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lunes, 9 de noviembre de 2009

Cuartos de Final: España - Uruguay


3-3
(4-2)

El sueño sigue en pie. España ha derrotado a una correosa Uruguay y se planta en semifinales del Mundial sub'17 de Nigeria tras una nueva exhibición de juego y pundonor. En un partido marcado nuevamente por el sofocante calor y por el irregular estado del césped de Kaduna, Ginés Meléndez repitió el once inicial del partido de octavos y como era de esperar el duelo arrancó con un abrumador dominio hispano. Sarabia protagonizó un par de internadas peligrosas por la izquierda, aunque sin obtener resultado, y Muniain también lo intentó por su zona. Pero a los 10 minutos, cuando parecía que se acercaba el gol español, el uruguayo Adrián Luna adelantó a los charrúas al transformar un libre directo que tropezó en la barrera y despistó a Edgar. España acusó el golpe y durante unos minutos estuvo perdida sobre el campo, pero una acción aislada de Sarabia le devolvió a la vida. Sarraute derribó al madridista dentro del área e Isco transformó la consiguiente pena máxima. Era el minuto 17 y parecía que las cosas volvían a su cauce. Casi en la jugada siguiente el valencianista volvió a probar al meta uruguayo, y unos minutos después Sarabia, que continuaba con su exhibición, sirvió un balón que nadie acertó a rematar. Uruguay apenas inquietaba y el segundo gol se intuía próximo,  y estuvo a punto de llegar en un cabezazo al palo de Isco tras la enésima internada de Sarabia, con diferencia el mejor del partido. Al minuto siguiente el partido pareció ponerse definitivamente de cara para los nuestros. Sarabia volvía a ser objeto de penalti, forzaba la segunda amarilla para Sarraute y Sergio Roberto tenía la oportunidad de certificar la remontada, pero su flojo lanzamiento.era detenido por Ichazo y se perdía la ocasión. Era el minuto 31. Uruguay recompuso sus filas con la entrada de Avilés por el punta Brugman y España, confiada por su superioridad numérica y acusando también el desgaste físico, se tomó un respiro que casi aprovecha Barreto para adelantar a los suyos. Sarabia seguía intentándolo pero el juego ya no era igual de fluído que al comienzo del partido, y cuando parecía que llegaríamos al descanso sin más novedad Muniesa se confió en un cruce y acabó arrollando aparatosamente a Luna. El colegiado Carlos Batres no lo dudó y expulsó al central del Barça, igualando numéricamente a los contendientes.

Meléndez se vio obligado a reestructurar a su equipo en el descanso, dando entrada a Jordi Amat por Sergio Roberto. España salió dispuesta a seguir mandando y a los dos minutos Sarabia, que estaba en la banda derecha tras sacar una falta, demostró que no entiende de perfiles malos y desbordó también al lateral de aquella zona, internándose en el área y sirviendo un balón de gol a Borja que el delantero atlético no desaprovechó. Tres minutos después, una rápida acción de Dalmau nos descubrió a Borja encarando nuevamente al meta uruguayo y batiéndole de tiro cruzado. La selección charrúa estuvo noqueada diez minutos, en los que España se limitó a dejar correr el reloj mientras su rival continuaba esperando en su campo, como si no fuera consciente de la igualdad numérica y de que el tiempo se agotaba. Pero una nueva ocasión de Borja despertó a Uruguay, que pasado el minuto 60 comenzó a estirarse. El entrenador español retiró a un Muniaín que fue de más a menos para reforzar el centro del campo con Edu Ramos, y el partido se enmarañó en un cúmulo de imprecisiones y posesiones cortas que desembocó en el segundo gol uruguayo, un balón largo que la defensa hispana no supo resolver y que el recién ingresado Mezquida desvió ante la salida de EdgarSergi Gómez llegó a sacar el balón sobre la línea pero el árbitro guatemalteco no tuvo dudas y concedió un injusto gol que hizo creer a los sudamericanos en sus posibilidades. Ambos equipos jugaban a ráfagas, durante un par de minutos el acoso uruguayo era intenso y luego España parecía querer dormir el encuentro con al balón en los pies, hasta que a falta de cinco minutos Gallegos, jugador del Atlético de Madrid, culminó una gran acción individual de Barreto y colocó el empate a tres en el electrónico. Meléndez arengó a sus pupilos en el improvisado tiempo muerto que se produjo tras el gol pero Uruguay ya era claro dominador del choque y los últimos minutos fueron para la celeste, aunque tampoco tenían mucho más fuelle que España y sólo crearon una ocasión clara, en la que Edgar sacó una mano prodigiosa a un gran disparo de Laureiro. Las malas noticias caían una detrás de otra ya que luego Edu Ramos tuvo que retirarse lesionado en una rodilla, siendo reemplazado por Kamal. Lo único positivo fue que la interrupción acercó el final de los 90 minutos.

