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viernes, 4 de diciembre de 2009

La ¿maldición? de Cobi

El otro día se quedó pendiente un repaso a la carrera de nuestros campeones olímpicos en Barcelona'92, especialmente a las circunstancias especiales que rodearon casi todas sus retiradas. Porque la mayoría disfrutaron de unas carreras relativamente brillantes, alcanzando en muchos casos la selección absoluta, participando en Mundiales y Eurocopas y logrando varios títulos con sus respectivos equipos, pero también casi todos se vieron envueltos en lesiones y polémicas a la hora del adiós, muchas veces más temprano de lo normal para un futbolista profesional. Seguramente no sean más que un cúmulo de casualidades, pero no deja de ser curioso echar un vistazo y ver que del once titular de la final prácticamente nadie se salva de lo que la gente no tardó en llamar "la maldición de Cobi".

Toni Jiménez había completado un torneo olímpico memorable. Se había hecho con el puesto adelantando a un Cañizares que se perfilaba como titular antes del campeonato, y consiguió llegar a la final sin recibir ni un solo gol. Aquel año había estado cedido por el Barça en el Figueres, con el que se quedó a un paso de ascender a Primera. Tras los Juegos estuvo a punto de firmar por el Zaragoza pero a última hora prefirió la oferta del Rayo Vallecano, con el que debutó en la máxima categoría de la mano de Jose Antonio Camacho. Con el técnico murciano viajó después al Espanyol, al que devolvió a Primera, asentándose rápidamente como uno de los mejores guardametas de la categoría (llegó incluso a debutar con la absoluta, con Camacho, cómo no), hasta que en 1999 fichó por el Atlético para conformar una portería de auténtico lujo junto a Molina. Pero todo se torció. Suplencia, descenso y un error garrafal en la final de Copa ante su ex-equipo le marcaron y desde entonces la inseguridad y los errores fueron sus acompañantes. Pese a regresar al club perico en 2003, la temporada siguiente se retiró con 34 años, una edad no excesivamente elevada para un guardameta.

Juanma López era uno de los defensas más temidos por los delanteros de la Liga a principios de los 90. Fuerte y expeditivo, su juego al límite le ocasionó más de un disgusto en forma de expulsión y pronto se le colgó la etiqueta de leñero, aunque en su defensa alegaremos que en su historial no consta ningún lesionado. Tras ganar el doblete con su Atleti, su carrera se truncó en 1997 con una grave lesión de rodilla de la que recayó en varias ocasiones (una incluso por culpa de un accidente doméstico) y que acabó obligándole a retirarse en 2001.

Abelardo ya había debutado con la selección absoluta en uno de los primeros partidos de Miera y era uno de los defensas con más proyección del país. Su crecimiento le llevó al Barça en 1994, donde fue pieza indiscutible en el equipo hasta que las lesiones comenzaron a acosarle. Problemas musculares y de rodilla le llevaron a decir adiós a los terrenos de juego en 2003, cuando militaba en el Alavés. Actualmente entrena al filial de su Sporting y hace sus pinitos como comentarista televisivo.

Roberto Solozábal fue el primero de los titulares en caer. Capitán de la selección y símbolo de la cantera rojiblanca hasta su salida del club de Manzanares en 1997, Solozábal destacaba por su buena planta, colocación, inteligencia táctica y un aseado manejo de balón, pero acabó siendo víctima de dos de los propietarios más peculiares del fútbol español, Jesús Gil y Manuel Ruiz de Lopera. Tras el doblete atlético de 1996 y la decepción de la Champions League la temporada siguiente, el capitán colchonero fue puesto en la lista de transferibles en una de esas extrañas decisiones de Gil y recaló en el Betis, donde terminó todavía peor: apartado del equipo y en los tribunales, que además acabarían dando la razón al club hispalense. Era la temporada 1999-2000, y aquel mismo verano Solozábal decidió colgar las botas y dedicarse a sus negocios.

Mikel Lasa probablemente sea el titular que menos padeció por la supuesta maldición. Lasa fue un carrilero zurdo criado en la Real Sociedad y que durante 6 temporadas recorrería la banda del Bernabéu, aunque perdiendo importancia en el equipo año a año. En 1997 la llegada de Capello (y sobre todo la de Roberto Carlos) le obligó a hacer las maletas con rumbo al Athletic, donde alcanzaría el subcampeonato liguero en la mejor temporada del club bilbaíno en los últimos años, pero tampoco pudo hacerse un hueco en el equipo y acabó fichando por el Real Murcia, donde permaneció dos años y consiguió un ascenso. Luego firmaría por el Ciudad de Murcia, también en Segunda, y en 2004 pondría fin a su carrera, con 33 años.

Albert Ferrer puso fin a sus correrías por la banda derecha en 2003, al finalizar su contrato con el Chelsea, al que llegó en 1998 como uno de los efectos colaterales del aterrizaje de Louis Van Gaal en Can Barça. Quizá el tener que dejar su club de toda la vida fuera el único efecto de la maldición, porque en Londres brilló varios años, llegando a ser considerado uno de los mejores extranjeros de la Premier, hasta que la edad y la llegada de jóvenes valores le condenaron al banquillo y luego a la retirada, cuando contaba con 33 primaveras.

Luis Enrique, uno de los muchos canteranos del Sporting presentes en los Juegos, ya pertenecía entonces al Real Madrid y acabaría fichando por el eterno rival de los blancos en 1996, tras una salida no demasiado amistosa de la Casa Blanca. Futbolista de raza y tremendamente polivalente, en el Barça disfrutó de sus mejores años como profesional hasta que el club entró en barrena a comienzos de siglo. Señalado indirectamente como uno de los responsables del mal momento del equipo, decidió retirarse en 2004 y durante un tiempo se instaló en Australia, entregado a su otra pasión: el atletismo. Participó en varios maratones y pruebas de triatlón hasta que el año pasado fue reclutado por el Barça para sustituir a Guardiola como técnico del filial blaugrana.

Pep Guardiola disfruta nuevamente de las mieles del éxito como entrenador, pero su última etapa como futbolista al máximo nivel no fue demasiado positiva. Tras ser y ganar todo en el Barça, en 2001 Guardiola anunció su marcha al fútbol italiano, negando que la mala marcha del equipo esa temporada tuviera algo que ver en su decisión. Simplemente quería probar otro fútbol mientras todavía estuviera a un nivel aceptable, pero no tuvo demasiadas ocasiones. Jugando en el Brescia, Pep dio positivo por nandrolona en un control antidopaje en el mes de noviembre y se pasó cuatro meses sancionado, perdiendo las opciones de acudir al Mundial de 2002 y protagonizando un largo proceso judicial del que todavía no hace mucho que quedó absuelto. El escándalo, que de cuando en cuando amaga con volver a la primera plana, no afectó a su fichaje por la Roma, pero en la Ciudad Eterna Capello no cuenta con él y acaba volviendo al Brescia. Luego Guardiola inició una exótica aventura en el Al Ahly de Qatar y, después de un año retirado, acudió a la llamada de su amigo Lillo para disputar el Clausura mexicano de 2006 con los Dorados de Culiacán. Entre medias completó el curso de entrenador, y tras anunciar su retirada definitiva a finales de 2006, la temporada siguiente asumió el mando del Barça B con las miras de todos puestas en su futuro con el primer equipo. El resto es historia.

