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martes, 26 de mayo de 2009

Sidney 2000: Oro negro

2-2
(3-5)

Hay días en los que es mejor no levantarse. Seguramente Iván Amaya pensó algo parecido mientras esperaba en el podio con la mirada perdida a que le entregaran una amarga medalla de plata. Lo pensarían también compañeros como Gabri, Angulo o Jose Mari. Y Xavi, y Aranzubia, e Iñaki Sáez, y todos los españoles que estuvieron aquella soleada mañana en el Estadio Olímpico de Sidney. Y sin duda también lo pensamos los aficionados que desde España seguimos una final Olímpica que ocupó casi toda la madrugada del 29 al 30 de septiembre del año 2000. Porque, por esas cosas del fútbol, un partido que al descanso era un alegre fiesta española se acabó convirtiendo en un triste mar de lágrimas de impotencia bañadas en plata.

Es difícil decir en que momento exacto se produjo el punto de inflexión, o cual fue la acción decisiva que cambió por completo el curso del partido. Quizá el Destino existe y todo estaba ya previsto de antemano, preparado para que en un Estadio Olímpico repleto hasta la bandera con casi 105.000 espectadores en las gradas se escribiera una de esas gestas legendarias que salpican la historia de las Olimpiadas, tan bonitas de ver y escuchar cuando no eres el derrotado. Porque pese a que Camerún ya había vencido a Brasil y Chile, dos de las grandes candidatas al Oro, para poder plantarse en la Final, si en ese partido había un favorito ése era España. Y cuando Xavi inauguró el marcador a los dos minutos con un gol de falta directa en el que contó con la inestimable ayuda del adolescente Kameni (que colocó mal la barrera y luego hizo la estatua), nada hacia presagiar que aquel voluntarioso equipo africano pudiera oponer la más mínima resistencia a un combinado español convencido de la victoria. El partido había comenzado a las 3 de la madrugada (mediodía en Sidney), y los aficionados que habían desafiado al sueño para ver la final empezaban a ver recompensado muy pronto su desvelo. Porque España estaba metida de lleno en la final y Camerún seguía en los vestuarios. A los cinco minutos se produjo la primera jugada clave: Jose Mari cayó dentro del área cuando ya encaraba a Kameni, y aunque el colegiado mexicano Felipe Ramos Rizo decretó la dudosa pena máxima ni siquiera amonestó al infractor, el defensa Nguimbat, consciente quizá de que no tal vez no hubiera existido contacto alguno. Angulo tomó la responsabilidad de convertir el penalti, pero su flojo lanzamiento fue atajado sin dificultades por Kameni. El fallo era grave, pero la ventaja en el marcador y sobre todo en el juego daba cierta tranquilidad. La que no debía estar tan tranquila era la conciencia de Ramos, o al menos eso explicaría la permisividad que desde ese momento mostró para con las agresivas entradas del equipo de Camerún. La dureza de los defensas africanos se cobró su primera víctima poco antes de la media hora, cuando Gabri tuvo que sustituir al renqueante Toni Velamazán, víctima de una dura entrada de Abanda que pudo merecer algo más que la amarilla mostrada por el mexicano. Pese a todo, la primera parte siguió el curso establecido, con España llegando con relativa facilidad al área camerunesa y sin noticias de la pareja Eto'o-Mboma. Y ya en el tiempo añadido, Gabri consiguió batir de nuevo a Kameni aprovechando una gran asistencia de Xavi. España se iba al descanso con el partido bien encarrilado y con la esperanza de que Camerún acusase el mazazo del postrero gol hispano.

Pero nada más lejos de la realidad. El intermedio sirvió para que España se desconectara del partido y Camerún se reorganizara. El técnico africano dio entrada al delantero Dani Kome por el central Nguimbat, dejando claro que no iba a morir sin luchar, y provocando de paso una gran confusión en la zaga española. El buen arranque camerunés se vio recompensado a los 8 minutos de la reanudación, cuando Mboma buscó la espalda de Puyol en el lateral izquierdo y su centro rebotó en el pecho de Amaya para despistar a Aranzubia, que estaba iniciando la salida, y colarse suavemente por el primer palo. Y antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora, Eto'o remató una contra de libro propiciada por un nuevo despiste de Puyol que Mboma aprovechó para internarse por la banda y servir en bandeja el gol al entonces delantero del Mallorca. En menos de 15 minutos España había dilapidado su ventaja y además había confirmado que el árbitro no estaba por la labor de echar una mano, puesto que saldó con una amarilla a Jose Mari por simular una acción en la que el sevillano recibió un claro codazo de Abanda, que seguía imponiendo su ley en las inmediaciones del área de Kameni. Frustrados por la remontada camerunesa y descentrados por la actuación del colegiado, los jóvenes españoles cayeron en la trampa y en minuto 70 Gabri realizó una durísima entrada que, esta vez sí, a juicio del árbitro fue merecedora de expulsión. El partido entró en una nueva dinámica, con Camerún intentando atacar pero mostrando una nula capacidad de creación, mientras que España se defendía con orden y buscaba sus oportunidades a la contra. Sin embargo, ni unos ni otros llegaban con claridad y nadie fue capaz de desnivelar el marcador antes de llegar al minuto 90, lo que nos llevó a un tiempo extra en el que el poderío físico africano parecía clave.