Finalizaba el tiempo reglamentario con empate en el marcador y empezaba una agónica prórroga en la que España quiso comenzar mandando, como de costumbre, pero se encontró con una clara oportunidad a la contra de Uruguay que Mezquida envió al palo. Ahí desapareció el ataque charrúa. La siguiente fue para España, en una internada de Sarabia que no acertó a culminar tras una serie de rebotes, y luego la tuvo Jordi Amat, pero su remate a centro de Isco no encontró portería. Ya cerca del intermedio, Borja disparó alto. Si alguien merecía el gol era sin duda España, y la tónica continuó en la segunda parte. A la salida de otra falta botada por Isco, Amat tuvo un doble remate que acabaron conjurando entre Ichazo y dos defensas. Faltando cinco minutos Borja tuvo dos buenas oportunidades, pero primero no llegó a un centro de Sarabia y luego un defensa taponó su remate cuando ya cantábamos el gol. Nos acercábamos inexorablemente a los penaltis y nadie, ni Sarabia ni Polenta, que tuvieron las últimas ocasiones, pudo evitarlo. Con los jugadores extenuados llegó la hora de los lanzamientos desde los once metros. Sergi Gómez transformó el primero, y Gallegos respondió. Borja marcó el segundo y Barreto mantuvo la igualada. El tercero lo convirtió Aurtenetxe y esta vez Uruguay falló por medio de Laureiro. En la cuarta ronda llegaron los nervios: Sarabia falló pero Edgar hizo su trabajo y también detuvo el disparo de Mezquida. El pase estaba en las botas de Isco y al malagueño no le tembló el pulso. Su gol vale unas semifinales. Si hay alguien que todavía no crea en los caprichos del destino, que empiece a hacerlo. Yo ya lo hago. Porque no puede ser casualidad que diez años después una selección española se haya metido en semifinales de un Mundial que se celebra en Nigeria tras un partido épico y una emocionante tanda de penaltis. No puede ser casualidad que en ambos torneos se haya comenzado con una victoria inesperada, entonces ante la todopoderosa Brasil de Ronaldinho y esta vez estando con diez jugadores y un gol en contra desde los primeros minutos. Tampoco puede ser casual que en ambos torneos los favoritos se hayan ido quedando fuera antes de tiempo, ni que el último escollo antes de la final vaya a ser otra selección africana, con la que además en este caso tendríamos la revancha de la final del último Mundial de la categoría. Son demasiadas casualidades. Estamos ante el fiel reflejo de lo que ocurrió hace diez años en el Mundial sub'20, y si alguien tiene algo en contra de esta teoría por favor que no lo diga, yo quiero seguir creyendo. España ha vuelto, y esperemos que para quedarse.