Rafael Berges también ha probado suerte como entrenador, aunque sin tanto éxito. Berges era un lateral y centrocampista zurdo que tras pasar por el Tenerife desarrollaría casi toda su carrera en el Celta, siempre acosado por las molestias físicas, y al que una grave lesión obligaría a colgar las botas definitivamente en 2002 cuando ya había regresado a su Córdoba natal.

Alfonso Pérez Muñoz también tuvo que lidiar con multitud de problemas físicos. Durante varios años estuvo considerado el sucesor de Butragueño hasta que un pipiolo de nombre Raúl le adelantó por la derecha. El de Getafe tuvo que buscarse la vida en el Betis, donde triunfó con sus goles y se ganó otra oportunidad al más alto nivel: la que le dio el Barcelona tras la Eurocopa de 2000. Pero las cosas no funcionaron y tras pasar una breve etapa en el Olympique de Marsella regresó a Heliópolis, aunque ya no pudo volver a rendir al máximo y acabó retirándose en 2004. Para la historia quedará su gol a Yugoslavia en la Eurocopa de 2000 y el estadio de Getafe que lleva su nombre.

¿Y qué decir de Kiko Narváez que nadie conozca? Pues si acaso que aquel Oro le sirvió para convencerse de que definitivamente podía hacer carrera en esto del fútbol, a pesar de que ya el año anterior había sido el salvador de su Cádiz. Después ficharía por el Atlético, se convertiría en un ídolo para la afición del Manzanares y acabaría descendiendo a los infiernos. Lastrado por sus eternos problemas de tobillo, salió mal del club rojiblanco (y quién no) y tras ver frustrado en dos ocasiones su traspaso al Calcio (primero al Milan y luego al Lazio), se retiró con más pena que gloria en el Extremadura en 2002 y comenzó entonces una meteórica carrera en los medios.

Pero el maleficio también afectó a varios suplentes. De hecho el primero en sufrir sus perniciosos efectos fue un ocupante habitual del banquillo, el defensa Miguel Hernández, que en 1992 pertenecía al Rayo Vallecano y que en 1994 fichó por el Espanyol, por petición expresa de Jose Antonio Camacho, su ex-entrenador en Vallecas. Pero en Barcelona no tuvo casi oportunidades y tras fichar por el Lleida de Segunda División acabaría colgando las botas en 1998 por una grave lesión. Dos años más aguantó el centrocampista David Billabona (en la imagen), que destacó varias temporadas en el Racing pero al que tampoco respetaron las lesiones. Tras dejar el fútbol, Billabona se marchó a vivir al Pirineo oscense, alejado por completo de su antiguo oficio.

Párrafo aparte merece Santiago Cañizares. Criado en la cantera del Real Madrid, brilló en Elche y Mérida en Segunda y tras los Juegos el Celta le dio la oportunidad de debutar en Primera. Pronto se ganó el puesto, el Zamora y la convocatoria con la absoluta, con la que tuvo un brillantísimo debut en el inolvidable partido ante Dinamarca que nos dio la clasificación para el Mundial de 1994. Volvió al Real Madrid, pero en Chamartín vivió primero a la sombra de Buyo y luego de Illgner, justo cuando parecía que iba a asentarse en la portería merengue, por lo que tras ganar la Copa de Europa de 1998 puso rumbo a Valencia. Allí demostró ser uno de los mejores porteros del país y se mantuvo inamovible bajo los palos, pero también comenzó a sufrir los efectos de la maldición. Una actuación más que discreta en la Eurocopa de 2000, dos finales consecutivas de Champions perdidas y un extraño incidente en el hotel que le privó de acudir al Mundial 2002 sirvieron para alimentar la leyenda. Y cuando parecía que todo volvía a funcionar, en 2008 llega Ronald Koeman al banquillo ché y decide apartarlo del equipo. Fueron cuatro meses de ausencia, declaraciones incendiarias y mal ambiente en general que acabaron con la destitución del holandés, la vuelta del portero a la titularidad y, finalmente, la rescisión amistosa del contrato mientras surgía una turbia acusación de una menor que afortunadamente no tardó en aclararse.

Del resto no podemos decir que hayan padecido demasiado por este hipotético embrujo.  Paqui eligió el verano de 2004 para colgar las botas, en su caso después de completar una carrera llena de altibajos que le llevó por Tenerife, Zaragoza, Hércules, Las Palmas y Osasuna, jugando sólo con cierta regularidad en las Canarias. Javier Manjarín, que no llegó a disputar ni un minuto en aquellos juegos, sí tuvo un brillante paso por Primera. Criado como muchos de sus compañeros de selección en la cantera de Mareo, fichó por el Deportivo en 1993 para formar parte de aquel SuperDepor que tantas alegrías y alguna que otra lágrima causó a la afición coruñesa. En 1999 se marchó al Racing de Santander, y en 2001 inició una aventura al otro lado del charco que le llevó al Atlético Celaya y al Santos Laguna de la Liga mexicana. Regresó a Galicia en 2004 para retirarse en el Arteixo. Otro que no tuvo mayores problemas con la supuesta maldición fue Jose Emilio Amavisca (en la imagen), que en 1994 fichó por el Real Madrid, se ganó un sitio para el que parecía descartado antes de empezar la temporada y se convirtió en pieza clave de aquel Madrid de Valdano. Luego su importancia en el equipo iría disminuyendo y en 1998 fichó por el Racing, club en el que se había formado y donde vivió un descenso (junto a Manjarín, ¿quizá fruto de la maldición?) que provocó su salida hacia el Deportivo en 2001. Allí vivió los mejores momentos del gran equipo de Irureta, semifinales de Champions incluídas, y en 2005 puso fin a su carrera en el Espanyol, donde apenas jugó una temporada.

La carrera más plácida de todos fue sin duda la de Paco Soler, que no se movió de Mallorca desde que debutara en 1990 hasta su retirada en 2004. Luego, ya como entrenador, probó suerte en el Beira Mar portugués, pero no tardó en volver a la isla para entrenar al Atlético Baleares. Ni rastro de maldición. Tampoco podemos decir que la historia de su paisano Gabriel Vidal tenga mucho que ver con la mala suerte, simplemente no llegó a destacar. Pasó por Leganés, Getafe, Ciudad de Murcia, Granada y Atlético Baleares, siempre bajando de escalón, hasta retirarse en 2004. Por último, Antonio Pinilla (en la imagen) fue junto con Cañizares el componente más longevo de aquella selección, ya que se mantuvo en activo hasta el final de la campaña 2007/2008. Criado en la cantera del Barça, la explosión del Dream Team le obligó a buscar su sitio en clubes menores y tras pasar cedido por Mallorca y Albacete recaló en Tenerife, donde se convirtió en uno de los puntales del equipo en los mejores años de su historia. Tras el descenso del club chicharrero, en 2001 Pinilla fichó por el Salamanca y al año siguiente fue traspasado al Nástic de Tarragona, en el que acabaría su carrera tras vivir todo tipo de situaciones: ascensos, descensos, lesiones, bajas, nuevas contrataciones... Tras más de 200 partidos con el club grana, Pinilla ejerce ahora las labores de director deportivo.