La prórroga, que ya se presumía épica, se convirtió en una lucha sin cuartel desde que en el primer minuto Jose Mari vio la segunda amarilla por simular penalti en un forcejeo con Abanda. Con el mermado equipo español defendiéndose con uñas y dientes ante el desordenado ataque africano, lo cierto es que Camerún apenas creó peligro pese a su clara ventaja numérica. De hecho, las ocasiones más claras fueron para España, que a balón parado estuvo a punto de lograr el que hubiera sido un auténtico Gol de Oro cuando Joan Capdevila largó un zapatazo a la salida de un córner que se estrelló en el poste. Camerún metió a todos los atacantes que le quedaban en el banquillo pero los minutos pasaban y la perspectiva de que todo se decidiera en la tanda de penaltis cobraba más y más fuerza. Ya eran casi las cinco y media de la madrugada en España pero la tensión del choque, que estaba a punto de llegar a su momento culminante, nos mantenía a todos bien despiertos. Patrick Mboma tiró de veteranía para abrir la tanda y batir a Aranzubia, a lo que Xavi respondió con otro buen lanzamiento que superó a Kameni. Eto'o y Capdevila tampoco dudaron y transformaron sus correspondientes penaltis, al igual que Geremi. Le llegó el turno a Iván Amaya, que se acercó decidido a los once metros y optó por un lanzamiento alto y potente, imparable para cualquier portero pero que desgraciadamente en esta ocasión se topó con el travesaño, dejando helados a todos los aficionados españoles y completamente hundido al entonces flamante fichaje del Atlético de Madrid. El sevillano Lauren no desaprovechó la ocasión y amplió la diferencia africana. Con 4-2 la presión era para Albelda, que debía marcar para mantener vivas las esperanzas de España de alzarse con el Oro. El valencianista no se arrugó y transformó con frialdad, con lo que todo quedaba a expensas del duelo entre Dani Aranzubia y Pierre Wome. El defensor camerunés colocó el balón con mimo sobre el punto fatídico, cogió una larga carrerilla y lanzó un zurdazo con el interior hacia la escuadra derecha de Aranzubia, que había elegido el otro lado para su estirada, previendo un lanzamiento más potente y menos colocado. Gol, alegría y medalla de Oro para Camerún, y rabia, lágrimas y medalla de Plata para España.

Unos minutos después de aquel triste desenlace, mientras acompañaban a los felices cameruneses, que acababan de conseguir la primera medalla olímpica de la historia de su país, y a los satisfechos chilenos, que el día anterior habían derrotado por 2-0 a Estados Unidos en el partido por el Bronce, los futbolistas españoles parecían pensar en la oportunidad perdida. A miles de kilómetros, más allá de las seis de la mañana, los más madrugadores se topaban con los rostros cariacontecidos de quienes se habían pasado la noche en vela, que se dirigían a la cama pensando que, definitivamente, hay días en los que es mejor no levantarse.


Ficha del Partido
Final del Torneo Masculino de Fútbol de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, disputada en el Estadio Olímpico. 104.098 espectadores.
ESPAÑA 2 (3): Aranzubia (GK); Lacruz, Marchena, Amaya, Puyol; Albelda, Xavi, Angulo (-74, Capdevila), Velamazán (-27, Gabri); Tamudo (-49, Ferrón), Jose Mari
CAMERUN 2 (5): Kameni (GK); Lauren, Abanda, Nguimbat (-45, Kome), Wome; Geremi, Branco (-91, Epalle), Mimpo, Alnoudji (-111, Meyong Ze); Eto'o, Mboma
Goles: 1-0 Xavi (ESP, min. 2), 2-0 Gabri (ESP, min. 45+2), 2-1 Amaya (ESP, min. 53, p.p.), 2-2 Eto'o (CMR, min. 58)
Tanda de Penaltis: 0-1 Mboma (CMR, gol), 1-1 Xavi (ESP, gol); 1-2 Eto'o (CMR, gol), 2-2 Capdevila (ESP, gol); 2-3 Geremi (CMR, gol), 2-3 Amaya (ESP, falla); 2-4 Lauren (CMR, gol), 3-4 Albelda (ESP, gol); 3-5 Wome (CMR, gol)
Árbitro: Felipe Ramos Rizo (MEX)
Tarjetas Amarillas: Albelda (ESP, min. 19), Abanda (CMR, min. 25), Jose Mari (ESP, min. 55), Jose Mari (ESP, min. 91), Aranzubia (ESP, min. 106)
Expulsiones: Gabri (ESP, min. 70, roja directa), Jose Mari (ESP, min. 91, doble amonestación)

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
También: Crónica del diario El Mundo (por Alejandro Delmás)

sábado, 23 de mayo de 2009

Sidney 2000: El camino a la Final

0-1

En la mejor ronda posible, y ante el mejor rival posible, España presentó oficialmente su candidatura al Oro Olímpico en un duro choque en el que los de Sáez sacaron el espíritu guerrero que necesita todo equipo campeón. Y más si enfrente está Italia, considerada en aquel momento como la mejor selección sub'23 del Mundo después de más de dos años sin encajar una derrota y con jugadores de la talla de Christian Abbiati, Gennaro Gattuso, Nicola Ventola, Cristiano Zanetti, Massimo Ambrosini y, por encima de todos ellos, el genial Andrea Pirlo. Bajo las órdenes del mítico Marco Tardelli, Italia se había encargado de proclamar a los cuatro vientos su intención de colgarse el Oro. No hacerlo sólo podría considerarse un fracaso, decían antes de comenzar el partido. Al acabar, sus declaraciones habían tomado otro cariz: "España debe estar en la final", dijo Tardelli. Con la novedad de Puyol por Capdevila en defensa y la suplencia de Gabri, España saltó al césped del Sidney Soccer Stadium sabedora de que aquel no era día para florituras. Albelda y Marchena se encargaron de secar a Pirlo y de paso descabezar el ataque italiano, encomendado entonces al acierto del cazagoles Ventola. Por el lado transalpino, Gattuso y Ambrosini se centraron en parar a Xavi, aunque sin tanto éxito. Con los dos cerebros encerrados casi bajo llave, tener una ocasión de gol era ya todo un triunfo. La batalla táctica estaba planteada en el centro del campo y sólo faltaba que algún héroe apareciera para perforar la meta rival. Pudo ser Tamudo pero se entretuvo demasiado, pudo ser Ventola pero Aranzubia le ganó la partida, pudo ser Angulo pero el colegiado brasileño decidió desentenderse de lo que ocurría en las áreas. Y cuando el 0-0 parecía abocarnos a una dramática prórroga, apareció Gabri, que había sustituído a Tamudo en el minuto 70, para cruzar un balón magistral de Xavi y marcar el tanto de la victoria. Era el minuto 86, y otra vez el espíritu incansable de los jóvenes españoles daba sus frutos en el mismo momento en el que a los mayores siempre se les venía el mundo encima. Definitivamente algo estaba cambiando.

