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jueves, 20 de noviembre de 2014

1985, Mundial sub'20: Un equipo para la Historia

Después de haber sido la única selección europea que conseguía disputar los tres primeros mundiales juveniles, España falló en la cuarta cita. En el Campeonato de Europa sub’18 de 1982 el equipo de Pereda no fue capaz de sumar ningún punto ante Bulgaria, Polonia y Bélgica, por lo que los Juan Carlos Ablanedo, Ricardo Serna, Eloy Olalla o Miguel Pardeza no pudieron viajar a México el verano siguiente. Allí, Brasil obtendría su primer título mundial sub’20 gracias a la actuación de hombres como Jorginho, Dunga o Bebeto, aunque el mejor jugador y máximo goleador fue Geovani Silva, que luego tendría una buena carrera pero no tan destacada como la de algunos de sus compañeros. Otros futuros grandes futbolistas presentes en aquel campeonato fueron Marco van Basten, Toni Polster, Luis Islas, Óscar Dertycia, Rubén Sosa, José Luis Zalazar, Tab Ramos o Wilfred Agbonavbare, por citar algunos de los más conocidos para los aficionados españoles. Con más de un millón de personas en las gradas, el de México 1983 fue un gran Mundial sub’20 en todos los aspectos.
La no clasificación de los juveniles para ese campeonato fue un pequeño jarro de agua fría para un fútbol que estaba a punto de recibir un mazazo aún mayor. En lo que nos ocupa, el fiasco de España’82 supuso el nombramiento de Miguel Muñoz como nuevo seleccionador absoluto pero no implicó más cambios en el organigrama técnico de la Federación Española, por lo que Jesús Pereda se mantuvo al frente de la sub’18. Después de otro irregular papel en el Europeo juvenil de 1983 (tras eliminar a Países Bajos en la ronda previa, se perdió con Inglaterra, se ganó a la URSS y se empató con Escocia para quedar otra vez fuera de la lucha por el título), el Campeonato de Europa sub’18 de 1984 se presentaba como un nuevo examen para el fútbol base español. En el horizonte, el Mundial sub’20 de Chile 1985, primero que acogería Sudamérica.
Llegar no fue sencillo. En marzo, en la eliminatoria de acceso a la fase final del Europeo, hubo que deshacerse de un duro rival: Francia. Tras perder por 1-0 en la ida, disputada en la localidad gala de La Rochelle, con un gol en el descuento, en la vuelta en Gijón los juveniles españoles se vieron nuevamente por detrás en el marcador a la media hora de juego. Por suerte, el equipo se rehízo rápidamente y la remontada se culminó en la segunda parte con un gol de Goyo Fonseca. Con el 3-1 final, España obtenía su clasificación para el campeonato a celebrar a finales de mayo en la Unión Soviética.
Plantilla de España para el Mundial sub'20 de la URSS 1985
(Marca, 16/08/1985)

martes, 16 de agosto de 2011

Colombia 2011: Lo que nos traemos en las maletas

Han pasado ya más de 24 horas desde el amargo adiós de España al Mundial sub’20 de Colombia, tiempo más que suficiente para recuperar el sueño que nos arrebató la tanda de penaltis, asimilar el golpe recibido y ordenar (o al menos intentarlo) las ideas que nos ha dejado la participación del equipo de Lopetegui en la cita colombiana. Sé qué podría expresarlas mejor y también que no soy capaz de resumirlas más, pero allá van.


Hay algo que destaca sobre el resto de pensamientos, y es sobre lo que acaba girando toda la evaluación. La falta de un organizador puro ha hecho que el control del juego, característica primordial en todas las categorías inferiores de la selección, no se lograra de manera continua a lo largo de ningún partido. Sí se han dominado largas fases, sobre todo al inicio de los encuentros (lo que evidencia que la idea transmitida desde el banquillo sí era la de tener el balón en todo momento), pero sin la claridad en la circulación que aporta un cerebro en el centro del campo. Con el paso de los minutos se iba perdiendo movilidad en los hombres de enganche y poco a poco el rival conseguía equilibrar la balanza e incluso pasaba a dominar el juego, momentos en los que España sufría en exceso por una disposición táctica ideada para mantener la posesión en campo rival. No es casualidad que los mejores momentos de juego se dieran contra equipos que apenas presionaron a nuestro centro del campo (Australia y Brasil), mientras que nos costó horrores superar la pegajosa presencia de costarricenses y ecuatorianos y el orden de los surcoreanos.

Sin desmerecer la buena actuación en líneas generales de Oriol y Koke, se ha echado en falta la presencia de un hombre que se adueñara del balón y que enlazara con los hombres de arriba, que muchas veces quedaban demasiado aislados esperando la bola para resolver la jugada. La entrada de Canales palió en parte esa carencia, pero al cántabro le faltaba fuelle físico tras su lesión y además la de organizador tampoco es su posición natural. Ya sabemos que difícilmente vamos a encontrar otro Xavi, un jugador que monopolice la posesión para su equipo, pero si es cierto que en este grupo no había nadie con un estilo de juego siquiera similar, a pesar de lo cual se insistió en un esquema ideado para favorecer las acciones de un jugador de ese corte.

Como consecuencia directa de esa falta de continuidad en ataque, el juego ofensivo de España se ha basado más en castigar los errores del contrario que en crear una avalancha de ocasiones a partir de la posesión. El buen trabajo en la presión tanto de Rodrigo como de Álvaro Vázquez, bien secundados por los Isco, Pacheco y compañía, provocó muchos errores en la salida de balón de los primeros rivales de España, y así llegaron por ejemplo el gol que abrió el marcador contra Costa Rica y la expulsión que facilitó la victoria ante Ecuador. Luego, obviando el trámite contra Australia (partido en el que el sistema defensivo aussie dio muchas facilidades), en los partidos contra Corea del Sur y Brasil no se supieron aprovechar los pocos errores cometidos por el rival. Sin embargo, también hay que decir que el equipo estaba en una línea de juego claramente ascendente, que alcanzó su cenit en la primera media hora del partido de cuartos de final.

Ese rondo interminable a unos jugadores brasileños que se limitaban a ver cómo los nuestros se pasaban el balón (y a devolvérnoslo cuando lo perdíamos), quedará grabado para siempre en la retina de quienes lo presenciamos. Porque no se trató de un rondo inútil como el que pudimos ver en el España-Inglaterra del Europeo sub’21, sino que ante Brasil los continuos pases sí tenían el objetivo claro de crear, buscar y aprovechar huecos y desequilibrios en la defensa brasileña. Para ello resultaron claves las constantes incorporaciones de Hugo Mallo y Carles Planas, que completaron un notable partido rematado con sendas asistencias de gol. Desgraciadamente la buena actuación del meta Gabriel, el empecinamiento en los disparos lejanos y alguna pierna providencial en el último regate evitaron que el dominio español en ese tramo inicial se tradujera en goles. Brasil, con un equipo muy partido y un centro del campo prácticamente ausente, acabó por partir también a España al estilo del primer Madrid galáctico, que se dejaba dominar dejando tres o cuatro hombres descolgados para matar en cada recuperación, y logró aprovechar casi la primera contra de la que dispuso para adelantarse.

Nada pudo hacer en ese primer gol una defensa española pillada a contrapié, pero la verdad es que la zaga tampoco ha sido la línea más destacada del combinado español. Mallo (por su buena labor y porque no tenía recambio) y Bartra han sido fijos en las alineaciones, pero el lado zurdo de la retaguardia ha estado variando continuamente de hombres. Pulido y Jordi Amat se han repartido los minutos en el centro y Luna y Planas han hecho lo propio en el lateral, y puede que esa falta de continuidad haya pesado a la hora de construir un bloque defensivo sólido. También es cierto que el estilo de juego pretendido por Lopetegui y por todas las selecciones españolas exige un trabajo defensivo cuasi perfecto por parte de todos (ya que las pocas veces que el rival se acerque a la portería hispana lo hará con cierta claridad numérica), y que para automatizar ese trabajo táctico España apenas contó con un par de semanas de preparación previa al Mundial, a diferencia de la mayoría de sus rivales, que se concentraron con un mes de antelación. En la portería, Aitor dejó algunas dudas en el debut ante Costa Rica, especialmente en los balones por alto, que le costaron el puesto ante Ecuador. Luego, una lesión en un entrenamiento le hizo regresar a España antes de tiempo. Lopetegui apostó por el más joven de sus sustitutos, Pacheco, que sin destacar en exceso sí aportó algo más de seguridad. La buena zurda del madridista permitió que el equipo saliera tocando desde atrás y solventara con suficiencia la presión adelantada del rival; sin embargo, fue poco decisivo en las tandas de penaltis de octavos y cuartos: al amagar siempre hacia un lado y tirarse al otro, limitaba el alcance de su estirada.