¿Conclusiones? Pocas, y cada uno tendrá las suyas, pero hemos de reconocer que toda esta historia ha servido al menos para recordar un poco mejor a nuestros campeones olímpicos, ¿no?


lunes, 30 de noviembre de 2009

1992, Juegos Olímpicos: La Quinta de Cobi

El Oro olímpico de Barcelona'92 fue durante muchos años (demasiados) el  único triunfo que llevarnos a la boca, la única alegría que citar en un rosario de ilusiones rotas y oportunidades perdidas. Y ni siquiera estábamos seguros de que realmente fuera importante. Porque como dijimos en su día, el torneo olímpico de fútbol es el patito feo de las competiciones internacionales (sólo hay que ver dónde lo sitúa la propia FIFA en la lista de Torneos que organiza: debajo de los Mundiales de fútbol sala y fútbol playa y sólo por encima de un campeonato de videojuegos y de un torneo amistoso para equipos juveniles en Suiza), un engendro inclasificable y molesto que muchos querrían desterrar del programa olímpico, un fallido intento de campeonato mundial de una categoría que no existe a caballo entre el fútbol juvenil y el profesional.  Así que  no sabíamos cómo ubicarlo en la sala de trofeos de nuestros recuerdos. ¿Era un título absoluto? No. ¿Era un Mundial, aunque fuera en categorías inferiores? Tampoco. Era simplemente lo que era, una medalla más en unas Olimpiadas (históricas para nuestro país y nuestro deporte) pero sin mayor trascendencia en el mundo futbolístico. Así que sí, podíamos decir que habíamos sido campeones, aunque tampoco se podía presumir demasiado de aquel título. Pero de ese equipo sí, y a eso nos dedicaremos hoy.

Como casi siempre, por aquel entonces la selección española vivía un momento de depresión. Tras una buena década en los ochenta, los noventa habían comenzado con la dolorosa eliminación en octavos en el Mundial de Italia, y mientras en la Liga se producía el traspaso de poderes entre la Quinta del Buitre y el Dream Team, el equipo nacional sufría las consecuencias del mismo cambio generacional, lo que nos abocó a ver desde casa la Eurocopa de Suecia, la única gran competición que nos hemos perdido en los últimos 30 años. Vicente Miera había llegado al cargo de seleccionador nacional en mayo de 1991 en sustitución de Luis Suárez, pero con la clasificación ya casi imposible no sólo no pudo hacer que el equipo remontara sino que protagonizó una de las derrotas más sonrojantes que se recuerdan, un 2-0 en Islandia que terminó por sepultar cualquier esperanza de viajar a Suecia. Con Javier Clemente ya contratado para iniciar la nueva etapa, al cántabro se le permitió encargarse (junto al mítico Kubala) de una selección olímpica que parecía repleta de talento, aunque en realidad, y pese a las ausencias de selecciones como Argentina, Alemania o Brasil, nadie  quisiera aventurarles un resultado positivo a unos chavales que acabarían pasando a la historia de nuestro fútbol.

Núm. - Nombre - Nacimiento - Posición - Club
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1.- Jose Santiago CAÑIZARES Ruiz - 18/12/1969 - AR - C.P. Mérida
2.- Albert FERRER Llopis - 06/06/1970 - DF - F.C. Barcelona
3.- Mikel LASA Goikoetxea - 09/09/1971 - DF - Real Madrid C.F.
4.- Roberto SOLOZÁBAL Villanueva - 15/09/1969 - DF - Atlético de Madrid
5.- Juan Manuel LÓPEZ Martínez - 03/09/1969 - DF - Atlético de Madrid
6.- David BILLABONA Etxaleku - 05/12/1969 - MC - Athletic Club
7.- Jose Emilio AMAVISCA Gárate -19/06/1971 - DL -  Real Valladolid
8.- LUIS ENRIQUE Martínez García - 08/05/1970 - DL - Real Madrid C.F.
9.- Josep GUARDIOLA Sala - 18/01/1971 - MC - F.C. Barcelona 
10.- ABELARDO Fernández Artuña - 19/04/1970 - DF - Sporting de Gijón
11.- Javier MANJARÍN Pereda - 31/12/1969 - DL - Sporting de Gijón
12.- Francisco Veza Fragoso "PAQUI" - 06/12/1970 - DF - C.D. Tenerife
13.- TONI Jiménez Sistachs - 12/10/1970 - AR - U.E. Figueres
14.- Gabriel VIDAL Nova - 05/10/1969 - MC - Real Mallorca
15.- Francisco SOLER Atencia - 05/03/1970 - MC - Real Mallorca
16.- MIGUEL Hernández Sánchez -19/02/1970 - DF -Rayo Vallecano
17.- Rafael BERGES Marín - 21/01/1971 - DF - C.D. Tenerife
18.-Antonio PINILLA Miranda - 25/02/1971 - DL - F.C. Barcelona
19.- KIKO Narváez Manchón - 26/04/1972 - DL - Cádiz C.F.
20.- ALFONSO Pérez Muñoz - 26/09/1972 - DL - Real Madrid C.F.


Desde el fallecimiento unos meses antes del mítico Juanito, entrenador de Cañizares en el Mérida, a las estériles negociaciones del capitán Solozábal con la Federación a cuenta de las primas, pasando por el hecho de vivir unos Juegos Olímpicos recluídos en un hotel a más de 300 kilómetros de la Villa Olímpica y sin contacto alguno con el resto de deportistas, el equipo vivió unas circunstancias tan especiales a lo largo de toda la concentración que sin duda alguna acabaron por marcar al grupo y cohesionarlo de una manera pocas veces vista, como ellos mismos se han encargado de reconocer en diversos encuentros posteriores. En un torneo que supuso la apertura a los profesionales (aunque menores de 23 años), casi todos venían de jugar en Primera, e incluso los del Barça lo hacían como campeones de Europa. El once tipo estuvo formado por Toni; Juanma López, Lasa, Solozábal, Abelardo; Guardiola, Luis Enrique, Ferrer, Berges; Kiko y Alfonso, aunque hubo bastantes variaciones y jugadores como Paco SolerAmavisca también aparecieron en varias alineaciones. En otras selecciones, futbolistas como los suecos Thomas Brolin, Joachim Bjorklund y Patrick Andersson, el australiano Mark Bosnich, el danés Thomas Helveg, el marroquí Noureddine Naybet, los paraguayos Celso Ayala y Carlos Gamarra o los estadounidenses Claudio Reyna y Cobi Jones, además de otros que veremos enseguida, llegaban a Barcelona (y a Valencia, Zaragoza y Sabadell, subsedes del torneo) dispuestos a colgarse el Oro.
 
