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viernes, 28 de junio de 2013

Partido 3: España - Francia


2-1

España posa antes del partido (©FIFA)
Llega la hora de la verdad en este Mundial sub'20 y España parece en su mejor momento. Yendo de menos a más en el torneo, el paso de los partidos y de los entrenamientos va asentando poco a poco una idea mucho más clara de juego en el bando español, que se siente cada vez con más confianza y es capaz, como los grandes equipos, de presentar distintas variantes en la alineación sin que el desempeño general se resienta (más bien todo lo contrario). No en vano, hablamos de los campeones de Europa sub'19. Ayer, con la clasificación para octavos ya asegurada tras las dos victorias precedentes, España salió con bastantes novedades en su once: en defensa, Lopetegui reservó a los apercibidos Manquillo y Puerto y dio entrada a Gayá en el lateral zurdo; además, Campaña recuperó la titularidad en el centro del campo y Paco Alcácer se ubicó en la punta del ataque, apoyado en las bandas por Jesé y el levantinista Rubén García, que entró por Deulofeu. Por parte gala, el seleccionador Pierre Mankowski no podía contar con el sancionado Paul Pogba, y dio descanso a su delantero Bahebeck, muy desdibujado en los partidos previos. Con 4 puntos Francia estaba virtualmente clasificada incluso con una derrota, así que salió a esperar a España, presionando bien en el centro del campo pero renunciando al balón, con el objetivo de cazar una contra que le diera el liderato. En el primer error de Óliver Torres en un control Thauvin se plantó solo ante Sotres, que salvó el gol con su pierna derecha; sin embargo, casi por primera vez en el torneo España se mostraba capaz de mover el balón con tranquilidad y criterio, y no tardaron en llegar las ocasiones. La primera fue de Jesé, en una rápida combinación con Alcácer que obligó a Areola a realizar una gran estirada, y luego Gayá disparó ligeramente desviado. Esa superioridad hispana se concretó en el minuto 23 en una arrancada de Jesé Rodríguez por la derecha: el madridista se fue del lateral, entró en el área, recortó y cedió atrás para que Paco Alcácer, con algo de fortuna pero también con toda la intención, colocara un zurdazo inalcanzable para el meta francés. Con Óliver Torres a los mandos, el equipo español siguió dominando el partido casi a placer, aunque sin llegar a la puerta contraria prácticamente hasta el minuto 45, cuando nuevamente Jesé entró caracoleando por la izquierda y largó un disparo raso que Areola desvió a la cepa del poste. Francia sólo mostró sus garras a balón parado, recordando la superioridad en esa faceta que mostró en la semifinal del Europeo sub’19 del año pasado, pero Ngando y Sanogo remataron alto en las dos ocasiones de que dispusieron.

Jesé marcando el segundo (©FIFA)
Campaña se retiró en el descanso, aquejado de molestias físicas, y Suso entró en su lugar; sin embargo, el principal cambio en el entretiempo lo realizó Francia y no fue de hombres, sino de actitud. Presionando más arriba y mostrándose mucho más incisiva con balón, en los primeros minutos rondó con peligro la portería de Dani Sotres, pero entonces el central Zouma se tragó un pase largo de Saúl y Jesé, que entraba por el carril central, no desaprovechó el regalo, batiendo con pasmosa tranquilidad a Areola. El cuarto gol del grancanario en tres partidos relajó a España, que decidió bajar una marcha al partido y esperar acontecimientos. Francia, sabedora de que ni la derrota ni el empate cambiarían su situación en el grupo mientras Ghana siguiera venciendo a Estados Unidos en el otro partido, tampoco hizo mucho por remontar. A pesar de la aparente desgana general que dominó el juego en la última media hora, Kondogbia y Sabaly estrellaron sendos disparos en los palos que podrían haber cambiado el rumbo del encuentro, pero la selección bleu nunca dio sensación de creer demasiado en sus posibilidades. España, salvo alguna acción puntual, tampoco se esforzó por cerrar definitivamente el partido y, llegados al descuento, una buena combinación entre Kondogbia y Sanogo permitió a Vion batir a Sotres, pero no hubo opción real de remontada.

Tras esta victoria, España acaba la fase de grupos como líder y se enfrentará a uno de los terceros clasificados de los grupos C, D, o E, que se resolverán en los próximos días. Entre los posibles rivales, Turquía, México, Chile o Inglaterra, aunque todavía no hay nada decidido. Lo único seguro es que el partido de octavos de final tendrá lugar el próximo martes día 2 de julio, a las 17:00 horas, en el mismo Ali Sami Yen Arena de Estambul en el que la selección española ha disputado hasta ahora todos sus encuentros. 

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sábado, 5 de septiembre de 2009