Pese a que nunca habían jugado juntos antes, Oriol Romeu y Koke se han compenetrado bien en el centro del campo, con las funciones muy claras: Oriol de ancla por delante de la defensa y Koke presto al apoyo en cualquier zona del campo. Además, ambos se descolgaban en ataque con cierto peligro. Su trabajo fue incansable y, más allá de la comentada falta de continuidad en el juego ofensivo, pueden estar más que satisfechos con su Mundial. Recio y Sergi Roberto lo hicieron muy bien ante Australia, pero la debilidad manifiesta del rival pone en cuarentena su actuación, porque además cuando salieron ante otros rivales dejaron detalles pero tampoco mejoraron en demasía lo ofrecido por la pareja titular. Volvemos a lo de antes: realmente ninguno es un organizador puro, son interiores de buen nivel pero que no están acostumbrados a llevar ellos mismos el peso de los partidos. Puede que un dibujo en el que el nuevo jugador del Chelsea estuviera acompañado por dos interiores se hubiera adaptado algo mejor a las características de los convocados, pero ya es fútbol-ficción.

Por delante de los dos centrocampistas, Lopetegui apostó por una línea de 3 que en teoría debía servir para explotar las virtudes de su numeroso grupo de mediapuntas. Sin embargo, huérfanos de alguien que les suministrara balones con continuidad, su conexión con el juego iba de más a menos y todos acababan por desaparecer, buscando una jugada puntual para redimirse. Personalmente, en los primeros partidos Dani Pacheco me pareció el más enchufado de todos, el que más peligro llevaba en sus acciones, pero no tuvo suerte con el gol y acabó sin esa chispa que había mostrado al comienzo del campeonato. Isco no ha estado a la altura que esperaba, ha dejado detalles pero le ha faltado continuidad y, en vista de la incapacidad del equipo, quizás debió asumir más responsabilidades en la creación. Cosa que sí ha hecho Canales, que entendió perfectamente la función que le encomendó Lopetegui, pero al que no le ha acompañado el físico. Tello ha aportado fuerza y velocidad, algo distinto a lo que ofrecía el resto de mediapuntas, pero quizás también por eso daba la sensación de no acabar de encajar en el juego del equipo. Debido a esa irrupción de Tello, Kiko Femenía y Ezequiel han tenido un papel prácticamente testimonial.

Nada se puede reprochar a los delanteros. Tanto Rodrigo como Álvaro Vázquez han cumplido con creces, aportando lucha, juego y goles, todo lo que se le puede pedir a un punta. En los primeros partidos Rodrigo se creó ocasiones de la nada y Álvaro aprovechó bien sus minutos como suplente para rematar a las castigadas defensas rivales, además de destaparse ante el mundo con su veloz hat-trick frente a Australia. Puede que Vázquez haya mostrado un mayor acierto de cara a puerta, pero viendo el trabajo de ambos era realmente difícil decidirse por uno u otro como titular. Surge entonces la duda, viendo el estado de forma de ambos y lo comentado sobre el resto del equipo, de qué hubiera pasado de cambiar Lopetegui su sistema para jugar con dos delanteros, algo que sólo vimos durante unos minutos del partido de octavos (y sin demasiado resultado, también es verdad). Esa opción hubiera dejado al banquillo sin recambios para la punta de ataque, igual que el 4-3-3 apuntado anteriormente hubiera significado menos minutos para alguno de nuestros talentosos atacantes, pero esa evaluación riesgo-beneficio forma parte del tipo de decisiones por las que se mide la personalidad de un técnico y en este caso el seleccionador prefirió mantenerse fiel a su libreto.

En cualquier caso, me siento razonablemente satisfecho con lo visto en este Mundial sub’20. Se ha llegado hasta donde se ha podido, y si no se ha llegado más lejos ha sido, simplemente, porque en cuartos de final nos ha tocado una Brasil que, sin ser mejor que España, estuvo un poco más acertada y contó con la actuación de un portero que, creo, dará mucho que hablar en el futuro. Se ha caído en los penaltis en un partido que se pudo haber ganado y en el que se ha demostrado que, más allá de resultados, España tiene las ideas muy claras y un gran grupo de chavales dispuestos a seguir andando el camino de éxitos por el que transitamos desde hace años. Los cuartos de final, los penaltis, el desarrollo del partido… todo eso hace que nuestra mente quiera traernos la idea de que regresamos a la época del “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, pero creo que no es justo. El domingo jugamos como siempre, y perdimos porque el fútbol es deporte y en el deporte, a veces, toca perder.


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Imágenes: FIFA.com


lunes, 17 de agosto de 2009

2007, Mundial sub'20 (y III): Una dura caída

4-2

No faltó mucho para que se nos atragantara el envenenado regalo que nos supuso el pase como primeros de grupo, y es que durante muchos minutos la razón estuvo de parte de los que temíamos que aquella indolente selección brasileña que se había arrastrado en Montreal durante la primera fase fuera a despertar precisamente en Burnaby, en la otra punta del país, y contra España. Pero como tantas otras veces, nuestros jugadores se encargaron de demostrarnos que para ellos no existían esos fantasmas alimentados por años y años de malas experiencias con la selección absoluta, sino que lo que habitaba en su interior era una fe inquebrantable en sus posibilidades que crecía cuanto más grande fuera el escollo al que se enfrentaran. Y una vez más, tras el partido pensamos que estaba un poco más cerca el día en que algunos de esos chavales sin complejos acabarían por desterrar todos esos fantasmas en un campeonato absoluto. El choque comenzó a las cinco y cuarto de la mañana hora peninsular española, intempestivo horario que sin embargo nos permitió a muchos conectarnos al partido en su momento álgido. Después de una primera parte de tanteo, en la que ambos equipos demostraron ser conscientes de lo que había en juego y miraron más hacia su puerta que a la del rival, la locura se desató al borde del descanso. Brasil golpeó primero y dio dos veces, colocando un sorprendente 2-0 en un intervalo de apenas tres minutos gracias a los goles de Leandro Lima, en acrobático remate, y Pato, tras una gran jugada de Marcelo. Sin comerlo ni beberlo España se veía muy por detrás en el marcador, y si no llegó noqueada al descanso fue porque casi en la jugada siguiente al segundo tanto brasileño una falta botada por Mata al corazón del área acabó rebotando en Piqué y alojándose mansamente en la portería de Cassio. Así que gracias a ese golpe de suerte tras el intermedio las espadas seguían en todo lo alto. Llegaba la hora de buscar el empate y la presencia de Esteban Granero, que sustituyó a Marcos, se antojaba fundamental para romper la ordenada defensa de una selección canarinha que parecía haberse cansado de las críticas de la primera fase y estaba dispuesta a morir sobre el campo para conservar su ventaja. Pasaban los minutos y Meléndez tuvo que dar entrada a Alberto Bueno para buscar más mordiente en ataque, aunque a costa de perder a la auténtica referencia del centro del campo, Sunny. La ausencia del hispano-nigeriano se notó y el partido terminó por convertirse en un choque de ida y vuelta en el que tanto Granero como Diego Capel, pero también los atacantes brasileños, se sentían a sus anchas. Los acercamientos, más que las oportunidades, caían para ambos bandos pero el gol no llegaba, hasta que faltando apenas cinco minutos para el 90 Javi García tiró de picardía para lanzar rápidamente una falta mientras el meta brasileño colocaba una barrera a la que nadie había solicitado distancia. El balón entró y pese a las protestas brasileñas el tanto subió al marcador, levantando la moral de unos españoles que afrontaron la prórroga convencidos de la victoria. La figura de Granero emergió entonces imperial y de sus botas nació todo el juego ofensivo, que fue mucho, de una España físicamente más entera y que arrasó a su rival. Bueno culminó la remontada cerca del ecuador con un perfecto cabezazo a un no menos perfecto centro de Capel, y con Brasil ya casi hundida y con un hombre menos, el pichichi Adrián López vio recompensado su enorme trabajo durante todo el partido cuando, con el tiempo cumplido, se encontró con un balón suelto en el área que no tuvo problemas para llevar a gol. España se metía en cuartos de final y la misma fortuna que nos había colocado a Brasil en el primer cruce parecía querer recompensarnos con un resto del cuadro prácticamente limpio de rivales de entidad.

