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sábado, 25 de julio de 2009

2005, Mundial sub'20 (y III): Messi nos corta las alas

3-0

Esta vez España no había tenido suerte en el sorteo de las eliminatorias y en su camino hacia la final se vislumbraban los temibles nombres de Argentina o Brasil, eso si las potencias sudamericanas superaban antes duros escollos como eran las selecciones de Colombia, China o Alemania. Desde luego, nada que ver con los asequibles enfrentamientos de otros campeonatos. Empezando por el principio, el partido de octavos de final sería una reedición de la final continental del año anterior, ya que nos enfrentaríamos a Turquía, que había superado con bastantes apuros un grupo en el que estaban China, Ucrania y Panamá. Sin embargo, en este partido no habría tanta igualdad como en los duelos del verano anterior, ya que desde el comienzo España salió con las ideas muy claras y puso en constantes apuros al meta turco, aunque su superioridad no se tradujo en goles hasta casi la media hora, cuando Juanfran aprovechó una generosa dejada de Llorente para marcar de cabeza tras un córner. Pocos minutos después el propio Juanfran doblaría la ventaja con un buen disparo desde fuera del área, poniendo un marcador cómodo y que desde luego hacía justicia al juego desplegado por los dos equipos. En la segunda parte el panorama no cambió pese a los cambios introducidos por el seleccionador turco, y Robusté marcó de cabeza en otro córner. Con el partido decidido Sáez dio descanso a tres pilares fundamentales del equipo (Cesc, Juanfran y Zapater), pero los que quedaban en el campo querían divertirse y vimos por ejemplo a Gavilán buscando su golito insistentemente o a Raúl Albiol saliendo de su puesto de central para realizar un par de jugadas dignas de Beckenbauer que no acabaron en gol de milagro. En cualquier caso el pase a cuartos era un hecho y allí nos enfrentaríamos a una selección argentina que avanzaba al paso que marcaba un futbolista criado en España.

Ficha Oficial del partido disponible en FIFA.com
Crónica del partido (por FIFA.com)


El resto de partidos de octavos de final, salvo la cómoda victoria de Holanda sobre Chile por 3-0, se caracterizó por la igualdad, ya que sólo la renacida Italia fue capaz de vencer por más de un gol (y eso tras ir perdiendo 1-0 al descanso ante Estados Unidos). Brasil sufrió para vencer por la mínima a la orgullosa selección de Siria, mientras que Alemania sorprendió eliminando a una de las selecciones que mejor cara habían mostrado en la primera fase, China, con un gol en el último minuto. Nigeria había necesitado de un afortunado gol del lateral Taiwo para superar a la incómoda Ucrania, mientras que Argentina se había encomendado a Messi para que resolviera su encuentro ante Colombia. El jovencísimo jugador del Barça no defraudó a los suyos y primero marcó el gol del empate y después, ya en el descuento, protagonizó la jugada que convirtió a Barroso en el héroe del partido.



3-1

Después de un camino sin sobresaltos llegaba el día de enfrentarnos a un rival de verdadera entidad que también optaba a todo, Argentina. Este partido era para muchos toda una final anticipada, en la ronda que separa el éxito de la decepción. Y entonces todos los pequeños atisbos de duda que nos había ido dejando el juego de la selección se plasmaron de golpe en un encuentro que sencillamente la albiceleste supo jugar y los nuestros no. Con una salida en tromba, los de Pancho Ferraro dejaron tocados a los de Sáez y crearon multitud de oportunidades que no acabaron en gol unas veces por el acierto de Ribas y otras por la escasa puntería de los rematadores argentinos. Incluso se le anuló un gol de falta a Messi por entender el colegiado que hubo fuera de juego posicional de un atacante sudamericano. Finalmente, en el minuto 19 el capitán Pablo Zabaleta sí acertó a rematar a bocajarro un balón servido por Nery Cardozo y subió el 1-0 al marcador. El centro del campo español se veía continuamente superado por el argentino, pero al menos tras el gol el equipo hizo un esfuerzo por irse adelante y la pegada de sus hombres de ataque hizo el resto. En una buena jugada por banda, Molinero puso un balón a Llorente que éste cedió para la entrada en carrera de Zapater, que fusiló a Ustari. Sin hacer nada del otro mundo, España había tardado poco más de diez minutos en equilibrar el partido, y eso era casi lo único que nos daba esperanzas, porque la zaga hispana seguía dando alarmantes muestras de nerviosismo y falta de trabajo táctico. En la segunda parte España salió dispuesta a no dejarse sorprender y pudo por fin mover el balón con más facilidad, pues la presión de Zabaleta bajó algunos enteros, pero las oportunidades no llegaban. Fue entrando en el momento clave del partido, casi en el ecuador de esta segunda mitad, cuando, en una jugada sin aparente peligro, Messi dibujó un perfecto pase a la espalda de la defensa española que el extremo Oberman aprovechó para plantarse ante Ribas y batirle con calidad. Y sólo dos minutos después, ante el desconcierto de la descolocada zaga española, el propio Messi recogió un mal despeje de Molinero y maniobró con rapidez para colocar el balón lejos del alcance del meta espanyolista. Quedaban casi veinte minutos pero el golpe había sido demasiado duro y España no pudo levantarse. Como le ocurriera el verano anterior con la absoluta, Sáez tampoco acertó con los cambios y el equipo murió impotente sin apenas inquietar la portería de Ustari.