2008, Europeo sub'17: Punto y aparte, punto final

El exitoso año 2007 supuso la gran traca final a una larga y brillantísima etapa de nuestras selecciones inferiores a nivel de resultados pero también en cuanto al desarrollo de un estilo y una forma de trabajar con los chavales que acabó por dar sus frutos en la Eurocopa de Austria y Suiza en junio de 2008. Pero para eso todavía faltaban unos meses y si bien nada se podía reprochar a la cantera de la Roja, la siempre controvertida trayectoria de la selección absoluta (que por aquel entonces seguía envuelta en un maremágnum de dudas y polémicas y no tenía nada clara su participación en el torneo continental del año siguiente) propició un cambio en la organización deportiva de la RFEF. Ángel María Villar decidió nombrar a Fernando Hierro como nuevo Director Deportivo, otorgándole plenos poderes sobre la estructura técnica de la Federación, y el malagueño no tardó demasiado en tomar sus primeras decisiones. Tras confirmar en su cargo al seleccionador absoluto, Luis Aragonés, al menos hasta la celebración de la Eurocopa, Hierro comenzó la tarea de renovar el resto del staff técnico federativo. No se trató de un cambio brusco, pero tampoco fue todo lo correcto que cabría esperar. Al igual que con la absoluta, dejó que los anteriores técnicos disputaran la temporada 2007-2008 mientras terminaba de perfilar los nombres de sus sucesores, intentando no trastocar ese exitoso método implantado durante años por los Santisteban, Sáez o Ufarte pero sin dejar claro, al menos de puertas hacia fuera, si contaría con alguno de ellos para el futuro. El caso es que mientras en la prensa se barajaban distintas opciones para unos cargos que oficialmente todavía no se sabía si quedarían vacantes (aunque salvo Ginés Meléndez todos acababan contrato en junio de 2008 y parecía obvio pensar que su etapa estaba a punto de concluir), en los terrenos de juego este excelente grupo de profesionales continuaban trabajando para clasificar a nuestras selecciones para sus respectivos campeonatos europeos. Y todos, incluído Luis Aragonés, lo consiguieron.
Como casi siempre serían los sub'17 los encargados de abrir fuego con la disputa en mayo del Europeo de la categoría, celebrado en esta ocasión en tierras turcas y al que se llegó tras una agónica clasificación en Rumanía en la que sólo una victoria por la mínima ante Italia en el último partido nos dio el billete para la fase final. El sorteo nos colocó en un grupo con Irlanda, Francia y Suiza, por lo que el objetivo debía ser alcanzar al menos las semifinales. Con las ausencias por lesión de varios fijos en anteriores convocatorias como Rubén Molero, Dani Pacheco o Marc Muniesa, el debut ante Suiza estuvo marcado por los nervios que atenazaron al equipo de Santisteban en los primeros minutos, y de los que sólo escaparon los barcelonistas Thiago Alcántara y Adriá Carmona y el atlético Keko, quienes poco a poco fueron arrastrando a sus compañeros hasta alcanzar el nivel de juego esperado, aunque los goles no llegaron hasta la segunda mitad. El valencianista Sergi se convirtió en el hombre del partido y aprovechó a la perfección la sanción de Rubén Rochina para reivindicarse con dos goles en apenas diez minutos que sirvieron para derribar la muralla helvética y dar todavía más confianza a un equipo que empezaba a apuntar muy buenas maneras.
Se esperaba que el partido contra Francia sirviera para calibrar las aspiraciones de nuestra selección y desde luego el choque no defraudó. Ante un rival, como casi siempre, físicamente más fuerte, España tiró de orgullo para igualar un encuentro en el que llegó a verse tres veces por detrás en el marcador. Empezó mandando Francia y fruto de su dominio llegó el primer tanto de la tarde, obra del goleador galo Yannis Tafer. España reaccionó bien y equilibró el juego gracias a la labor de la pareja de mediocentros formada por Óscar Sielva y Álvaro López y sobre todo a la presencia de Thiago Alcántara, decisivo en los metros finales. De sus botas nació casi todo el peligro hispano y suyo fue el centro que su compañero Rochina remató a la media hora para establecer la primera igualada. El partido se fue al descanso con ese marcador pero Francia sólo necesitó tres minutos para volver a adelantarse, gracias a un bonito gol de libre directo de Clement Grenier. La respuesta española no se hizo esperar y casi en la jugada siguiente el central Pulido remató a la red un córner botado por Thiago, pero en medio de la locura goleadora desatada sobre el césped de Antalya Francia volvió a cobrar ventaja en el electrónico tres minutos después, con otro gran gol de William Remy. Esta vez a los nuestros les costó un poco más rehacerse pero a base de coraje volvieron a encerrar a los galos y a falta de un cuarto de hora Thiago hizo el definitivo 3-3 con un gran lanzamiento de falta. Este resultado dejaba a ambas selecciones con un pie y medio en semifinales y quizá por eso el ritmo bajó en los últimos minutos, como si los dos equipos quisieran dejar para más adelante la resolución de su electrizante duelo.
El interés del tercer partido ante la ya eliminada Irlanda se centraba en ver cuántos goles habría que meter para acabar primeros de grupo y evitar así en semifinales a una selección anfitriona que había mostrado un gran nivel en su grupo y que se presentaba como la gran favorita al título, con permiso de Francia y España. Santisteban introdujo algunos cambios en el once y entre esas variaciones y las ganas irlandesas de despedirse con una alegría el partido se complicó casi desde el inicio. Las primeras ocasiones fueron para Irlanda y aunque pronto España se adueñó del balón, en el minuto quince Hourihane adelantó a los suyos al culminar una buena jugada de ataque. España sólo llevó peligro en alguna acción aislada y se llegó al final de los primeros cuarenta minutos con ese sorprendente resultado, pero la charla en los vestuarios y la entrada de Rubén Rochina hicieron que el partido no tardara en volver por sus cauces normales. A los cinco minutos el nueve azulgrana remató a placer una preciosa jugada de Keko, y diez minutos después culminó la remontada con un buen gol de falta directa. Los irlandeses bajaron los brazos después de que Hourihane estrellara un cabezazo en el larguero, y Keko redondeó su gran actuación marcando un golazo en otra gran jugada individual, con el que de paso España se aseguraba la primera plaza.
En todos los campeonatos suele haber un partido raro, tonto o como le queramos llamar, un partido en el que no sale casi nada y de cuya resolución suele depender el futuro del equipo en el torneo. En esta ocasión ese partido fue la semifinal ante Holanda, y aunque con apuros, afortunadamente se pudo solventar con un buen resultado que nos colocó a las puertas de repetir título. Los tulipanes salieron mejor posicionados sobre el campo y pòco a poco se fueron adueñando del partido gracias a la inquietante presencia del poderoso ariete Castillion y a las incursiones por banda del eléctrico Cabral. Fruto de ese dominio llegó el gol, ya cerca del descanso, de Rodney Sneijder, que cabeceó perfectamente el enésimo centro de Cabral. Con Thiago perdido en el centro del campo España estaba cortocircuitada y sólo Rochina generaba algo de peligro, aunque pecando de individualista en algunos momentos. Pero el intermedio volvió a ser un punto de inflexión para los nuestros, que en la segunda parte salieron dispuestos a darlo todo y encerraron a Holanda en su área hasta que Pulido aprovechó un acrobático centro de Thiago tras un córner para subir el empate a uno. El gol sirvió para tranquilizar a una España que pasó a dominar el partido aunque sin pisar a fondo el acelerador. Mientras, la entrada de Van la Parra suponía un nuevo quebradero de cabeza para la defensa hispana, que logró mantenerse firme ante las acometidas de un rival muy peligroso a la contra. En los últimos minutos España volvió a volcarse sobre el área rival pero ni Rochina ni Keko acertaron a batir al meta holandés y la prórroga se tornó inevitable. En el tiempo extra el cansancio acumulado durante toda la semana pasó factura a ambos equipos y el choque se rompió, con España intentando controlar el balón y Holanda fiándolo todo a alguna carrera de sus veloces extremos. Era el momento de alguna genialidad, y fue a llegar de alguien con el que no contábamos. Al comienzo del segundo periodo de la prórroga, un balón suelto cayó en las proximidades del lateral espanyolista Ángel Martínez, quien no dudó en golpear con toda el alma aquel esférico que salió imparable hacia la escuadra holandesa. Un auténtico golazo que colocaba a España en la final, aunque todavía hubo tiempo para las últimas llegadas de Holanda, especialmente una de Van la Parra que Pulido salvó de manera increíble en la misma línea de gol. Con mucho sufrimiento España volvía a meterse en la final de un Europeo sub'17, donde tendría la oportunidad de retomar el duelo con Francia que había quedado en tablas en la primera fase.
Pero quien esperara una continuación en el punto de máxima igualdad en el que había quedado aquel encuentro estaba muy equivocado, porque desde el primer minuto se vio un equipo infinitamente superior al otro, bien plantado en el campo, con las ideas claras y la calidad de sobra para manejar el partido a su antojo. Ese equipo no era otro que España, que a base de toque en el centro del campo (espléndido el partido de Álvaro, Sielva y Thiago Alcántara) y el desborde de un Keko imperial no dejó que Francia pudiera atisbar la más mínima opción de victoria. Con este panorama las ocasiones iban cayendo de manera continuada para el lado español pero ni Keko ni Sergi acertaron a batir al meta galo en sus primeras oportunidades, hasta que a la media hora de incontestable acoso español llegó por fin el tanto que desatascó el choque. En una jugada casi de fútbol sala, Thiago Alcántara penetró por la parte derecha, tiró una pared perfecta con Sergi y pasó tranquilamente el balón al hombre que entraba solo en el segundo palo, Keko, que no tuvo más que empujar a la red para poner la guinda a aquella estupenda triangulación a un toque. El gol fue una simple muestra del gran juego desplegado por España hasta ese momento, pero sólo un anticipo de lo que todavía estaba por venir en la segunda parte. A los cinco minutos de la reanudación Keko metió un buen pase entre líneas para la carrera de Sergi, que avanzó con el balón y sorprendió al portero francés con un buen disparo cruzado que se coló rozando el poste. Desde ese momento se desató el vendaval. Francia apenas era capaz de dar tres pases seguidos y España empezó a gustarse todavía más. Thiago siguió dejando destellos de su calidad y Keko continuaba siendo un quebradero de cabeza para los laterales franceses. En medio del festival, Sielva se animó con una rápida incursión en territorio enemigo que acabó en un claro derribo dentro del área. Thiago Alcántara lanzó con maestría la pena máxima y subió el tercero al marcador cuando todavía faltaban veinte minutos para el final. Y la fiesta fue completa cuando Keko volvió locos a dos defensores en el costado derecho y se sacó un centro que el bético Gavilán convirtió de espléndido cabezazo en el cuarto de la tarde. No había capacidad de respuesta en el bando francés y el quinto gol estuvo rondando la meta gala hasta el final del partido, pero la falta de acierto en el remate y una pizca de egoísmo en algunas acciones impidieron completar la manita. No importaba, el título estaba asegurado y el colofón ideal no era otro gol, sino el sentido y sincero manteo al que los jugadores sometieron al maestro Juan Santisteban nada más finalizar el encuentro. Para las selecciones inferiores aquel torneo marcaba un punto y aparte en la manera de hacer las cosas, para Santisteban suponía el punto final a su dilatada carrera. Y su despedida no podía ser mejor, con un nuevo triunfo y con el partido más perfecto que había vivido, según sus propias palabras, en sus muchos años en el fútbol juvenil.