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
También: Crónica del diario El Mundo (por Alejandro Delmás)




Pero no sólo Italia tuvo que hacer las maletas antes de lo esperado. Los cuartos de final también fueron la tumba para otros favoritos y demostraron quiénes eran realmente los candidatos al título. Así, Brasil fue eliminado por Camerún con un gol de oro de Modeste Mbami. Los cameruneses se habían adelantado pronto con un gol de falta de Patrick Mboma pero Brasil aprovechó uno de los muchos errores defensivos africanos para empatar ya en el descuento por medio de Ronaldinho. Para entonces Camerún se encontraba con 9 jugadores y la prórroga parecía que iba a ser un paseo para la canarinha, pero la fuerza y convicción demostrada por los cameruneses tuvo su recompensa y lograron el pase a semifinales. También cayó la defensora del título, Nigeria, que apenas pudo oponer resistencia al vendaval chileno y fue claramente derrotada por 4-1 con otra gran actuación de Zamorano y Navia. Chile era ya el máximo candidato al Oro después de sus exhibiciones ofensivas, aunque primero debería superar el duro escollo camerunés. Y el partido entre las dos cenicientas de los cuartos cayó del lado estadounidense en la tanda de penaltis después de que se llegara con empate a 2 al final del tiempo extra. Estados Unidos había ido siempre a remolque de Japón, que se había adelantado dos veces en el marcador con goles de Yanagisawa y Takahara, pero Josh Wolff primero y Peter Vagenas después, transformando una pena máxima en el descuento, llevaron el choque a una prórroga en la que nadie acertó a marcar. En los lanzamientos desde los once metros, el error del jugador de la Roma Hidetoshi Nakata fue decisivo y los norteamericanos se convirtieron así en el último obstáculo para los de Sáez antes de la final.



3-1

Una semifinal siempre es una semifinal, pero la abismal diferencia futbolística existente entre España y Estados Unidos no dejaba lugar a dudas: España debía pasar al partido por el Oro. Convencidos de ello, los chicos de Sáez saltaron al campo decididos a hacer lo que mejor sabían, ganar desde el minuto 1, y con el mismo once que había derrotado a Italia 3 días antes pasaron por encima de los estadounidenses como nos tenían acostumbrados, con una salida arrolladora. A los 16 minutos Tamudo inauguró el marcador al rematar una buena jugada de Jose Mari, sin duda el mejor hombre del partido, y a los 24 fue Angulo quien batió por segunda vez a Brad Friedel culminando otra acción del sevillano. El delantero del Milan era una auténtica pesadilla para la defensa norteamericana que, pese a contar en esa línea con sus 3 jugadores mayores de 23 años (Friedel, Frankie Hejduk y Jeff Agoos), era incapaz de controlar los inteligentes movimientos del ataque español, perfectamente coordinado. El seleccionador de Estados Unidos movió ficha rápidamente dando entrada en el minuto 39 a Landon Donovan y Sacha Victorine para potenciar su ataque, y a base de garra logró recortar distancias antes del descanso gracias a Peter Vagenas, que transformó un penalti cometido sobre Hejduk. Durante varios minutos de la segunda parte nos vinieron a la cabeza los nervios que los sub'20 nos habían hecho pasar el año anterior contra el mismo rival, pero esta vez la zaga española controló mejor la situación y pese a enfrentarse a 3 delanteros natos (Wolff, Casey y Donovan) las mejores oportunidades fueron para España, que en una de sus peligrosas contras acertó a sentenciar. Jose Mari aprovechó un error de Friedel y culminó su mejor actuación en el torneo con el gol que certificaba el pase a la final y aseguraba el tercer metal olímpico para el fútbol español. Para "desgracia" de los futbolistas españoles (y alivio de los seguidores, por qué no decirlo), en la final no se produciría la esperada revancha contra Chile. Pese a haber sido claramente inferior al cuadro chileno, en un dramático final de partido Camerún se repuso a un gol de Abanda en propia puerta a falta de poco más de diez minutos y consiguió dar la vuelta al marcador gracias al tanto del veterano Mboma y a un más que dudoso penalti transformado por Lauren en el minuto 89. La final estaba servida, la gloria esperaba en la hierba del Estadio Olímpico.

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
También: Crónica del diario El Mundo (por Alejandro Delmás)

miércoles, 20 de mayo de 2009

Sidney 2000: Encuentros en la Primera Fase

0-3

Había pasado casi un año y medio, estábamos en la otra punta del planeta y ni siquiera el calor de Adelaida era comparable al de Lagos, pero por un momento quienes presenciaban el debut de España en los Juegos Olímpicos de Sidney seguramente se sintieron trasladados de nuevo a aquel inolvidable Mundial sub'20. Y no sólo por la inconfundible imagen de Iñaki Sáez y su inseparable gorra dando órdenes desde la banda, sino porque sobre el campo la selección olímpica española estaba repitiendo casi a la perfección el exitoso guión de Nigeria: salida en tromba, un descarado juego ofensivo y un impecable acierto rematador para dejar finiquitado el partido en apenas media hora. Con una leve variación respecto al esquema del Mundial, ya que en ese partido se apostó por un 4-3-1-2 con Aranzubia, Marchena, Iván Amaya, Lacruz y Capdevila en defensa, con Gabri acompañando a Xavi y Albelda en el centro del campo y con Toni Velamazán de enganche con la dupla Tamudo - Jose Mari, el combinado español desplegó todo su repertorio de juego para apabullar a una selección surcoreana que ni siquiera fue mejor en el apartado físico. Tras varias ocasiones de Tamudo, a los diez minutos Velamazán cazó un rechace para colocar el primer tanto en el luminoso gracias a un potente disparo que se coló imparable en la meta asiática. Bajo la batuta de Xavi, con Tamudo incordiando a la defensa y con Jose Mari dejando pinceladas de calidad, el segundo era cuestión de tiempo, y fue el delantero sevillano del Milan quien se encargó de materializarlo a los 25 minutos tras una gran jugada personal. Corea bajó los brazos y Xavi certificó el gol de la tranquilidad antes del descanso, aprovechando una dejada de Tamudo. En la segunda parte España se limitó a dejar correr el tiempo y a los coreanos, e incluso pudo aumentar la cuenta. Ni Park Ji Sung ni Lee Chun Soo, dos de las estrellas de Corea del Sur, pudieron dar réplica al incontestable dominio español que se embolsó los 3 puntos antes de enfrentarse a Chile en la segunda jornada.