Ficha Oficial del partido disponible en FIFA.com
Crónica del partido (por FIFA.com)


De esta manera se despedía España de un torneo en el que, pese a la inmaculada trayectoria hasta cuartos de final, siempre dio la sensación de estar jugando a medio gas. Si dos años antes la selección de Ufarte había basado su éxito en una fortaleza defensiva que compensaba la falta de pegada de sus delanteros, en Holanda el equipo pareció confiado por la indudable calidad de sus hombres de ataque y nunca dio sensación de auténtica consistencia. La línea defensiva dejó muchas dudas, con un Albiol que todavía estaba completando su adaptación al puesto de central y que cometía algunos errores de posicionamiento, y en general toda la zaga daba muestras de una muchas veces desesperante (y peligrosa) costumbre de querer sacar siempre el balón jugado a pesar de la presión rival, lo que provocó bastantes situaciones de peligro, generalmente bien solventadas por Ribas. El jugador más destacado de esta línea fue el valenciano José Enrique, quizá por lo desconocido, ya que desde que apareció ante Chile se mantuvo siempre a buen nivel tanto en defensa como en sus potentes incursiones en ataque. En el centro del campo, con Cesc algo justo de forma tras su lesión y jugando más retrasado que en la sub'17, lo que le restaba llegada al área rival, Zapater se convirtió pronto en el amo y señor de la parcela ancha, mostrando una gran inteligencia táctica fruto de su año de experiencia en Primera. Su superioridad ante la mayoría de rivales era tanta que en ocasiones daba la impresión de ser un veterano jugando entre niños, y a juicio de muchos expertos fue el mejor jugador de la selección. En los costados tanto Juanfran como Gavilán evidenciaron que su progresión desde el anterior Mundial había seguido su curso y fueron siempre un quebradero de cabeza para las defensas rivales, al igual que Silva, muy activo y peligroso partiendo desde ambas bandas. En cuanto a los delanteros, Jonathan Soriano se mostró bulllicioso aunque poco resolutivo, buscando más el adorno que la efectividad, mientras que Fernando Llorente se destapó como algo más que un ariete tipo tanque, cayendo bien a banda y participando bastante en el juego de toque de sus compañeros aunque, a pesar a sus cinco tantos, que le mantuvieron en la lucha por la Bota de Oro hasta el final, dejó alguna duda sobre su instinto goleador, ya que desperdició varias ocasiones claras por querer ceder la bola a algún compañero no siempre mejor situado. Pese a todo, el nivel general fue más que aceptable, al menos hasta el fatídico cruce de cuartos. En conclusión, un campeonato que nos dejó el agridulce sabor de boca de saber que el equipo pudo haber alcanzado cotas más altas de no habernos cruzado con el futuro e indiscutible campeón, liderado por un pequeño genio llamado a marcar una época en la historia del fútbol. No deja de ser un triste consuelo.


Y es que después de este partido nadie dudaba de que Messi se había convertido en la aparición más destacada de un campeonato juvenil desde que Diego Armando Maradona deslumbrara al mundo en Japón 1979. El escurridizo argentino mostraba una velocidad endiablada y un regate imparable, era capaz de aparecer en cualquier parte del ataque, y sólo su menudo físico y una pizca de nerviosismo a la hora de definir podían restarle algunas décimas a la hora de valorar su futuro impacto en el fútbol mundial. Como hemos visto, nada que no solucione el tiempo. El siguiente equipo en sufrir las diabluras de "la pulga" fue Brasil, que en los cuartos de final se había deshecho en la prórroga de una correosa Alemania con un golazo de Rafinha pero que en semifinales no pudo parar al nuevo astro argentino, que marcó el primer gol (golazo) y ya en el descuento dio la asistencia a Zabaleta para que éste deshiciera el empate. Por el otro lado del cuadro se vivió una semifinal africana entre Marruecos y Nigeria, que en cuartos habían eliminado por penaltis a Italia y Holanda respectivamente, en dos partidos tremendamente igualados y que sin duda fueron de lo mejor del torneo. En la semifinal Nigeria impuso su mayor oficio y rompió el partido con un zapatazo de Taiwo; luego, con Marruecos volcado en busca del empate, sentenció en la segunda parte con dos goles más que desataron la peor cara de unos jugadores marroquíes que la emprendieron con sus colegas nigerianos, acabando con 9 hombres y dejando una pésima imagen que recobraron en parte con una honrosa derrota ante Brasil en el partido por el tercer puesto. La gran final tuvo la historia que quiso Messi, y es que él solo se bastó para contrarrestar el mejor juego africano a lo largo del partido: cerca del descanso fue derribado dentro del área tras una de sus típicas jugadas individuales desde el centro del campo y él mismo se encargó de transformar el penalti, y ya en la segunda parte, tras el empate nigeriano, no le pesó la responsabilidad para lanzar y convertir otra pena máxima cometida en esta ocasión sobre Agüero. Con estos dos goles, decisivos para que Argentina se proclamara pentacampeona juvenil, Messi se aseguraba el Balón de Oro del torneo (por si quedara alguna duda) y además superaba a Fernando Llorente y Oleksandr Aliyev como máximo realizador, con seis dianas, redondeando un mágico campeonato que supuso el espaldarazo definitivo a una carrera tan meteórica como sus espectaculares arrancadas desde la medular.