TODO sobre el partido en FIFA.com

sábado, 23 de mayo de 2009

Sidney 2000: El camino a la Final

0-1

En la mejor ronda posible, y ante el mejor rival posible, España presentó oficialmente su candidatura al Oro Olímpico en un duro choque en el que los de Sáez sacaron el espíritu guerrero que necesita todo equipo campeón. Y más si enfrente está Italia, considerada en aquel momento como la mejor selección sub'23 del Mundo después de más de dos años sin encajar una derrota y con jugadores de la talla de Christian Abbiati, Gennaro Gattuso, Nicola Ventola, Cristiano Zanetti, Massimo Ambrosini y, por encima de todos ellos, el genial Andrea Pirlo. Bajo las órdenes del mítico Marco Tardelli, Italia se había encargado de proclamar a los cuatro vientos su intención de colgarse el Oro. No hacerlo sólo podría considerarse un fracaso, decían antes de comenzar el partido. Al acabar, sus declaraciones habían tomado otro cariz: "España debe estar en la final", dijo Tardelli. Con la novedad de Puyol por Capdevila en defensa y la suplencia de Gabri, España saltó al césped del Sidney Soccer Stadium sabedora de que aquel no era día para florituras. Albelda y Marchena se encargaron de secar a Pirlo y de paso descabezar el ataque italiano, encomendado entonces al acierto del cazagoles Ventola. Por el lado transalpino, Gattuso y Ambrosini se centraron en parar a Xavi, aunque sin tanto éxito. Con los dos cerebros encerrados casi bajo llave, tener una ocasión de gol era ya todo un triunfo. La batalla táctica estaba planteada en el centro del campo y sólo faltaba que algún héroe apareciera para perforar la meta rival. Pudo ser Tamudo pero se entretuvo demasiado, pudo ser Ventola pero Aranzubia le ganó la partida, pudo ser Angulo pero el colegiado brasileño decidió desentenderse de lo que ocurría en las áreas. Y cuando el 0-0 parecía abocarnos a una dramática prórroga, apareció Gabri, que había sustituído a Tamudo en el minuto 70, para cruzar un balón magistral de Xavi y marcar el tanto de la victoria. Era el minuto 86, y otra vez el espíritu incansable de los jóvenes españoles daba sus frutos en el mismo momento en el que a los mayores siempre se les venía el mundo encima. Definitivamente algo estaba cambiando.

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
También: Crónica del diario El Mundo (por Alejandro Delmás)




Pero no sólo Italia tuvo que hacer las maletas antes de lo esperado. Los cuartos de final también fueron la tumba para otros favoritos y demostraron quiénes eran realmente los candidatos al título. Así, Brasil fue eliminado por Camerún con un gol de oro de Modeste Mbami. Los cameruneses se habían adelantado pronto con un gol de falta de Patrick Mboma pero Brasil aprovechó uno de los muchos errores defensivos africanos para empatar ya en el descuento por medio de Ronaldinho. Para entonces Camerún se encontraba con 9 jugadores y la prórroga parecía que iba a ser un paseo para la canarinha, pero la fuerza y convicción demostrada por los cameruneses tuvo su recompensa y lograron el pase a semifinales. También cayó la defensora del título, Nigeria, que apenas pudo oponer resistencia al vendaval chileno y fue claramente derrotada por 4-1 con otra gran actuación de Zamorano y Navia. Chile era ya el máximo candidato al Oro después de sus exhibiciones ofensivas, aunque primero debería superar el duro escollo camerunés. Y el partido entre las dos cenicientas de los cuartos cayó del lado estadounidense en la tanda de penaltis después de que se llegara con empate a 2 al final del tiempo extra. Estados Unidos había ido siempre a remolque de Japón, que se había adelantado dos veces en el marcador con goles de Yanagisawa y Takahara, pero Josh Wolff primero y Peter Vagenas después, transformando una pena máxima en el descuento, llevaron el choque a una prórroga en la que nadie acertó a marcar. En los lanzamientos desde los once metros, el error del jugador de la Roma Hidetoshi Nakata fue decisivo y los norteamericanos se convirtieron así en el último obstáculo para los de Sáez antes de la final.