sábado, 29 de agosto de 2009

2007, Mundial sub'17 (III): Bojan nos deja a las puertas del cielo

3-0

Desgraciadamente, el primer protagonista del partido de octavos de final ante Corea del Norte se encontraba a miles de kilómetros de Ulsan. Aquel 29 de agosto España lloraba todavía la muerte el día anterior del sevillista Antonio Puerta, y en Corea el cielo quiso sumarse a ese llanto con una imponente tromba de agua que acompañó a las dos selecciones durante gran parte del encuentro. Bajo la incesante lluvia nuestros chavales salieron conjurados para dedicar la victoria a aquel joven que tan bien conocía el equipo técnico de la selección y, después de unos primeros minutos de tanteo y resbalones varios (que propiciaron alguna situación peligrosa en el área española), en los que el dominio correspondía a España aunque las ocasiones no terminaban de llegar, Bojan apareció para marcar el camino a sus compañeros. Había que probar desde fuera, alejarse de la tupida defensa norcoreana y aprovechar las condiciones del terreno para ponerlas de nuestro lado, y a ello se aplicó sobrepasado el minuto veinticinco. Primero avisó con un disparo que rozó la escuadra y, tras una ocasión similar de Fran Mérida, su alumno más aventajado, que puso a prueba al portero asiático, recibió de espaldas un balón en la frontal y con un control orientado dejó literalmente tirado a su defensor para luego lanzar un derechazo envenenado que se coló imparable junto al poste. Un golazo en toda regla que empezaba a cimentar la victoria española, que acabó por certificarse al poco de empezar la segunda parte cuando el propio Bojan repitió la jugada de su segundo gol ante Honduras, entrando en el área por la parte izquierda, recortando hacia dentro y disparando con celeridad, en este caso hacia el segundo palo. Otro gran gol para el nueve español, que estaba disfrutando del partido y también colaboró en la jugada del tercer tanto con un gran pase en profundidad para Isma López, que vio la entrada de Iago Falqué y le envió un balón preciso que el gallego no desaprovechó. Faltaban más de veinte minutos y con el duelo visto para sentencia el interés se centraba en ver si seguirían cayendo los goles y en si Bojan sería capaz de firmar un triplete. Se intentaron ambas cosas pero la pólvora parecía definitivamente mojada y el partido acabó con ese 3-0 y la sentida dedicatoria de Santisteban para los familiares de Puerta.

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Los octavos de final nos dejaron el primer eliminado de postín. Al igual que sucediera en el sub'20 de Canadá, Brasil no pudo superar la primera eliminatoria al caer derrotado ante Ghana por 1-0, pese a jugar toda la segunda parte con un hombre más que los africanos. Un error garrafal del meta brasileño propició un polémico gol fantasma que subió al marcador y a la postre supuso la eliminación. Con mucho orden y esa pizca de fortuna, Ghana refrendaba su buen papel en la primera fase y se colgaba sin tapujos el cartel de favorita, colocándose en el hipotético camino a la final de una España que primero debería superar a Francia. Nuestro clásico archienemigo había sufrido para vencer a Túnez en el tiempo extra, al que se llegó con empate a uno, pero en la prórroga los norteafricanos se vinieron abajo físicamente al quedarse con diez y Damien Le Tallec certificó la victoria gala con dos goles más. También se llegó a la prórroga en el Perú-Tayikistán, aunque en este caso hubo que esperar a los penaltis para saber cuál de estos sorprendentes conjuntos alcanzaría los cuartos. Finalmente la suerte sonrió a los sudamericanos, que tendrían que vérselas con Ghana por un puesto en las semifinales. Por la otra parte del cuadro sólo hubo emoción en el partido a priori más destacado, el que enfrentaba a Nigeria y Colombia. Los cafeteros dominaron la mayor parte del encuentro y se adelantaron mediada la segunda parte, pero en el último cuarto de hora los nigerianos lograron dar la vuelta al marcador y completar un interesante duelo de cuartos de final frente a Argentina. La albiceleste no tuvo problemas para deshacerse de Costa Rica por 2-0, como tampoco los tuvieron Alemania e Inglaterra para superar a Estados Unidos y Siria, respectivamente.



1-1
(4-5)

No suele ser buen síntoma que al finalizar un partido todos coincidan en que el mejor de un equipo ha sido su portero, pero no deja de ser eso, una mala sensación, porque no significa necesariamente que el resultado haya sido malo. Analizándolo en frío, si se dice de un buen guardameta como David De Gea, y justo al acabar un partido de cuartos de final de un Mundial que se ha decidido por penaltis, entonces el significado cambia por completo y se convierte en un reconocimiento para el principal artífice de una clasificación para semifinales de un Campeonato del Mundo. Que fue justo lo que sucedió aquel 1 de septiembre en la isla de Jeju, cuyo maltrecho césped fue escenario de un gran partido entre dos potentes selecciones que demostraron por qué estaban consideradas como dos de las mayores favoritas al título. Tras una primera parte muy seria, casi impropia de unos chavales de diecisiete años por el altísimo nivel táctico mostrado por ambos equipos y que impidió que hubiera la más mínima ocasión de gol, el duelo se desató al poco de comenzar la segunda mitad, cuando Damien Le Tallec culminó una veloz jugada de Henri Saivet. Francia obtenía el premio a su mejor planteamiento, más acorde a su estilo, puesto que con su presión había obligado a España a renunciar a su juego habitual y sólo la extraordinaria labor de Camacho y Ximo en el centro del campo y la disciplina del resto de compañeros en tareas defensivas hasta ese momento había permitido al cuadro español aguantar el tipo bajo la incesante lluvia coreana. Pero con un gol en contra se imponía un cambio y Santisteban se la jugó dando entrada a Jordi Pablo y Dani Aquino por Ximo e Isma López cuando todavía faltaba más de media hora para el final. Como casi siempre la decisión fue la correcta y a partir de ese momento España tomó el mando del partido. Bojan tuvo un par de oportunidades pero no acertó a batir al meta galo, que volvió a lucirse en el minuto 72 en un gran disparo del ariete blaugrana. Sin embargo, su despeje salió largo y cayó a los pies de Iago Falqué, que avanzó y cruzó un peligroso balón que pasó por delante de la descolocada defensa francesa y fue a parar a Jordi Pablo, que había acompañado la jugada desde el lado contrario y se encontró con un regalo que no desaprovechó. Entonces el partido se convirtió en un correcalles, algo propiciado por el bajón físico de la mayoría de jugadores y la falta de un especialista en el centro del campo hispano. De Gea tuvo que emplearse a fondo ante Camara y Francia volvió a dar una sensación de superioridad que se mantuvo durante muchos minutos de la prórroga, en la que España se limitó a buscar a Bojan y Aquino con balones largos y esperar que resolvieran con alguna genialidad, cosa que estuvo cerca de ocurrir en un par de jugadas del barcelonista, que no tenía el día de cara a puerta. Las llegadas de Francia eran más numerosas y peligrosas, y De Gea volvió a actuar en un intencionado cabezazo de Le Tallec. Cuando todo hacía presagiar que iríamos a los penaltis, una rápida acción gala estuvo a punto de helarnos el corazón, pero increíblemente Acapandie, a puerta vacía, chutó alto un balón rechazado por nuestro guardameta. No hubo tiempo para más y en los lanzamientos desde los once metros la figura de De Gea se agrandó aún más al detener el tercer penalti francés. Nadie falló por el lado español y con la última conversión de Dani Aquino la euforia se desató entre los miembros de un equipo que, ahora sí, veían cerca la cumbre.

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En el resto de encuentros de cuartos de final no hubo tanta emoción. Ghana cumplió los pronósticos y derrotó a Perú por 2-0 con goles de sus principales artilleros, Sadick Adams y Ransford Osei, a los que los nuestros deberían vigilar de cerca en las semifinales. El partido estuvo marcado, cómo no, por la intensa lluvia, que perjudicó el juego de toque de los peruanos. Por el otro lado Nigeria venció a Argentina por idéntico resultado, en un partido que llegó al descanso ya con el marcador definitivo y que la albiceleste no fue capaz de remontar en una segunda parte en la que incluso Nigeria pudo haber cosechado un resultado de escándalo a la contra. Quien sí pudo completar la goleada fue Alemania, que en el otro duelo de clásica rivalidad europea superó a Inglaterra por un contundente 4-1 en una vibrante segunda mitad en la que se consiguieron todos los goles, algunos de bellísima factura. Así que en las semifinales se produciría un doble enfrentamiento África-Europa, al más puro estilo Meridian Cup.