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También: Crónica del diario El Mundo (por Alejandro Delmás)



1-3

El segundo partido se presentaba como el duelo que decidiría quién pasaría a cuartos de final como primero de grupo y quién sería segundo, ya que en su partido inaugural Chile había derrotado a Marruecos por 4-1, con hat-trick de Iván Zamorano incluído. Y es que Chile, al contrario que España o la propia Corea del Sur, sí había optado por convocar a 3 jugadores mayores de 23 años para reforzar la portería (Nelson Tapia), la defensa (Pedro Reyes) y sobre todo la delantera, con el citado Zamorano. El ariete, que ya contaba con 33 años y estaba a punto de dar por finalizada su exitosa carrera en Europa, fue sin duda la gran estrella de la competición, ya que acabaría erigiéndose como máximo goleador del torneo Olímpico. Pero no sería él, sino su compañero en la delantera, el talentoso Reinaldo Navia, quien tumbara a los jóvenes españoles en aquel encuentro. El choque, disputado en Melbourne, fue una pesadilla para los nuestros, que vieron como Chile les superaba con bastante comodidad gracias a la rapidez de sus atacantes pero también a los errores de la zaga española. Y eso que durante los primeros minutos España (con la novedad de Angulo por Jose Mari respecto al primer partido) salió dispuesta a repetir el guión que tan bien dominaba, encerrando a los chilenos en su área, pero poco a poco la presión fue disminuyendo y casi en el primer acercamiento sudamericano Rafael Olarra remató a la perfección un medido centro desde la banda. Los de Sáez se vinieron abajo y un poco antes del descanso Zamorano cazó un mal pase de Marchena para escaparse por la línea de fondo, aguantar la tarascada del sevillano y, cuando el balón parecía perdido, rebañar la bola desde el suelo para que Navia sólo tuviera que empujar. Con ese 0-2 se llegó al descanso, y la segunda parte fue un quiero y no puedo de España, que no supo atacar la ordenada defensa chilena. Aún así, Lacruz le puso emoción al partido al remachar un barullo en el área, pero aunque faltaba más de media hora para el final se veía que iba a costar mucho lograr el empate. Y de hecho lo que llegó fue la sentencia, ya que con la selección española volcada en ataque Navia aprovechó un pase de Zamorano para finalizar el contragolpe con un magistral lanzamiento desde fuera del área. Chile conseguía así su clasificación y España empezaba a vislumbrar a Italia en el horizonte de los cuartos, ya que los campeones de Europa sub'21 habían ganado sus dos partidos y se perfilaban como primeros de su grupo a falta del choque ante Nigeria.

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
También: Crónica del diario El Mundo (por Alejandro Delmás)


2-0

Llevábamos 5 días de Juegos y a estas alturas ya teníamos los primeros Oros españoles (Isabel Fernández en judo y Joan Llaneras en ciclismo en pista), el primer gran nombre propio (el nadador australiano Ian Thorpe, ganador de tres medallas de Oro) y también una de las imágenes más curiosas de Sidney 2000 (la agónica y solitaria lucha del nadador guineano Eric Moussambani contra la piscina olímpica). Por tener, ya teníamos hasta rival confirmado en cuartos de final, Italia, que había empatado con Nigeria y esperaba ya a España, a la que solo una derrota ante Marruecos (unida a una goleada de Corea a Chile) podría dejar fuera de la lucha por las medallas. Pero la eliminación era una posibilidad muy remota y se empezó a comprobar desde el minuto 1 viendo el inexistente poderío atacante de la selección magrebí, que no pudo contar en todo el torneo con su estrella mayor de 23 años, el ex-deportivista Bassir, lesionado. España dominó el partido con claridad y si no acabó goleando fue en buena medida por los fallos de Jose Mari en el remate y por la excesiva dureza con que se emplearon los africanos en todas las parcelas del campo. Hubo que esperar al minuto 33 para que Jose Mari aprovechara su enésima oportunidad para inaugurar el marcador, y la sentencia no llegó hasta el minuto 90, gracias a un gol de Gabri. Entre medias, tiempo para muchos de los no habituales, como Unai, Ferrón o Puyol, y para que los jugadores marroquíes descargaran su impotencia (3 derrotas, 7 goles en contra y sólo 1 a favor) a base de palos y marrullerías varias.

