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jueves, 20 de agosto de 2009

2007, Europeo sub'19: Ensayo general en Austria

La inesperada eliminación del Mundial sub'20 fue un duro revés para todos por la manera de producirse y por las expectativas que se habían ido generando, pero afortunadamente la pelota no para nunca de rodar y en esta ocasión apenas hubo tiempo para lamentos. Sólo dos días después de la derrota en Edmonton ante la República Checa empezaba en Austria una nueva edición del Campeonato de Europa sub'19, torneo en el que defendíamos la corona lograda el año anterior por la mayoría de aquellos jóvenes que en esos momentos debían estar volando de vuelta a España sumidos en una profunda decepción. Algunos de los máximos exponentes de la generación del 88 y principales artífices de la clasificación para este Europeo (Mata, Bueno, Sunny o Adrián López) ya habían dado el salto y se encontraban en aquel triste vuelo procedente de Canadá, por lo que el grupo de jugadores que acudió a la cita continental era bastante heterogéneo y estaba formado tanto por el resto de habituales de esa generación (como Javi Martínez, Montoro o Felipe Ramos) como por varios de los mejores del 89 (Asenjo, Azpilicueta o Aarón Ñíguez), en una mezcla que llevaba tiempo preparándose desde la Federación ya que casi todos habían contribuido a la clasificación para esta cita, aunque fuera sólo de manera testimonial. Tras superar a Noruega, Islandia y Azerbayán en la Ronda Élite, el sorteo de la fase final nos deparó un grupo con Austria, Grecia y Portugal que, aunque no era precisamente sencillo, sí nos ofrecía más posibilidades de clasificación que el formado por Francia, Alemania, Serbia y Rusia. En todo caso la selección acudía a tierras centroeuropeas sin el cartel de favorita y más bien entre la desconfianza de unos aficionados que, haciendo honor a la verdad, no esperaban gran cosa de este equipo desprovisto del brillo de anteriores combinados. Pero como casi siempre, la realidad nos volvió a demostrar que nuestros pronósticos no sirven de nada.

El partido del debut era contra Austria, selección anfitriona que, al contrario que la española, apenas había perdido elementos por la disputa del Mundial sub'20. No dejaba de ser irónico que el país que parecía haberse centrado en el torneo continental que organizaba estuviese en condiciones de meterse en la final del Mundial mientras que quien más había apostado por la cita mundialista estuviera ya eliminado. El caso es que, bajo el asfixiante calor que marcó todo el torneo y obligó a la UEFA a permitir la interrupción del juego en el ecuador de cada parte para que los jugadores se refrescaran, en la primera parte apenas hubo nada reseñable, con el dominio muy repartido y las ocasiones brillando por su ausencia, hasta que al poco de comenzar la segunda parte Aarón decidió finiquitar el duelo: sirvió a Azpilicueta el primero tras una gran internada por su banda y apenas unos minutos después se marcó un auténtico jugadón para hacer el segundo tanto. Austria intentó reponerse a ese duro golpe pero apenas sí inquietó la meta de Felipe Ramos, y el partido acabó con una trabajada victoria que sirvió a los nuestros para coger confianza en sus posibilidades, aunque el juego fue manifiestamente mejorable.

El segundo partido, esta vez ante Portugal, comenzó de una manera similar, con los dos equipos jugando a bajas revoluciones por las altas temperaturas, pero pareció animarse cuando a los ocho minutos Javi Martínez estrelló un zapatazo en el larguero. Portugal, que en la jornada inaugural había perdido 1-0 con Grecia, se echó atrás, y España comenzó a dominar y a crear peligro ante la portería lusa, aunque las sucesivas ocasiones de Aarón, Nsue o Modrego no encontraron premio. Pasada la media hora de juego el partido volvió a calmarse y no despertó hasta otra vez el minuto ocho de la segunda mitad, cuando Aarón fue derribado dentro del área por un defensor portugués. El propio jugador valencianista se encargó de transformar la pena máxima y puso en ventaja a España, que desde ese momento vio como Portugal intentaba reaccionar y se estiraba cada vez más hasta lograr el gol del empate por medio de Carriço en el minuto 70. El partido volvió a cambiar de manos y Nsue tuvo la oportunidad de hacer el segundo, pero falló en su remate y el partido finalizó con un empate que dejaba a España a las puertas de la clasificación y a Portugal a las puertas de la eliminación.


El partido contra Grecia se prestaba a toda clase de rumores maledicentes, puesto que a ambas selecciones les valía el empate para plantarse en semifinales. Y si bien es cierto que al final ése fue el resultado definitivo, también hay que reconocer que el encuentro tuvo ocasiones de sobra como para haber roto el empate a cero inicial, aunque finalmente la lógica acabara imponiéndose. Empezó fuerte España, acorralando a una Grecia de la que tampoco esperábamos otra actitud, y pronto empezaron a llegar las ocasiones. Aarón seguía mostrándose como el jugador más desequilibrante del bando hispano y suyas fueron las acciones más peligrosas, aunque el barcelonista Coto y el mallorquinista Nsue también pudieron haber marcado antes del descanso. Tras el parón reglamentario, Grecia se estiró un poco más y trató de conectar con un hasta entonces desaparecido Sotiris Ninis, su principal estrella. En esa fase de dominio heleno llegó la jugada clave, un penalti en el área española que Mitroglou se encargó de lanzar pero que Ramos despejó con acierto. Y entonces sí, como si ambos equipos le hubieran visto las orejas al lobo, sobre el césped del estadio de Linz pareció firmarse un armisticio. España dominaba pero sin llegar demasiado y Grecia corría pero sin presionar en exceso, dejando pasar el tiempo con ese resultado tan favorable para ambos. Se llegó al final sin más sobresaltos y España accedió a semifinales como primera de grupo, un resultado con el que muchos ya nos dábamos por satisfechos pero que afortunadamente no parecía suficiente para quienes estaban en Austria.