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De entrada el rival en cuartos sería la República Checa, que ya debía haber sido nuestro contrincante en la final del Europeo del año anterior de no haberse cruzado entonces un sorprendente equipo escocés que pasó por Canadá con más pena que gloria. En cualquier caso no parecía un obstáculo demasiado complicado, y más viendo el sufrimiento con el que se habían plantado en esa ronda, después de doblegar a Japón en la tanda de penaltis. Por esta misma parte del cuadro iban Austria, que había acabado con el sueño de Gambia, y Estados Unidos, que se había deshecho de Uruguay con un gol en la prórroga de su cerebro Michael Bradley y parecía nuestro más firme rival por un hueco en la final. Eso en teoría, claro, pero ya comentamos alguna vez que en el fútbol las teorías son de naturaleza más bien frágil. En cualquier caso era evidente que la competencia por el otro lado del cuadro era bastante más dura: Chile (que derrotó a Portugal), Nigeria (que batió a Zambia), Argentina (que se deshizo de Polonia) y México (que se impuso a Congo) eran cuatro equipos que por fútbol sin duda merecían llegar más lejos de los cuartos de final.



1-1
(2-4)

Quizá esa aparente sencillez fue lo que nos hizo caer, o a lo mejor fueron las grandes expectativas levantadas tras la gran victoria ante una Brasil que, en todo caso, en Canadá nunca hizo honor a la camiseta que representaba. O simplemente pasó que la República Checa supo plantear mejor el partido para sus intereses y contó con esa pizca de suerte que siempre se necesita para pasar estas eliminatorias. Pero lo más probable es que fuera una conjunción de todo lo anterior la que provocó la sorprendente eliminación de España. El partido, disputado en la cálida tarde de Edmonton, en la franja central de Canadá, lo pudimos ver aquí al filo de la medianoche de aquel sábado 14 de julio, y estuvo marcado por el mal estado del césped del estadio de la Commonwealth y por el dominio abrumador de la selección española, que sin embargo no supo traducir en el marcador esa superioridad a la que la República Checa consintió gustosa, encantada en su papel de achicar balones esperando una oportunidad. En una pesada primera parte en la que España se mostró más gris y espesa de lo habitual, pese a la presencia en el once titular de Granero, Crespo tuvo la mejor oportunidad en una espectacular cabalgada desde su propio campo en la que se fue escapando de cuantos rivales le salieron al paso hasta plantarse en el área checa, aunque su apurado disparo con la derecha no entrañó ningún problema para el meta Petr, que pese a todo puso la nota de suspense antes de recoger el balón. Sin noticias de Martin Fenin y Petr Janda, en principio dos de los hombres más peligrosos de los checos, España cayó en el ritmo lento que pretendía su rival y cuando despertó, ya en la segunda parte, pagó cara su falta de acierto en el remate. Con un Mata muy precipitado en casi todas sus acciones y un Capel incapaz de conectar con sus compañeros de ataque, las oprtunidades fueron primero para Granero y luego para Adrián López, que inexplicablemente mandó al palo la mejor ocasión hispana de los 90 minutos. El partido se iba irremediablemente a la prórroga y las opciones de los checos aumentaban a cada instante. Habían planteado un partido a los penaltis o a una jugada aislada, y cuando parecía claro que ya sólo buscaban lo primero se encontraron con lo segundo: Adán salió mal en un córner y Lubos Kalouda recogió el fallido despeje de Crespo para empalmar a la red desde fuera del área. El balón atravesó limpiamente aquella atestada zona y acabó incrustándose en las mallas de la meta española. Era el minuto 103 y si después de todo aquel tiempo no habíamos sido capaces de romper la muralla checa parecía imposible conseguirlo en poco más de un cuarto de hora y con las fuerzas demasiado justas. Pero una vez más España se levantó y creyó en sí misma, y Piqué estuvo a punto de empatar incluso antes del descanso de la prórroga, aunque su espectacular testarazo se estrelló en el larguero. Sin embargo eso no desanimó al equipo, que lo siguió intentando hasta que en el 110 Mata remachó a gol un disparo al poste de Bueno. El propio Bueno tuvo en sus botas el gol de la victoria, pero su remate salió desviado y el choque se marchó a los penaltis. Este era el plan de la República Checa, que contaba con un inspirado Petr que en octavos ya había detenido dos penas máximas a los japoneses. Y mientras que los cuatro checos que lanzaron encontraron el camino del gol, por parte española Marc Valiente estrelló su disparo en el larguero y en el quinto Piqué no pudo superar la buena estirada de Petr. Entre lágrimas, los jugadores españoles acabaron preguntándose cómo se les podía haber escapado esta oportunidad.

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Ahí acabó el sueño de un equipo español que, como ocurriera dos años antes en Holanda, tenía todos los mimbres para lograr algo importante pero no supo desarrollar todo su potencial: un portero con planta y buenas condiciones como Adán, una de las mejores parejas de centrales del torneo, formada por Marc Valiente y Piqué (curiosamente los dos fallaron en la decisiva tanda de penaltis ante la República Checa), un buen lateral derecho en Barragán, con dos buenas opciones para el lateral zurdo como Crespo y Canella, un versátil centro del campo con la fuerza no exenta de calidad de Javi García y Sunny (otro de los destacados del equipo), más la buena presencia de Mario y las gotas de clase de Granero, un puñal por la izquierda como Capel (este sí que probablemente fuera el mejor del equipo) y la interesante aportación de Toni Calvo o Iriome por la derecha, dejando al ya valencianista Mata (que no hizo su mejor campeonato) como enlace con un buen delantero como Adrián (que pese a no ser un hombre de área acabó con 5 tantos entre los máximos goleadores), y la amenaza silenciosa de un Bueno que sin hacer ruido siempre aparecía en el lugar indicado, deberían haber sido ingredientes más que suficientes para plantarse al menos en semifinales, meta que no se pudo lograr por esos pequeños detalles que hacen tan grande al fútbol.

Pero si esos penaltis acabaron con el sueño español también prolongaron el de los checos, sueño del que sólo se despertarían en la final y de una manera también algo injusta. Por de pronto los cuartos de final fueron también la inesperada tumba de Estados Unidos, que pese a adelantarse en el marcador con un nuevo gol de Altidore vio como Austria culminaba una merecida remontada en la prórroga con un gol de su héroe Erwin Hoffer. Así se conformaba una de las semifinales más sorprendentes de los últimos años, entre dos equipos que no aparecían en ninguna quiniela antes de empezar el campeonato. En ese duelo de cenicientas la República Checa salió mejor plantada y en un cuarto de hora cobró una ventaja de dos goles que ya no vería peligrar, llegando a una final que sí se mereció en el Europeo pero que parecía un premio demasiado grande para lo demostrado en la cita mundialista. Por el otro lado Argentina se deshizo de México en otra de las finales anticipadas gracias a un gol de Maxi Moralez, otro de los destacados del torneo (acabó llevándose el balón de plata) pese a su corta estatura, característica que parecía necesaria para formar en un ataque que completaban Agüero, Mauro Zárate, Di María, Piatti o Lautaro Acosta y en el que sólo Zárate superaba, y por poco, el 1'70. Su rival en semifinales sería Chile, que pese al mayor dominio africano fue capaz de aguantar el empate a cero ante Nigeria hasta el minuto 90 para luego rematar increíblemente la faena (4-0) en una de las prórrogas más demenciales que uno recuerda. La semifinal fue un partido bronco en el que Argentina se mostró mucho más eficaz ante unos jugadores chilenos muy nerviosos y que acabaron con nueve hombres y tres goles en contra. La albiceleste era por tanto claramente favorita en el partido por el título, pero la trayectoria de los checos no permitía demasiadas confianzas y de hecho durante la primera parte Argentina apenas creó peligro ante la ordenada defensa checa. Para ponerle más emoción al partido, en el minuto 60 Martin Fenin adelantó a los europeos en una gran maniobra, pero sólo un minuto después Agüero aprovechó el primer error (de bulto, eso sí) de la zaga checa para igualar. El Kun acabó llevándose los máximos galardones (Balón y Bota de Oro) y refrendó en Canadá lo que había apuntado en Holanda con solo 17 años y lo que venía mostrando en su primera temporada en Europa. Tras el empate el partido se convirtió en un acoso constante a la meta de Petr hasta que a cinco minutos del final Mauro Zárate se marcó un jugadón individual tras un córner y subió el segundo al marcador con un fuerte disparo al palo corto. Con un equipo fuerte y muy bien conjuntado por Hugo Tocalli, Argentina lograba su sexto título sub'20, el segundo consecutivo y el quinto de los últimos siete disputados, una impresionante racha que desgraciadamente para los sudamericanos no se ha traducido en éxitos en la absoluta y que además se verá lastimosamente truncada en este próximo Mundial de Egipto para el que la albiceleste no ha logrado clasificarse.