miércoles, 22 de julio de 2009

2005, Mundial sub'20 (II): Una máquina de golear

3-1

Encuadrada en el grupo C junto a Marruecos, Honduras y Chile, España debutó ante los norteafricanos presentando un once compacto en el que destacaba un poderoso centro del campo con Zapater, Cesc, Juanfran y Silva, encargados de llevar balones a las posiciones de Jonathan Soriano y Fernando Llorente. El partido del debut no tuvo excesiva complicación por la inocencia de los delanteros rivales, que no obstante sorprendieron con más facilidad de la esperada a la defensa española, desplegando un alegre juego que terminaría por llevar a Marruecos hasta cotas insospechadas. Pero pese a esas escaramuzas España supo controlar el partido y sin demiasado brillo hizo lo suficiente como para llevarse los 3 puntos con aparente comodidad. Fernando Llorente abrió la cuenta antes de la media hora con un gran gol de vaselina, aprovechando un error de la zaga marroquí, y ya en la segunda parte Molinero y Silva ampliaron diferencias con la inestimable ayuda del meta africano, ya que primero el disparo del lateral atlético le dobló las manos y luego se tragó un cerrado centro del canario en el saque de una falta lateral. En los últimos compases Marruecos obtuvo el merecido gol del honor al transformar un dudoso penalti, que supuso el 3-1 definitivo.

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Crónica del partido (por FIFA.com)



0-7

Ante Marruecos España se había mostrado algo espesa con el balón en los pies y había concedido más ocasiones de las previstas, pero su pegada era demoledora y así lo corroboró en el partido contra Chile. Los sudamericanos llegaban con la moral por las nubes después de aplastar a Honduras por 7-0, y no podían imaginar que recibirían de su propia medicina. Y es que en un partido memorable, sobre todo para Fernando Llorente, España le endosó otros siete. El ariete del Athletic abrió la cuenta en el minuto 8, y aunque la primera mitad discurrió igualada, con Chile acercándose a la meta de Ribas gracias sobre todo a las incursiones de Matías Fernández, una rigurosa expulsión del defensa Jara al filo del descanso (y justo después de la más clara ocasión chilena) marcó el devenir del encuentro. Robusté marcó a los cinco minutos de la reanudación y Chile se vino abajo estrepitosamente, dejando multitud de espacios que aprovecharon los centrocampistas españoles para hacer un verdadero estropicio en la zaga sudamericana. Tres nuevos goles a placer de Llorente (que marcó 4 pero pudo haber hecho 6 de no haber pecado de generosidad), y sendos zurdazos de Gavilán y Silva cerraron un partido extraño que nos sirvió también para ver el debut del lateral zurdo José Enrique, que tuvo que sustituir antes del descanso al lesionado Garrido. Su imponente planta y sus continuas carreras por la banda nos impresionaron a más de uno, convirtiéndose con rapidez en una de las revelaciones del campeonato.


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Crónica del partido (por FIFA.com)




3-0

Tras ese festival goleador, el último partido ante la endeble Honduras se presentaba como una nueva fiesta para nuestros atacantes, y el tempranero gol de vaselina de Jonathan Soriano a los cinco minutos parecía confirmar las sospechas. Sin embargo, el partido fue lento y aburrido, con la selección centroamericana encerrada a cal y canto en su área y con España, con muchas novedades en su alineación, limitándose a tocar sin apenas crear peligro. Aún así, Silva encontró el hueco para marcar el segundo antes del descanso, y Víctor Casadesús también pudo anotar su primer gol en el torneo mediada la segunda parte. El encuentro era soporífero, no había nada en juego y ambos seleccionadores decidieron cambiar a sus guardametas a la vez, síntoma que deja a las claras el nivel competitivo del partido. Roberto salió por Manu, que había sido titular en lugar del habitual Ribas, pero apenas pudo estar unos pocos minutos sobre el césped ya que tras un error de su zaga no tuvo más remedio que realizar un penalti que le supuso la expulsión. Con todos los cambios realizados, Jonathan Soriano se puso los guantes y atajó el lanzamiento hondureño, con lo que el delantero del Espanyol redondeaba una tarde completa.