Lo cierto es que encontrarnos en semifinales con una Francia como siempre físicamente muy potente, aunque parecía venir de más a menos en el torneo, tampoco ayudaba a sentirnos demasiado optimistas. El juego español se había mostrado muy plano y lento en el centro del campo, con un Javi Martínez que evidenciaba no ser un organizador puro, y dado que Emilio Nsue tampoco parecía estar fino de cara a gol prácticamente todas nuestras opciones parecían pasar por lo que fuera capaz de inventarse Aarón Ñíguez. El comienzo fue una buena muestra de ello, puesto que Aarón lanzó un bonito disparo al larguero y Nsue no acertó a materializar el rechace. En los primeros minutos el dominio territorial correspondió a España pero costaba crear ocasiones y cuando se lograba Nsue no era capaz de resolverlas con acierto. Luego el juego volvió a ralentizarse y ninguno de los dos equipos supo acercarse con peligro al meta rival. La segunda parte comenzó tan vibrante como la primera pero con los papeles cambiados, ya que fue Francia quien estuvo a punto de inaugurar el marcador en una contra de Monnet-Paquet, principal artillero galo, que detuvo a tiempo Felipe Ramos. El portero madridista protagonizó poco después la jugada desgraciada de la noche al caer lesionado tras una salida. El esguince de tobillo que se produjo le impedía continuar en el campo y llegó la hora de otro de los jóvenes, Sergio Asenjo, que se convertiría en el héroe del partido. Pero todavía quedaba mucho tiempo para su momento de gloria. Antes, Aarón vio como el colegiado le anulaba un gol por fuera de juego, y luego el jugador del Albacete Carletes falló una clara oportunidad a la contra. Francia apretaba con un juego más directo pero tampoco creaba peligro, y se llegó al término de los 90 minutos con el marcador inalterado. La prórroga fue un auténtico suplicio para dos equipos muy castigados físicamente y a los que la tensión por la importancia del choque pareció atenazar. Tan sólo hubo una ocasión reseñable, también para España, pero el cabezazo de Mikel San José fue bien atrapado por Carrasso. Llegaba la tanda de penaltis, y en el tercer lanzamiento francés emergió la figura del palentino Sergio Asenjo, que detuvo el disparo de Monnet-Paquet. San José transformó el cuarto para España y Asenjo volvió a atajar el cuarto, dando el pase a la final al equipo español.

Semifinal España-Francia, tanda de penaltis


Ahora sí que las expectativas estaban por todo lo alto, porque una clasificación por penaltis y con un héroe inesperado siempre da moral, y porque el rival sería Grecia, que sorprendentemente había derrotado 3-2 a la Alemania de Ozil y Ben Hatira. Aunque España tenía las bajas de Javi Martínez y Montoro (uno por acumulación de tarjetas y el otro por haber sido expulsado en los últimos instantes de las semifinales) y el equipo griego ya nos había dado un susto en la fase de grupos, casi nadie dudaba de que el título volvería a viajar a tierras españolas. El sabio Juan Santisteban tenía la difícil decisión de elegir a los sutitutos de los centrocampistas sancionados y desde luego su solución no pudo dar mejores resultados. Adelantó a Mikel San José al centro del campo y colocó junto a él al madridista Dani Parejo, quien apenas había jugado unos minutos antes de la final y que había viajado a Austria por la lesión a última hora del barcelonista Marc Crosas, y fue el madrileño quien acabó llevándose los titulares al marcar el único tanto del encuentro. Corría el minuto 38 y hasta entonces España, que había dispuesto de algunas ocasiones, no veía la forma de derribar una muralla helena que, pese a contar con la importante baja de su líder Papastathopoulos, tenía al guardameta Stratilatis como su principal soporte. Entonces Parejo acudió a sacar una falta a la banda izquierda, oteó el horizonte y chutó directamente a puerta cuando todos, incluído el meta griego y su mal colocada barrera, esperábamos un centro al corazón del área. El balón entró pegadito al primer palo y se convirtió en el único gol de un partido que España dominó casi por completo. Casi porque al comienzo de la segunda parte Grecia puso cerco a la meta de Asenjo y, aunque retiró a Ninis, estuvo a punto de alcanzar el empate en un par de jugadas en las que la suerte acompañó al meta del Valladolid, que vio como los delanteros helenos o no llegaba a rematar o disparaban fuera en situaciones prácticamente inmejorables. Afortunadamente el agobio sólo duró un cuarto de hora y luego España volvió a controlar el balón, tratando de dormir un partido que pudo sentenciar antes del final si Stratilatis no se hubiera empeñado en enmendar su error en el gol con varias paradas de mérito. Pero la situación estaba controlada y el título en el bolsillo, y mientras nuestros juveniles levantaban la copa en el verde de Linz seguro que todos pensábamos en lo bonito que sería repetir aquella modesta imagen al año siguiente, en el mismo país pero en un escenario más imponente y con un título definitivamente más ansiado: una Eurocopa absoluta. ¿Por qué no?