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
También: Crónica del diario El Mundo (por Alejandro Delmás)



La fase de grupos se cerró sin demasiadas sorpresas, ya que la eliminación de la República Checa (subcampeona de Europa sub'21) entraba dentro de lo previsible en un igualado grupo con Camerún y Estados Unidos, aunque lo que finalmente condenó a los checos fue su inesperada derrota ante Kuwait. Brasil (que en aquellos Juegos estaba dirigida por Wanderlei Luxemburgo y que tenía entre sus filas a Ronaldinho, Edu o Lucio) también sufrió un duro revés al perder con la Sudáfrica de Quinton Fortune y Benni McCarthy, aunque supo reponerse y acabó primera de grupo por delante de Japón, que sumaba a sus subcampeones del Mundo sub'20 otros jóvenes talentos como Hidetoshi Nakata o Shunsuke Nakamura. Las medallas estaban a un partido de distancia y sin duda nadie quería dejar pasar la oportunidad de colgarse una en el cuello.


sábado, 16 de mayo de 2009

Un vistazo al Torneo Olímpico

En Sidney 2000, el Torneo Olímpico Masculino de Fútbol mantenía (todavía lo hace) su formato clásico de 16 participantes divididos en 4 grupos, de donde saldrían 8 selecciones (los dos primeros clasificados de cada uno de los grupos) que disputarían los cuartos de final. El sorteo se había celebrado varios meses antes, y de hecho cuando España certificó su clasificación en el Europeo sub'21 de Eslovaquia ya sabía quienes serían sus rivales en la primera fase y los posibles contrincantes en las eliminatorias. El azar había deparado los siguientes grupos:


GRUPO A
Australia
Italia
Nigeria
Honduras

GRUPO B
España
Chile
República de Corea
Marruecos

GRUPO C
Camerún
República Checa
Estados Unidos
Kuwait

GRUPO D
Brasil
Eslovaquia
Sudáfrica
Japón


Encuadrada en el Grupo B, España debutaría ante la selección surcoreana para jugar luego ante Chile y cerrar la primera fase contra Marruecos. El rival de cuartos de final saldría del Grupo A, donde se encontraban dos de las grandes favoritas al Oro, Italia (campeona de Europa) y Nigeria (vigente campeona olímpica), y en una hipotética semifinal el enfrentamiento sería con algún equipo de la otra parte del cuadro. Además de Sidney, las sedes serían las ciudades de Brisbane, Camberra, Adelaida y Melbourne. Como quedó dicho en la anterior entrada, los partidos comenzarían el día 13 de septiembre, dos días antes de la Ceremonia de Inauguración, y el primer encuentro de España sería el día 14 en Adelaida. La final quedaba fijada para el mismo día de la Clausura, el 30 de septiembre, y tendría lugar a mediodía en el espectacular Estadio Olímpico de Sidney.


Al frente de la escuadra española acudía Iñaki Sáez, y bajo su mando una muy buena generación de futbolistas, casi todos asentados ya en Primera División pese a su juventud y, como de costumbre en España, todos menores de 23 años. La lista de inscritos fue la siguiente:

Nº - Pos - Nombre y apellidos - Nacimiento - Club
------------------------------------------------------------------------------------------
1 . PO Daniel ARANZUBIA Aguado - 18/09/1979 - Athletic Bilbao
2. DF Jesus Mari LACRUZ Gómez - 25/04/1978 - Athletic Bilbao
3. DF Joan CAPDEVILA Méndez - 03/02/1978 - RC Deportivo La Coruña
4. DF Carlos MARCHENA López- 31/07/1979 - SL Benfica
5. DF UNAI Vergara Díaz-Caballero - 20/01/1977 - Villarreal CF
6. MC David ALBELDA Aliqués - 01/09/1977 - Valencia CF
7. DL Miguel Angel ANGULO Valderrey - 23/06/1977 - Valencia CF
8. MC XAVI Hernández Creus - 25/01/1980 - FC Barcelona
9. DL JOSE MARI Romero Poyón - 10/12/1978 - AC Milan
10. MC GABRI García de la Torre - 10/02/1979 - FC Barcelona
11. MC Jordi FERRÓN Forné - 19/08/1978 - Real Zaragoza
12. DF Carles PUYOL Saforcada - 13/04/1978 - FC Barcelona
13. DL Albert LUQUE Martos - 11/03/1978 - Real Mallorca
14. DF Iván AMAYA Carazo - 03/09/1978 - Atlético de Madrid
15. MC ISMAEL Ruiz Salomón - 07/02/1977 - Racing Santander
16. MC Toni VELAMAZÁN Tejedor - 22/01/1977 - RCD Espanyol
17. DL Raúl TAMUDO Montero - 19/10/1977 - RCD Espanyol
18. PO FELIP Ortiz Martínez - 27/04/1977 - CF Extremadura


Cuando iniciaron el largo viaje a Australia no lo sabían, pero en las antípodas estos 18 jugadores lograrían inscribir su nombre junto a otros medallistas olímpicos de nuestro fútbol como los clásicos Zamora, Samitier o Pichichi (plata en Amberes 1920) o los más recientes Kiko, Guardiola o Luis Enrique (campeones en Barcelona 1992). Y aunque sólo la mala suerte les privó de conseguir el oro, después de otro fracaso de la selección absoluta aquel nuevo éxito de las categorías inferiores nos reconcilió con la Roja, llenándonos otra vez de esperanza para un futuro que tardó en llegar pero que sin duda hizo que la espera mereciera la pena.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Fútbol: ¿Sueño Olímpico?

Cuando la legendaria atleta aborigen Cathy Freeman encendió el pebetero del Estadio Olímpico de Sidney, los XXVII Juegos Olímpicos de Verano de la Era Moderna quedaron oficialmente inaugurados. Desde ese mágico momento el Mundo entero se entregaba a dos semanas de pasión deportiva, ávido de descubrir a los héroes del Nuevo Milenio. Es el 15 de septiembre del año 2000, y todos los participantes preparan su debut. Bueno, todos no. Los componentes de las 24 selecciones de fútbol presentes en Australia (16 masculinas y 8 femeninas) ya han disputado sus primeros encuentros. Y es que la relación entre el fútbol y los Juegos Olímpicos es, cuanto menos, extraña. Porque el fútbol es el único deporte que no arranca después de la inauguración de los Juegos, sino que comienza dos días antes de que el Fuego Olímpico alumbre al mundo. Porque el fútbol es el único deporte que no tiene los Juegos Olímpicos incluídos en su calendario internacional, sino que los hace coincidir con sus propias competiciones nacionales e internacionales. Porque el fútbol es el único deporte que no lleva a sus mejores practicantes masculinos a los Juegos Olímpicos, sino que celebra en ellos una especie de Campeonato Mundial sub'23 que en realidad tampoco es tal. Porque, en definitiva, el fútbol es el único deporte para el que los Juegos Olímpicos no son su máxima cita, sino que justamente en medio del Ciclo Olímpico celebra un Campeonato Mundial que es capaz de rivalizar mediática, social y económicamente con los Juegos.