2-1

Faltaban sólo unos segundos para el final de un agónico partido de semifinales de un Mundial sub'17. Ya había hecho todo lo que se le podría exigir a la estrella de un equipo en un encuentro como ese, pero Bojan Krkic sentía que todavía podía hacer algo más para su equipo. Tenía que correr, molestar, empujar, evitar que Ghana colgara un último balón desde el centro del campo. En ese momento era lo único que le importaba, y no había otra cosa en su cabeza, ni el cansancio, ni la pertinaz lluvia, ni la final que ya acariciaba con los dedos. Ni siquiera la amonestación que había visto al poco de empezar la segunda parte. Y por eso no dudó en hacer falta, ni en colocarse delante del balón para impedir un rápido saque ghanés. Una tontería castigada con tarjeta amarilla en el reglamento y, en su caso, con la ausencia en una final mundialista. Y en ese momento, mientras el colegiado brasileño Salvio Fagundes le mostraba la correspondiente cartulina roja a un desesperado muchacho que empezaba a ser consciente de que se iba a perder precisamente aquello por lo que había querido darlo todo, se desvanecieron muchas de las opciones españolas de alzar un título que parece empeñado en sernos esquivo. El choque se presumía complicado, como cualquier semifinal que se precie, y Ghana no quiso dejar lugar a dudas cuando intentó marcar ya desde el mismísimo saque de centro. En esos primeros minutos los africanos se mostraron más asentados sobre el resbaladizo terreno de juego, pero España pronto equilibró el juego aunque sin crear ocasiones. De hecho, la primera oportunidad clara fue para el delantero ghanés Sadick Adams, que tras regatear a De Gea se precipitó en el disparo y estrelló el balón en el lateral de la red. Luego el guardamenta atlético demostró por qué estaba siendo el mejor del campeonato al desviar un cabezazo de Osei, y poco antes del descanso se produjo la jugada tonta del partido, en una doble ocasión española en la que que el defensa Nortey salvó sobre la misma línea de gol sendos remates de Bojan y Falqué. Tras el descanso el empuje ghanés se redobló y España decidió apostar por el contragolpe, un arma que le dio el resultado deseado en el minuto 70, cuando Aquino recibió un buen servicio de Iago Falqué y remató a las mallas tras un primer intento fallido que le sirvió de heterodoxo control y despistó a la zaga africana, que se detuvo pidiendo una inexistente mano del ariete pimentonero. Pero Ghana nunca se rinde y siguió jugando igual, hasta que encontró la oportunidad en un buen pase de Quansah a Adams, quien fusiló a De Gea aprovechándose de la mala colocación de la defensa española. Durante los diez minutos que faltaban para el 90, y también durante la mayor parte de la prórroga, Ghana buscó la victoria con más corazón que cabeza, encerrando a España pero sin crear demasiado peligro a un siempre seguro De Gea. Al igual que contra Francia, los de Santisteban lo fiaron todo a una genialidad de Bojan, y en esta ocasión la moneda cayó de cara. A cinco minutos del final del tiempo extra, el barcelonista peleó y se llevó un balón imposible frente a tres defensores, que cometieron la imprudencia de hacerle falta al borde del área y sobre la línea de fondo. Era el momento de la estrategia, y se volvió a demostrar que los clásicos nunca fallan: movimiento de arrastre de los atacantes, pase raso al punto de penalti y remate del jugador que viene en circulación desde el segundo palo. En este caso Bojan, que pese a no rematar limpiamente consiguió colar el balón entre una maraña de jugadores y puso a España a las puertas del cielo, instantes antes de descender a los infiernos.

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jueves, 20 de agosto de 2009

2007, Europeo sub'19: Ensayo general en Austria

La inesperada eliminación del Mundial sub'20 fue un duro revés para todos por la manera de producirse y por las expectativas que se habían ido generando, pero afortunadamente la pelota no para nunca de rodar y en esta ocasión apenas hubo tiempo para lamentos. Sólo dos días después de la derrota en Edmonton ante la República Checa empezaba en Austria una nueva edición del Campeonato de Europa sub'19, torneo en el que defendíamos la corona lograda el año anterior por la mayoría de aquellos jóvenes que en esos momentos debían estar volando de vuelta a España sumidos en una profunda decepción. Algunos de los máximos exponentes de la generación del 88 y principales artífices de la clasificación para este Europeo (Mata, Bueno, Sunny o Adrián López) ya habían dado el salto y se encontraban en aquel triste vuelo procedente de Canadá, por lo que el grupo de jugadores que acudió a la cita continental era bastante heterogéneo y estaba formado tanto por el resto de habituales de esa generación (como Javi Martínez, Montoro o Felipe Ramos) como por varios de los mejores del 89 (Asenjo, Azpilicueta o Aarón Ñíguez), en una mezcla que llevaba tiempo preparándose desde la Federación ya que casi todos habían contribuido a la clasificación para esta cita, aunque fuera sólo de manera testimonial. Tras superar a Noruega, Islandia y Azerbayán en la Ronda Élite, el sorteo de la fase final nos deparó un grupo con Austria, Grecia y Portugal que, aunque no era precisamente sencillo, sí nos ofrecía más posibilidades de clasificación que el formado por Francia, Alemania, Serbia y Rusia. En todo caso la selección acudía a tierras centroeuropeas sin el cartel de favorita y más bien entre la desconfianza de unos aficionados que, haciendo honor a la verdad, no esperaban gran cosa de este equipo desprovisto del brillo de anteriores combinados. Pero como casi siempre, la realidad nos volvió a demostrar que nuestros pronósticos no sirven de nada.

El partido del debut era contra Austria, selección anfitriona que, al contrario que la española, apenas había perdido elementos por la disputa del Mundial sub'20. No dejaba de ser irónico que el país que parecía haberse centrado en el torneo continental que organizaba estuviese en condiciones de meterse en la final del Mundial mientras que quien más había apostado por la cita mundialista estuviera ya eliminado. El caso es que, bajo el asfixiante calor que marcó todo el torneo y obligó a la UEFA a permitir la interrupción del juego en el ecuador de cada parte para que los jugadores se refrescaran, en la primera parte apenas hubo nada reseñable, con el dominio muy repartido y las ocasiones brillando por su ausencia, hasta que al poco de comenzar la segunda parte Aarón decidió finiquitar el duelo: sirvió a Azpilicueta el primero tras una gran internada por su banda y apenas unos minutos después se marcó un auténtico jugadón para hacer el segundo tanto. Austria intentó reponerse a ese duro golpe pero apenas sí inquietó la meta de Felipe Ramos, y el partido acabó con una trabajada victoria que sirvió a los nuestros para coger confianza en sus posibilidades, aunque el juego fue manifiestamente mejorable.

El segundo partido, esta vez ante Portugal, comenzó de una manera similar, con los dos equipos jugando a bajas revoluciones por las altas temperaturas, pero pareció animarse cuando a los ocho minutos Javi Martínez estrelló un zapatazo en el larguero. Portugal, que en la jornada inaugural había perdido 1-0 con Grecia, se echó atrás, y España comenzó a dominar y a crear peligro ante la portería lusa, aunque las sucesivas ocasiones de Aarón, Nsue o Modrego no encontraron premio. Pasada la media hora de juego el partido volvió a calmarse y no despertó hasta otra vez el minuto ocho de la segunda mitad, cuando Aarón fue derribado dentro del área por un defensor portugués. El propio jugador valencianista se encargó de transformar la pena máxima y puso en ventaja a España, que desde ese momento vio como Portugal intentaba reaccionar y se estiraba cada vez más hasta lograr el gol del empate por medio de Carriço en el minuto 70. El partido volvió a cambiar de manos y Nsue tuvo la oportunidad de hacer el segundo, pero falló en su remate y el partido finalizó con un empate que dejaba a España a las puertas de la clasificación y a Portugal a las puertas de la eliminación.


El partido contra Grecia se prestaba a toda clase de rumores maledicentes, puesto que a ambas selecciones les valía el empate para plantarse en semifinales. Y si bien es cierto que al final ése fue el resultado definitivo, también hay que reconocer que el encuentro tuvo ocasiones de sobra como para haber roto el empate a cero inicial, aunque finalmente la lógica acabara imponiéndose. Empezó fuerte España, acorralando a una Grecia de la que tampoco esperábamos otra actitud, y pronto empezaron a llegar las ocasiones. Aarón seguía mostrándose como el jugador más desequilibrante del bando hispano y suyas fueron las acciones más peligrosas, aunque el barcelonista Coto y el mallorquinista Nsue también pudieron haber marcado antes del descanso. Tras el parón reglamentario, Grecia se estiró un poco más y trató de conectar con un hasta entonces desaparecido Sotiris Ninis, su principal estrella. En esa fase de dominio heleno llegó la jugada clave, un penalti en el área española que Mitroglou se encargó de lanzar pero que Ramos despejó con acierto. Y entonces sí, como si ambos equipos le hubieran visto las orejas al lobo, sobre el césped del estadio de Linz pareció firmarse un armisticio. España dominaba pero sin llegar demasiado y Grecia corría pero sin presionar en exceso, dejando pasar el tiempo con ese resultado tan favorable para ambos. Se llegó al final sin más sobresaltos y España accedió a semifinales como primera de grupo, un resultado con el que muchos ya nos dábamos por satisfechos pero que afortunadamente no parecía suficiente para quienes estaban en Austria.