martes, 4 de agosto de 2009

2006, Europeo sub'19: La "quinta de Cesc" se emancipa

Dos años antes, en el Europeo sub'17 de Francia, para el gran público eran simplemente los acompañantes de Cesc. Pero si ya entonces demostraron que la generación del 87 no se detenía en el genial centrocampista del Arsenal, en 2006 confirmaron que nos encontrábamos ante uno de los grupos de más talento (otro más) de los últimos años. Huérfanos de su líder mediático, cuya meteórica carrera le había llevado a disputar el Mundial de Alemania con la Selección absoluta de Luis Aragonés, sus coetáneos desplegaron todo su repertorio para alcanzar el título continental, y apenas encontraron oposición en su camino a la gloria. En la ronda previa, celebrada en Torrevieja y Callosa del Segura, superaron con cierta comodidad un grupo con Suecia, Chipre y Alemania, y a los Piqué, Capel, Marc Pedraza o César Díaz, presentes ya en el Europeo sub'17 de 2004, se sumaron nombres como los de Mata, Antonio Barragán, Alberto Bueno o Jeffren Suárez. El nivel de juego de la selección y la contundencia de los marcadores (4-0 a los suecos, 8-1 a los chipriotas y 3-1 a los alemanes) hizo que España arribara a la fase final de Polonia como la indiscutible favorita.

España quedó encuadrada en el Grupo B junto a Turquía, Portugal y Escocia, y rápidamente mostró a qué había ido a tierras polacas. En el primer partido ante Turquía, los de Ginés Meléndez desplegaron todo su repertorio y guiados por el barcelonista Jeffren encerraron a los turcos en su campo. El gol llegó a los 18 minutos, al rematar el madridista Alberto Bueno una falta botada por su compañero Juan Mata. y parecía que el partido sólo tendría una dirección. Sin embargo, Turquía reaccionó y logró el empate por medio de Ilhan, aunque pronto Mata devolvió las cosas a su sitio al cazar una gran volea que se coló junto al palo de la meta de Babacan, y sólo cinco minutos después el propio Mata culminó una rápida acción con una medida vaselina que supuso el 3-1. El descanso no cambió el guión y España siguió llevando peligro al área turca, consiguiendo el cuarto gol a los ocho minutos de la reanudación por medio del blaugrana Toni Calvo. Con el partido sentenciado los nuestros se relajaron y Turquía aprovechó para recortar distancias. Ilhan hizo su segundo tanto al cuarto de hora, y sólo unos instantes después Mevlut metió el miedo en el cuerpo de los españoles con el tercer gol otomano. Meléndez retiró a Bueno para conseguir más control del balón con Esteban Granero, pero el partido se había escapado del control hispano y durante varios minutos la sombra del empate planeó sobre el choque. Sin embargo, cuando el partido ya agonizaba Mata selló su hat-trick, colocando a España a un paso de la clasificación para semifinales.

En la segunda jornada los de Meléndez tenían que vérselas con Escocia, que en la fase previa había eliminado a la campeona Francia y que en la primera jornada había empatado a 2 con Portugal después de ir ganando por 2-0. Tras la reacción lusa parecía que la capacidad de sorpresa de los escoceses había tocado a su fin, y el partido contra España pareció confirmar esta teoría. Con Diego Capel (sancionado en el primer encuentro) como única novedad en el once, los nuestros dominaron de principio a fin el partido sin demasiados apuros, y nuevamente fue Bueno el encargado de abrir el marcador pasado el cuarto de hora. Entonces apareció uno de los líderes del equipo, Gerard Piqué, para reclamar su dosis de protagonismo: el central del Manchester United dobló la ventaja antes de la media hora y ya en la segunda parte tuvo tiempo de hacer el tercero antes de retirarse con molestias. Luego España se relajó, bajó las revoluciones y se dedicó a dejar pasar el tiempo ante una timorata selección escocesa que en ningún momento dio sensación de peligro. A cinco minutos del final, y con la mente de los nuestros puesta ya en el siguiente duelo frente a Portugal, Mario Suárez puso la guinda al partido con un cuarto gol y certificó el brillante pase a semifinales de un equipo que seguía creciendo a cada instante y que de momento alcanzaba el objetivo mínimo de clasificarse para el Mundial sub'20 de Canadá 2007.