Y es que, pese a formar parte oficialmente del calendario olímpico desde los Juegos de Londres 1908, el auge del deporte rey alrededor del globo ha sido de tal magnitud que sus máximos organismos directivos, FIFA y COI, se miran con recelo, porque a ninguno le gustaría perder parte de su protagonismo en favor del otro. El desencuentro viene de lejos, desde que en 1930 la FIFA celebró su primer Campeonato del Mundo y el COI decidió que no hubiera fútbol en los Juegos de Los Angeles 1932 por no tener claro si sus practicantes eran profesionales o no. Y aunque el fútbol regresó en Berlín 1936, la Segunda Guerra Mundial hizo estragos también en la familia olímpica, más que nada porque después de la contienda el profesionalismo del fútbol FIFA quedaba fuera de toda duda. Durante las tres décadas siguientes, la negativa del COI a aceptar participantes profesionales potenció indirectamente la importancia de los Mundiales de fútbol organizados por la FIFA (que obviamente sí admitía a profesionales) y significó el dominio casi tiránico de los países de Europa del Este en el torneo olímpico, dado que su sistema político "permitía" a sus mejores deportistas mantener la condición de amateurs. Y cuando el Comité Olímpico decidió abrirse a los profesionales, para la FIFA (y para el propio COI) ya era demasiado tarde. Después de tantos años de evolución y crecimiento del fútbol, un torneo con los mejores jugadores del mundo, como hacen el resto de deportes, eclipsaría en gran medida al resto de disciplinas olímpicas y restaría importancia al Mundial que se celebra cada 4 años (ya que virtualmente pasaría a ser cada 2), eso por no hablar de las pérdidas económicas que conllevarían los conflictos de patrocinio que podrían producirse. ¿El resultado? En la actualidad, una competición descafeinada que supone casi un estorbo para todos y que se disputa en varias subsedes generalmente alejadas de la ciudad organizadora de los Juegos, perdiendo así parte de la magia que siempre desprenden las citas Olímpicas.

Sin embargo, la importancia de ambos organismos en el deporte mundial es tanta que están condenados a entenderse y, poco a poco (y muy a regañadientes), se han ido haciendo algunas concesiones: en Los Angeles 1984 ya se permitió a los países que no pertenecieran a la UEFA o a la CONMEBOL la participación con futbolistas profesionales (los países europeos y sudamericanos acudirían con "juniors"); en Barcelona 1992, pese a la aceptación plena de deportistas profesionales en las Olimpiadas, se optó por establecer el límite de edad para todos los participantes en los 23 años; en Atlanta 1996 se pasó al formato actual de jugadores sub'23 con la posibilidad de incorporar 3 futbolistas mayores de esa edad (con la clara intención de contar al menos con alguna estrella mundial en el torneo), además de instaurarse la competición femenina, esta sí sin limitaciones de edad y por tanto con las mejores jugadoras; y precisamente a partir de Sidney 2000 se intentó implicar más al fútbol con los Juegos con la decisión de celebrar la final en el Estadio Olímpico el mismo día de la Clausura. Con todo, las controversias siguen surgiendo, y no hay que rebuscar mucho en la memoria para recordar el conflicto surgido el pasado verano por la presencia en Pekín de determinados jugadores cuyos clubes entendían que no estaban obligados a cederlos a sus respectivas selecciones (de hecho el Tribunal de Arbitraje Deportivo dio la razón a los clubes, aunque al final estos no reclamaron el regreso de sus futbolistas). La sentencia del TAS fue un toque de atención para que la FIFA y el COI arreglen de una vez por todas sus conflictos, pero parece que las relaciones seguirán siendo tensas por muchos años.

Pero al fin y al cabo unos Juegos son unos Juegos, y cuando más de cuatro mil millones de personas nos sentamos frente al televisor poco nos importan estas disputas, porque lo que nos interesa es ver a nuestros deportistas intentando llevar su bandera a lo más alto del podio en cada disciplina, por desconocida que ésta nos resulte. Por eso durante unos días todos nos convertimos en expertos en tiro o salto de trampolín, en esgrima o doma clásica. Porque lo que está en juego es el orgullo nacional. Y desde luego que con un discreto balance de 11 medallas, una de las pocas alegrías que nuestra representación nos dio en aquellos peculiares Juegos de Verano (que al ser en el hemisferio austral empezaron en invierno y acabaron en primavera) fue la actuación de la selección masculina de fútbol. Porque, después de todo, el Sueño Olímpico si viajaba en aquella expedición.

domingo, 10 de mayo de 2009

Billete a las antípodas

A finales del mes de mayo del año 2000, mientras Camacho preparaba a su equipo en Valencia para la Eurocopa de Bélgica y Holanda, Iñaki Sáez se jugaba en Eslovaquia el billete de los sub'21 para los Juegos Olímpicos de Sidney. Con Casillas concentrado con la absoluta, Aranzubia, Marchena, Xavi y Gabri eran los únicos Campeones del Mundo sub'20 que se habían incorporado a la sub'21, que de paso buscaba revalidar el título conseguido dos años antes en Rumanía. El torneo se disputaba bajo un nuevo formato de dos grupos de 4 equipos y final directa entre los campeones de ambos grupos, con partido por el tercer puesto entre los segundos clasificados. Esos cuatro equipos viajarían en septiembre a Australia, el resto tendría que ver los Juegos por televisión. Tras el sorteo, España quedó encuadrada en el Grupo A junto a Croacia, la República Checa y Holanda, con la que ya se había coincidido en la fase de clasificación.