Lo cierto es que encontrarnos en semifinales con una Francia como siempre físicamente muy potente, aunque parecía venir de más a menos en el torneo, tampoco ayudaba a sentirnos demasiado optimistas. El juego español se había mostrado muy plano y lento en el centro del campo, con un Javi Martínez que evidenciaba no ser un organizador puro, y dado que Emilio Nsue tampoco parecía estar fino de cara a gol prácticamente todas nuestras opciones parecían pasar por lo que fuera capaz de inventarse Aarón Ñíguez. El comienzo fue una buena muestra de ello, puesto que Aarón lanzó un bonito disparo al larguero y Nsue no acertó a materializar el rechace. En los primeros minutos el dominio territorial correspondió a España pero costaba crear ocasiones y cuando se lograba Nsue no era capaz de resolverlas con acierto. Luego el juego volvió a ralentizarse y ninguno de los dos equipos supo acercarse con peligro al meta rival. La segunda parte comenzó tan vibrante como la primera pero con los papeles cambiados, ya que fue Francia quien estuvo a punto de inaugurar el marcador en una contra de Monnet-Paquet, principal artillero galo, que detuvo a tiempo Felipe Ramos. El portero madridista protagonizó poco después la jugada desgraciada de la noche al caer lesionado tras una salida. El esguince de tobillo que se produjo le impedía continuar en el campo y llegó la hora de otro de los jóvenes, Sergio Asenjo, que se convertiría en el héroe del partido. Pero todavía quedaba mucho tiempo para su momento de gloria. Antes, Aarón vio como el colegiado le anulaba un gol por fuera de juego, y luego el jugador del Albacete Carletes falló una clara oportunidad a la contra. Francia apretaba con un juego más directo pero tampoco creaba peligro, y se llegó al término de los 90 minutos con el marcador inalterado. La prórroga fue un auténtico suplicio para dos equipos muy castigados físicamente y a los que la tensión por la importancia del choque pareció atenazar. Tan sólo hubo una ocasión reseñable, también para España, pero el cabezazo de Mikel San José fue bien atrapado por Carrasso. Llegaba la tanda de penaltis, y en el tercer lanzamiento francés emergió la figura del palentino Sergio Asenjo, que detuvo el disparo de Monnet-Paquet. San José transformó el cuarto para España y Asenjo volvió a atajar el cuarto, dando el pase a la final al equipo español.

Semifinal España-Francia, tanda de penaltis


Ahora sí que las expectativas estaban por todo lo alto, porque una clasificación por penaltis y con un héroe inesperado siempre da moral, y porque el rival sería Grecia, que sorprendentemente había derrotado 3-2 a la Alemania de Ozil y Ben Hatira. Aunque España tenía las bajas de Javi Martínez y Montoro (uno por acumulación de tarjetas y el otro por haber sido expulsado en los últimos instantes de las semifinales) y el equipo griego ya nos había dado un susto en la fase de grupos, casi nadie dudaba de que el título volvería a viajar a tierras españolas. El sabio Juan Santisteban tenía la difícil decisión de elegir a los sutitutos de los centrocampistas sancionados y desde luego su solución no pudo dar mejores resultados. Adelantó a Mikel San José al centro del campo y colocó junto a él al madridista Dani Parejo, quien apenas había jugado unos minutos antes de la final y que había viajado a Austria por la lesión a última hora del barcelonista Marc Crosas, y fue el madrileño quien acabó llevándose los titulares al marcar el único tanto del encuentro. Corría el minuto 38 y hasta entonces España, que había dispuesto de algunas ocasiones, no veía la forma de derribar una muralla helena que, pese a contar con la importante baja de su líder Papastathopoulos, tenía al guardameta Stratilatis como su principal soporte. Entonces Parejo acudió a sacar una falta a la banda izquierda, oteó el horizonte y chutó directamente a puerta cuando todos, incluído el meta griego y su mal colocada barrera, esperábamos un centro al corazón del área. El balón entró pegadito al primer palo y se convirtió en el único gol de un partido que España dominó casi por completo. Casi porque al comienzo de la segunda parte Grecia puso cerco a la meta de Asenjo y, aunque retiró a Ninis, estuvo a punto de alcanzar el empate en un par de jugadas en las que la suerte acompañó al meta del Valladolid, que vio como los delanteros helenos o no llegaba a rematar o disparaban fuera en situaciones prácticamente inmejorables. Afortunadamente el agobio sólo duró un cuarto de hora y luego España volvió a controlar el balón, tratando de dormir un partido que pudo sentenciar antes del final si Stratilatis no se hubiera empeñado en enmendar su error en el gol con varias paradas de mérito. Pero la situación estaba controlada y el título en el bolsillo, y mientras nuestros juveniles levantaban la copa en el verde de Linz seguro que todos pensábamos en lo bonito que sería repetir aquella modesta imagen al año siguiente, en el mismo país pero en un escenario más imponente y con un título definitivamente más ansiado: una Eurocopa absoluta. ¿Por qué no?