Como es habitual, el torneo de fútbol comenzó un par de días antes de la inauguración oficial de los Juegos, y España debutó en Mestalla ante Colombia el 24 de julio. Enfrente de los nuestros había jugadores de la talla de Harold Lozano, Faustino Asprilla o Víctor Aristizabal, pero en un duro partido que acabó con 4 expulsados, dos por cada bando, los de Miera se impusieron con contundencia (4-0) gracias a los goles de Guardiola, Kiko (o Quico, como figuraba en su camiseta), Berges y Luis Enrique. Una vez superado el escollo más complicado, España no tuvo problemas para deshacerse de Egipto (2-0, goles del capitán Solózabal y Soler) y Qatar (también 2-0, esta vez con tantos de Kiko y Alfonso). A partir de ahí ya no habría facilidades, pero la selección hizo del campo del Valencia un auténtico fortín, mostró una fortaleza defensiva espectacular y superó en cuartos a la Italia de Peruzzi, Albertini o Dino Baggio con un solitario gol de Kiko, y luego en semifinales se impuso a la siempre inquietante Ghana con tantos de Abelardo y Berges. España se plantaba en la final con un impresionante balance de 11 goles a favor y 0 en contra, beneficiándose también de no haber tenido que desplazarse nunca de su sede (al contrario que el resto de equipos, que acusaron los viajes por carretera entre Barcelona, Zaragoza y Valencia a los que fueron obligados) y pese a la fortaleza que estaba mostrando Polonia, que contaba en sus filas con nombres como los de Kowalczyk o Juskowiak, ya pocos dudaban de que el Oro se quedaría en casa. ¿Quién no recuerda aquella final? Vale, quizá los más jóvenes no tengan grabado a fuego en su memoria aquel magnífico encuentro, pero para eso está internet y más concretamente Youtube, para descubrir o volver a disfrutar, según el caso, todo lo que sucedió aquella mágica tarde de agosto en el Camp Nou, con los Reyes volando al descanso en helicóptero desde el Estadio Olímpico tras presenciar el no menos inolvidable Oro de Fermín Cacho en 1.500. Como una imagen vale más que mil palabras (y ya no digamos si son mías), os dejo unos minutos con el vídeo resumen de la final (desgraciadamente con audio polaco).




El abrazo entre Ferrer y un Kiko al borde mismo de las lágrimas y la posterior piña de todo el equipo quedó para la historia como una de las imágenes de esos Juegos Olímpicos. Era la culminación del sueño de un equipo que había ido ganándose el respeto y la admiración de todos desde la sombra de su destierro valenciano hasta alcanzar el clímax en un Camp Nou entregado a una nueva generación de futbolistas que quedó bautizada para siempre como "La Quinta de Cobi", en honor a la mascota diseñada por Mariscal. Pero con el paso de los años, mientras la selección absoluta (ya con muchos de los campeones olímpicos en sus filas) continuaba quedándose a las puertas de los títulos, las lesiones y la mala suerte comenzaron a cebarse con la mayoría de integrantes de aquel equipo, dando pie a que surgiera la leyenda de "la maldición de Barcelona'92". Uno tras otro, los once titulares de la final (y algún que otro suplente) fueron cayendo en desgracia antes de tiempo por los más diversos motivos. Pero eso lo dejamos para otra ocasión. Hoy solamente queremos recordar los buenos momentos que nos deparó esta selección en un mes mágico que forma parte de la historia de nuestro deporte.


martes, 26 de mayo de 2009

Sidney 2000: Oro negro

2-2
(3-5)

Hay días en los que es mejor no levantarse. Seguramente Iván Amaya pensó algo parecido mientras esperaba en el podio con la mirada perdida a que le entregaran una amarga medalla de plata. Lo pensarían también compañeros como Gabri, Angulo o Jose Mari. Y Xavi, y Aranzubia, e Iñaki Sáez, y todos los españoles que estuvieron aquella soleada mañana en el Estadio Olímpico de Sidney. Y sin duda también lo pensamos los aficionados que desde España seguimos una final Olímpica que ocupó casi toda la madrugada del 29 al 30 de septiembre del año 2000. Porque, por esas cosas del fútbol, un partido que al descanso era un alegre fiesta española se acabó convirtiendo en un triste mar de lágrimas de impotencia bañadas en plata.

Es difícil decir en que momento exacto se produjo el punto de inflexión, o cual fue la acción decisiva que cambió por completo el curso del partido. Quizá el Destino existe y todo estaba ya previsto de antemano, preparado para que en un Estadio Olímpico repleto hasta la bandera con casi 105.000 espectadores en las gradas se escribiera una de esas gestas legendarias que salpican la historia de las Olimpiadas, tan bonitas de ver y escuchar cuando no eres el derrotado. Porque pese a que Camerún ya había vencido a Brasil y Chile, dos de las grandes candidatas al Oro, para poder plantarse en la Final, si en ese partido había un favorito ése era España. Y cuando Xavi inauguró el marcador a los dos minutos con un gol de falta directa en el que contó con la inestimable ayuda del adolescente Kameni (que colocó mal la barrera y luego hizo la estatua), nada hacia presagiar que aquel voluntarioso equipo africano pudiera oponer la más mínima resistencia a un combinado español convencido de la victoria. El partido había comenzado a las 3 de la madrugada (mediodía en Sidney), y los aficionados que habían desafiado al sueño para ver la final empezaban a ver recompensado muy pronto su desvelo. Porque España estaba metida de lleno en la final y Camerún seguía en los vestuarios. A los cinco minutos se produjo la primera jugada clave: Jose Mari cayó dentro del área cuando ya encaraba a Kameni, y aunque el colegiado mexicano Felipe Ramos Rizo decretó la dudosa pena máxima ni siquiera amonestó al infractor, el defensa Nguimbat, consciente quizá de que no tal vez no hubiera existido contacto alguno. Angulo tomó la responsabilidad de convertir el penalti, pero su flojo lanzamiento fue atajado sin dificultades por Kameni. El fallo era grave, pero la ventaja en el marcador y sobre todo en el juego daba cierta tranquilidad. La que no debía estar tan tranquila era la conciencia de Ramos, o al menos eso explicaría la permisividad que desde ese momento mostró para con las agresivas entradas del equipo de Camerún. La dureza de los defensas africanos se cobró su primera víctima poco antes de la media hora, cuando Gabri tuvo que sustituir al renqueante Toni Velamazán, víctima de una dura entrada de Abanda que pudo merecer algo más que la amarilla mostrada por el mexicano. Pese a todo, la primera parte siguió el curso establecido, con España llegando con relativa facilidad al área camerunesa y sin noticias de la pareja Eto'o-Mboma. Y ya en el tiempo añadido, Gabri consiguió batir de nuevo a Kameni aprovechando una gran asistencia de Xavi. España se iba al descanso con el partido bien encarrilado y con la esperanza de que Camerún acusase el mazazo del postrero gol hispano.

Pero nada más lejos de la realidad. El intermedio sirvió para que España se desconectara del partido y Camerún se reorganizara. El técnico africano dio entrada al delantero Dani Kome por el central Nguimbat, dejando claro que no iba a morir sin luchar, y provocando de paso una gran confusión en la zaga española. El buen arranque camerunés se vio recompensado a los 8 minutos de la reanudación, cuando Mboma buscó la espalda de Puyol en el lateral izquierdo y su centro rebotó en el pecho de Amaya para despistar a Aranzubia, que estaba iniciando la salida, y colarse suavemente por el primer palo. Y antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora, Eto'o remató una contra de libro propiciada por un nuevo despiste de Puyol que Mboma aprovechó para internarse por la banda y servir en bandeja el gol al entonces delantero del Mallorca. En menos de 15 minutos España había dilapidado su ventaja y además había confirmado que el árbitro no estaba por la labor de echar una mano, puesto que saldó con una amarilla a Jose Mari por simular una acción en la que el sevillano recibió un claro codazo de Abanda, que seguía imponiendo su ley en las inmediaciones del área de Kameni. Frustrados por la remontada camerunesa y descentrados por la actuación del colegiado, los jóvenes españoles cayeron en la trampa y en minuto 70 Gabri realizó una durísima entrada que, esta vez sí, a juicio del árbitro fue merecedora de expulsión. El partido entró en una nueva dinámica, con Camerún intentando atacar pero mostrando una nula capacidad de creación, mientras que España se defendía con orden y buscaba sus oportunidades a la contra. Sin embargo, ni unos ni otros llegaban con claridad y nadie fue capaz de desnivelar el marcador antes de llegar al minuto 90, lo que nos llevó a un tiempo extra en el que el poderío físico africano parecía clave.