Teóricamente el partido contra Portugal debía decidir el liderato del grupo, pero las teorías en el fútbol son frágiles como una figurita de porcelana y en esta ocasión fue el goleador turco Ilhan quien se encargó de romperlas en mil pedazos con su gol en el minuto 95 del partido ante los lusos, que suponía el empate a 4 en el marcador, un hat-trick para él y la primera plaza automáticamente para España. Así que la clasificación para semifinales se convirtió en una lucha a tres bandas entre Turquía, Portugal y Escocia en la que, aunque Portugal partía un punto por delante, la ventaja parecía estar del lado otomano, ya que Turquía se enfrentaba al rival teóricamente más débil. Pero las teorías en el fútbol son frágiles... En fin, el caso es que obviamente España saltó al terreno de juego con muchas menos necesidades que Portugal, lo que se tradujo en un once lleno de novedades y, de paso, en una primera parte sin un dominador claro de la que Portugal salió con ventaja gracias a un penalti transformado por Bruno Gama. Sin embargo, recién comenzada la segunda parte el albaceteño César Díaz firmó el empate con un espléndido testarazo y el gol dio paso a una fase de claro dominio español. A estas alturas en el otro partido saltaba la sorpresa, con Escocia dominando a Turquía por 3-0, por lo que el pase era momentáneamente para los sorprendentes escoceses. Un gol luso daba la clasificación a nuestros vecinos, pero Portugal se veía impotente para llegar con peligro a la meta defendida por Ángel Bernabé. Mientras, los turcos se colocaban a un gol de distancia de los escoceses, y aunque seguían necesitando la victoria para pasar, a Portugal sí le valía el hipotético empate en el otro campo, por lo que la cabeza de los portugueses viajaba incesantemente de un estadio a otro, buscando el gol que les clasificara. Pero en este final de infarto nadie más fue capaz de marcar, y contra todo pronóstico al final fue Escocia la selección que se metió en semifinales acompañando a España.

En el grupo A las cosas no habían estado menos igualadas, aunque la resolución fue algo más sencilla: tras dos jornadas todos contaban con 3 puntos por lo que quien ganara pasaría a semifinales. Finalmente la República Checa se impuso a la anfitriona Polonia y Austria hizo lo propio con Bélgica, y la diferencia de goles nos puso a los austríacos en nuestro camino a la final. Austria se presentó con la baja de su delantero estrella Erwin Hoffer, sancionado, y sufrió un severo correctivo. Desde el minuto 1 España controló el encuentro, aunque sin crear apenas peligro hasta que pasada la media hora Mata habilitó a Jeffren, que rompió por velocidad a la defensa rival y subió el primer tanto al marcador. Antes del descanso llegaría el gol de la tranquilidad, obra de Javi García de lanzamiento de falta, que convirtió la segunda parte en un paseo triunfal. Con Austria intentando estirar líneas, la explosiva pareja que formaban los madridistas Mata y Bueno mostró su gran compenetración y entre los dos se fabricaron el tercer gol en una bonita jugada que culminó Mata. Aquí se acabó la resistencia austriaca y ya en los últimos minutos Javi García y Bueno redondearon la manita. España volvía a una final europea dos años después y nadie pensaba que el resultado no fuera a ser el mismo que entonces.

Y es que, además del gran juego desplegado por los nuestros a lo largo de todo el torneo, el rival por el título sería ni más ni menos que Escocia, que había culminado su sorprendente torneo eliminando a una República Checa que mereció mejor suerte pero que no supo aprovechar su mayor número de ocasiones. Con el precedente del 4-0 en la fase de grupos, todos pensábamos que la final sería otro paseo para España, pero desde el primer minuto se hizo evidente que unos y otros afrontaban el partido conscientes de lo que se jugaban y nadie estaba dispuesto a conceder facilidades al rival. De hecho, la primera media hora fue de claro color británico, con Escocia dominando el balón aunque sin crear excesivo peligro ante la meta de Adán. La presión de sentirse favoritos parecía poder con los nuestros, que tardaron en cogerle el aire al partido. Sin embargo, cuando lo hicieron sería para crear serios apuros al portero escocés, y tanto Bueno como Mata y Toni Calvo pudieron marcar antes del descanso. Pero hubo que esperar al minuto 6 de la segunda parte para que España pudiera por fin adelantarse en el marcador, gracias a un golazo de Bueno que se inventó una vaselina perfecta para culminar una gran jugada colectiva. El gol dio a los nuestros el aplomo que necesitaban y que habían mostrado a lo largo del campeonato y los escoceses sólo pudieron observar cómo las ocasiones sobre su portería se sucedían sin remedio. Toni Calvo estuvo a punto de hacer el segundo, Piqué estrelló un cabezazo en el larguero y finalmente fue Bueno quien acertó a batir nuevamente la meta de Escocia, rematando un pase de la muerte de Piqué tras una falta. Quedaban veinte minutos y España saboreaba ya el título, aunque un postrero gol de Dorrans sirvió para darle algo de emoción a los últimos instantes. Pero, esta vez sí, Escocia había dado ya todas las sorpresas que podía dar (y que no fueron pocas) y la quinta del 87 dejó para siempre de ser "la de Cesc" para convertirse "simplemente" en otra generación de Campeones.

miércoles, 15 de julio de 2009

2004, Europeo sub'19: Otra vez en la cima

El verano de 2004 había comenzado con una nueva decepción para la España futbolística, la prematura eliminación de la Eurocopa de Portugal 2004. El fracaso en un torneo en el que se habían depositado muchas expectativas, tanto por celebrarse en el país vecino como por la sempiterna euforia previa a cualquier gran cita, nos había vuelto a dejar con los ánimos por los suelos, y esta vez la salida parecía todavía más complicada, puesto que por primera vez en muchos años ni el juego desplegado ni el ambiente en la selección habían sido buenos. Hacía falta una renovación en todos los ámbitos, pero después de semejante batacazo casi nadie parecía dispuesto de asegurar que algún día llegarían los resultados. Tras unos días de tensa espera, Iñaki Sáez anunciaba a finales de junio su renuncia al cargo de seleccionador absoluto, cargo que parecía haberle superado, para regresar no sin polémica a su anterior puesto como entrenador de la sub'21 y responsable último de una cantera que, afortunadamente, seguía funcionando.