sábado, 8 de agosto de 2009

2007, Europeo sub'17: El inicio de un año mágico

Si en su día comentamos que el año 2003 había sido uno de los más fructíferos para nuestras selecciones inferiores, con dos subcampeonatos mundiales y uno europeo, es de justicia decir que el 2007 lo superó con creces, puesto que nuestros chavales dominaron con autoridad el continente, consiguiendo los dos títulos juveniles (algo inédito hasta entonces), y brillaron a gran nivel en las citas mundialistas de Corea del Sur y Canadá. Como siempre, realizaremos el repaso a este magnífico año por estricto orden cronólogico, y eso nos lleva en primer lugar hasta tierras belgas para rememorar el Europeo sub'17 celebrado a principios de mayo. A esta cita los nuestros llegaban tras superar la Ronda Élite, disputada en marzo en Nerja y Almuñécar, con pleno de victorias ante Suiza, Polonia y Suecia, un equilibrado grupo en el que la mayor calidad individual de los Bojan, Fran Mérida y Camacho acabó por darnos el pase. Sin embargo, el juego desplegado no acababa de convencer y nadie sabía a ciencia cierta cuál era el techo de esta generación del 90. Así que al Europeo de Bélgica se llegaba con muchas dudas y el único objetivo claro de alcanzar la clasificación para el Mundial de Corea del Sur, a celebrar en septiembre, clasificación que obtendrían los cinco primeros del torneo. A partir de ahí, todo sería bienvenido, y ciertamente un título es algo que nunca se rechaza.
Pero, como decíamos, al principio las cosas no se veían tan claras y de hecho cuando el sorteo nos colocó junto a Alemania, Francia y Ucrania en el que sin duda era el grupo de la muerte (en el otro grupo quedaron emparejados Inglaterra, Holanda, Bélgica e Islandia), muchos pensaron que ganarse el billete a Corea ya sería suficiente premio. Sin embargo, si algo nos han enseñado las sucesivas hornadas de chavales que han defendido la camiseta de la Selección en estas categorías es que ellos nunca se dan por vencidos antes de tiempo, y que cuando el balón empieza a rodar generalmente es la clase lo que le hace girar. Y con ese espíritu, y un Bojan que tras su espectacular torneo el año anterior y su más reciente debut con el primer equipo del Barça acudía a Bélgica dispuesto a confirmar su candidatura a estrella, los de Santisteban afrontaron sin temores el debut ante Francia. En una primera parte para enmarcar, España dominó completamente a los bleus y se adelantó en el minuto 20 gracias a un gol del barcelonista Iago Falqué, que culminaba unos primeros minutos apabullantes en los que Bojan, Fran Mérida e Isma López se encargaron de llevar el peligro a la meta francesa. Tras el gol el balón cambió de dueño, aunque las llegadas de los galos tenían menos claridad que las hispanas y sólo Damien Le Tallec, hermano de aquel Anthony Le Tallec que "sufrió" a Fernando Torres en el Europeo de 2001, parecía capaz de meternos el miedo en el cuerpo. Pero en la segunda parte el físico francés se impuso y llegó la hora de David De Gea, que salvó el empate en varias ocasiones antes de que Fran Mérida (ya reclutado por Wenger, cómo no) aprovechara un buen servicio del murcianista Dani Aquino para hacer el 2-0 que sería definitivo.
Tras esa buena victoria se esperaba que el equipo siguiera creciendo y certificara ante Ucrania el pase a semifinales y por tanto la clasificación para el Mundial, y los nuestros no fallaron. Con la confianza por las nubes, España se adueñó del balón aunque encontró más dificultades para acercarse a la portería ucraniana, y tuvo que esperar media hora y a una jugada a balón parado para inaugurar el marcador: Ignacio Camacho abrió la lata con un buen cabezazo, con el que el capitán celebraba de manera inmejorable su decimoséptimo cumpleaños. En la segunda parte el partido siguió con la misma tónica de dominio infructuoso de España, pero los huecos empezaban a aparecer y a los veinte minutos Iago Falqué envió a la red un buen centro del extremo del Athletic Isma López. Con el 2-0 Santisteban optó por dar descanso a Bojan y su sustituto Dani Aquino no quiso perder la oportunidad de reivindicarse marcando el tercer tanto a los cinco minutos de entrar al campo. Ya en el descuento, Shevchuk hizo el gol del honor con un bello disparo, perfecto para cerrar una plácida tarde primaveral.
En el tercer partido España, pese a tener la clasificación prácticamente asegurada (sólo una contundente derrota nos podía privar del pase), saltó al campo dispuesta a dar guerra a una Alemania que después de perder contra Francia necesitaba imperiosamente la victoria si quería garantizarse una plaza en semifinales, y con ello el choque se convirtió en un bonito duelo en el que ambos equipos buscaron la portería rival como si les fuera la vida en ello. Santisteban introdujo algunas novedades en el once pero la consistencia de la línea defensiva permaneció inalterada y eso impidió que los ansiosos alemanes inquietaran con la frecuencia esperada a un De Gea que además se mostró tremendamente seguro en todas sus intervenciones. Los minutos pasaban y el partido se iba rompiendo mientras Alemania sufría con las noticias que llegaban del otro partido, en el que Francia dilapidaba una ventaja de dos goles dejando su clasificación en manos teutonas. Un gol alemán hubiera bastado, pero no era el día de sus estrellas Toni Kroos y Richard Sukuta-Pasu y poco a poco las fuerzas fueron abandonando a un equipo que además tuvo que sufrir la incómoda presencia de Bojan en unos últimos minutos en los que el gol que estuvo a punto de llegar tenía claro color español. Finalmente el resultado permaneció inalterado y Francia respiró con alivio, viendo que su tropiezo ante Ucrania no tenía más consecuencias que conseguir el pase a semifinales sólo por la diferencia de goles.
La semifinal nos enfrentaría a la selección anfitriona, Bélgica, que se había clasificado segunda de grupo por detrás de una Inglaterra que asumía con justicia el papel de favorita. El partido fue tenso, propio de lo que estaba en juego, pero siempre con la sensación de que el guión discurría según lo planteado por los belgas. España no encontraba su juego y Bélgica se limitaba a dejar pasar el tiempo mientras tejía una maraña defensiva en torno a los mejores jugadores hispanos. El primer tiempo pasó sin apenas ocasiones, y en la segunda parte las cosas se complicaron pronto ya que a los diez minutos el central del Atlético Atienza era expulsado por doble amarilla, dejando a los nuestros con diez jugadores. Entonces llegó el arreón de los belgas, que espoleados por su público y guiados por un excelente Eden Hazard se hicieron con los mandos del encuentro y obtuvieron el premio del gol justo en el ecuador del segundo periodo, cuando el propio Hazard culminó una contra con un suave disparo que Rochela, en su agónico esfuerzo por evitar el tanto, acabó introduciendo en la portería de un batido De Gea. No se podían poner peor las cosas para España, que sin embargo sacó fuerzas de flaqueza y se encomendó a un Bojan que por fin dio su auténtica medida. El delantero del Barça avisó primero con un disparo al poste y a falta de diez minutos largó otro espectacular disparo lejano que batió al adelantado portero belga. El empate nos llevó a una prórroga de claro dominio local en la que tanto Camacho como Ximo Forner redoblaron su espectacular trabajo en la media para sostener a un equipo casi fundido y que vio como el balón traspasaba la línea de gol defendida por De Gea en dos ocasiones, aunque ambos tantos fueron anulados. Así se llegó a una tanda de penaltis en la que nuevamente hubo que sufrir hasta el final, ya que el jugador del Athletic Ander Vitoria marró el primer disparo y España fue a remolque hasta el quinto lanzamiento, en el que Bélgica tuvo la oportunidad de ganar pero falló. En la muerte súbita no hubo más errores hasta la tercera ronda, en la que el capitán Camacho marcó y De Gea detuvo el lanzamiento decisivo, poniendo a España en una final más que sufrida.
En el partido por el título estaría Inglaterra, que como era de esperar había superado a Francia en la otra semifinal, y el duelo no defraudó. Con la lección aprendida tras el sufrimiento ante los belgas, España salió dispuesta a marcar su impronta en el partido desde el pitido inicial, aunque la fortaleza física de los ingleses no facilitaba las cosas. En estos primeros minutos era Iago Falqué el que se echaba el equipo a las espaldas, aunque las mejores ocasiones estuvieron en las botas de Fran Mérida y Ximo. En cualquier caso el juego no era fluído, como en cualquier final que se precie, y al descanso se llegó con el marcador inicial y sin que ninguno de los dos equipos hiciera claros méritos para ir por delante. Pero el panorama cambió radicalmente al comienzo de la segunda mitad. España salió a por todas y a los tres minutos encontró el gol: en una indecisión de la defensa inglesa el balón llegó a Fran Mérida, que no supo batir al meta Steele, pero Bojan estuvo atento para cazar su depeje y puso el 1-0 en el electrónico. Entonces Inglaterra se fue hacia arriba y gozó de unas cuantas ocasiones, sobre todo en jugadas a balón parado en las que trataron de imponer su mayor poderío físico, pero España aguantó bien e incluso pudo aumentar las diferencias. No sucedió y hubo que esperar hasta el final para poder respirar tranquilos ante una Inglaterra sin demasiadas ideas pero que convertía cada jugada a balón parado en una guerra sin cuartel. Sin embargo, la tropa española resultó vencedora y consiguió un botín que se nos negaba desde el ya lejano 2001, cuando todavía se disputaba como torneo sub'16 y Fernando Torres comenzaba a arrasar los campos ingleses.

sábado, 11 de julio de 2009

2004, Europeo sub'17: Cesc no está solo

Tras el brillante 2003, en el que nuestras selecciones inferiores lograron 2 subcampeonatos mundiales y uno europeo, el 2004 volvía a ser año exclusivamente de Campeonatos de Europa, una vuelta a la lucha por la supremacía continental y como siempre un gran banco de pruebas para las nuevas generaciones que se incorporaban al fútbol internacional. Claro que en la sub'17 de este año la novedad era menor, puesto que 4 de sus componentes ya habían saboreado el amargo sabor de la plata en el Mundial sub'17 de Finlandia 2003. Adán, Mandaluniz, Javi García y Cesc Fábregas debían liderar por su experiencia a un buen grupo de jóvenes talentos entre los que destacaban Gerard Piqué, Diego Capel, Marcos García, Esteban Granero o Jonathan Pereira. Pero evidentemente, por encima de todos ellos, sobresaliendo incluso entre el resto de jugadores del torneo, emergía la figura de Cesc Fábregas, doblemente galardonado en la cita mundialista finesa y que a estas alturas (mayo de 2004) ya sabía lo que era jugar y marcar con el primer equipo del Arsenal. Aunque todas las miradas se centraban en el nuevo protegido de Arsene Wenger, lo cierto es que ya en la fase de clasificación, disputada en marzo en las localidades gaditanas de Algeciras y Los Barrios, se había visto que en aquel equipo había bastantes más jugadores a tener en cuenta. Así que como casi siempre, el objetivo de Juan Santisteban era volver de Francia con el título en el equipaje.


No sería fácil, puesto que tras la citada fase previa en la que nos clasificamos empatados a puntos con Rusia pero con bastante mejor diferencia de goles gracias a sendas goleadas infligidas a la República Checa (4-0) y a Hungría (6-1), nuestros rivales en la fase de grupos del Campeonato de Europa serían Francia, selección anfitriona y siempre candidata, Turquía, que empezaba a despuntar en categorías inferiores, e Irlanda del Norte. El debut ante los otomanos fue tremendamente complicado, pues Turquía era un rival correoso y no exento de calidad que puso en aprietos al equipo español, teóricamente favorito y que salió obligado a mandar en el partido. Claro que eso era lo que se esperaba y también lo que los nuestros sabían hacer, y desde el comienzo las pocas ocasiones del encuentro cayeron mayoritariamente del lado hispano. Con un 4-4-2 muy marcado, con Javi García jugando en punta con la idea de usar su envergadura para cazar los centros desde las bandas de Marcos y Carmona, Cesc y Mario Suárez se encargaban de ordenar el juego desde el mediocentro. El dominio español fue casi absoluto y el premio llegó al filo del descanso, cuando el jugador del Villarreal Marcos aprovechó un mal despeje del portero para marcar el primer gol. La segunda parte fue más disputada y los turcos se estiraron en busca del empate, algo que estuvieron a punto de lograr con un tiro al travesaño, pero también España tuvo sus ocasiones para sentenciar. Afortunadamente no hubo que lamentar esas oportunidades marradas y se llegó al final de los 80 minutos con esa victoria que servía para poder tomarse el partido contra Francia con menos tensión.