domingo, 19 de julio de 2009

2005, Mundial sub'20 (I): Sueños de gloria

Repasando los resultados, está claro que 2005 no fue un buen año para nuestras selecciones inferiores. La única nota positiva nos la dio la selección sub'23 formada para competir en los Juegos Mediterráneos de Almería, y que con jugadores como Arizmendi, Manu del Moral, Kepa o el malogrado Antonio Puerta se alzó con el oro en un torneo descafeinado que quizá sólo recordaremos por un bronco partido ante Italia que hubo de ser suspendido antes del final al quedarse los italianos con sólo 6 jugadores. Pero aparte de este forzado experimento, las selecciones oficiales apenas nos dieron alegrías, puesto que tanto la sub'17 como la sub'19 quedaron fuera de las fases finales de los Campeonatos de Europa de sus categorías al caer en casa en la última fase previa ante Suiza y Francia, respectivamente. Además, la temprana eliminación de la sub'17 nos apeaba también del Mundial de la categoría, que se celebró en Perú y que sorpresivamente fue a parar a manos de la selección de México, liderada por Giovanni Dos Santos y Carlos Vela. El único conjunto que se salvó de la quema, aunque tampoco llegó a grandes cotas, fue el que acudió en junio a Holanda a disputar el Mundial sub'20 de la categoría, torneo que contempló el encumbramiento mundial de un pequeño jugador argentino que hizo y deshizo a su antojo: Leo Messi.

El Campeonato se celebró entre el 10 de junio y el 2 de julio de 2005 en los Países Bajos, y fue sin lugar a dudas uno de los mejores torneos que se recuerdan tanto por el nivel de juego desplegado por la mayoría de equipos como por el importante número de futuras estrellas que se dieron cita en él. Aquí empezaron a sonar nombres como los de John Obi Mikel, Taye Taiwo, Nabil El Zhar, Ryan Babel, Razak Omotoyossi, Matías Fernández, Benny Feilhaber, Hugo Rodallega, Renan, Rafinha, Rafael Sobís, Philippe Senderos, Tranquilo Barnetta, Park Chu Young, Sergio Agüero, Fernando Gago y sobre todo Lionel Messi, que fue justamente declarado máximo goleador y Mejor Jugador del Mundial. Todos ellos, y alguno más, destacaron en algún momento de este campeonato y no tardaron mucho en brillar al máximo nivel, aunque obviamente algunos lo hicieron de manera más efímera que otros. Las 24 selecciones que lograron su clasificación para la cita holandesa quedaron repartidas de la siguiente manera:

GRUPO A
Países Bajos
Australia
Benín
Japón

GRUPO B
Turquía
R.P. China
Ucrania
Panamá

GRUPO C
España
Chile
Honduras
Marruecos

GRUPO D
Alemania
Argentina
Estados Unidos
Egipto

GRUPO E
Italia
Colombia
Canadá
Siria

GRUPO F
Suiza
Brasil
Nigeria
República de Corea

Éste último podía considerarse como el "Grupo de la Muerte", ya que a la vigente campeona y eterna favorita Brasil había que sumar a una Suiza que contaba con una de las mejores generaciones de su historia y a los campeones de África y Asia (Nigeria y Corea del Sur), que acudían a los Países Bajos con ganas de demostrar la pujanza de sus respectivas zonas, especialmente los nigerianos, considerados ya antes del torneo como claros candidatos al título, en un ramillete de aspirantes que completaban Argentina, Holanda, Colombia, Turquía y por supuesto España. En el polo opuesto se encontraban exóticas selecciones como Siria o Benín, debutantes en una cita mundialista, que llegaban como cenicientas pero que acabaron dando más de un susto a rivales teóricamente superiores.

En el bando español, Iñaki Sáez volvía a la primera plana tras la Eurocopa de Portugal haciéndose cargo de una sub'20 que defendía subcampeonato y que aglutinaba a buena parte de los campeones de Europa sub'19 de 2004 (los Albiol, Juanfran, Gavilán o Víctor Casadesús) junto a otros prometedores jóvenes de esa misma generación del 85 (como Molinero, Zapater o Fernando Llorente) y algunos alumnos aventajados de menor edad (principalmente Silva, Markel Bergara y Cesc Fábregas). A pesar de bajas como las de Sergio Ramos, Borja Valero o Roberto Soldado (el primero ya en la selección absoluta y los madridistas disputando la fase de ascenso a Segunda), todos los convocados acudían después de cuajar buenas campañas en sus respectivos clubes: Raúl Albiol había superado un grave accidente de tráfico y se había convertido en un fijo para Quique Sánchez Flores en Primera con el Getafe, Zapater había impresionado en su primera campaña en la Liga con su Real Zaragoza, Agus había debutado también en la máxima categoría con el Albacete y ultimaba su salto al Real Madrid, Cesc había debutado en la Premier y en la Champions League con el Arsenal (aunque una lesión le hizo llegar al Mundial algo justo de forma), Silva había madurado tras un gran año en el Eibar... El resultado de este cóctel era una interesante selección que acudía a los Países Bajos como una de las favoritas indiscutibles a alzarse con el título y que durante buena parte del campeonato hizo honor a esa condición.

Núm. - Nombre - Fecha de nacimiento - Posición - Club (2004/2005)
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1.- Gabriel RIBAS Ródenas - 02/12/1985 - AR - RCD Espanyol
2.- Fco. José MOLINERO Calderón - 26/07/1985 - DF - Atlético de Madrid
3.- Javier GARRIDO Behobide - 15/03/1985 - DF - Real Sociedad
4.- ALEXIS Ruano Delgado - 04/08/1985 - DF - Málaga CF
5.- Miquel ROBUSTÉ Colomer - 20/05/1985 - DF - RCD Espanyol
6.- Raúl ALBIOL Tortajada - 04/09/1985 - MC - Getafe CF
7.- JUANFRAN Torres Belén - 09/01/1985 - MC - Real Madrid
8.- Alberto ZAPATER Arjol - 13/06/1985 - MC - Real Zaragoza
9.- Fernando LLORENTE Torres - 26/02/1985 - DL - Athletic Club
10.- JONATHAN SORIANO Casas - 24/09/1985 - MC - RCD Espanyol
11.- Jaime GAVILÁN Martínez - 12/05/1985 - MC - CD Tenerife
12.- JOSE ENRIQUE Sánchez Díaz - 23/01/1986 - DF - Levante UD
13.- MANU Fernández Muñiz - 09/05/1986 - AR - Sporting de Gijón
14.- AGUS García Íñiguez - 03/05/1985 - DF - Albacete Balompie
15.- Fco. Javier CHICA Torres - 17/05/1985 - DF - RCD Espanyol
16.- David Jiménez SILVA - 08/01/1986 - MC - SD Eibar
17.- Cesc FÁBREGAS Soler - 04/05/1987 - MC - Arsenal FC
18.- VÍCTOR Casadesús Castaño - 28/02/1985 - DL - RCD Mallorca
19.- BRAULIO Nóbrega Rodríguez - 18/09/1985 - DL - Atlético de Madrid
20.- MARKEL Bergara Larrañaga - 05/05/1986 - MC - Real Sociedad
21.- ROBERTO Jiménez Gago - 10/02/1986 - AR - Atlético de Madrid

Con estos mimbres no era descabellado pensar en reeditar al menos el éxito del anterior Mundial de Emiratos Árabes, e incluso (por qué no) la victoria entraba dentro de lo razonable. Pero como vimos precisamente en ese campeonato de 2003, para alcanzar la final hay que tener en cuenta más factores aparte del propio rendimiento, y en esta ocasión la fortuna no nos acompañó en los cruces, como si ocurriera dos años antes. Y sin esa fortuna, cualquier mínimo bajón en el rendimiento se paga muy caro, y esa fatal combinación terminó por romper los sueños de España.