Con la baja de algunos habituales, ya que la preparación previa para el Europeo coincidía con la última jornada de Liga, España debutó el 27 de mayo ante la República Checa. Los de Sáez no fueron capaces de imponer su estilo en ningún momento y la ordenada defensa checa frustraba una y otra vez los intentos de los españoles, que poco a poco fueron perdiendo fuelle. La República Checa había conseguido llevar el encuentro a su terreno y, guiada por Libor Sionko, obtuvo su premio en el minuto 55 con un gol de Tomas Dosek. La derrota complicaba mucho las aspiraciones hispanas, pero cuando todo parecía perdido apareció Albert Luque para firmar el empate en el tiempo de descuento y devolver las esperanzas de revalidar el título y obtener la clasificación para los Juegos Olímpicos. Unas esperanzas que volvieron a apagarse dos días después, en el segundo partido ante Croacia, que concluyó con empate a cero. A pesar de que España dominó casi todo el partido, los nervios afectaron a la puntería de nuestros arietes y ni Luque ni Angulo ni Tamudo (que se había incorporado al torneo después de su memorable actuación en la final de Copa frente al Atlético de Madrid) aprovecharon sus claras oportunidades para marcar, e incluso Aranzubia tuvo que emplearse a fondo para salvar los escasos acercamientos croatas. Todo quedaba pendiente para el último partido frente Holanda, selección a la que se había derrotado en los dos partidos de la fase de clasificación.

Una nueva victoria ante los tulipanes supondría el pasaje para Sidney, y si se combinaba con una derrota checa ante Croacia se lograría también el pase a la final del Campeonato de Europa. España salió enchufada y, pese a contar con las sensibles bajas de Marchena y Jose Mari por acumulación de amonestaciones, se adelantó pronto en el marcador gracias a un gol de Miguel Angel Angulo. Era el minuto 5 y parecía que por fin tendríamos un partido tranquilo; sin embargo, los de Sáez se echaron atrás y Holanda manejó el balón a su antojo, bajo la batuta de Mark Van Bommel y Nigel De Jong. Pese a ello se llegó al descanso sin sobresaltos, pero la segunda parte fue otra cosa: Angulo se autoexpulsó a los ocho minutos al agredir a un rival y España se encerró descaradamente en su área, convirtiendo a Aranzubia en el héroe del partido. La tensión iba en aumento a medida que se sucedían las ocasiones de los holandeses, que incluso vieron como se les anulaba un gol de Kizito Musampa, pero los de Sáez consiguieron aguantar el resultado hasta el final y clasificarse así para los Juegos Olímpicos. A pesar de ello, el fútbol exhibido por España en sus tres partidos había dejado mucho que desear, y la victoria de la República Checa frente a Croacia por 4-3 hizo justicia: España no se merecía pasar a la final y no lo hizo.

Con el objetivo básico cumplido, en el partido por el tercer y cuarto puesto ante Eslovaquia, la selección anfitriona, España jugó sin presión y mostró algo más del fútbol que se le suponía a aquel grupo de jugadores. Sin ser excesivamente brillante, sí bastó para dominar sin problemas a una selección para la que estar en aquel partido (y consecuentemente en los Juegos Olímpicos, tras quedar por delante de ingleses y turcos) ya era un grandísimo premio. Se vio por fin a Xavi, que había pasado desapercibido en los partidos anteriores, y a partir de ahí el juego fue más veloz, aunque en la primera parte no se pudo inaugurar el marcador. Sáez movió ficha en el descanso dando entrada a Jordi Ferrón y adelantando la posición de Gabri, y el cambio dio sus frutos poco antes del minuto 60, cuando el barcelonista forzó un penalti tras un gran pase en profundidad de Albelda. El lanzamiento de Iván Ania fue rechazado por el portero eslovaco, pero Ferrón estuvo más atento que nadie y cazó el balón suelto para poner el 1-0. Después hubo oportunidades para sentenciar el partido pero estaba claro que aquel torneo no era el de los goleadores españoles y el partido acabó con esa victoria por la mínima. El Campeonato de Europa acababa para los nuestros con la satisfacción de haber conseguido la clasificación para los Juegos pero con el sabor amargo de no haber podido luchar por el título y las dudas generadas por el mal juego y el escaso acierto rematador.

En la gran final Italia se impuso a la República Checa por 2-1 gracias a la soberbia actuación de Andrea Pirlo, autor de ambos tantos y sin duda el jugador más destacado de todo el Campeonato. El cuarto título transalpino en las últimas 5 ediciones colocaba a Italia como uno de los máximos favoritos a colgarse una medalla en Sidney, pero todavía faltaban más de tres meses para los Juegos y cualquier cosa era posible.


miércoles, 29 de abril de 2009

Iñaki Sáez, 10 años después

El recuerdo a los hombres que lograron el primer campeonato mundial que luce en las vitrinas de la Federación Española (y el único si excluímos al fútbol sala) no estaría completo sin una referencia a la persona que dirigió a aquel grupo al éxito. Así que hoy toca repasar la vida de Iñaki Sáez desde aquella cálida tarde en Lagos en la que finalmente pudo cumplir la promesa de dedicarle el título a su desaparecida madre.