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Crónica del partido (por FIFA.com)


Una de las mayores sorpresas de esta primera fase fue la derrota de Argentina en su debut frente a Estados Unidos por 1-0. Los norteamericanos, liderados por Benny Feilhaber y con el "veterano" de 16 años Freddy Adu en la delantera, se aprovecharon de la decisión del seleccionador argentino de dejar a Messi en el banquillo, supuestamente con molestias (aunque para muchos la suplencia se debió a la falta de confianza de Pancho Ferraro en aquel endeble jugador de 17 años). Leo salió tras el descanso y aunque no se pudo remontar ese partido sí se demostró que el pequeño genio del Barça era imprescindible en aquel equipo, en el que también hubo minutos para otro par de jovencísimos jugadores como Fernando Gago y Sergio Agüero. Otro resultado sonado fue la victoria de Siria ante Italia por 2-1, que valió a los debutantes la clasificación para octavos, clasificación que Italia logró en el último suspiro de su último partido. En el llamado Grupo de la Muerte, Brasil volvió a enfundarse el traje de faena y, aparcando su cada vez menos típico jogo bonito, superó a sus rivales a base de consistencia y pequeños destellos de calidad de su lateral Rafinha y el delantero Rafael Sobís. Además, Nigeria también demostró solidez con un centro del campo muy potente y talentoso, con John Obi Mikel y Promise Isaac como máximos exponentes, y la constante y peligrosa presencia del lateral Taye Taiwo, mientras que Suiza y Corea pagaron cara la igualdad de este grupo y se despidieron con 3 puntos, aunque dejando algunos destellos de su buen nivel futbolístico. La revelación de esta fase fue sin duda China, que con un juego ordenado y pequeñas gotas de calidad hizo pleno de victorias superando a dos selecciones en teoría superiores como Turquía y Ucrania, que curiosamente dejaron sensaciones contrapuestas a las que habían ofrecido en el Europeo del verano anterior: Turquía se mostró algo endeble y falta de pegada mientras que Ucrania se destapó con un juego más ofensivo del que se benefició Oleksandr Aliyev, autor de 5 tantos. También lideraron sus grupos con mano de hierro Colombia, que dejó varios nombres a seguir (los de Wason Rentería, Freddy Guarín y Hugo Rodallega seguro que no faltaban en ningún informe de ningún ojeador), y Holanda, que con el apoyo de su público y un juego basado en la velocidad de Ryan Babel y Quincy Owusu Abeyie dominó un grupo en el que nadie más fue capaz de ganar un partido: Japón se metió en octavos con sólo 2 puntos y dejó fuera por el mayor número de goles marcados a Benín, cuyo atrevido juego mereció mayor premio, y Australia.


miércoles, 15 de julio de 2009

2004, Europeo sub'19: Otra vez en la cima

El verano de 2004 había comenzado con una nueva decepción para la España futbolística, la prematura eliminación de la Eurocopa de Portugal 2004. El fracaso en un torneo en el que se habían depositado muchas expectativas, tanto por celebrarse en el país vecino como por la sempiterna euforia previa a cualquier gran cita, nos había vuelto a dejar con los ánimos por los suelos, y esta vez la salida parecía todavía más complicada, puesto que por primera vez en muchos años ni el juego desplegado ni el ambiente en la selección habían sido buenos. Hacía falta una renovación en todos los ámbitos, pero después de semejante batacazo casi nadie parecía dispuesto de asegurar que algún día llegarían los resultados. Tras unos días de tensa espera, Iñaki Sáez anunciaba a finales de junio su renuncia al cargo de seleccionador absoluto, cargo que parecía haberle superado, para regresar no sin polémica a su anterior puesto como entrenador de la sub'21 y responsable último de una cantera que, afortunadamente, seguía funcionando.