martes, 7 de julio de 2009

2003, Mundial sub'20 (y IV): El quinto elemento

0-1

¿Qué se necesita para jugar al fútbol? Pues así a bote pronto todos diríamos que un terreno de juego, un balón, dos porterías y dos equipos dispuestos a pelear por marcar más goles que el contrario. Con esos cuatro ingredientes ya tendríamos todo dispuesto, aunque habrá incluso quien diga que las porterías hasta pueden ser imaginarias, o quien, a falta de un esférico en condiciones, haya tenido que jugar con cualquier objeto extraño al que se pudiera dar patadas, pero al final creo que todos convendríamos en que esos son los 4 elementos básicos para montar una buena pachanga en cualquier calle. Y sin embargo, en el otro fútbol, el organizado, el que deja de ser un juego para convertirse en deporte, en negocio y espectáculo, existe un quinto elemento altamente inestable, tan necesario para su correcto desarrollo si se mantiene en su sitio como fatal si se descontrola. Estamos hablando, por si alguien se ha perdido, del árbitro. Y en esta final del Mundial sub'20 de Emiratos Árabes 2003 ese quinto elemento se descontroló desde el minuto uno. El italiano Roberto Rosetti se convirtió en el triste protagonista de un partido en el que los titulares debían haber sido para los grandísimos jugadores que se reunieron en el Zayed Sports City Stadium de Abu Dhabi, pero los nombres de Iniesta, Dani Alves, Juanfran, Dudú Cearense, Sergio García o Adriano Correia quedaron empequeñecidos ante la desafortunada actuación del joven colegiado transalpino. Resulta casi innecesario hablar del planteamiento inicial de Armando Ufarte para este partido puesto que todo saltó por los aires en el minuto 3. Tras un tímido ataque español, un pelotazo desde la defensa brasileña sobrevoló el centro del campo y descubrió al escurridizo Nilmar luchando con Melli al borde del círculo central. Y mientras el balón caía y parecía dirigirse sin remedio a la posición de Asier Riesgo, un ligero agarrón del central bético, que se encontraba cerrando la adelantadísima zaga española, dio con los huesos del atacante brasileño en el suelo a casi cuarenta metros de la portería. Pese a que Nilmar no tenía ni mucho menos la posesión del balón (ni casi opciones de llegar a él), y a que Carlos García y Peña estaban ya a la altura de Melli, el italiano no lo dudó y mostró al bético la tarjeta roja directa sin un ápice de condescendencia.

Y desde ese momento se acabó la historia, o, para ser más exactos, el cuento cambió por completo, porque después de cuatro minutos de juego España tuvo que replantearse sobre la marcha un encuentro que llevaba preparando cuatro días para poder luchar con un jugador menos ante la mayor potencia futbolística del mundo. Superado el primer momento crítico, puesto que la falta se botó sin consecuencias (no encajar gol en la jugada subsiguiente a una expulsión es algo que siempre ayuda), los españoles se prepararon para capear lo mejor posible el temporal que se les avecinaba. Ufarte optó por no introducir cambios, pues sobre el césped tenía mimbres suficientes para recomponer la defensa, así que aprovechando la fortaleza de los laterales Peña y Bouzón formó una línea de 3 centrales con Carlos García en el eje, colocó a Juanfran y Pina como carrileros y encomendó a Gabi y Vitolo la agotadora tarea de redoblar su esfuerzo defensivo persiguiendo a todo aquel jugador de camiseta amarilla que osara colocarse entre líneas. Iniesta y Sergio García quedaron eximidos de tareas defensivas (aunque como de costumbre Sergio se partió el pecho presionando a los centrales rivales) para volcar toda su energía en intentar cazar algún balón que saliera rebotado del muro situado a sus espaldas. Como era de esperar, los minutos siguientes a la expulsión fueron de acoso brasileño y ya en el minuto 7 Dani Alves estuvo a punto de marcar tras una espectacular chilena que Riesgo acertó a desviar al larguero. En la jugada posterior Sergio García puso a prueba al meta brasileño, intentando demostrar a la canarinha que el equipo español seguía vivo, pero la superioridad numérica de Brasil se hacía notar y durante la siguiente media hora se sucedieron las ocasiones sudamericanas: un disparo fuera de Nilmar, un malentendido entre Carlos García y Riesgo, un par de brillantes acciones de Daniel Carvalho, un cabezazo a bocajarro de Kleber y sobre todo un testarazo de Adaílton de nuevo al travesaño nos hicieron temblar a todos, aunque afortunadamente ninguna de estas acciones encontró el premio del gol. Entre todas ellas, tan sólo un tímido acercamiento de Iniesta recordó a Brasil que no debía confiarse en defensa. Pese a las ocasiones brasileñas, que llegaban más por empuje que por calidad, hay que decir que con el paso de los minutos el equipo español se fue asentando y durante algunos momentos fue el dueño del balón, gracias a las arrancadas por banda de Juanfran y a la pausa que Gabi le ponía al juego cada vez que el mediocentro del Atlético tenía oportunidad de coger el balón. Los brasileños no parecían preocupados por esas fases de control hispano, confiados en la superioridad numérica y en que tarde o temprano llegaría su gol, pero lo cierto es que a medida que discurría el encuentro España también iba ganando en confianza y todos empezamos a pensar que era posible hacer la machada.

Así que viendo la evolución de ambos conjuntos, la forma en la que comenzó la segunda parte no nos sorprendió del todo. Mostrando un gran orgullo, propio de quien se ha visto claramente perjudicado y quiere dejar constancia de que es capaz de sobreponerse, o al menos evitar que la injusticia cometida se pierda en el olvido, España acorraló a Brasil durante varios minutos, gozando de un par de buenas oportunidades que desbarató el meta Jefferson. Tras esta salida en tromba, España volvió a replegarse y dejó el balón a una canarinha completamente aturdida, incapaz de superar la ordenada defensa española salvo en ocasiones muy puntuales y cada vez más espaciadas en el tiempo, y que además eran resueltas sin llegar a crear excesivo peligro. Por increíble que pareciera, era España quien parecía más entera, pues sabía cuál era su plan y lo desarrollaba a las mil maravillas, buscando rápidas salidas al contragolpe con la esperanza de que en alguna de ellas el balón le llegara a Iniesta y el albaceteño supiera definir como había hecho en semifinales. Tanto él como su compañero Sergio García estuvieron cerca del gol, pero la velocidad de los zagueros brasileños solventó ambas situaciones de peligro. Y cuando por fin lograron encontrar el camino a la red, nuevamente apareció Rosetti para anular un tanto al ariete barcelonista, señalando falta en algo que fue un simple forcejeo en el área. A esas alturas, después de la rigurosísima expulsión y las continuas faltas brasileñas realizadas tras cada pérdida, fruto de la impotencia, y que no merecieron más sanción, estaba claro que el italiano no nos iba a poner las cosas fáciles, pero ese tanto mal anulado fue la puntilla. Rotos por el esfuerzo, los españoles empezaban a buscar la prórroga como agua de mayo y, sólo por inercia, Brasil volvió a aproximarse al área de Riesgo. En el minuto 87, un córner cedido por la exhausta defensa hispana fue botado con precisión por Dani Alves y Fernandinho, que había entrado un cuarto de hora antes, se anticipó a su marcador para conectar un perfecto cabezazo que batió al guardameta español. No había sido una muestra de jogo bonito ni una genialidad de sus hombres de ataque lo que había puesto por delante a Brasil, sino una jugada a balón parado, faceta en la que el seleccionador Paquetá había puesto especial empeño y que ya le había dado a la canarinha importantes réditos en partidos precedentes. El golpe fue un mazazo para los nuestros, que sin embargo reaccionaron bien y, a la desesperada, buscaron con ahínco el milagro del empate. Tanto el recién ingresado Manu Del Moral como Gavilán, que había entrado en el 70, tuvieron en sus botas la oportunidad de empatar al borde del final, en esa última ocasión que, como acertadamente escribió Juanma Trueba en su crónica en el As, siempre llega pero casi nunca entra, y luego Rosetti quiso equilibrar su hoja de servicios, que no la balanza, expulsando a Fernandinho tras un conato de tangana en el centro del campo. Pero la suerte estaba echada y, como sucediera en la final del Mundial sub'20 de 1985 y en la del sub'17 de ese mismo 2003, Brasil se alzó con el título tras derrotar a España por uno a cero.