Si bien antes de ir a Nigeria su posición era algo cuestionada, como comentamos en su momento, tras el campeonato Mundial las dudas que pudiera haber sobre su valía quedaron completamente despejadas. Al triunfo en Nigeria le siguió al año siguiente la plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, con un equipo formado por algunos campeones mundiales como Aranzubia, Marchena, Xavi o Gabri junto a otros jóvenes ya establecidos en Primera como Jose Mari, Angulo, Tamudo o Albelda, un éxito indudable que por supuesto tendrá su merecido espacio en futuras entradas. La no clasificación para el Europeo sub'21 de 2002 tras caer ante Portugal por el valor doble de los goles en campo contrario fue vista como un simple tropiezo para un generación que salvo excepciones como las de Xavi y Casillas no acababa de dar el salto a la élite del fútbol, y por eso cuando Jose Antono Camacho anunció su marcha del banquillo de la selección absoluta el nombramiento de Iñaki Sáez como nuevo seleccionador no levantó demasiada polémica. Su perfil era el de un hombre tranquilo, con experiencia y éxito en las categorías inferiores y que por tanto no debería tener problemas en realizar el relevo generacional que se debía producir tras el Mundial de Corea y Japón. Clásicos como Hierro, Nadal, Guardiola o Luis Enrique abandonaban la selección, y nadie mejor que él para ayudar a que los campeones juveniles dieran el salto a la absoluta y consiguieran en ella los mismos triunfos que se lograban en las divisiones inferiores de la Selección.

Con esa premisa inició su andadura en el cargo, haciendo debutar a Orbaiz y Marchena, pero el equipo no carburaba. Su férreo 4-4-2 chocaba con el estilo de juego de hombres como Valerón y con la dupla Albelda-Baraja se carecía de un organizador claro. No obstante, la clasificación para la Eurocopa de Portugal parecía bien encaminada hasta junio de 2003. En una semana negra se perdió en Zaragoza contra Grecia y se empató en Belfast, por lo que se llegó a las últimas jornadas dependiendo de los helenos para lograr la plaza directa. Los de Rehaggel no fallaron y por primera vez España debería ir a una repesca. En ella se superó a Noruega con menos apuros de los previstos, sobre todo en la vuelta en Oslo, y se encaró la Eurocopa con las expectativas por las nubes. En los últimos amistosos se comprobó que el equipo ofrecía una atractiva variante sobre el sistema tradicional, y es que además del consabido 4-4-2 con Etxeberría, Vicente, Raúl y Morientes como hombres ofensivos, había una serie de jugadores que parecían encajar mejor con un sistema menos encorsetado. Xavi, Xabi Alonso, Joaquín, Valerón, Luque y Fernando Torres ofrecían un juego más dinámico que los teóricos titulares, aunque se sacrificaba el supuesto equilibrio que daba la formación clásica. El debate sobre qué equipo debería usar Sáez en la Eurocopa se instaló en la calle, alentado por la baja forma de Raúl, cuya titularidad comenzaba a ser discutible.

En la convocatoria definitiva para Portugal Iñaki Sáez hizo un guiño a los campeones juveniles incluyendo, junto a los ya fijos Casillas y Marchena, a Xavi, Gabri y Aranzubia, aunque ninguno de los tres tendría minutos en el torneo. En el primer partido se obtuvo una trabajada victoria ante Rusia por 1-0 con gol de Valerón, que marcó al minuto de entrar al campo. El juego no fue vistoso pero se dio por bueno visto el resultado. Los problemas comenzaron en el segundo partido. Se preveía que Grecia, que llegaba también con 3 puntos, se encerrara en su área y dejara la iniciativa al cuadro español. Para afrontar un partido así muchos pensaron que era el momento de apostar por esa segunda unidad más creativa y con más velocidad y dinamismo en la circulación de balón, pero Sáez siguió confiando en su idea primigenia y sacó al mismo once que ante Rusia. El gol de Morientes pareció dar la razón al seleccionador, pero tras el empate heleno en la segunda parte se vio que el equipo carecía de ideas para atacar una defensa tan firme, y los cambios produjeron una mezcla de estilos que tampoco resultó. El partido contra los anfitriones se encaraba con 4 puntos y ahora resultaba decisivo, justo lo que se pretendía evitar. Las críticas a Sáez por no sacar de inicio ante los griegos a los jugadores con más capacidad para mover el balón fueron muy duras y pudieron con él. Ante Portugal, en un encuentro que se preveía más igualado y en el que sí parecía más necesario apuntalar el centro del campo, decidió sacar un once similar al que se le había "pedido" en el partido contra Grecia, con Xabi Alonso, Joaquín y Torres. El resultado fue un choque demasiado abierto en el que Portugal se manejó a sus anchas e impuso su mayor técnica individual, ejemplificada en el duelo entre Cristiano Ronaldo y Raúl Bravo, en el que el de Madeira volvió literalmente loco al lateral madridista. Un solitario gol de Nuno Gomes y una pizca de mala suerte en el remate certificaron la derrota y la eliminación.

Las críticas se recrudecieron y el desangelado regreso de la expedición, con los jugadores volviendo cada uno por su lado y sin el traje oficial, significó la sentencia pública a Sáez. Tras intentar calmar los ánimos, Villar tuvo que apartarle del cargo y decidió encomendarle de nuevo la dirección de la selección sub'21, que había fracasado en su intento de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Sin embargo, pese a contar con un grupo de calidad y experimentado en Primera División, no pudo clasificarse para el Europeo de Holanda 2006 (en la primera fase de grupos Bélgica y Serbia-Montenegro quedaron por delante), ni tampoco para el del año siguiente y, consecuentemente, para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 (se cayó ante Italia en la eliminatoria previa al Europeo). Después de estos malos resultados, y aunque las críticas no fueron excesivas (quizá por la falta de atención que en los últimos tiempos ha recibido la sub'21), su presencia en el staff de la Federación ya sólo se entendía por su amistad con el presidente Villar. Finalmente, Iñaki Sáez anunció que dejaría el cargo en verano de 2008, coincidiendo con su jubilación y con la llegada de Fernando Hierro a la Dirección Deportiva. Su último partido oficial fue el 25 de marzo de 2008 en Antequera, en un encuentro ante Kazajstán que se ganó por 5-0 y que dejó encarrilada la clasificación para el Europeo de Suecia de este año. Así, apartado de los focos, casi en silencio, se despedía del fútbol el hombre que supo llevar a un grupo de chavales a la cima del mundo.


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