A mediados del mes de julio comenzaba en Suiza el Campeonato de Europa sub'19, al que como casi siempre nuestra selección acudía como principal favorita, pese a haber quedado encuadrada en un complicado grupo junto a Alemania, Turquía y Polonia. Y es que Jose Armando Ufarte dirigía a una de las generaciones de más talento que se recuerdan, algo que salta a la vista si repasamos la alineación del partido inaugural del torneo: Biel Ribas; Sergio Ramos, Javier Garrido, Alexis Ruano, Fernando Amorebieta; Markel Bergara, Raúl Albiol, Juanfran Torres, David Silva; Borja Valero y Víctor Casadesús fueron los once elegidos, y jugadores de la talla de Roberto Soldado, Rubén De la Red o Jaime Gavilán esperaban su turno en el banquillo. Lo que se dice un auténtico equipazo. El primer rival que se topó con esta gran selección fue una Alemania que también tenía en nómina a jugadores interesantes y que son ya bien conocidos a nivel europeo como el portero René Adler, el lateral Marcell Jansen, el mediocentro Andreas Ottl y sobre todo el delantero de origen andaluz Mario Gómez, pero que fue barrida por España en un gran encuentro de los de Ufarte. El trío Juanfran - Valero - Silva se encargó de romper una y otra vez el sistema defensivo teutón y si se llegó al descanso con empate a cero fue en gran medida por el acierto del meta Adler, que sacó varios remates que parecían insalvables. Víctor Casadesús fue el principal perjudicado por la espléndida primera parte del portero del Bayer Leverkusen, pero tras la reanudación no tardó ni cinco minutos en abrir la cuenta, al conectar un gran cabezazo tras la enésima internada de Juanfran por la derecha. Desde ese momento desapareció la resistencia alemana y 20 minutos después Gavilán, que había entrado sustituyendo a Silva, culminó una rápida jugada. Ya al borde del final, otro suplente de lujo, Soldado, redondeó un marcador que confirmaba a España como la selección a batir.
El segundo rival, Turquía, lo puso bastante más complicado, anticipándonos que no había ido a Suiza sólo a por la clasificación para el Mundial sub'20 de Holanda 2005. Sin embargo, el gran arranque español no hacía presagiar nada de lo que ocurrió después, y es que en menos de un cuarto de hora sendos goles de Juanfran y Silva ponían a España con una clara ventaja. Primero el madridista aprovechó una buena combinación con Víctor para marcar de volea desde dentro del área, y luego el valencianista recogía oportuno un lanzamiento al palo de Gavilán (que reemplazaba en el once titular a Valero) para subir el segundo tanto al electrónico del estadio Juan Antonio Samaranch de Laussana. El partido parecía tener un claro color hispano pero Turquía, que había derrotado a Polonia por 4-3 en la primera jornada, no se daba por vencida. La clave estuvo cuando al borde del descanso Sergio Ramos derribó dentro del área a Ali Öztürk, que no desaprovechó la ocasión para transformar el penalti, subir el cuarto gol a su cuenta particular (había anotado un hat-trick ante los polacos) y dar esperanzas a su selección de cara a la segunda parte. Tras el descanso España volvió a salir enchufada pero esta vez la fortuna no acompañó a nuestros atacantes y el partido empezó a ralentizarse. Aunque la sensación de dominio español era mayor, los turcos empezaban a estirarse poco a poco. Entrando nuevamente desde el banquillo, Soldado tuvo la oportunidad de sentenciar pero falló, y ya casi al final Turquía obtuvo premio a su atrevimiento (estaba jugando ya casi con 4 delanteros) con el gol de Aksu Cafercan en el minuto 87. El empate parecía bueno para ambas selecciones pero España no se conformaba y en el descuento el central Robusté, capitán del equipo y ausente en el primer partido por sanción, cabeceaba un córner a la red, desatando la alegría en el bando español. Se certificaba así el pase a semifinales y la clasificación para el Mundial sub'20 del año siguiente, que era como siempre el objetivo mínimo en este tipo de citas.