3-1

Una semifinal siempre es una semifinal, pero la abismal diferencia futbolística existente entre España y Estados Unidos no dejaba lugar a dudas: España debía pasar al partido por el Oro. Convencidos de ello, los chicos de Sáez saltaron al campo decididos a hacer lo que mejor sabían, ganar desde el minuto 1, y con el mismo once que había derrotado a Italia 3 días antes pasaron por encima de los estadounidenses como nos tenían acostumbrados, con una salida arrolladora. A los 16 minutos Tamudo inauguró el marcador al rematar una buena jugada de Jose Mari, sin duda el mejor hombre del partido, y a los 24 fue Angulo quien batió por segunda vez a Brad Friedel culminando otra acción del sevillano. El delantero del Milan era una auténtica pesadilla para la defensa norteamericana que, pese a contar en esa línea con sus 3 jugadores mayores de 23 años (Friedel, Frankie Hejduk y Jeff Agoos), era incapaz de controlar los inteligentes movimientos del ataque español, perfectamente coordinado. El seleccionador de Estados Unidos movió ficha rápidamente dando entrada en el minuto 39 a Landon Donovan y Sacha Victorine para potenciar su ataque, y a base de garra logró recortar distancias antes del descanso gracias a Peter Vagenas, que transformó un penalti cometido sobre Hejduk. Durante varios minutos de la segunda parte nos vinieron a la cabeza los nervios que los sub'20 nos habían hecho pasar el año anterior contra el mismo rival, pero esta vez la zaga española controló mejor la situación y pese a enfrentarse a 3 delanteros natos (Wolff, Casey y Donovan) las mejores oportunidades fueron para España, que en una de sus peligrosas contras acertó a sentenciar. Jose Mari aprovechó un error de Friedel y culminó su mejor actuación en el torneo con el gol que certificaba el pase a la final y aseguraba el tercer metal olímpico para el fútbol español. Para "desgracia" de los futbolistas españoles (y alivio de los seguidores, por qué no decirlo), en la final no se produciría la esperada revancha contra Chile. Pese a haber sido claramente inferior al cuadro chileno, en un dramático final de partido Camerún se repuso a un gol de Abanda en propia puerta a falta de poco más de diez minutos y consiguió dar la vuelta al marcador gracias al tanto del veterano Mboma y a un más que dudoso penalti transformado por Lauren en el minuto 89. La final estaba servida, la gloria esperaba en la hierba del Estadio Olímpico.

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
También: Crónica del diario El Mundo (por Alejandro Delmás)

lunes, 20 de abril de 2009

Cuartos del final: el Mundial más mundial

Después del día 18 sólo quedaron cuatro equipos en liza y, al igual que ocurriera en los Mundiales de Arabia Saudí'89 y Australia'93, cada uno representaba a un continente. La palabra Mundial cobraba su máxima expresión. Cuatro equipos, cuatro países, cuatro continentes, cuatro maneras de entender el fútbol y una sóla meta: alzarse con el triunfo. Dominar el mundo. Aunque en honor a la verdad hay que decir que las cuatro selecciones compartían no solo el objetivo, sino también un mismo plan para alcanzarlo: el fútbol de ataque. Porque el primer mundial africano premió a los equipos sin miedo, a los equipos que buscaban siempre la portería rival sabedores de que gana el que mete más goles, y de que es más fácil ganar cuando se juega con el objetivo de marcar muchos tantos.