La prórroga, que ya se presumía épica, se convirtió en una lucha sin cuartel desde que en el primer minuto Jose Mari vio la segunda amarilla por simular penalti en un forcejeo con Abanda. Con el mermado equipo español defendiéndose con uñas y dientes ante el desordenado ataque africano, lo cierto es que Camerún apenas creó peligro pese a su clara ventaja numérica. De hecho, las ocasiones más claras fueron para España, que a balón parado estuvo a punto de lograr el que hubiera sido un auténtico Gol de Oro cuando Joan Capdevila largó un zapatazo a la salida de un córner que se estrelló en el poste. Camerún metió a todos los atacantes que le quedaban en el banquillo pero los minutos pasaban y la perspectiva de que todo se decidiera en la tanda de penaltis cobraba más y más fuerza. Ya eran casi las cinco y media de la madrugada en España pero la tensión del choque, que estaba a punto de llegar a su momento culminante, nos mantenía a todos bien despiertos. Patrick Mboma tiró de veteranía para abrir la tanda y batir a Aranzubia, a lo que Xavi respondió con otro buen lanzamiento que superó a Kameni. Eto'o y Capdevila tampoco dudaron y transformaron sus correspondientes penaltis, al igual que Geremi. Le llegó el turno a Iván Amaya, que se acercó decidido a los once metros y optó por un lanzamiento alto y potente, imparable para cualquier portero pero que desgraciadamente en esta ocasión se topó con el travesaño, dejando helados a todos los aficionados españoles y completamente hundido al entonces flamante fichaje del Atlético de Madrid. El sevillano Lauren no desaprovechó la ocasión y amplió la diferencia africana. Con 4-2 la presión era para Albelda, que debía marcar para mantener vivas las esperanzas de España de alzarse con el Oro. El valencianista no se arrugó y transformó con frialdad, con lo que todo quedaba a expensas del duelo entre Dani Aranzubia y Pierre Wome. El defensor camerunés colocó el balón con mimo sobre el punto fatídico, cogió una larga carrerilla y lanzó un zurdazo con el interior hacia la escuadra derecha de Aranzubia, que había elegido el otro lado para su estirada, previendo un lanzamiento más potente y menos colocado. Gol, alegría y medalla de Oro para Camerún, y rabia, lágrimas y medalla de Plata para España.

Unos minutos después de aquel triste desenlace, mientras acompañaban a los felices cameruneses, que acababan de conseguir la primera medalla olímpica de la historia de su país, y a los satisfechos chilenos, que el día anterior habían derrotado por 2-0 a Estados Unidos en el partido por el Bronce, los futbolistas españoles parecían pensar en la oportunidad perdida. A miles de kilómetros, más allá de las seis de la mañana, los más madrugadores se topaban con los rostros cariacontecidos de quienes se habían pasado la noche en vela, que se dirigían a la cama pensando que, definitivamente, hay días en los que es mejor no levantarse.


Ficha del Partido
Final del Torneo Masculino de Fútbol de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, disputada en el Estadio Olímpico. 104.098 espectadores.
ESPAÑA 2 (3): Aranzubia (GK); Lacruz, Marchena, Amaya, Puyol; Albelda, Xavi, Angulo (-74, Capdevila), Velamazán (-27, Gabri); Tamudo (-49, Ferrón), Jose Mari
CAMERUN 2 (5): Kameni (GK); Lauren, Abanda, Nguimbat (-45, Kome), Wome; Geremi, Branco (-91, Epalle), Mimpo, Alnoudji (-111, Meyong Ze); Eto'o, Mboma
Goles: 1-0 Xavi (ESP, min. 2), 2-0 Gabri (ESP, min. 45+2), 2-1 Amaya (ESP, min. 53, p.p.), 2-2 Eto'o (CMR, min. 58)
Tanda de Penaltis: 0-1 Mboma (CMR, gol), 1-1 Xavi (ESP, gol); 1-2 Eto'o (CMR, gol), 2-2 Capdevila (ESP, gol); 2-3 Geremi (CMR, gol), 2-3 Amaya (ESP, falla); 2-4 Lauren (CMR, gol), 3-4 Albelda (ESP, gol); 3-5 Wome (CMR, gol)
Árbitro: Felipe Ramos Rizo (MEX)
Tarjetas Amarillas: Albelda (ESP, min. 19), Abanda (CMR, min. 25), Jose Mari (ESP, min. 55), Jose Mari (ESP, min. 91), Aranzubia (ESP, min. 106)
Expulsiones: Gabri (ESP, min. 70, roja directa), Jose Mari (ESP, min. 91, doble amonestación)

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sábado, 23 de mayo de 2009

Sidney 2000: El camino a la Final

0-1

En la mejor ronda posible, y ante el mejor rival posible, España presentó oficialmente su candidatura al Oro Olímpico en un duro choque en el que los de Sáez sacaron el espíritu guerrero que necesita todo equipo campeón. Y más si enfrente está Italia, considerada en aquel momento como la mejor selección sub'23 del Mundo después de más de dos años sin encajar una derrota y con jugadores de la talla de Christian Abbiati, Gennaro Gattuso, Nicola Ventola, Cristiano Zanetti, Massimo Ambrosini y, por encima de todos ellos, el genial Andrea Pirlo. Bajo las órdenes del mítico Marco Tardelli, Italia se había encargado de proclamar a los cuatro vientos su intención de colgarse el Oro. No hacerlo sólo podría considerarse un fracaso, decían antes de comenzar el partido. Al acabar, sus declaraciones habían tomado otro cariz: "España debe estar en la final", dijo Tardelli. Con la novedad de Puyol por Capdevila en defensa y la suplencia de Gabri, España saltó al césped del Sidney Soccer Stadium sabedora de que aquel no era día para florituras. Albelda y Marchena se encargaron de secar a Pirlo y de paso descabezar el ataque italiano, encomendado entonces al acierto del cazagoles Ventola. Por el lado transalpino, Gattuso y Ambrosini se centraron en parar a Xavi, aunque sin tanto éxito. Con los dos cerebros encerrados casi bajo llave, tener una ocasión de gol era ya todo un triunfo. La batalla táctica estaba planteada en el centro del campo y sólo faltaba que algún héroe apareciera para perforar la meta rival. Pudo ser Tamudo pero se entretuvo demasiado, pudo ser Ventola pero Aranzubia le ganó la partida, pudo ser Angulo pero el colegiado brasileño decidió desentenderse de lo que ocurría en las áreas. Y cuando el 0-0 parecía abocarnos a una dramática prórroga, apareció Gabri, que había sustituído a Tamudo en el minuto 70, para cruzar un balón magistral de Xavi y marcar el tanto de la victoria. Era el minuto 86, y otra vez el espíritu incansable de los jóvenes españoles daba sus frutos en el mismo momento en el que a los mayores siempre se les venía el mundo encima. Definitivamente algo estaba cambiando.