 
Y es que si España presentaba una gran selección, la Francia de Philippe Bergeroo (otro clásico de las selecciones inferiores) no le iba a la zaga y en sus filas contaba con jugadores como el férreo central Abdelkarim El Mourabet, el veloz Franck Songo'o (hijo del ex-portero del Deportivo), los habilidosos centrocampistas Hatem Ben Arfa y Samir Nasri y dos rápidos y potentes delanteros como Jeremy Menez y Karim Benzema, si bien este último no disfrutó de muchos minutos en el torneo. Un equipo temible que, jugando en casa, salió dispuesto a marcar el territorio y tuvo las primeras ocasiones gracias a la movilidad de Menez y a su buen entendimiento con Ben Arfa y Nasri, superiores en este comienzo al centro del campo español. Santisteban además tuvo que introducir en el minuto 13 al delantero del Espanyol Marc Pedraza por la lesión del albaceteño César Díaz y, para completar el mal arranque de España, el gol francés llegó sólo cinco minutos después, cuando un centro de Menez fue introducido por Mario Suárez en propia puerta. Como ya nada podía ir peor, el tanto sirvió para que España se metiera en el partido y Carmona gozó de un par de buenas oportunidades que no supo aprovechar. En la segunda parte el duelo se equilibró y los dos guardametas se convirtieron en protagonistas al abortar casi todas las ocasiones de gol. La entrada de Diego Capel le dio más mordiente al ataque español pero no era el día ni de Javi García ni de Piqué, que incorporado a la desesperada tuvo en su cabeza el empate pero no acertó.

La derrota sin embargo no era demasiado trascendente ya que bastaba con ganar a la débil Irlanda del Norte para asegurarse el pase a semifinales, y eso fue lo que ocurrió. Marc Pedraza tuvo su tarde de gloria al anotar los tres primeros goles del cuadro español, que ya antes de que el espanyolista abriera la cuenta en el minuto 27 había dispuesto de varias oportunidades muy claras, incluyendo un disparo al larguero de Marcos. Los goles llegaron como culminación de una serie de contrataques muy bien llevados por toda la delantera hispana, que con espacios demostraba ser demoledora. Tras el tercer gol, al poco de comenzar la segunda parte, España se relajó un poco y casi en el primer acercamiento norirlandés Matt Doherty clavó una tremenda volea en la escuadra de Adán. El tanto del rival espoleó a los nuestros, que volvieron a crear muchas oportunidades, y fue Diego Capel quien marcó el cuarto en el minuto 65 tras una bonita jugada personal. De ahí al final, más oportunidades para España, sobre todo en las botas de Jonathan Pereira, que podían haber significado un resultado de auténtico escándalo. Pero lo importante era la victoria, que nos metía en semifinales como segundos de grupo, lo que significaba tener a Inglaterra como rival en la penúltima ronda.

Inglaterra había liderado el grupo B por delante de Portugal, a la que habían derrotado con claridad por 3-1 en su enfrentamiento particular, y se mostraban como una selección rocosa y veloz, típicamente británica. Con David Wheater como jefe de la defensa, Mark Noble era el encargado de mantener el orden y hacer circular la pelota desde el centro del campo. En el banquillo figuraba el delantero Frazier Campbell, aunque la principal referencia ofensiva era Shane Paul que ya había marcado 3 goles en el torneo. El partido tuvo un comienzo electrizante y Carmona estuvo a punto de adelantar a los nuestro en el minuto 1, pero su disparo se topó con el poste. El primer gol llegó a los diez minutos tras una buena internada de Cesc y un potente remate de Pedraza que el siempre atento Marcos cazó en el segundo palo para enviar la bola a la red. Inglaterra se recuperó de inmediato y Kyel Reid casi empató en la jugada siguiente, pero su disparo se marchó desviado. Pocos minutos después, el propio Reid botó un córner muy cerrado que Mario Suárez no supo despejar en el primer palo y que sorprendió a Adán, quien no pudo evitar que el balón se colara en su meta. Empate a uno y dominio inglés de ahí al descanso, con llegadas constantes ante una defensa que se sentía desprotegida por la baja de Piqué, sancionado por acumulación de tarjetas. El inicio de la segunda parte siguió el mismo guión que el final de la primera mitad, con Inglaterra llegando con peligro a la meta de Adán. Aunque la entrada de Jonathan Pereira y Diego Capel supuso un soplo de aire fresco para el inoperante ataque español, las ocasiones más peligrosas continuaban siendo para los británicos. El final del partido se acercaba e hizo honor al emocionante encuentro que se estaba disputando. En el minuto 79, una brillante acción del sevillista Diego Capel fue abruptamente cortada dentro del área por Mark Noble, que fue justamente expulsado. Era el último minuto, la hora para los líderes, y ahí apareció un hasta ese momento desdibujado Cesc Fábregas para demostrar a su país de adopción de qué pasta estaba hecho. Tomó el balón con decisión y su disparo a media altura fue imposible de alcanzar para el portero inglés. En el tiempo de prolongación Inglaterra mandó arriba a todos sus hombres pero no hubo manera de derribar la muralla española y los de Santisteban corrieron a celebrar su pase a la final. Allí esperaba Francia, que se había deshecho de Portugal por 3-1, remontando el tanto inicial luso.

Gol de Cesc a Inglaterra


Por segundo año consecutivo España se enfrentaría en la final del Europeo sub'17 al organizador del torneo, y esperaba no repetir el resultado de 2003. Además la derrota de la primera fase estaba muy cercana y en los nuestros había ánimo de revancha. Sin embargo el duelo en Châteauroux no pudo empezar peor: en la primera acción del partido Francia logró adelantarse en el marcador al culminar Kevin Constant una buena jugada por banda. No había pasado ni medio minuto y España ya estaba a remolque, obligada a chocar una y otra vez contra la ordenada defensa francesa. Claramente superados por las circunstancias, los españoles pecaron de impaciencia mientras el rival, muy cómodo en su papel, se limitaba a esperar alguna genialidad del omnipresente Ben Arfa, muy activo todo el encuentro, y a enviar pelotazos a un Jeremy Menez bien sujetado por Piqué. Cesc Fábregas dispuso de la primera ocasión clara para España pero su disparo salió desviado por poco. Luego, en unos minutos de acoso hispano, Javi García y Cesc volvieron a estar cerca del gol, pero sus remates no encontraron el camino a la red, e incluso un libre directo del jugador del Arsenal se estrelló en el poste del meta Benoit Costil. Al borde del descanso, Francia pudo desembarazarse del tímido dominio español y Menez y el defensa Akakpo tuvieron sus opciones, aunque tampoco acertaron. Santisteban movió ficha en el descanso y la entrada de Jonathan Pereira y Diego Capel sirvió para abrir un poco más el campo y ofrecer nuevas alternativas a Cesc, que seguía siendo quien más lo intentaba. Por el bando francés, Ben Arfa era quien llevaba el peligro, cada vez más cómodo con los espacios que iba dejando el centro del campo español. Fruto de un gran pase suyo fue una clarísima oportunidad de Menez, que no pudo superar a Adán en el mano a mano. Pero más por ganas que por buen juego, España se estaba mereciendo el empate y por fin lo logró en el minuto 63, cuando Gerard Piqué hizo alarde de su poderío en el juego aéreo para cabecear a las mallas un saque de esquina. El último cuarto de hora se jugó de poder a poder, con Francia buscando el gol con algo más de insistencia pero con España buscando también sus opciones en la velocidad de Pereira y el desborde de Capel. Sin embargo, el triángulo formado por Ben Arfa, Menez y Nasri empezaba otra vez a combinar con peligro y en este último tramo los tres tuvieron una oportunidad para dar la victoria a su equipo: primero Menez chutó fuera cuando tenía todo a favor, luego fue Ben Arfa quien no encontró portería con un intencionado chut desde fuera del área, y ya en el último minuto fue Samir Nasri el que agarró un balón en tres cuartos de cancha, avanzó hasta la frontal y soltó un colocado disparo ante el que nada pudo hacer Adán. De esta dolorosa manera España volvía a caer en la final de un Campeonato de Europa de la categoría, aunque dejaba para la esperanza un buen puñado de nombres a seguir con atención durante los próximos años. Antes del torneo España era Cesc y diez más, pero tras el campeonato teníamos claro que la generación del 87 pisaba con mucha fuerza.