Tampoco sería justo encumbrar sólo a los cuatro semifinalistas. En el camino se quedaron otras selecciones con la misma apuesta atrevida, como Brasil, que ante Uruguay pagó caro el mal día de sus jugadores ofensivos a la hora de rematar las jugadas. Tras un comienzo igualado, los brasileños se adueñaron del balón y empezaron a rondar con peligro la portería de Fabián Carini hasta que poco antes de la media hora Fernando Baiano acertó a batir al meta charrúa. Pero los uruguayos tiraron de casta y empataron justo antes del descanso gracias a un zapatazo de Jorge Anchen, e incluso pudieron irse al vestuario con ventaja si Diego Forlán no hubiera marrado una clarísima ocasión. En la segunda parte Brasil siguió mandando pero no materializó sus oportunidades, algunas de manera casi inverosímil. También Uruguay tuvo ocasiones, y de hecho ambos equipos estrellaron sendos balones contra los postes por medio de Ronaldinho y Forlán. No parecía el día de los delanteros, así que tuvo que ser el lateral César Eduardo Pellegrín, subcampeón en Malasia'97 (y que en Nigeria batiría el récord de apariciones en un Mundial juvenil con 14 partidos, marca que todavía no ha sido igualada) quien, a falta de 5 minutos para el 90, se internó en el área carioca y fue derribado. Néstor Fabián Cannobio no desaprovechó el penalti y sentenció a Brasil. Su eliminación no podía calificarse de sorprendente, pero desde luego era una gran decepción que sumar a la de Malasia, donde también había caído en cuartos. Por su parte, Uruguay volvía a plantarse en semifinales y evidentemente el seleccionador Victor Púa no quería volver a dejar pasar la oportunidad de alzarse con el título.

En la penúltima ronda los uruguayos se las verían con la cada vez más sorprendente (o menos, según se mire) selección de Japón, a la que le habían bastado 25 minutos para doblegar a México. Los aztecas acusaron la baja de su capitán Rafa Márquez y no supieron reaccionar ante el tempranero gol nipón, logrado por Motoyama a los 2 minutos, así que los asiáticos siguieron mandando y Shinji Ono amplió la renta. La sorpresa iba tomando cuerpo, los mexicanos no encontraban el juego que les había servido para aplastar a Argentina y el partido se les fue escapando sin que lograran siquiera recortar distancias. Japón se metía en semifinales por primera vez en su historia y se convertía en el equipo preferido de los aficionados neutrales. La posibilidad de que el país del Sol Naciente ganara un Mundial de fútbol ya no existía sólo en los dibujos animados.

Los pronósticos también saltaron por los aires en el partido entre Mali y Nigeria. Los anfitriones, pese a todos los problemas internos que arrastraban (el seleccionador cesado y Haruna Babangida apartado del equipo por negarse a lanzar un penalti) debían ganar a Mali con autoridad. O al menos eso esperaban sus seguidores, y quizá la presión fue demasiado grande para los anfitriones. La presión y también el rival, que con un juego atractivo se encargó de desnudar las miserias nigerianas desde el minuto 1, cuando Mamadou Bagayoko batió por primera vez el marco local. Pese a que Nigeria logró la igualada momentánea por medio de Hashimu Barga, el tanto de Mamadou Diarra esta vez un minuto antes del descanso fue una losa ya imposible de levantar. En la segunda parte Mali se dedicó a contener el empuje sin ideas de los nigerianos y a dejar que Seydou Keita, cuya imponente figura crecía en cada partido, lanzara a sus compañeros al contragolpe. Finalmente, otra vez Bagayoko puso la puntilla a los anfitriones y certificó el pase a semifinales de la que al principio era la cuarta selección africana pero que se había quedado como la única con opciones de evitar que el título volara lejos del continente organizador. Y el primer equipo al que deberían batir para conseguirlo sería España.

sábado, 18 de abril de 2009

España - Ghana: Iker se luce en el apagón

1-1
(8-7)

Puede que no sea el mejor portero del mundo (o tal vez sí) pero lo que está fuera de toda duda es que Iker Casillas tiene un don: el de aparecer siempre en los momentos decisivos. Como en aquella final de un Europeo sub'16 cuando sólo tenía 15 años. Como en esa apretada final de Champions League que decidió con 3 paradas antólogicas después de entrar en frío a falta de 10 minutos. Como esa noche del pasado junio en Viena ante el ogro italiano que siempre convertía nuestros sueños en amargas pesadillas. O como todas esas veces que ha salvado a su equipo de un gol cantado. O, por supuesto, como aquella noche en Kaduna, Nigeria. Porque esa noche Iker hizo su presentación ante el mundo, aunque el mundo se lo perdiera por culpa de los elementos.