A mediados del mes de julio comenzaba en Suiza el Campeonato de Europa sub'19, al que como casi siempre nuestra selección acudía como principal favorita, pese a haber quedado encuadrada en un complicado grupo junto a Alemania, Turquía y Polonia. Y es que Jose Armando Ufarte dirigía a una de las generaciones de más talento que se recuerdan, algo que salta a la vista si repasamos la alineación del partido inaugural del torneo: Biel Ribas; Sergio Ramos, Javier Garrido, Alexis Ruano, Fernando Amorebieta; Markel Bergara, Raúl Albiol, Juanfran Torres, David Silva; Borja Valero y Víctor Casadesús fueron los once elegidos, y jugadores de la talla de Roberto Soldado, Rubén De la Red o Jaime Gavilán esperaban su turno en el banquillo. Lo que se dice un auténtico equipazo. El primer rival que se topó con esta gran selección fue una Alemania que también tenía en nómina a jugadores interesantes y que son ya bien conocidos a nivel europeo como el portero René Adler, el lateral Marcell Jansen, el mediocentro Andreas Ottl y sobre todo el delantero de origen andaluz Mario Gómez, pero que fue barrida por España en un gran encuentro de los de Ufarte. El trío Juanfran - Valero - Silva se encargó de romper una y otra vez el sistema defensivo teutón y si se llegó al descanso con empate a cero fue en gran medida por el acierto del meta Adler, que sacó varios remates que parecían insalvables. Víctor Casadesús fue el principal perjudicado por la espléndida primera parte del portero del Bayer Leverkusen, pero tras la reanudación no tardó ni cinco minutos en abrir la cuenta, al conectar un gran cabezazo tras la enésima internada de Juanfran por la derecha. Desde ese momento desapareció la resistencia alemana y 20 minutos después Gavilán, que había entrado sustituyendo a Silva, culminó una rápida jugada. Ya al borde del final, otro suplente de lujo, Soldado, redondeó un marcador que confirmaba a España como la selección a batir.
El segundo rival, Turquía, lo puso bastante más complicado, anticipándonos que no había ido a Suiza sólo a por la clasificación para el Mundial sub'20 de Holanda 2005. Sin embargo, el gran arranque español no hacía presagiar nada de lo que ocurrió después, y es que en menos de un cuarto de hora sendos goles de Juanfran y Silva ponían a España con una clara ventaja. Primero el madridista aprovechó una buena combinación con Víctor para marcar de volea desde dentro del área, y luego el valencianista recogía oportuno un lanzamiento al palo de Gavilán (que reemplazaba en el once titular a Valero) para subir el segundo tanto al electrónico del estadio Juan Antonio Samaranch de Laussana. El partido parecía tener un claro color hispano pero Turquía, que había derrotado a Polonia por 4-3 en la primera jornada, no se daba por vencida. La clave estuvo cuando al borde del descanso Sergio Ramos derribó dentro del área a Ali Öztürk, que no desaprovechó la ocasión para transformar el penalti, subir el cuarto gol a su cuenta particular (había anotado un hat-trick ante los polacos) y dar esperanzas a su selección de cara a la segunda parte. Tras el descanso España volvió a salir enchufada pero esta vez la fortuna no acompañó a nuestros atacantes y el partido empezó a ralentizarse. Aunque la sensación de dominio español era mayor, los turcos empezaban a estirarse poco a poco. Entrando nuevamente desde el banquillo, Soldado tuvo la oportunidad de sentenciar pero falló, y ya casi al final Turquía obtuvo premio a su atrevimiento (estaba jugando ya casi con 4 delanteros) con el gol de Aksu Cafercan en el minuto 87. El empate parecía bueno para ambas selecciones pero España no se conformaba y en el descuento el central Robusté, capitán del equipo y ausente en el primer partido por sanción, cabeceaba un córner a la red, desatando la alegría en el bando español. Se certificaba así el pase a semifinales y la clasificación para el Mundial sub'20 del año siguiente, que era como siempre el objetivo mínimo en este tipo de citas.