Así pues el partido contra Polonia era un mero trámite, ya que España estaba clasificada y los polacos ya no tenían opciones tras perder sus dos primeros partidos. Con las bajas de Albiol, Sergio Ramos y Juanfran, todos por acumulación de tarjetas, Ufarte dio la alternativa a varios suplentes habituales como Chica, De la Red, Joan Tomás, Soldado o el portero reserva Manu, que cumplieron bien. El encuentro fue plácido para los nuestros, que desde el principio marcaron las diferencias y desplegaron un gran juego combinativo que la defensa polaca fue incapaz de detener. Así, a los diez minutos llegó el primer gol, obra de Borja Valero, que culminó una gran incursión de Garrido hasta la línea de fondo, y antes del cuarto de hora Víctor Casadesús marcó el segundo tras una buena jugada colectiva. Como ocurriera ante Turquía, España bajó el ritmo tras el segundo gol y Polonia empezó a dominar el choque y, aunque Manu solventó con acierto las escasas ocasiones que crearon los polacos, tras el descanso Lukas Piszczek sí acertó a batir al meta del Sporting, logrando su cuarto gol del torneo. El gol de Polonia espoleó otra vez a los nuestros que volvieron a hacerse dueños del balón y así, 15 minutos después, Gavilán subió el tercero al electrónico con un gran lanzamiento que limpió las telarañas de la portería polaca. Ese gol terminó de romper el partido, ya que Polonia bajó definitivamente los brazos y España se paseó de ahí al final, sin querer hacer más leña del árbol caído. Aún así, la calidad hispana provocó varias ocasiones casi por inercia y en una de ellas, cerca del final, Soldado no desaprovechó una buena dejada de Silva para marcar el definitivo 4-1. Con esta victoria España cerraba de manera brillante su pase a semifinales, con pleno de victorias, y se enfrentaría a Ucrania, que había dejado en la cuneta a Italia, por un puesto en la final.
Ucrania se había plantado en semifinales con lo mínimo, ya que sólo había marcado un gol en los tres partidos precedentes, suficiente para superar a Italia en su enfrentamiento directo. Sendos empates a cero ante Bélgica y Suiza habían bastado para meterse en semifinales como segundos de grupo, empatados precisamente con los organizadores. Evidentemente los ucranianos, que ya habían eliminado a Francia e Inglaterra en las fases previas, basaban su éxito en la defensa, liderada por Dmytro Chygrynskiy, pero también tenían interesantes jugadores de centro del campo hacia adelante como Artem Milevsky, Oleksandr Aliyev o Dmytro Vorobey. Como se esperaba, España salió dominando y, como casi siempre, abrió el marcador en el primer cuarto de hora, al aprovecharse Víctor Casadesús de un error de marcaje en el saque de una falta. El gol no cambió nada y España siguió acercándose a la meta rival, aunque faltaba fortuna a la hora de culminar las jugadas y ni Silva ni Sergio Ramos pudieron aprovechar sus claras ocasiones. Biel Ribas, que volvía a la titularidad, se encargó de desactivar con sus intervenciones las escasas oportunidades de Ucrania, que seguía cómoda con sólo un gol de desventaja. En la segunda parte Silva volvió a disfrutar de una clarísima ocasión, un mano a mano con el portero que no supo materializar, y como suele pasar España acabó pagando su falta de acierto en el remate con el empate de Ucrania, ya que en el minuto 66 Aliyev lanzó una falta que tocó en la barrera y se coló en la meta de un descolocado Ribas. Tras el empate Ucrania dispuso de varias ocasiones pero el arquero del Espanyol se mostró inexpugnable, sosteniendo con sus paradas a un equipo que tardó varios minutos en reaccionar. Gavilán malgastó el último cartucho antes del 90 pero en el tiempo extra las cosas se pusieron pronto de cara para los nuestros, ya que Soldado aprovechó un garrafal error del meta ucraniano en la salida para marcar el 2-1 cuando sólo se llevaban tres minutos. Ucrania sólo parecía capaz de crear peligro a balón parado y tras un par de avisos alcanzó el premio del gol por medio de Yatsenko, que cazó un despeje de Ribas tras un gran lanzamiento de Krawtchenko. Era el ecuador de la segunda parte de la prórroga y ya no había fuerzas para evitar los penaltis. Afortunadamente, los ucranianos parecía que tampoco tenían fuerzas para lanzarlos ya que sólo se necesitaron siete disparos para certificar el pase de España a la final (4-1). Silva, Soldado, Sergio Ramos y De la Red marcaron los 4 tantos hispanos y nos llevaron a una nueva final continental. El rival sería Turquía, que tampoco lo había tenido fácil para eliminar a una voluntariosa Suiza que sólo cedió en el tiempo extra ante el empuje otomano.
El definitivo partido se jugó el 24 de julio en Nyon, muy cerca del cuartel general de la UEFA que celebraba por entonces su 50 aniversario, razón por la que se había escogido a Suiza como país organizador. En él, España buscaba un campeonato que llevarse a la boca después de cuatro finales consecutivas perdidas (Europeo sub'17 de 2003, Mundiales sub'17 y sub'20 de 2003 y Europeo sub'17 de 2004), y Turquía quería vengarse de la derrota en el descuento encajada en la fase de grupos y sobre todo alzar un título que no conseguía desde 1992. Con un ambiente espectacular en las gradas, pobladas por un gran número de seguidores turcos y unos cuantos españoles, el partido comenzó tranquilo, con los dos equipos mirando más su portería que la contraria. Aún así, era España quien parecía llevar más peligro y Soldado, novedad en el once titular, tuvo las primeras ocasiones para los nuestros, pero sus remates defectuosos no inquietaron al meta Özcan. A partir del minuto 30 el dominio español se hizo más evidente y se sucedieron una serie de oportunidades que obligaron a lucirse al portero turco, despejando sendos remates de Víctor Casadesús y el propio Soldado. La delantera turca no se dejó ver hasta el comienzo de la segunda mitad, cuando el goleador Ali Öztürk puso en apuros a Ribas con un par de peligrosos disparos. La entrada de Gavilán por Silva le dio más profundidad al ataque español y el partido ganó en emoción, con los dos equipos buscando el gol ya sin complejos. Soldado dispuso de las oportunidades más claras para marcar pero no era la tarde del ariete del Real Madrid B, que parecía empeñado en desaprovechar los estupendos servicios de su compañero Juanfran. En el último cuarto de hora España se volcó en ataque, mostrando una gran ambición por la victoria, y Turquía sólo sobrevivía gracias al aliento de su numerosa y bulliciosa afición y al desacierto de los jugadores españoles. A cinco minutos del final, Ufarte ordenó un cambio que sería vital: dio entrada a Borja Valero, buscando algo más de creatividad en el ataque, y el madridista no desaprovechó su oportunidad. Avisó primero con un disparo que se perdió lamiendo el poste, y ya en el descuento recogió una dejada de Soldado tras un saque de banda, se acercó a la esquina del área, recortó a dos rivales por el camino y lanzó una precisa vaselina con la derecha que voló hasta la escuadra del palo contrario, dejando con la boca abierta a todos los que presenciábamos el partido. Por segunda vez en el torneo España se adelantaba a Turquía con un gol en el minuto 92, y los seguidores otomanos no se lo tomaron nada bien, llegando incluso a lanzar una botella que impactó en la cabeza del colegiado portugués Pedro Proença, y que por cierto no había tenido nada que ver en el resultado. El parón terminó por desconcentrar a Turquía, que después de que el juego se reanudara ni siquiera pudo acercarse a la portería española, y el final del partido marcó el inicio de la fiesta para unos chavales que habían demostrado ser sin discusión los mejores de Europa.