Pero vayamos por partes. En una decisión sorprendente, Iñaki Sáez le dio la alternativa al segundo portero de la selección. Luego se revelaría poco menos que la acción de un visionario, pero cuando los dos equipos saltaron al césped del estadio de Kaduna debemos reconocer que aquel portero con más cara de niño aún que sus compañeros (y no digamos que sus contrincantes ghaneses), más bien bajito y en manga corta no despertaba muchas confianzas entre los aficionados, pese a su buena actuación ante Honduras y al buen currículum que ya atesoraba el canterano del Real Madrid. Delante de él, el equipo ya de sobra concido por todos, y enfrente una de las selecciones más temibles en categorías inferiores, Ghana. Precisamente Ghana había apartado a Iker y a Xavi de la final del Mundial sub'17 de Egipto dos años antes, por lo que para ellos era una oportunidad única de tomarse la revancha. El primer tiempo fue muy disputado, con dominio inicial español, aunque el respeto que parecían tenerse ambas selecciones y la fortaleza que exhibían en defensa hacía que las jugadas pocas veces acabaran en las áreas. En una de esas escasas oportunidades, Gabri mandó un cabezazo al poste ghanés, poco antes de que los focos dijeran basta: al filo del descanso se produjo un apagón que mantuvo el juego detenido durante más de 5 minutos, el tiempo necesario para dejar que las bombillas se enfriaran y pudieran volver a coger potencia. El parón resumió lo que estaba siendo el partido, una lucha sin brillo.

Pero al igual que el apagón sirvió para que los focos volvieran a lucir con intensidad, el descanso sirvió a los jugadores para recobrar toda su energía, y la segunda parte fue otra cosa. Nuevamente España salió con más decisión y metió a los africanos en su área, y fruto de esa presión llegó el penalti sobre Barkero que él mismo transformó cuando sólo se llevaban 9 minutos de la reanudación. Entonces el dominio pasó a ser de Ghana, que aprovechó el repliegue español para rondar con peligro la meta de Casillas. España intentaba sentenciar al contragolpe, pero el gol ghanés se veía más cercano. Iker y Jusué salvaron 3 claras ocasiones, pero el esfuerzo de los jóvenes africanos tuvo un merecido premio en el momento más doloroso para el rival: en el tiempo de descuento, una falta lanzada por Ofori Quaye rebotó en una maraña de jugadores y se coló en la puerta española. El partido se iba a una prórroga que era justa dados los merecimientos de unos y otros pero que parecía un duro castigo para los españoles.

El impacto emocional del empate y el poderío físico africano parecía colocar a Ghana como favorita para un tiempo extra que en España apenas pudimos ver. Si en el primer tiempo los focos habían obligado a parar el juego, durante el resto del partido el apagón fue de imágenes, ya que se produjeron constantes cortes en la señal de TVE. Sólo la voz de Paco Grande, durante tantos años acompañante de las selecciones inferiores, nos mantenía informados del desarrollo de una prórroga en la que el temor al gol de oro y el cansancio acumulado convertían cada jugada en un susto, acentuado además por la ceguera temporal que sufríamos los televidentes. España se manejó mejor en el océano de nervios y contra lo que nos temíamos controló relativamente bien el juego, se defendió con el balón, provocó la expulsión de un contrario e incluso tuvo alguna oportunidad para llevarse el choque. Sin embargo, la media hora suplementaria pasó sin que nadie acertara a batir la meta rival y se llegó a los lanzamientos desde el punto fatídico.