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Pero no sólo Italia tuvo que hacer las maletas antes de lo esperado. Los cuartos de final también fueron la tumba para otros favoritos y demostraron quiénes eran realmente los candidatos al título. Así, Brasil fue eliminado por Camerún con un gol de oro de Modeste Mbami. Los cameruneses se habían adelantado pronto con un gol de falta de Patrick Mboma pero Brasil aprovechó uno de los muchos errores defensivos africanos para empatar ya en el descuento por medio de Ronaldinho. Para entonces Camerún se encontraba con 9 jugadores y la prórroga parecía que iba a ser un paseo para la canarinha, pero la fuerza y convicción demostrada por los cameruneses tuvo su recompensa y lograron el pase a semifinales. También cayó la defensora del título, Nigeria, que apenas pudo oponer resistencia al vendaval chileno y fue claramente derrotada por 4-1 con otra gran actuación de Zamorano y Navia. Chile era ya el máximo candidato al Oro después de sus exhibiciones ofensivas, aunque primero debería superar el duro escollo camerunés. Y el partido entre las dos cenicientas de los cuartos cayó del lado estadounidense en la tanda de penaltis después de que se llegara con empate a 2 al final del tiempo extra. Estados Unidos había ido siempre a remolque de Japón, que se había adelantado dos veces en el marcador con goles de Yanagisawa y Takahara, pero Josh Wolff primero y Peter Vagenas después, transformando una pena máxima en el descuento, llevaron el choque a una prórroga en la que nadie acertó a marcar. En los lanzamientos desde los once metros, el error del jugador de la Roma Hidetoshi Nakata fue decisivo y los norteamericanos se convirtieron así en el último obstáculo para los de Sáez antes de la final.



3-1

Una semifinal siempre es una semifinal, pero la abismal diferencia futbolística existente entre España y Estados Unidos no dejaba lugar a dudas: España debía pasar al partido por el Oro. Convencidos de ello, los chicos de Sáez saltaron al campo decididos a hacer lo que mejor sabían, ganar desde el minuto 1, y con el mismo once que había derrotado a Italia 3 días antes pasaron por encima de los estadounidenses como nos tenían acostumbrados, con una salida arrolladora. A los 16 minutos Tamudo inauguró el marcador al rematar una buena jugada de Jose Mari, sin duda el mejor hombre del partido, y a los 24 fue Angulo quien batió por segunda vez a Brad Friedel culminando otra acción del sevillano. El delantero del Milan era una auténtica pesadilla para la defensa norteamericana que, pese a contar en esa línea con sus 3 jugadores mayores de 23 años (Friedel, Frankie Hejduk y Jeff Agoos), era incapaz de controlar los inteligentes movimientos del ataque español, perfectamente coordinado. El seleccionador de Estados Unidos movió ficha rápidamente dando entrada en el minuto 39 a Landon Donovan y Sacha Victorine para potenciar su ataque, y a base de garra logró recortar distancias antes del descanso gracias a Peter Vagenas, que transformó un penalti cometido sobre Hejduk. Durante varios minutos de la segunda parte nos vinieron a la cabeza los nervios que los sub'20 nos habían hecho pasar el año anterior contra el mismo rival, pero esta vez la zaga española controló mejor la situación y pese a enfrentarse a 3 delanteros natos (Wolff, Casey y Donovan) las mejores oportunidades fueron para España, que en una de sus peligrosas contras acertó a sentenciar. Jose Mari aprovechó un error de Friedel y culminó su mejor actuación en el torneo con el gol que certificaba el pase a la final y aseguraba el tercer metal olímpico para el fútbol español. Para "desgracia" de los futbolistas españoles (y alivio de los seguidores, por qué no decirlo), en la final no se produciría la esperada revancha contra Chile. Pese a haber sido claramente inferior al cuadro chileno, en un dramático final de partido Camerún se repuso a un gol de Abanda en propia puerta a falta de poco más de diez minutos y consiguió dar la vuelta al marcador gracias al tanto del veterano Mboma y a un más que dudoso penalti transformado por Lauren en el minuto 89. La final estaba servida, la gloria esperaba en la hierba del Estadio Olímpico.

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miércoles, 20 de mayo de 2009

Sidney 2000: Encuentros en la Primera Fase

0-3

Había pasado casi un año y medio, estábamos en la otra punta del planeta y ni siquiera el calor de Adelaida era comparable al de Lagos, pero por un momento quienes presenciaban el debut de España en los Juegos Olímpicos de Sidney seguramente se sintieron trasladados de nuevo a aquel inolvidable Mundial sub'20. Y no sólo por la inconfundible imagen de Iñaki Sáez y su inseparable gorra dando órdenes desde la banda, sino porque sobre el campo la selección olímpica española estaba repitiendo casi a la perfección el exitoso guión de Nigeria: salida en tromba, un descarado juego ofensivo y un impecable acierto rematador para dejar finiquitado el partido en apenas media hora. Con una leve variación respecto al esquema del Mundial, ya que en ese partido se apostó por un 4-3-1-2 con Aranzubia, Marchena, Iván Amaya, Lacruz y Capdevila en defensa, con Gabri acompañando a Xavi y Albelda en el centro del campo y con Toni Velamazán de enganche con la dupla Tamudo - Jose Mari, el combinado español desplegó todo su repertorio de juego para apabullar a una selección surcoreana que ni siquiera fue mejor en el apartado físico. Tras varias ocasiones de Tamudo, a los diez minutos Velamazán cazó un rechace para colocar el primer tanto en el luminoso gracias a un potente disparo que se coló imparable en la meta asiática. Bajo la batuta de Xavi, con Tamudo incordiando a la defensa y con Jose Mari dejando pinceladas de calidad, el segundo era cuestión de tiempo, y fue el delantero sevillano del Milan quien se encargó de materializarlo a los 25 minutos tras una gran jugada personal. Corea bajó los brazos y Xavi certificó el gol de la tranquilidad antes del descanso, aprovechando una dejada de Tamudo. En la segunda parte España se limitó a dejar correr el tiempo y a los coreanos, e incluso pudo aumentar la cuenta. Ni Park Ji Sung ni Lee Chun Soo, dos de las estrellas de Corea del Sur, pudieron dar réplica al incontestable dominio español que se embolsó los 3 puntos antes de enfrentarse a Chile en la segunda jornada.