Así pues el partido contra Polonia era un mero trámite, ya que España estaba clasificada y los polacos ya no tenían opciones tras perder sus dos primeros partidos. Con las bajas de Albiol, Sergio Ramos y Juanfran, todos por acumulación de tarjetas, Ufarte dio la alternativa a varios suplentes habituales como Chica, De la Red, Joan Tomás, Soldado o el portero reserva Manu, que cumplieron bien. El encuentro fue plácido para los nuestros, que desde el principio marcaron las diferencias y desplegaron un gran juego combinativo que la defensa polaca fue incapaz de detener. Así, a los diez minutos llegó el primer gol, obra de Borja Valero, que culminó una gran incursión de Garrido hasta la línea de fondo, y antes del cuarto de hora Víctor Casadesús marcó el segundo tras una buena jugada colectiva. Como ocurriera ante Turquía, España bajó el ritmo tras el segundo gol y Polonia empezó a dominar el choque y, aunque Manu solventó con acierto las escasas ocasiones que crearon los polacos, tras el descanso Lukas Piszczek sí acertó a batir al meta del Sporting, logrando su cuarto gol del torneo. El gol de Polonia espoleó otra vez a los nuestros que volvieron a hacerse dueños del balón y así, 15 minutos después, Gavilán subió el tercero al electrónico con un gran lanzamiento que limpió las telarañas de la portería polaca. Ese gol terminó de romper el partido, ya que Polonia bajó definitivamente los brazos y España se paseó de ahí al final, sin querer hacer más leña del árbol caído. Aún así, la calidad hispana provocó varias ocasiones casi por inercia y en una de ellas, cerca del final, Soldado no desaprovechó una buena dejada de Silva para marcar el definitivo 4-1. Con esta victoria España cerraba de manera brillante su pase a semifinales, con pleno de victorias, y se enfrentaría a Ucrania, que había dejado en la cuneta a Italia, por un puesto en la final.
Ucrania se había plantado en semifinales con lo mínimo, ya que sólo había marcado un gol en los tres partidos precedentes, suficiente para superar a Italia en su enfrentamiento directo. Sendos empates a cero ante Bélgica y Suiza habían bastado para meterse en semifinales como segundos de grupo, empatados precisamente con los organizadores. Evidentemente los ucranianos, que ya habían eliminado a Francia e Inglaterra en las fases previas, basaban su éxito en la defensa, liderada por Dmytro Chygrynskiy, pero también tenían interesantes jugadores de centro del campo hacia adelante como Artem Milevsky, Oleksandr Aliyev o Dmytro Vorobey. Como se esperaba, España salió dominando y, como casi siempre, abrió el marcador en el primer cuarto de hora, al aprovecharse Víctor Casadesús de un error de marcaje en el saque de una falta. El gol no cambió nada y España siguió acercándose a la meta rival, aunque faltaba fortuna a la hora de culminar las jugadas y ni Silva ni Sergio Ramos pudieron aprovechar sus claras ocasiones. Biel Ribas, que volvía a la titularidad, se encargó de desactivar con sus intervenciones las escasas oportunidades de Ucrania, que seguía cómoda con sólo un gol de desventaja. En la segunda parte Silva volvió a disfrutar de una clarísima ocasión, un mano a mano con el portero que no supo materializar, y como suele pasar España acabó pagando su falta de acierto en el remate con el empate de Ucrania, ya que en el minuto 66 Aliyev lanzó una falta que tocó en la barrera y se coló en la meta de un descolocado Ribas. Tras el empate Ucrania dispuso de varias ocasiones pero el arquero del Espanyol se mostró inexpugnable, sosteniendo con sus paradas a un equipo que tardó varios minutos en reaccionar. Gavilán malgastó el último cartucho antes del 90 pero en el tiempo extra las cosas se pusieron pronto de cara para los nuestros, ya que Soldado aprovechó un garrafal error del meta ucraniano en la salida para marcar el 2-1 cuando sólo se llevaban tres minutos. Ucrania sólo parecía capaz de crear peligro a balón parado y tras un par de avisos alcanzó el premio del gol por medio de Yatsenko, que cazó un despeje de Ribas tras un gran lanzamiento de Krawtchenko. Era el ecuador de la segunda parte de la prórroga y ya no había fuerzas para evitar los penaltis. Afortunadamente, los ucranianos parecía que tampoco tenían fuerzas para lanzarlos ya que sólo se necesitaron siete disparos para certificar el pase de España a la final (4-1). Silva, Soldado, Sergio Ramos y De la Red marcaron los 4 tantos hispanos y nos llevaron a una nueva final continental. El rival sería Turquía, que tampoco lo había tenido fácil para eliminar a una voluntariosa Suiza que sólo cedió en el tiempo extra ante el empuje otomano.
El definitivo partido se jugó el 24 de julio en Nyon, muy cerca del cuartel general de la UEFA que celebraba por entonces su 50 aniversario, razón por la que se había escogido a Suiza como país organizador. En él, España buscaba un campeonato que llevarse a la boca después de cuatro finales consecutivas perdidas (Europeo sub'17 de 2003, Mundiales sub'17 y sub'20 de 2003 y Europeo sub'17 de 2004), y Turquía quería vengarse de la derrota en el descuento encajada en la fase de grupos y sobre todo alzar un título que no conseguía desde 1992. Con un ambiente espectacular en las gradas, pobladas por un gran número de seguidores turcos y unos cuantos españoles, el partido comenzó tranquilo, con los dos equipos mirando más su portería que la contraria. Aún así, era España quien parecía llevar más peligro y Soldado, novedad en el once titular, tuvo las primeras ocasiones para los nuestros, pero sus remates defectuosos no inquietaron al meta Özcan. A partir del minuto 30 el dominio español se hizo más evidente y se sucedieron una serie de oportunidades que obligaron a lucirse al portero turco, despejando sendos remates de Víctor Casadesús y el propio Soldado. La delantera turca no se dejó ver hasta el comienzo de la segunda mitad, cuando el goleador Ali Öztürk puso en apuros a Ribas con un par de peligrosos disparos. La entrada de Gavilán por Silva le dio más profundidad al ataque español y el partido ganó en emoción, con los dos equipos buscando el gol ya sin complejos. Soldado dispuso de las oportunidades más claras para marcar pero no era la tarde del ariete del Real Madrid B, que parecía empeñado en desaprovechar los estupendos servicios de su compañero Juanfran. En el último cuarto de hora España se volcó en ataque, mostrando una gran ambición por la victoria, y Turquía sólo sobrevivía gracias al aliento de su numerosa y bulliciosa afición y al desacierto de los jugadores españoles. A cinco minutos del final, Ufarte ordenó un cambio que sería vital: dio entrada a Borja Valero, buscando algo más de creatividad en el ataque, y el madridista no desaprovechó su oportunidad. Avisó primero con un disparo que se perdió lamiendo el poste, y ya en el descuento recogió una dejada de Soldado tras un saque de banda, se acercó a la esquina del área, recortó a dos rivales por el camino y lanzó una precisa vaselina con la derecha que voló hasta la escuadra del palo contrario, dejando con la boca abierta a todos los que presenciábamos el partido. Por segunda vez en el torneo España se adelantaba a Turquía con un gol en el minuto 92, y los seguidores otomanos no se lo tomaron nada bien, llegando incluso a lanzar una botella que impactó en la cabeza del colegiado portugués Pedro Proença, y que por cierto no había tenido nada que ver en el resultado. El parón terminó por desconcentrar a Turquía, que después de que el juego se reanudara ni siquiera pudo acercarse a la portería española, y el final del partido marcó el inicio de la fiesta para unos chavales que habían demostrado ser sin discusión los mejores de Europa.