miércoles, 3 de junio de 2009

2002, Europeo sub'19: Retorna la ilusión

España no atravesaba por su mejor momento en la recién estrenada categoría sub'19. Los nuestros no levantaban el título europeo desde 1995, con una generación en la que destacaban jugadores como Carlitos o Guti, y no se llegaba a una final desde el año 1996. Sí, estaba el tremendo éxito del Mundial sub'20 de Nigeria, pero había llegado precedido de una discreta actuación en el Europeo (sexta posición), y luego se había fallado en la clasificación para el torneo continental de 2000 que daba los billetes para el Mundial de Argentina 2001, lo que nos impidió luchar por revalidar el título. En el último Europeo sub'18, en julio de 2001, se había logrado la tercera posición pero salvo en el último partido en el que se apabulló a Yugoslavia por 6-2 el juego no había sido ni de lejos el que se debía esperar de una selección española. Así que con la introducción de la nueva categoría esperábamos también que se pasara página y que nuestros chavales pudieran demostrar también en juveniles las buenas maneras que casi siempre apuntaban en cadetes.

El momento era el propicio, puesto que suponía la despedida de Iñaki Sáez a las categorías inferiores antes de hacerse cargo de la Selección absoluta, y llegaba cuando todavía teníamos fresco en la memoria el recuerdo de la barrabasada que nos despidió del Mundial 2002 antes de tiempo, por lo que era la primera ocasión que teníamos para reconciliarnos con el fútbol. Además, el Europeo de Noruega 2002 era clasificatorio para el Mundial sub'20 de Emiratos Árabes 2003, un objetivo marcado en rojo por los nuestros para borrar con una buena actuación el mal sabor de boca dejado por la ausencia en Argentina. La generación de 1983, encabezada por Jose Antonio Reyes y Daniel Jarque, se vio reforzada por algunos de los Campeones de Europa sub'16 de 2001, como Miguel Ángel Moyá y sobre todo Andrés Iniesta y Fernando Torres, llamados a marcar diferencias ya desde su primera aparición como juveniles. España compartía grupo con la República Checa, Eslovaquia y la anfitriona Noruega en un torneo corto cuyo formato (vigente desde 1993) no permitía el más mínimo tropiezo para quien quisiera alzarse con el triunfo: sin semifinales, el primero pasaría directamente a la final, y el segundo disputaría el tercer y cuarto puesto. El tercero de grupo al menos conseguiría el pasaje para Emiratos Árabes.