Ficha del partido
Final del Mundial sub'20 de Emiratos Árabes Unidos de 2003, disputada en el Zayed Sports City Stadium (Abu Dhabi). 55.000 espectadores
ESPAÑA 0: Riesgo (GK); Bouzón, Peña, Melli, Carlos García; Vitolo, Gabi (-88, Manu Del Moral), Pina (-70, Gavilán), Juanfran, Iniesta; Sergio García
BRASIL 1: Jefferson (GK); Dani Alves, Kleber, Alcides, Adaílton; Dudú Cearense, Daniel Carvalho (-94, Andrezinho), Adriano, Jardel; Juninho (-70, Fernandinho), Nilmar (-64, Dagoberto)
Goles: 0-1 Fernandinho (BRA, min. 87)
Árbitro: Roberto Rosetti (ITA)
Tarjetas Amarillas: Adriano (BRA, min. 22), Riesgo (ESP, min. 36), Gabi (ESP, min. 44), Vitolo (ESP, min. 77), Iniesta (ESP, min. 85), Dani Alves (BRA, min. 90+3)
Expulsiones: Melli (ESP, min. 4), Fernandinho (BRA, min. 90)

Ficha Oficial del partido (disponible en FIFA.com)
Crónica de FIFA.com
Crónica del diario El Mundo (por Jesús Alcaide)
Crónica de El Mundo Deportivo (por Sergi Solé)
Crónica del diario As (por Juanma Trueba)


El enfado y la decepción de los jugadores y técnicos de España tras el partido era enorme, y así lo hicieron notar en sus declaraciones, lamentándose de la injusta decisión de Rosetti en los primeros minutos y culpándole de haber echado por tierra los sueños de todos ellos. A los aficionados nos quedó el amargo consuelo de imaginarnos que once contra once quizá la historia hubiera sido distinta, y por encima de todo el orgullo de saber que nuestros juveniles habían dado todo por esa camiseta, seguramente de una manera menos brillante que otras veces pero ofreciéndonos un grandioso ejemplo de orgullo y pundonor. Y con eso nos quedamos en aquellos días previos a la Navidad de 2003. Pero a veces el destino nos depara sorpresas inimaginables que nos devuelven a la actualidad momentos que ya creíamos pasados y enterrados, y cuando en noviembre de 2006 saltó a la luz la noticia de que Carlos Alberto, el mediocentro defensivo habitual en esa selección brasileña y que no pudo disputar la final por acumulación de amonestaciones, había falsificado su edad para poder competir, las imágenes de la decepción de nuestros chavales volvieron a nuestra mente. ¿Sería posible obtener en los despachos un campeonato que previamente nos habían negado en el campo? Pues como desgraciadamente sospechábamos, no. La FIFA no quiso sancionar la alineación indebida del jugador brasileño a lo largo de todo el torneo y dio por buena la versión de la CBF, que aseguraba que también había sido engañada por el jugador y que desconocía su verdadera edad (25 años) en el momento de seleccionarlo. El caso se cerró, de una manera inusitadamente rápida, con una sanción de un año al futbolista y sin ningún tipo de castigo ni para su club ni para la federación brasileña, a los que la justicia deportiva declaró víctimas y no cómplices del engaño del jugador. De esta estrámbotica manera, y casi tres años después de haberse celebrado la final, se cerró un accidentado campeonato que hizo honor al sabio refranero español: lo que mal empieza, mal acaba.

viernes, 3 de julio de 2009

2003, Mundial sub'20 (III): Iniesta contra el mundo

0-1

No podía desaprovechar España la gran oportunidad que se presentaba tras el sorteo de octavos de final, y es que el encaje de bolillos que suponía el emparejar a los 16 equipos clasificados dio como resultado que las todopoderosas Brasil y Argentina quedaran en la otra parte del cuadro, lo que a priori despejaba el camino español de rivales de entidad al menos hasta semifinales. Aún así, ninguna de las selecciones clasificadas era una perita en dulce y los españoles deberían dar lo mejor de sí mismos para cumplir con los pronósticos. El primer enemigo en el camino a la final fue Paraguay, que se presentaba con un equipo interesante en el que destacaban el punta Nelson Haedo Valdez y el centrocampista ofensivo Edgar Barreto. El choque discurrió por los cauces previstos, con España dominando el balón ante una selección guaraní que se sentía cómoda agazapada. Tras una intervención exitosa de Asier Riesgo a los 3 minutos, pronto Iniesta tomó el mando de las operaciones y suyas fueron las primeras ocasiones de peligro, bien resueltas por el meta Silva. Paraguay apenas era capaz de pasar del medio campo, donde el incansable trabajo de Gabi y Vitolo permitía recuperar un balón tras otro para iniciar un nuevo ataque hispano. Tanto Gavilán como Juanfran entraban con cierta facilidad por sus costados y las ocasiones de gol se iban sucediendo, aunque sin acierto. Sergio García tuvo las mejores, incluyendo un balón que se estrelló en la cruceta y alguna más que desbarató Silva, muy acertado durante todo el encuentro. Y cuando no era el portero era la atareada defensa paraguaya quien se encargaba de taponar los disparos de Juanfran, Gavilán o Gabi. En la reanudación, con Paraguay intentando estirarse, los atacantes españoles siguieron percutiendo sin descanso sobre el área rival, forzando nuevas intervenciones de Silva, hasta que en el minuto 66 llegó el merecido premio. En una bonita jugada colectiva iniciada por Iniesta, Gavilán centró pasado al segundo al palo, Juanfran controló con el pecho y salió disparado hacia la línea de fondo, de donde sacó un pase de la muerte que Sergio García no desaprovechó. Tras el gol Paraguay se fue a por el empate y encerró a España en su campo, aunque sólo creó peligro en balones colgados. Afortunadamente no era el día de sus delanteros, que desperdiciaron alguna clara ocasión para marcar, y ya casi en el descuento Riesgo tuvo que felicitar al central Carlos García, que taponó un disparo de Dante López que ya se colaba. El primer obstáculo se había superado con nota, aunque la falta de gol del equipo empezaba a ser preocupante.


Del resto de partidos de octavos de final habría que destacar los apuros con los que tanto Brasil como Argentina solventaron sus compromisos ante Eslovaquia y Egipto, respectivamente. Las dos potencias sudamericanas tuvieron que esperar a la prórroga para deshacerse de sus rivales, en ambos casos gracias a sendos dobletes (con gol de oro incluído) de Dudú Cearense y Fernando Cavenaghi. También Colombia venció a Irlanda en el tiempo extra en un partido loco que los cafeteros dominaban por 2-0 a falta de 5 minutos para el noventa, mientras que Japón repitió el guión de Brasil al culminar su remontada ante la República de Corea en la prórroga. Además, Estados Unidos superó con claridad a Costa de Marfil, los Emiratos Árabes vencieron a Australia con un gol de Ismail Matar en el minuto 89 y Canadá dio la sorpresa al derrotar por 1-0 a la hasta entonces invicta e imbatida Burkina Faso. Los norteamericanos serían nuestros rivales en cuartos, algo que nos hacía pensar en una cómoda clasificación para semifinales. Nada más lejos de la realidad.