lunes, 29 de junio de 2009

2003, Mundial sub'20 (II): Duelos en el desierto

2-1

El Argentina-España de la primera jornada era el encuentro más esperado por todos los aficionados, el duelo entre los dos últimos campeones, y desde luego cumplió con las expectativas. Ufarte no sorprendió y salió con el esquema previsible y que se convertiría en habitual durante todo el torneo, un 4-5-1 en el que destacaba la fuerza del doble pivote Gabi - Vitolo y que dejaba prácticamente todas las labores ofensivas en los pies de la pareja blaugrana Iniesta - Sergio García, con los apoyos por banda de Gavilán y Corominas, aunque en este primer partido ambos se mostraron cautelosos en sus incorporaciones. En la línea defensiva destacaba la presencia en el lateral derecho del benjamín Alexis Ruano, que venía deslumbrando en las concentraciones previas y que parecía estar llamado a ser una de las sensaciones del campeonato. El malaguista era además el único defensor con vocación ofensiva de una línea que completaban Carlos Peña en la izquierda y la férrea pareja de centrales Melli - Carlos García. Quizá la única nota de sorpresa era la presencia del donostiarra Asier Riesgo en la portería en detrimento de Miguel Ángel Moyá, que venía siendo el portero titular de esta generación en anteriores campeonatos, pero desde luego la labor de Asier fue espectacular y en ningún momento se echó en falta al mallorquín. El choque arrancó con mucho ritmo aunque sin llegadas peligrosas, con mucha lucha en un centro del campo en el que por el bando argentino peleaban dos auténticos perros de presa como Javier Mascherano y Pablo Zabaleta. Sin embargo, España parecía mejor plantada que una Argentina que se dedicaba a jugar al pelotazo buscando más la segunda jugada que a su punta Cavenaghi. Tras los primeros acercamientos a ambas porterías, España obtuvo su merecido premio cuando en el minuto 25 Gabi lanzó un potente disparo desde fuera del área cuya parábola sorprendió a un ligeramente adelantado Gustavo Eberto. Un auténtico golazo que refrendaba la gran labor del centrocampista atlético en los primeros minuts de juego y que dejó tocado al cuadro albiceleste. Iniesta empezó a aparecer y sus combinaciones con Sergio García dejaban las pocas gotas de calidad de un partido duro y muy serio. El albaceteño tuvo en sus botas el segundo justo antes del descanso cuando se plantó ante Eberto tras una buena jugada individual, pero el arquero argentino le ganó la partida y salvó a su equipo. Esa jugada y el paso por los vestuarios fue clave para la albiceleste porque en el segundo tiempo salió con otra cara, buscando el empate desde el primer minuto, y no tardó en equilibrar el marcador gracias a un testarazo de Leandro Fernández. El gol sacudió completamente el partido y los dos equipos se lanzaron a por la victoria, aunque las imprecisiones en los últimos metros (y alguna que otra polémica decisión del colegiado mexicano Benito Archundia) arruinaban casi todos los acercamientos hispanos. Y cuando por fin se podía finalizar la jugada, aparecía un espléndido Eberto que salvó sendas ocasiones de Sergio García e Iniesta. Argentina esperaba su oportunidad y la encontró a falta de quince minutos, cuando nuevamente Leandro Fernández remató una jugada calcada a la del empate, subiendo el segundo gol al casillero sudamericano. De ahí al final España lo intentó pero el cansancio y el tremendo oficio de la aliceleste acabaron con cualquier opción. La derrota, quizá inmerecida, dejaba a España tocada de ánimo pero con buenas sensaciones sobre el potencial del equipo.


0-2

Después de la derrota en el debut, el partido contra Mali (que en la primera jornada había ganado a Uzbekistán por 3-2, con un gol en el descuento) era tremendamente importante pues de él dependían buena parte de las opciones de pasar a octavos de final. Los dos primeros de cada grupo se clasificaban directamente, junto con los 4 mejores terceros, y el objetivo español era alcanzar una de esas dos primeras posiciones para no tener que hacer cábalas. Ufarte se vio obligado a hacer cambios en el once, ya que Alexis tenía el tobillo fuertemente inflamado por un golpe recibido en el primer partido. En su lugar saldría el céltico Iago Bouzón, un central reconvertido que aportaba todavía más consistencia a la zaga pero con el que se perdía poderío ofensivo. Quizá por ese motivo, Ufarte introdujo por esa banda derecha al madridista Juanfran, más rápido y habilidoso que un Corominas que necesitaba más de la ayuda del lateral para desbordar a su par. El partido fue tremendamente duro, con un rival que no se cortaba a la hora de meter la pierna, pero la superioridad técnica de los españoles fue clave. Como ocurriera cuatro años antes, en las semifinales del Mundial de Nigeria, desde el comienzo España salió decidida a matar el choque por la vía rápida y así, tras un primer cuarto de hora en el que se sucedieron no menos de 4 claras ocasiones (incluyendo un remate al larguero de Sergio García), Juanfran aprovechó un gran centro de Gavilán para, de cabeza, colocar suavemente el balón lejos del alcance del meta africano. Inesperadamente, tras el gol el partido se apagó y los minutos fueron pasando sin más sobresaltos que los proporcionados por las duras entradas de los jugadores de Mali. Tras el descanso el panorama no cambió, con España manejando el balón y viendo como Sergio García desaprovechaba uno tras otro los geniales pases de Andrés Iniesta. Mali apenas inquietó con un par de remates que Riesgo salvó con aplomo, hasta que en el minuto 75 el recién incorporado Jorge Pina fue derribado en el área africana. Sergio García acertó con el lanzamiento, aunque tuvo que repetir por la entrada de varios compañeros en el área antes del golpeo. El segundo intento fue por el mismo sitio y aunque el meta malí adivinó la trayectoria no pudo evitar que, esta vez sí, el gol subiera al marcador. El partido estaba visto para sentencia y tan sólo quedaba jugar a adivinar qué jugador de Mali sería el primero en ser expulsado. Este dudoso honor recayó en Moussa Bagayoko, que en el minuto 79 dejó a los suyos en inferioridad numérica, el único aspecto en el que todavía no estaban siendo superados por España.