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1-3

El segundo partido se presentaba como el duelo que decidiría quién pasaría a cuartos de final como primero de grupo y quién sería segundo, ya que en su partido inaugural Chile había derrotado a Marruecos por 4-1, con hat-trick de Iván Zamorano incluído. Y es que Chile, al contrario que España o la propia Corea del Sur, sí había optado por convocar a 3 jugadores mayores de 23 años para reforzar la portería (Nelson Tapia), la defensa (Pedro Reyes) y sobre todo la delantera, con el citado Zamorano. El ariete, que ya contaba con 33 años y estaba a punto de dar por finalizada su exitosa carrera en Europa, fue sin duda la gran estrella de la competición, ya que acabaría erigiéndose como máximo goleador del torneo Olímpico. Pero no sería él, sino su compañero en la delantera, el talentoso Reinaldo Navia, quien tumbara a los jóvenes españoles en aquel encuentro. El choque, disputado en Melbourne, fue una pesadilla para los nuestros, que vieron como Chile les superaba con bastante comodidad gracias a la rapidez de sus atacantes pero también a los errores de la zaga española. Y eso que durante los primeros minutos España (con la novedad de Angulo por Jose Mari respecto al primer partido) salió dispuesta a repetir el guión que tan bien dominaba, encerrando a los chilenos en su área, pero poco a poco la presión fue disminuyendo y casi en el primer acercamiento sudamericano Rafael Olarra remató a la perfección un medido centro desde la banda. Los de Sáez se vinieron abajo y un poco antes del descanso Zamorano cazó un mal pase de Marchena para escaparse por la línea de fondo, aguantar la tarascada del sevillano y, cuando el balón parecía perdido, rebañar la bola desde el suelo para que Navia sólo tuviera que empujar. Con ese 0-2 se llegó al descanso, y la segunda parte fue un quiero y no puedo de España, que no supo atacar la ordenada defensa chilena. Aún así, Lacruz le puso emoción al partido al remachar un barullo en el área, pero aunque faltaba más de media hora para el final se veía que iba a costar mucho lograr el empate. Y de hecho lo que llegó fue la sentencia, ya que con la selección española volcada en ataque Navia aprovechó un pase de Zamorano para finalizar el contragolpe con un magistral lanzamiento desde fuera del área. Chile conseguía así su clasificación y España empezaba a vislumbrar a Italia en el horizonte de los cuartos, ya que los campeones de Europa sub'21 habían ganado sus dos partidos y se perfilaban como primeros de su grupo a falta del choque ante Nigeria.

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2-0

Llevábamos 5 días de Juegos y a estas alturas ya teníamos los primeros Oros españoles (Isabel Fernández en judo y Joan Llaneras en ciclismo en pista), el primer gran nombre propio (el nadador australiano Ian Thorpe, ganador de tres medallas de Oro) y también una de las imágenes más curiosas de Sidney 2000 (la agónica y solitaria lucha del nadador guineano Eric Moussambani contra la piscina olímpica). Por tener, ya teníamos hasta rival confirmado en cuartos de final, Italia, que había empatado con Nigeria y esperaba ya a España, a la que solo una derrota ante Marruecos (unida a una goleada de Corea a Chile) podría dejar fuera de la lucha por las medallas. Pero la eliminación era una posibilidad muy remota y se empezó a comprobar desde el minuto 1 viendo el inexistente poderío atacante de la selección magrebí, que no pudo contar en todo el torneo con su estrella mayor de 23 años, el ex-deportivista Bassir, lesionado. España dominó el partido con claridad y si no acabó goleando fue en buena medida por los fallos de Jose Mari en el remate y por la excesiva dureza con que se emplearon los africanos en todas las parcelas del campo. Hubo que esperar al minuto 33 para que Jose Mari aprovechara su enésima oportunidad para inaugurar el marcador, y la sentencia no llegó hasta el minuto 90, gracias a un gol de Gabri. Entre medias, tiempo para muchos de los no habituales, como Unai, Ferrón o Puyol, y para que los jugadores marroquíes descargaran su impotencia (3 derrotas, 7 goles en contra y sólo 1 a favor) a base de palos y marrullerías varias.

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La fase de grupos se cerró sin demasiadas sorpresas, ya que la eliminación de la República Checa (subcampeona de Europa sub'21) entraba dentro de lo previsible en un igualado grupo con Camerún y Estados Unidos, aunque lo que finalmente condenó a los checos fue su inesperada derrota ante Kuwait. Brasil (que en aquellos Juegos estaba dirigida por Wanderlei Luxemburgo y que tenía entre sus filas a Ronaldinho, Edu o Lucio) también sufrió un duro revés al perder con la Sudáfrica de Quinton Fortune y Benni McCarthy, aunque supo reponerse y acabó primera de grupo por delante de Japón, que sumaba a sus subcampeones del Mundo sub'20 otros jóvenes talentos como Hidetoshi Nakata o Shunsuke Nakamura. Las medallas estaban a un partido de distancia y sin duda nadie quería dejar pasar la oportunidad de colgarse una en el cuello.


sábado, 16 de mayo de 2009

Un vistazo al Torneo Olímpico

En Sidney 2000, el Torneo Olímpico Masculino de Fútbol mantenía (todavía lo hace) su formato clásico de 16 participantes divididos en 4 grupos, de donde saldrían 8 selecciones (los dos primeros clasificados de cada uno de los grupos) que disputarían los cuartos de final. El sorteo se había celebrado varios meses antes, y de hecho cuando España certificó su clasificación en el Europeo sub'21 de Eslovaquia ya sabía quienes serían sus rivales en la primera fase y los posibles contrincantes en las eliminatorias. El azar había deparado los siguientes grupos:


GRUPO A
Australia
Italia
Nigeria
Honduras

GRUPO B
España
Chile
República de Corea
Marruecos

GRUPO C
Camerún
República Checa
Estados Unidos
Kuwait

GRUPO D
Brasil
Eslovaquia
Sudáfrica
Japón


Encuadrada en el Grupo B, España debutaría ante la selección surcoreana para jugar luego ante Chile y cerrar la primera fase contra Marruecos. El rival de cuartos de final saldría del Grupo A, donde se encontraban dos de las grandes favoritas al Oro, Italia (campeona de Europa) y Nigeria (vigente campeona olímpica), y en una hipotética semifinal el enfrentamiento sería con algún equipo de la otra parte del cuadro. Además de Sidney, las sedes serían las ciudades de Brisbane, Camberra, Adelaida y Melbourne. Como quedó dicho en la anterior entrada, los partidos comenzarían el día 13 de septiembre, dos días antes de la Ceremonia de Inauguración, y el primer encuentro de España sería el día 14 en Adelaida. La final quedaba fijada para el mismo día de la Clausura, el 30 de septiembre, y tendría lugar a mediodía en el espectacular Estadio Olímpico de Sidney.


Al frente de la escuadra española acudía Iñaki Sáez, y bajo su mando una muy buena generación de futbolistas, casi todos asentados ya en Primera División pese a su juventud y, como de costumbre en España, todos menores de 23 años. La lista de inscritos fue la siguiente:

Nº - Pos - Nombre y apellidos - Nacimiento - Club
------------------------------------------------------------------------------------------
1 . PO Daniel ARANZUBIA Aguado - 18/09/1979 - Athletic Bilbao
2. DF Jesus Mari LACRUZ Gómez - 25/04/1978 - Athletic Bilbao
3. DF Joan CAPDEVILA Méndez - 03/02/1978 - RC Deportivo La Coruña
4. DF Carlos MARCHENA López- 31/07/1979 - SL Benfica
5. DF UNAI Vergara Díaz-Caballero - 20/01/1977 - Villarreal CF
6. MC David ALBELDA Aliqués - 01/09/1977 - Valencia CF
7. DL Miguel Angel ANGULO Valderrey - 23/06/1977 - Valencia CF
8. MC XAVI Hernández Creus - 25/01/1980 - FC Barcelona
9. DL JOSE MARI Romero Poyón - 10/12/1978 - AC Milan
10. MC GABRI García de la Torre - 10/02/1979 - FC Barcelona
11. MC Jordi FERRÓN Forné - 19/08/1978 - Real Zaragoza
12. DF Carles PUYOL Saforcada - 13/04/1978 - FC Barcelona
13. DL Albert LUQUE Martos - 11/03/1978 - Real Mallorca
14. DF Iván AMAYA Carazo - 03/09/1978 - Atlético de Madrid
15. MC ISMAEL Ruiz Salomón - 07/02/1977 - Racing Santander
16. MC Toni VELAMAZÁN Tejedor - 22/01/1977 - RCD Espanyol
17. DL Raúl TAMUDO Montero - 19/10/1977 - RCD Espanyol
18. PO FELIP Ortiz Martínez - 27/04/1977 - CF Extremadura