Por aquel entonces, una tanda de penaltis en un partido de cuartos de final con una selección española implicada sólo tenía un resultado posible: una nueva decepción para los aficionados. Pero las mangas recortadas de Iker Casillas eran un símbolo de cambio. Estos juveniles demostraron no tener fantasmas en la cabeza, y la diosa Fortuna supo valorar esa nueva mentalidad. La tanda comenzó con los lanzadores mostrando una seguridad aplastante, y la tensión iba en aumento, acelerada por nuevos fallos en la señal que hicieron que nos perdiéramos algún penalti. Gabri falló el cuarto lanzamiento español, dando ventaja a Ghana que se puso 4-3 antes de la última ronda. Jusué lanzó el quinto con maestría y obligó al capitán ghanés, Hamza Mohammed, a marcar. La figura de Iker, que ya había estado cerca de parar algún lanzamiento, se agrandó, y el ghanés ajustó tanto su disparo que lo estrelló en el larguero. España había salvado el primer match-ball, pero sólo había forzado la muerte súbita. Como al comienzo de la tanda, ambos equipos lanzaron 3 nuevos penaltis sin fallo. Otra vez sin señal, los espectadores nos enteramos de que Varela también había transformado el cuarto. Como en los viejos tiempos, cuando los aficionados se reunían en torno a un aparato de radio para seguir el desarrollo de los partidos, todos nos acercamos inconscientemente a la tele mientras Paco Grande anunciaba que el defensa George Blay se disponía a lanzar. Con los puños apretados, todos contuvimos la respiración durante las décimas de segundo que tardó en llegarnos la confirmación de aquello para lo que estábamos rezando: Casillas atajó el flojo disparo del ghanés y comenzó a inscribir su nombre en el santoral deportivo español. No lo habíamos visto, pero España estaba en semifinales gracias al portero de la camiseta de manga corta, el benjamín de la convocatoria, un chaval de diecisiete años que había mostrado una madurez y un temple impropios de su edad. Aquella accidentada tarde marcada por los apagones seguramente creció un par de centímetros. No tardaríamos mucho en descubrir que había nacido un verdadero gigante.




Ficha del Partido:
Partido correspondiente a los cuartos de final, disputado en el Estadio Amadu (Kaduna). 18.000 espectadores.
ESPAÑA 1 (8): Casillas (GK); Coira (-106, Alex), Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz (C), Xavi, Varela, Barkero (-64, Rubén), Gabri, Pablo (-86, Yeste)
GHANA 1 (7): Adjei (GK); Blay, Amuzu, Issah (-73, Abdul), Hamza (C); Abdulai (-66, Gyan), Appiah, Razak, Ansah; Afriyie (-55, Adu), Ofori-Quaye
Goles: 1-0 Barkero (ESP, min. 54) (p), 1-1 Ofori Quaye (GHA, min. 90)
Tanda Penaltis*: 1-0 Xavi (ESP, gol), 1-1 Ansah (GHA, gol), 2-1 Alex (ESP, gol), 2-2 Razak (GHA, gol), 3-2 Yeste (ESP, gol), 3-3 Appiah (GHA, gol), 3-3 Gabri (ESP, para Adjei), 3-4 Amuzu (GHA, gol), 4-4 Jusué (ESP, gol), 4-4 Hamza (GHA, falla). 5-4 Bermudo (ESP, gol), 5-5 Gyan (GHA, gol). 6-5 Marchena (ESP, gol), 6-6 Abdul (GHA, gol). 7-6 Orbaiz (ESP, gol), 7-7 Ofori Quaye (GHA, gol). 8-7 Varela (ESP, gol), 8-7 Blay (GHA, para Casillas)
Arbitro: William Mattus (CRC)
Tarjetas: Issah (GHA, min. 38), Coira (ESP, min. 62), Hamza (GHA, min. 70), Varela (ESP, min. 76), Rubén (ESP, min. 80), Gabri (ESP, min. 91), Gyan (GHA, min. 92), Appiah (GHA, min. 93), Orbaiz (ESP, min. 97), Ofori Quaye (GHA, min. 99), Xavi (ESP, min. 117). Expulsado Adu (GHA, min. 104) por roja directa.


*Datos sobre la tanda de penaltis obtenidos del diario El Mundo Deportivo del 19 de abril de 1999



Ficha Oficial disponible en FIFA.com
Crónica del diario El País (por Óscar Sanz)