1-2

Y es que la sorprendente selección de Canadá fue un hueso durísimo de roer. Con el once que ya se había convertido en habitual, España salió convencida de su superioridad, quizá incluso confiada, y estuvo a punto de pagarlo caro en unos primeros minutos en los que se vio desbordada por el impetú canadiense. Afortunadamente Riesgo es mostró inexpugnable y poco a poco sus compañeros fueron entrando en el partido, lo que se tradujo en un desarrollo más lógico del encuentro, con España dominando claramente el balón. Así, Sergio García gozó de un par de buenas ocasiones que marró, incluyendo una casi a puerta vacía, y en el minuto 35 Melli sorprendió a propios y extraños con una cabalgada de más de cincuenta metros que ningún defensor canadiense supo parar y que culminó con una gran asistencia a Iniesta que el azulgrana no desaprovechó, lanzándose al suelo y superando con suavidad la desesperada salida del portero, marcando las distancias entre ambos conjuntos. Después del gol España disfrutó de sus mejores minutos pero Sergio García seguía fallón y Gavilán se topó con el poste en la mejor ocasión española para sentenciar antes del descanso. Pero después del intermedio cambiaron las tornas. Canadá presionó un poco más arriba y su mejor hombre, Iain Hume, largó un impresionante chut desde fuera del área que se coló imparable junto al poste derecho de la meta de Riesgo. Un par de minutos después, el propio Hume lanzó una falta que se estrelló en la madera, y a España le empezaron a temblar las piernas. Por si fuera poco, Vitolo vio su segunda amonestación y dejó a los nuestros con diez jugadores, lo que aprovechó Canadá para irse arriba definitivamente. Físicamente superiores, los atacantes norteamericanos entraban una y otra vez con peligro, rompiendo la defensa española, y sólo cierta inocencia en el remate y una pizca de suerte evitaron el segundo tanto. Por fortuna, el acoso duró unos pocos minutos, ya que los cambios introducidos por Ufarte dieron sus frutos y tanto Corominas como Manu Del Moral aportaron más control de balón y ayudaron a calmar el choque. El tercer cambio, Arizmendi por Sergio García, fue todavía más vital. España buscaba la prórroga y la entrada del rojiblanco era clave para aportar más capacidad física y ofrecer otra opción de ataque, balón en largo y aguante para la segunda jugada. Pero Arizmendi era más que un delantero boya y no tardó en demostrarlo. En su segunda intervención, ya en el tiempo extra, el espigado jugador del Atlético se hizo con un balón suelto tras una sucesión de rechaces y, tras quebrar con calidad al guardameta, anotó a puerta vacía el gol de oro que metía a España en semifinales.


El rival en las semifinales sería Colombia, que, como se esperaba, había derrotado a los anfitriones aunque con más dificultades de las previstas. Curiosamente, los semifinalistas serían los mismos que en el Mundial sub'17 de Finlandia del mes de agosto, ya que además de España y Colombia, también habían logrado el pase Brasil y Argentina. La canarinha, probablemente en su mejor partido del torneo, había aplastado a Japón por 5-1 gracias a un arranque espectacular de Daniel Carvalho, sin duda una de las estrellas del Campeonato. Por su parte, Argentina parecía ir de más a menos y volvió a clasificarse por los pelos, con un nuevo gol de oro de Fernando Cavenaghi, en un partido en el que Estados Unidos fue claro merecedor de la victoria. Tras adelantarse en el marcador en la segunda parte, los norteamericanos dispusieron de numerosas ocasiones para apuntalar su pase a semifinales pero Jhonson y Adu fallaron y fue Mascherano quien acabó logrando el empate en el último minuto de descuento. Con los argentinos crecidos y los estadounidenses moralmente destrozados, un claro penalti transformado por Cavenaghi justo antes del descanso de la prórroga mandó a casa a una de las sensaciones del torneo.



1-0

Pocas veces en la historia de las selecciones inferiores de España un jugador habrá sido tan determinante en el éxito de un combinado como lo fue Iniesta en este Mundial sub'20. Siempre ha habido jugadores destacados, brillantes, que han liderado a su grupo, pero casi todos los nombres que nos vengan a la cabeza (Xavi, Torres, Cesc Fábregas...) no dejaban de ser la punta de lanza de un equipo lleno de grandes futbolistas. Y no es por desmerecer a los Gabi, Juanfran, Riesgo o Sergio García, pero si hoy todos ellos pueden presumir de lo logrado en el 2003 en Emiratos Árabes es sin duda gracias a que junto a ellos jugaba Andrés Iniesta. La semifinal frente a Colombia fue una nueva exhibición del centrocampista del Barça, rápido en sus movimientos, preciso en el toque y tremendamente peligroso cada vez que el balón rondaba su posición. De él partieron todas y cada una de las acciones de peligro de la selección en el partido, que tuvo una primera parte francamente vistosa, con los dos equipos volcados al ataque. El bando español contaba con las novedades de Tello por el sancionado Vitolo y la más sorprendente de Jorge Pina por un Gavilán que había acabado con pequeñas molestias el partido de cuartos. Los dos cumplieron y el equipo no echó de menos a los ausentes, gracias en buena medida a la labor de Iniesta: no habían discurrido ni cinco minutos y ya había creado un par de ocasiones de gol que el meta colombiano Landázuri acabó por resolver. Aunque Colombia llevaba el peso del partido, las contras españolas llevaban mucho peligro y propiciaban las mejores ocasiones, aunque Sergio García seguía negado de cara al gol. Riesgo no tuvo que intervenir hasta casi la media hora, pero desde ese momento cada vez que lo hizo fue para salvar milagrosamente varios disparos colombianos, principalmente de un Edixon Perea que se aprovechaba como nadie de las buenas maniobras de su compañero Víctor Montaño. Aún así, en esa primera parte fue España quien dispuso de más y mejores oportunidades, pero Juanfran parecía contagiado por el mismo mal que Sergio García y Landázuri abortó varios disparos más de los atacantes españoles. La segunda parte se inició por los mismos derroteros, con oportunidades constantes para ambos equipos, pero a partir del minuto 55 España desapareció literalmente del campo colombiano y fueron los sudamericanos los que martillearon sin descanso el área española. Si en la primera parte Landázuri había evitado un saco de goles para su equipo, en la segunda Riesgo imitó a su colega y colocó un candado en su puerta, haciéndola infranqueable para los cada vez más desesperados atacantes de Colombia, que se veían incapaces de batir al arquero donostiarra. Ufarte quiso introducir nuevos bríos al equipo con la entrada de Gavilán y de Arizmendi pero el gol colombiano parecía sólo cuestión de tiempo. Sin embargo, a menos de cinco minutos para el final, cuando peor lo pasaba España, Iniesta apareció gambeteando en las inmediaciones del área y su pase a Sergio García rebotó en la mano de un defensor. Asumiendo sin complejos su rol de líder y salvador, el propio Iniesta transformó con frialdad el discutido penalti que colocaba a España en su tercera final de un Mundial sub'20. Al final del partido Colombia se lamentaba por la oportunidad perdida: sus jugadores habían sido mejores que España, pero en España jugaba sencillamente el mejor.


En la otra semifinal, Brasil superó a Argentina en un equilibrado partido gracias a un solitario gol de Dudú Cearense que la albiceleste no pudo remontar. La fortuna que había acompañado a los argentinos en las rondas precedentes para vencer en los últimos minutos no apareció y la canarinha certificó el pase a su primera final de un sub'20 en 8 años, todo un mundo para aquel país. Se reeditaría así la cercana final del Mundial sub'17 de Finlandia y también la más lejana del Mundial sub'20 de la URSS en 1985. En ambas ocasiones Brasil se había alzado con el título, y esta vez esperábamos que por fin la suerte nos sonriera.