Cuando iniciaron el largo viaje a Australia no lo sabían, pero en las antípodas estos 18 jugadores lograrían inscribir su nombre junto a otros medallistas olímpicos de nuestro fútbol como los clásicos Zamora, Samitier o Pichichi (plata en Amberes 1920) o los más recientes Kiko, Guardiola o Luis Enrique (campeones en Barcelona 1992). Y aunque sólo la mala suerte les privó de conseguir el oro, después de otro fracaso de la selección absoluta aquel nuevo éxito de las categorías inferiores nos reconcilió con la Roja, llenándonos otra vez de esperanza para un futuro que tardó en llegar pero que sin duda hizo que la espera mereciera la pena.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Fútbol: ¿Sueño Olímpico?

Cuando la legendaria atleta aborigen Cathy Freeman encendió el pebetero del Estadio Olímpico de Sidney, los XXVII Juegos Olímpicos de Verano de la Era Moderna quedaron oficialmente inaugurados. Desde ese mágico momento el Mundo entero se entregaba a dos semanas de pasión deportiva, ávido de descubrir a los héroes del Nuevo Milenio. Es el 15 de septiembre del año 2000, y todos los participantes preparan su debut. Bueno, todos no. Los componentes de las 24 selecciones de fútbol presentes en Australia (16 masculinas y 8 femeninas) ya han disputado sus primeros encuentros. Y es que la relación entre el fútbol y los Juegos Olímpicos es, cuanto menos, extraña. Porque el fútbol es el único deporte que no arranca después de la inauguración de los Juegos, sino que comienza dos días antes de que el Fuego Olímpico alumbre al mundo. Porque el fútbol es el único deporte que no tiene los Juegos Olímpicos incluídos en su calendario internacional, sino que los hace coincidir con sus propias competiciones nacionales e internacionales. Porque el fútbol es el único deporte que no lleva a sus mejores practicantes masculinos a los Juegos Olímpicos, sino que celebra en ellos una especie de Campeonato Mundial sub'23 que en realidad tampoco es tal. Porque, en definitiva, el fútbol es el único deporte para el que los Juegos Olímpicos no son su máxima cita, sino que justamente en medio del Ciclo Olímpico celebra un Campeonato Mundial que es capaz de rivalizar mediática, social y económicamente con los Juegos.

Y es que, pese a formar parte oficialmente del calendario olímpico desde los Juegos de Londres 1908, el auge del deporte rey alrededor del globo ha sido de tal magnitud que sus máximos organismos directivos, FIFA y COI, se miran con recelo, porque a ninguno le gustaría perder parte de su protagonismo en favor del otro. El desencuentro viene de lejos, desde que en 1930 la FIFA celebró su primer Campeonato del Mundo y el COI decidió que no hubiera fútbol en los Juegos de Los Angeles 1932 por no tener claro si sus practicantes eran profesionales o no. Y aunque el fútbol regresó en Berlín 1936, la Segunda Guerra Mundial hizo estragos también en la familia olímpica, más que nada porque después de la contienda el profesionalismo del fútbol FIFA quedaba fuera de toda duda. Durante las tres décadas siguientes, la negativa del COI a aceptar participantes profesionales potenció indirectamente la importancia de los Mundiales de fútbol organizados por la FIFA (que obviamente sí admitía a profesionales) y significó el dominio casi tiránico de los países de Europa del Este en el torneo olímpico, dado que su sistema político "permitía" a sus mejores deportistas mantener la condición de amateurs. Y cuando el Comité Olímpico decidió abrirse a los profesionales, para la FIFA (y para el propio COI) ya era demasiado tarde. Después de tantos años de evolución y crecimiento del fútbol, un torneo con los mejores jugadores del mundo, como hacen el resto de deportes, eclipsaría en gran medida al resto de disciplinas olímpicas y restaría importancia al Mundial que se celebra cada 4 años (ya que virtualmente pasaría a ser cada 2), eso por no hablar de las pérdidas económicas que conllevarían los conflictos de patrocinio que podrían producirse. ¿El resultado? En la actualidad, una competición descafeinada que supone casi un estorbo para todos y que se disputa en varias subsedes generalmente alejadas de la ciudad organizadora de los Juegos, perdiendo así parte de la magia que siempre desprenden las citas Olímpicas.

Sin embargo, la importancia de ambos organismos en el deporte mundial es tanta que están condenados a entenderse y, poco a poco (y muy a regañadientes), se han ido haciendo algunas concesiones: en Los Angeles 1984 ya se permitió a los países que no pertenecieran a la UEFA o a la CONMEBOL la participación con futbolistas profesionales (los países europeos y sudamericanos acudirían con "juniors"); en Barcelona 1992, pese a la aceptación plena de deportistas profesionales en las Olimpiadas, se optó por establecer el límite de edad para todos los participantes en los 23 años; en Atlanta 1996 se pasó al formato actual de jugadores sub'23 con la posibilidad de incorporar 3 futbolistas mayores de esa edad (con la clara intención de contar al menos con alguna estrella mundial en el torneo), además de instaurarse la competición femenina, esta sí sin limitaciones de edad y por tanto con las mejores jugadoras; y precisamente a partir de Sidney 2000 se intentó implicar más al fútbol con los Juegos con la decisión de celebrar la final en el Estadio Olímpico el mismo día de la Clausura. Con todo, las controversias siguen surgiendo, y no hay que rebuscar mucho en la memoria para recordar el conflicto surgido el pasado verano por la presencia en Pekín de determinados jugadores cuyos clubes entendían que no estaban obligados a cederlos a sus respectivas selecciones (de hecho el Tribunal de Arbitraje Deportivo dio la razón a los clubes, aunque al final estos no reclamaron el regreso de sus futbolistas). La sentencia del TAS fue un toque de atención para que la FIFA y el COI arreglen de una vez por todas sus conflictos, pero parece que las relaciones seguirán siendo tensas por muchos años.

Pero al fin y al cabo unos Juegos son unos Juegos, y cuando más de cuatro mil millones de personas nos sentamos frente al televisor poco nos importan estas disputas, porque lo que nos interesa es ver a nuestros deportistas intentando llevar su bandera a lo más alto del podio en cada disciplina, por desconocida que ésta nos resulte. Por eso durante unos días todos nos convertimos en expertos en tiro o salto de trampolín, en esgrima o doma clásica. Porque lo que está en juego es el orgullo nacional. Y desde luego que con un discreto balance de 11 medallas, una de las pocas alegrías que nuestra representación nos dio en aquellos peculiares Juegos de Verano (que al ser en el hemisferio austral empezaron en invierno y acabaron en primavera) fue la actuación de la selección masculina de fútbol. Porque, después de todo, el Sueño Olímpico si viajaba en aquella expedición.