sábado, 30 de mayo de 2009

2001, Europeo sub'16: Ha nacido un Niño

Si hay una categoría en la que España sea clara dominadora a nivel europeo, ésa es sin duda la actual sub'17. Los Campeonatos de Europa sub'17 se celebran anualmente desde 1984 y son, por edad, los primeros torneos oficiales de selecciones nacionales, la primera oportunidad para ver competir internacionalmente a los jugadores más jóvenes y prometedores del planeta, y está claro que a los cadetes españoles les gusta dejarse ver. Desde la primera edición del Europeo (año 1982), cuando éste nació en categoría sub'16, hasta el último campeonato celebrado hace un par de semanas en Alemania, nuestros chavales han levantado el trofeo continental nada menos que en 8 ocasiones, más que ningún otro país. Y de esos 8 títulos, 6 se han conseguido bajo la sabia batuta del gran Juan Santisteban. Nuestra cantera siempre (o casi siempre) está ahí, ya que en otras 4 ocasiones se fueron a casa con el amargo sabor del subcampeonato y 5 veces más quedamos apeados en semifinales. El balance es poco menos que espectacular.

Desgraciadamente, los internacionales sub'17 acaban desapareciendo del panorama futbolístico con mucha facilidad. Muchos de los jugadores que destacan a edades tan tempranas luego ven como su evolución se estanca por múltiples motivos: una lesión, un deficiente desarrollo futbolístico posterior, la explosión más tardía de otros chavales o incluso aspectos extradeportivos hacen que no sean muchos los que consigan dar el salto y desarrollar una carrera profesional al más alto nivel. Por ejemplo, del Europeo de 1999, conseguido unos pocos días después del éxito de la sub'20 en Nigeria, sólo los nombres de Pepe Reina, Mikel Arteta o Fernando Navarro son reconocibles por el gran público, aunque otros como Parri o Corrales hayan llegado también a Primera. Pero la generación de 1984, que disputó el Campeonato de Europa sub'16 en 2001, es otra historia. Historia que, por supuesto, merece ser contada.

Y no es fácil hacerlo, ya que la UEFA sólo nos muestra datos completos de sus competiciones de base desde 2002 y la atención de los medios por estos campeonatos aparece sólo cuando se alcanzan los últimos partidos (y no siempre). No obstante, comencemos. El de 2001 era el último Europeo que se celebraba en categoría sub'16 ya que, siguiendo recomendaciones de la FIFA, la UEFA había decidido adoptar las categorías FIFA para sus competiciones continentales (así, en 2002 el Campeonato sub'16 pasaría a ser sub'17 y el sub'18 se convertiría en sub'19). Se mantenía el formato establecido en 1993 para hacer de este torneo sub'16 una réplica de la Eurocopa absoluta, por lo que a la cita de 2001, que se celebró del 22 de abril al 6 de mayo en varias ciudades del centro y nordeste de Inglaterra, acudieron 16 selecciones. España quedó encuadrada en el Grupo A junto a Rumanía, Bélgica y Alemania, selección que teóricamente debería acompañarnos a cuartos de final, y disputó los 3 partidos de esta primera fase en la pequeña localidad de Durham, de unos cuarenta mil habitantes y situada a unos 30 kilómetros al sur de Newcastle. En el humilde New Ferens Park, los pocos aficionados que se acercaron a ver el debut español contra los rumanos descubrieron a una selección llena de calidad que estaba llamada al éxito y, entre todos sus jugadores, a dos que se entendían a las mil maravillas: un pequeño centrocampista de aspecto enfermizo al que nadie parecía poder arrebatarle el balón y un espigado y pecoso delantero capaz de realizar maniobras inverosímiles, y que atendían a los nombres de Andrés Iniesta y Fernando Torres. Con la inestimable ayuda de compañeros como Moyá, Miguel Flaño, Melli o Gavilán, entre los dos se bastaron para superar con facilidad a Rumanía (3-0) y golear a Bélgica (5-0). El último partido ante los alemanes parecía un trámite, pero un tempranero gol germano complicó las cosas. Alemania se dedicó a defender con todo y a no dejar que España desarrollara su juego, interrumpiendo el juego con continuas y peligrosas entradas que tenían un claro objetivo: parar a Iniesta a toda costa. Y a fé que lo consiguieron, pues el albaceteño tuvo que retirarse lesionado a 10 minutos para el final con los ligamentos dañados. El Europeo se había acabado para él, y poco importó el segundo gol teutón. España pasaba a cuartos gracias a la diferencia de goles con Bélgica pero perdía a uno de sus mejores jugadores. La única nota positiva era que en cuartos se evitaba al anfitrión Inglaterra, aunque a costa de tener que enfrentarse a Italia.

Era el momento de que alguien asumiera las responsabilidades en el equipo, y ese fue Fernando Torres. Formando pareja de ataque con Diego León (por entonces de características similares a Iniesta, aunque luego las lesiones, la política de cantera del Real Madrid y sus propias decisiones le apartaron de la élite), el de Fuenlabrada creció en todos los aspectos hasta erigirse en el líder del grupo. Su temporada había comenzado en diciembre, tras recuperarse de una grave lesión de rodilla, por lo que estar en aquel Europeo ya era un premio, pero asumió los galones y siguió goleando (ya llevaba 3 goles en 3 partidos). De alguna manera, para él la fase eliminatoria sería también premonitoria: en su primera visita a un estadio Premier (el Stadium of Light, de Sunderland) hizo el tanto del empate ante los transalpinos (España pasó en los penaltis, donde Torres también anotó su lanzamiento) y anotó otros 2 más en el Riverside de Middlesbrough que sirvieron para doblegar a Croacia en semifinales (3-0). Cómo imaginar entonces que algún día convertiría los campos ingleses en su lugar de trabajo habitual. Guiados por la estrella rojiblanca, los nuestros se conjuraron para dedicarle el título a Iniesta y también a Gorka Larrea, delantero de la Real Sociedad lesionado ante los italianos.

Pero la final de Sunderland no sería nada fácil, ya que enfrente estaría una temible selección francesa que llegaba después de apabullar a todos sus rivales, con 17 goles marcados y sin recibir ninguno. La última exhibición, un 4-0 ante Inglaterra, les situaba como claros favoritos y había despertado el interés de muchos clubes en su pareja atacante formada por Florent Sinama-Pongolle y Anthony Le Tallec, que tras el torneo firmarían por el Liverpool. Sin embargo, el cuadro de Santisteban planteó un partido muy serio, con el equipo replegado para maniatar el juego francés y aprovechar al máximo las potentes arrancadas de Torres, quien a los dos minutos ya estuvo a punto de inaugurar el marcador, aunque falló por poco. Luego el partido entró en una dinámica de domino francés que se prolongó hasta el descanso, aunque sin que Moyá tuviera que intervenir. Los segundos cuarenta minutos vieron un resurgir español, con más presencia ofensiva hasta que a Diego León le aguantó el fuelle. Se pasó de nuevo al dominio de Francia, mucho más entera físicamente, pero entonces llegó el milagro. En su enésima cabalgada solo contra el mundo, Torres cayó en el área y el árbitro inglés Andy D'Urso señaló los once metros. El propio Fernando se encargó de lanzar el penalti y su fuerte disparo se coló junto a la cepa del poste, haciendo inútil la buena estirada del meta galo (ver gol). Quedaban 5 minutos para el final pero ése no era el día de Sinama y Le Tallec sino el de Fernando Torres, que robó todo el protagonismo a los flamantes fichajes "reds" marcando el gol decisivo, alzándose con el título de máximo goleador y siendo declarado Mejor Jugador del torneo. Semanas después, Torres debutaría en Segunda con el primer equipo rojiblanco, convirtiéndose enseguida en un ídolo para una hinchada huérfana de símbolos sobre el césped, y con el tiempo acabaría llegando a lo más alto del escalafón futbolístico, triunfando incluso donde fracasaron sus rivales de aquel día, ante la fervorosa afición de Anfield. Pero para eso quedaban seis largos años. Aquella tarde de mayo sólo intuíamos que había nacido una estrella.