lunes, 29 de junio de 2009

2003, Mundial sub'20 (II): Duelos en el desierto

2-1

El Argentina-España de la primera jornada era el encuentro más esperado por todos los aficionados, el duelo entre los dos últimos campeones, y desde luego cumplió con las expectativas. Ufarte no sorprendió y salió con el esquema previsible y que se convertiría en habitual durante todo el torneo, un 4-5-1 en el que destacaba la fuerza del doble pivote Gabi - Vitolo y que dejaba prácticamente todas las labores ofensivas en los pies de la pareja blaugrana Iniesta - Sergio García, con los apoyos por banda de Gavilán y Corominas, aunque en este primer partido ambos se mostraron cautelosos en sus incorporaciones. En la línea defensiva destacaba la presencia en el lateral derecho del benjamín Alexis Ruano, que venía deslumbrando en las concentraciones previas y que parecía estar llamado a ser una de las sensaciones del campeonato. El malaguista era además el único defensor con vocación ofensiva de una línea que completaban Carlos Peña en la izquierda y la férrea pareja de centrales Melli - Carlos García. Quizá la única nota de sorpresa era la presencia del donostiarra Asier Riesgo en la portería en detrimento de Miguel Ángel Moyá, que venía siendo el portero titular de esta generación en anteriores campeonatos, pero desde luego la labor de Asier fue espectacular y en ningún momento se echó en falta al mallorquín. El choque arrancó con mucho ritmo aunque sin llegadas peligrosas, con mucha lucha en un centro del campo en el que por el bando argentino peleaban dos auténticos perros de presa como Javier Mascherano y Pablo Zabaleta. Sin embargo, España parecía mejor plantada que una Argentina que se dedicaba a jugar al pelotazo buscando más la segunda jugada que a su punta Cavenaghi. Tras los primeros acercamientos a ambas porterías, España obtuvo su merecido premio cuando en el minuto 25 Gabi lanzó un potente disparo desde fuera del área cuya parábola sorprendió a un ligeramente adelantado Gustavo Eberto. Un auténtico golazo que refrendaba la gran labor del centrocampista atlético en los primeros minuts de juego y que dejó tocado al cuadro albiceleste. Iniesta empezó a aparecer y sus combinaciones con Sergio García dejaban las pocas gotas de calidad de un partido duro y muy serio. El albaceteño tuvo en sus botas el segundo justo antes del descanso cuando se plantó ante Eberto tras una buena jugada individual, pero el arquero argentino le ganó la partida y salvó a su equipo. Esa jugada y el paso por los vestuarios fue clave para la albiceleste porque en el segundo tiempo salió con otra cara, buscando el empate desde el primer minuto, y no tardó en equilibrar el marcador gracias a un testarazo de Leandro Fernández. El gol sacudió completamente el partido y los dos equipos se lanzaron a por la victoria, aunque las imprecisiones en los últimos metros (y alguna que otra polémica decisión del colegiado mexicano Benito Archundia) arruinaban casi todos los acercamientos hispanos. Y cuando por fin se podía finalizar la jugada, aparecía un espléndido Eberto que salvó sendas ocasiones de Sergio García e Iniesta. Argentina esperaba su oportunidad y la encontró a falta de quince minutos, cuando nuevamente Leandro Fernández remató una jugada calcada a la del empate, subiendo el segundo gol al casillero sudamericano. De ahí al final España lo intentó pero el cansancio y el tremendo oficio de la aliceleste acabaron con cualquier opción. La derrota, quizá inmerecida, dejaba a España tocada de ánimo pero con buenas sensaciones sobre el potencial del equipo.


0-2

Después de la derrota en el debut, el partido contra Mali (que en la primera jornada había ganado a Uzbekistán por 3-2, con un gol en el descuento) era tremendamente importante pues de él dependían buena parte de las opciones de pasar a octavos de final. Los dos primeros de cada grupo se clasificaban directamente, junto con los 4 mejores terceros, y el objetivo español era alcanzar una de esas dos primeras posiciones para no tener que hacer cábalas. Ufarte se vio obligado a hacer cambios en el once, ya que Alexis tenía el tobillo fuertemente inflamado por un golpe recibido en el primer partido. En su lugar saldría el céltico Iago Bouzón, un central reconvertido que aportaba todavía más consistencia a la zaga pero con el que se perdía poderío ofensivo. Quizá por ese motivo, Ufarte introdujo por esa banda derecha al madridista Juanfran, más rápido y habilidoso que un Corominas que necesitaba más de la ayuda del lateral para desbordar a su par. El partido fue tremendamente duro, con un rival que no se cortaba a la hora de meter la pierna, pero la superioridad técnica de los españoles fue clave. Como ocurriera cuatro años antes, en las semifinales del Mundial de Nigeria, desde el comienzo España salió decidida a matar el choque por la vía rápida y así, tras un primer cuarto de hora en el que se sucedieron no menos de 4 claras ocasiones (incluyendo un remate al larguero de Sergio García), Juanfran aprovechó un gran centro de Gavilán para, de cabeza, colocar suavemente el balón lejos del alcance del meta africano. Inesperadamente, tras el gol el partido se apagó y los minutos fueron pasando sin más sobresaltos que los proporcionados por las duras entradas de los jugadores de Mali. Tras el descanso el panorama no cambió, con España manejando el balón y viendo como Sergio García desaprovechaba uno tras otro los geniales pases de Andrés Iniesta. Mali apenas inquietó con un par de remates que Riesgo salvó con aplomo, hasta que en el minuto 75 el recién incorporado Jorge Pina fue derribado en el área africana. Sergio García acertó con el lanzamiento, aunque tuvo que repetir por la entrada de varios compañeros en el área antes del golpeo. El segundo intento fue por el mismo sitio y aunque el meta malí adivinó la trayectoria no pudo evitar que, esta vez sí, el gol subiera al marcador. El partido estaba visto para sentencia y tan sólo quedaba jugar a adivinar qué jugador de Mali sería el primero en ser expulsado. Este dudoso honor recayó en Moussa Bagayoko, que en el minuto 79 dejó a los suyos en inferioridad numérica, el único aspecto en el que todavía no estaban siendo superados por España.




1-0

España saltó al campo del estadio de Sharjah sabiendo que el empate ante Uzbekistán le servía para pasar a octavos como segunda de grupo, después de que en el partido previo Argentina derrotara a Mali por 3-1. Pero Ufarte no quería relajación y optó por sacar de inicio al mismo once que tan bien había jugado contra los africanos, ya que se enfrentaba a un equipo semidesconocido y virtualmente eliminado pero que hasta ese momento sólo había perdido sus partidos en el tiempo de prolongación. Y el comienzo no fue sencillo, ya que los primeros acercamientos con peligro fueron de Uzbekistán, pero en cuanto apareció Iniesta el panorama se aclaró. En el minuto 15, el albaceteño recibió el balón en el círculo central, se fue por velocidad de su par, encaró al central en la frontal y, tras quebrarle, lanzó con el interior de su pie derecho un balón a media altura que se coló pegado al palo izquierdo de la meta uzbeka. Un auténtico golazo que servía para encarrilar el partido y para certificar la tremenda calidad que atesoraba el centrocampista azulgrana, sin duda uno de los jugadores más destacados de toda la primera fase y el principal referente de la selección. Después de unos minutos en los que España pudo ampliar diferencias, ocurrió algo parecido al día de Mali: viéndose superior, el equipo se limitó a dejar correr el tiempo, aunque esta vez con la excusa de saberse ya clasificados, y sólo las incansables carreras de un Sergio García demasiado aislado rompían la monotonía del encuentro. La segunda parte siguió por el mismo camino, con España prácticamente renunciando al ataque aunque llegando casi por inercia. En una de las pocas jugadas brillantes de la noche, nuevamente Iniesta estuvo a punto de marcar, pero su vaselina salió ligeramente elevada. Luego Uzbekistán nos metió el miedo en el cuerpo con un par de ocasiones que Riesgo solventó sin complicarse, a lo que Iniesta respondió con un lanzamiento de falta que volvió a salir lamiendo el poste. Poco después Ufarte decidió dar descanso al de Fuentealbilla y con él se fue el juego de España, que estuvo a punto de ver como Uzbekistán lograba el empate con un trallazo en el descuento que salió desviado por poco. Pero estaba visto que esos minutos no eran favorables a los asiáticos y España concluyó la primera fase con el objetivo cumplido y la sensación de que el equipo tenía posibilidades de seguir avanzando pero sólo si estaba dispuesto a dar siempre el 100%. A eso y a dejarse guiar por Iniesta, evidentemente.






La primera fase acabó con una nueva decepción para alemanes e ingleses, que se volvían a casa superados por rivales teóricamente inferiores como Egipto o Corea del Sur. En octavos se colaron equipos sin demasiada tradición como Australia, Burkina Faso, Canadá o los anfitriones Emiratos Árabes Unidos. Por lo visto hasta el momento, al grupo de favoritos había que unir a Colombia, una de las selecciones que mejor juego habían desplegado, a Eslovaquia o incluso a Estados Unidos, que también habían tenido momentos de buen fútbol. Al contrario que Argentina, que había pasado con pleno de victorias y dando sensación de ser un equipo hecho y muy compensado, otro eterno candidato al título, Brasil, parecía que todavía no le había cogido el ritmo al torneo (sólo 4 puntos merced a una victoria frente a Canadá y un empate con la República Checa, además de una histórica derrota frente a Australia). En octavos también estarían la constante Irlanda, la alegre Japón, la potente Costa de Marfil o la rocosa Paraguay, a la postre nuestro rival en octavos. En cuanto a los nombres destacados, Iniesta ocupaba un lugar preeminente en todas las listas, pero también habían brillado Eddie Jhonson y Bobby Convey (EE.UU.), Daniel Carvalho y Dani Alves (Brasil), Nelson Valdez (Paraguay), Víctor Montaño y Edixon Perea (Colombia), Arouna Koné (Costa de Marfil), Ismail Matar (E.A.U.) o Marek Cech (Eslovaquia).