrada de Laguardia por Fontás en el centro de la zaga, buscando quizá algo más de físico y contundencia defensiva para frenar a los potentes delanteros nigerianos. Necesitada de puntuar para afianzar sus posibilidades de pasar a octavos, Nigeria comenzó dominando y llegando con peligro a la meta de Asenjo, que cuajó un gran encuentro, realizando varias paradas de mérito en acciones como el mano a mano que le sacó a Osanga o un lejano disparo de Ighalo que estuvieron a punto de inaugurar el marcador. España no estaba en el partido y no dio señales de vida en ataque hasta pasado el ecuador del período, cuando por fin comenzaron a aparecer (sin demasiada continuidad) Parejo y Fran Mérida, sobre todo este último, que intentó un par de disparos de media distancia. Y en esa fase de mayor equilibrio llegó el gol español: Marcos Gullón se aprovechó de la inferioridad numérica nigeriana en el centro del campo para enviar un gran pase a la espalda de la defensa para Mérida, que se plantó ante Okafor y lo batió con un toque sutil. De ahí al final nuevos acercamientos por ambos bandos, con bastante peligro, y la entrada de Rabiu Ibrahim para potenciar aún más el ataque africano, más peligroso por el número de futbolistas que se acumulaban en cada jugada en torno al área española que por su juego.
La segunda parte comenzó igual que la primera, con Nigeria volcada sobre el arco de Asenjo y España buscando infructuosamente alguna internada de Nsue o Aarón. El portero atlético salvó a los nuestros con un par de buenas intervenciones en los primeros diez minutos, en los que además sus compañeros se cargaron de tarjetas (Mérida, Parejo y Botía vieron sendas amarillas, y el jugador del Getafe bien pudo ser expulsado por el belga De Bleeckere). Al cuarto de hora Milla mandó un claro mensaje a su tropa retirando a Aarón y dando entrada a Fontás para fortalecer el centro del campo, y el repliegue hispano se intensificó. Una nueva manita del árbitro, que anuló sólo él sabe por qué un gol completamente legal del nigeriano Adejo, tampoco sirvió para que los nuestros despertaran. A los 25 minutos el recién ingresado Salami lanzó un buen disparo que se estrelló en el travesaño, pero ni por esas. Con Nsue y Alba desaparecidos en combate y Parejo muy desacertado, nadie era capaz de coger el balón y calmar el ritmo de un partido que seguía claramente inclinado hacia el área de Asenjo, y sólo la precipitación de los nigerianos (y la nefasta actuación arbitral) nos mantenía con ventaja en el marcador. A falta de un cuarto de hora Ander Herrera sustituyó a Parejo, y aunque el zaragocista tampocó fue ese líder que el equipo estaba necesitando, su entrada fue clave. Poco más de cinco minutos después de ingresar al terreno de juego, en una de las escasas jugadas trenzadas del bando español Herrera recibió un balón de Fran Mérida y fue derribado por Rabiu Ibrahim cuando entraba en el área. El belga no lo dudó y señaló el punto fatídico, desde el que Fran Mérida se encargó de ahuyentar los fantasmas del empate con un lanzamiento a lo Panenka que sirvió para subir el segundo gol al marcador y de paso redimirse un poco de su fallo en la tanda de penaltis de la final del Mundial sub'17 de Corea. Casi a continuación De Bleeckere completó su generosa actuación al expulsar a Salami por un manotazo al centrocampista del Arsenal y el partido quedó definitivamente visto para sentencia. Ya en el descuento y con Nigeria entregada, Kike, que había sustituido al bigoleador, envió un diparo al larguero, pero el tercer gol hubiera sido demasiado premio para España y un castigo demasiado duro para un equipo africano que, al igual que en la primera jornada, mereció llevarse al menos un punto. Ahora los de Milla descansarán hasta el jueves, cuando tendrán que vérselas con Venezuela a las 18:45 y con la primera plaza del grupo B en juego, un puesto que da derecho a enfrentarse con un tercero (de los grupos A, C o D) en octavos de final.
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