Así que era todo o nada desde el primer partido, y ante los checos España salió dispuesta a no dejarse sorprender. Sáez dispuso el 4-2-3-1 con el que tenía pensado actuar en la absoluta y le dio la batuta a Iniesta, flanqueado por varios hombres de mucha calidad: Carmelo, Sergio García, Reyes y Fernando Torres eran los encargados de desarrollar el juego ofensivo diseñado por el albaceteño. Tras un brillante comienzo, Reyes tuvo que ser sustituido al cuarto de hora por Jorge Pina tras sentir unas molestias pero el juego no se resintió demasiado. Sólo había un equipo sobre el campo, el español, y suyas fueron todas las ocasiones, incluyendo sendos cabezazos al larguero de Jarque, pero el dominio no se trasladaba al marcador. Hubo que esperar a que pasado el minuto 60 Iniesta tirara de picardía para transformar una falta mientras el portero checo colocaba una barrera que nadie había solicitado. Tras el gol España siguió mandando y Pina estrelló un nuevo balón en el travesaño, pero el ritmo decayó ligeramente propiciado quizá por las fechas en las que se disputaba el Campeonato (finales de julio), que pillaban a los nuestros en plena pretemporada. Y así, en un despiste defensivo llegó el empate de Sverkos a falta de 10 minutos, gol que fue imposible de levantar. El segundo partido, ante Noruega, fue más tranquilo. Reyes mostró que se encontraba totalmente recuperado y suyas fueron las mejores acciones de un cómodo partido que sirvió para probar a jugadores como Asier Riesgo. A los 24 minutos, Torres regaló el primer gol al sevillano y tras el descanso fue el atlético el que culminó un gran pase de Iniesta. Reyes se encargaría de cerrar la goleada con el tercero a falta de 20 minutos. Con esta victoria se cumplía el primer objetivo, la clasificación para el Mundial sub'20, pero para poder luchar por el título habría que vencer a la sorprendente Eslovaquia, que había vapuleado a Noruega (1-5) y a sus "hermanos" checos (5-2).

Y los nuestros no fallaron, dando una lección de madurez en un complicado encuentro en el que se vieron por detrás en el marcador desde casi el comienzo del mismo, porque a los seis minutos el eslovaco Marek Cech transformaba un libre directo para poner en ventaja a los suyos. Afortunadamente Eslovaquia, que había cortocircuitado a España en un brillante arranque de partido, también se encargó de devolvernos la vida y a los 15 minutos Sergio García aprovechó un mal despeje de un defensa para empatar el partido. Con el gol regresó el aplomo español que parecía haberse quedado olvidado en la caseta, y el resto de la primera parte pasó sin más sobresaltos. Tras el descanso Eslovaquia volvió a plantarse bien sobre el terreno de juego, con la confianza de quien se ve clasificado, pero no podía evitar las cada vez más peligrosas llegadas españolas. Y finalmente el gol acabó llegando: el canario Carmelo, que había sustituido a Reyes, otra vez con molestias físicas, puso un balón medido en la cabeza de Fernando Torres, que batió al meta eslovaco y llevó el júbilo al banquillo español. Con casi media hora por delante Eslovaquia estiró líneas en busca del tanto del empate que les colocaría en la final, pero un inspirado Moyá frustró todas sus oportunidades. Y cuando el partido agonizaba, Fernando Torres se encargó de enterrar las esperanzas eslovacas al culminar magistralmente una contra llevada por Jonan García. Era su tercer gol del campeonato y el jugador del Atlético de Madrid se colocaba ya como máximo artillero del torneo. El rival en la final se conoció al día siguiente y fue la Alemania de Uli Stielike, que lideró su grupo por delante de Irlanda, Inglaterra (que contaba con Jenas, Pennant y Carlton Cole) y Bélgica.

El del 28 de julio fue un partido duro, lo que se espera de una final. Alemania contaba con hombres de mucha fuerza, como el lateral Moritz Volz o el pivote Piotr Trochowski, y Stielike quizá pecó de conservadurismo al apostar por ese juego más físico en detrimento de hombres como Phillip Lahm o David Odonkor que habían brillado en anteriores encuentros. El caso es que en un primer momento el planteamiento alemán pareció triunfar, pero poco a poco España empezó a tocar al ritmo que marcaba Iniesta, al que esta vez no intentaron cazar tan indiscriminadamente como un año antes en Inglaterra. Reyes cobró mayor protegonismo, monopolizando casi todas las acciones de ataque españolas, y sólo la buena actuación del portero Haas ante las ocasiones del propio Reyes, Iniesta y Sergio García evitó que al descanso se llegara con ventaja para los nuestros. Pero faltaba la aparición de Fernando Torres, y el rojiblanco no faltó a su cita. A los diez minutos de la reanudación, un gran pase de Iniesta le dejó en una situación inmejorable: disparado en velocidad contra la portería rival. Entrando en el área, Torres intentó un recorte ante la proximidad de su defensor pero tropezó en el intento y el balón pareció franco para Haas. Entonces, en el último instante, cuando casi nos lamentábamos de la oportunidad perdida, Fernando metió la puntera ante la pasividad del defensa y el esférico salió de aquel barullo de cuerpos directo a la portería (ver gol). De esa manera Torres continuaba con su bendita tradición de marcar el gol decisivo en las finales europeas e iniciaba otra aún más interesante si cabe: marcar el gol decisivo en las finales europeas contra Alemania. Stielike metió enseguida a sus flechas Lahm y Odonkor, pero aunque faltaba un mundo por delante apenas inquietó la meta de Moyá con algún disparo de Trochowski. Con los germanos volcados España pudo sentenciar, pero faltó calma para dar el último pase. En cualquier caso el trabajo estaba hecho, y España se proclamaba Campeona de Europa sub'19 siete años después, con Fernando Torres nombrado nuevamente Mejor Jugador y Máximo Goleador. Con un nuevo título en categorías inferiores bajo el brazo, Iñaki Sáez empezaba a pensar ya en la absoluta y, viendo sus resultados (y aunque no había pasado ni mes y medio desde el escándalo de Al-Ghandour), ¿cómo no ilusionarnos otra vez con la Selección?