1-0

España saltó al campo del estadio de Sharjah sabiendo que el empate ante Uzbekistán le servía para pasar a octavos como segunda de grupo, después de que en el partido previo Argentina derrotara a Mali por 3-1. Pero Ufarte no quería relajación y optó por sacar de inicio al mismo once que tan bien había jugado contra los africanos, ya que se enfrentaba a un equipo semidesconocido y virtualmente eliminado pero que hasta ese momento sólo había perdido sus partidos en el tiempo de prolongación. Y el comienzo no fue sencillo, ya que los primeros acercamientos con peligro fueron de Uzbekistán, pero en cuanto apareció Iniesta el panorama se aclaró. En el minuto 15, el albaceteño recibió el balón en el círculo central, se fue por velocidad de su par, encaró al central en la frontal y, tras quebrarle, lanzó con el interior de su pie derecho un balón a media altura que se coló pegado al palo izquierdo de la meta uzbeka. Un auténtico golazo que servía para encarrilar el partido y para certificar la tremenda calidad que atesoraba el centrocampista azulgrana, sin duda uno de los jugadores más destacados de toda la primera fase y el principal referente de la selección. Después de unos minutos en los que España pudo ampliar diferencias, ocurrió algo parecido al día de Mali: viéndose superior, el equipo se limitó a dejar correr el tiempo, aunque esta vez con la excusa de saberse ya clasificados, y sólo las incansables carreras de un Sergio García demasiado aislado rompían la monotonía del encuentro. La segunda parte siguió por el mismo camino, con España prácticamente renunciando al ataque aunque llegando casi por inercia. En una de las pocas jugadas brillantes de la noche, nuevamente Iniesta estuvo a punto de marcar, pero su vaselina salió ligeramente elevada. Luego Uzbekistán nos metió el miedo en el cuerpo con un par de ocasiones que Riesgo solventó sin complicarse, a lo que Iniesta respondió con un lanzamiento de falta que volvió a salir lamiendo el poste. Poco después Ufarte decidió dar descanso al de Fuentealbilla y con él se fue el juego de España, que estuvo a punto de ver como Uzbekistán lograba el empate con un trallazo en el descuento que salió desviado por poco. Pero estaba visto que esos minutos no eran favorables a los asiáticos y España concluyó la primera fase con el objetivo cumplido y la sensación de que el equipo tenía posibilidades de seguir avanzando pero sólo si estaba dispuesto a dar siempre el 100%. A eso y a dejarse guiar por Iniesta, evidentemente.






La primera fase acabó con una nueva decepción para alemanes e ingleses, que se volvían a casa superados por rivales teóricamente inferiores como Egipto o Corea del Sur. En octavos se colaron equipos sin demasiada tradición como Australia, Burkina Faso, Canadá o los anfitriones Emiratos Árabes Unidos. Por lo visto hasta el momento, al grupo de favoritos había que unir a Colombia, una de las selecciones que mejor juego habían desplegado, a Eslovaquia o incluso a Estados Unidos, que también habían tenido momentos de buen fútbol. Al contrario que Argentina, que había pasado con pleno de victorias y dando sensación de ser un equipo hecho y muy compensado, otro eterno candidato al título, Brasil, parecía que todavía no le había cogido el ritmo al torneo (sólo 4 puntos merced a una victoria frente a Canadá y un empate con la República Checa, además de una histórica derrota frente a Australia). En octavos también estarían la constante Irlanda, la alegre Japón, la potente Costa de Marfil o la rocosa Paraguay, a la postre nuestro rival en octavos. En cuanto a los nombres destacados, Iniesta ocupaba un lugar preeminente en todas las listas, pero también habían brillado Eddie Jhonson y Bobby Convey (EE.UU.), Daniel Carvalho y Dani Alves (Brasil), Nelson Valdez (Paraguay), Víctor Montaño y Edixon Perea (Colombia), Arouna Koné (Costa de Marfil), Ismail Matar (E.A.U.) o Marek Cech (Eslovaquia).