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| La selección, a su llegada a Madrid (Marca.com) |
| Varela, durante el partido frente a Honduras |
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| El calor marcó el duelo ante Zambia (Marca.com) |
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| Once titular del choque frente a Ghana |
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| Pablo celebra el 2-0 en la final (Marca.com) |
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| La selección, a su llegada a Madrid (Marca.com) |
| Varela, durante el partido frente a Honduras |
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| El calor marcó el duelo ante Zambia (Marca.com) |
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| Once titular del choque frente a Ghana |
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| Pablo celebra el 2-0 en la final (Marca.com) |
Acabábamos la anterior entrada hablando de Galletti, un jugador que sin duda será recordado por haber sido el autor del gol que significó la victoria del Zaragoza sobre el Real Madrid en la final de Copa de 2004, y que a la postre supuso el comienzo del fin de la "era galáctica". Aquella noche Iker Casillas tuvo que contemplar impotente desde el banquillo como el lejano disparo del argentino batía a César Sánchez y volvía a dejarle a las puertas de un título de Copa del Rey, la única competición que todavía se le resiste. Pese a ese pequeño lunar, Iker es probablemente el arquero presente en Nigeria que más lejos ha llegado en su carrera profesional; sin embargo, en 1999 había otros mejor colocados que el mostoleño. De hecho, para la FIFA el mejor cancerbero de aquel campeonato fue el uruguayo Fabián Carini (foto), que luego se ha pasado casi toda su carrera calentando el banquillo de Juventus e Inter de Milán, jugando con cierta regularidad sólo en clubes menores como Standard de Lieja, Cagliari o Murcia. Al cuadro pimentonero llegó junto con Fernando Baiano, que tampoco ha podido cumplir en su carrera profesional con las elevadas expectativas que apuntaba en categorías inferiores, aunque no se puede decir que haya fracasado: estuvo goleando en Brasil hasta que se decidió a fichar por el Wolfsburgo en 2003, y aunque su experiencia en Alemania no fue demasiado brillante y tuvo que volver a su país, al año siguiente el Málaga le ofreció una oportunidad que no dejó pasar. Llegó en invierno y con sus goles salvó al conjunto malacitano, ganándose un traspaso al Celta donde siguió mostrando buenas maneras hasta que el descenso del club vigués precipitó su salida. Pero en Murcia su producción cayó en picado y tras otro descenso se buscó una rentable salida en los Emiratos Árabes. Sin duda, para el recuerdo quedará aquel penalti que le marcó a Stipe Pletikosa en los octavos de final. El portero croata fue uno de los destacados de su combinado (de hecho ya había debutado con la absoluta), y poco a poco se fue convirtiendo en uno de los mejores guardametas europeos, aunque quizá hasta la pasada Eurocopa no fuera muy reconocido por el gran públio ya que ha desarrollado toda su carrera en países del Este: en 2003 dejó el Hajduk Split para irse al Shaktar Donetsk (ya lo estábamos echando de menos, ¿verdad?), de donde pasó al Spartak de Moscú en 2007. A diferencia de su "verdugo" brasileño, Pletikosa no ha necesitado irse a Oriente Medio para ganarse un buen sueldo. Concluye aquí el extenso análisis al que hemos sometido a aquel ya legendario Mundial sub'20 de Nigeria con el que comenzó el camino que ha llevado a España a ocupar el escalón más alto del fútbol mundial. Hasta ese momento se habían dado pequeños e importantes pasos, pero aquel triunfo supuso el primer gran impulso para unas nuevas generaciones de jugadores que encontrarían su recompensa en junio de 2008. A partir de ahora recordaremos las siguientes etapas de ese camino, de Sidney a Canadá, pasando por Emiratos Árabes o Finlandia, que sirvieron para formar un equipo que todavía no conoce su techo.
BOTA DE BRONCE: Taylor Twellman (Estados Unidos): al igual que Komol, en aquel Mundial sub'20 consiguió 4 tantos en 4 partidos. Llegó a Nigeria cuando todavía jugaba en la Universidad de Maryland, pero tras su buen campeonato fichó por el Munich 1860. Sin embargo, no tuvo minutos con el primer equipo y a finales de 2001 decidió volver a Estados Unidos para jugar en la liga profesional de su país, la MLS. Siguiendo el peculiar sistema imperante en las Grandes Ligas estadounidenses, se presentó al Draft de 2002 donde fue adquirido por New England Revolution, club en el que todavía milita. A lo largo de estos años ha sido uno de los jugadores más destacados de la liga, obteniendo el trofeo de máximo goleador en 2002, 2003 y 2005. Con su selección ha disputado la Copa de Oro y la Copa América de 2007. En los últimos años ha tenido diversas lesiones que han mermado algo su rendimiento, y de hecho actualmente lleva varios meses de baja por problemas en las cervicales (se rumorea que incluso podrían apartarle definitivamente de los terrenos de juego). Aunque lejos de los grandes escenarios del fútbol mundial, viendo las experiencias de los demás galardonados se podría decir que Twellman ha tenido una trayectoria relativamente brillante.
Álvaro Rubio: tuvo la mala suerte de lesionarse de gravedad en el último encuentro de la primera fase ante Honduras, en sus primeros minutos del campeonato, por lo que no pudo participar en el resto del torneo. Por aquel entonces este riojano jugaba de central y estaba en el Zaragoza B, desde donde fichó por el Albacete en la 2000-2001. En el club manchego siguió su progresión y poco a poco fue adelantando su posición en el campo, logró el ascenso a Primera y debutó en la máxima categoría en 2003. En el verano de 2006 se incorporó al Valladolid y desde el principio se ganó la confianza de Mendilíbar, con el que llegó a jugar incluso de extremo derecho. Asentado en el mediocentro, en Pucela vuelve a disfrutar de un ascenso a Primera y se convierte en una pieza básica del esquema blanquivioleta. Pese a no ser uno de los destacados en Nigeria, a los 29 años ha conseguido establecerse como un jugador importante de Primera, algo que desgraciadamente no han logrado otros compañeros aparentemente con más proyección.
Gonzalo Colsa: el bravo centrocampista cántabro recibió la llamada de Iñaki Sáez mientras se encontraba cedido en el C.D. Logroñés, en Segunda División, aunque ya había debutado con su Racing en Primera un año antes. Al acabar la temporada 1998-1999 volvió a Santander y se convierte en un habitual de las convocatorias, disputando casi 20 partidos en cada una de las 2 siguientes temporadas y mostrando sus buenas dotes como centrocampista llegador, aunque no puede evitar el descenso a Segunda del Racing. El Atlético de Madrid se fija en él y decide hacerse con sus servicios para intentar el ascenso, cosa que consigue aunque sin que la aportación de Colsa sea la esperada. De vuelta en Primera, los colchoneros deciden cederlo al Valladolid, donde se hace con un puesto de titular y consigue su mejor marca goleadora. Pero sigue sin tener opciones en el Atlético y al año siguiente vuelve a salir cedido, en este caso al Mallorca, donde se reencuentra con Luis Aragonés, el primer técnico que tuvo a orillas del Manzanares y con el que vuelve a ser pieza clave del equipo. Otra vez de vuelta en el Atlético, de la mano de César Ferrando juega 30 partidos y consigue 3 goles pero no logra ganarse a la complicada afición rojiblanca. Al año siguiente vuelve a alternar la titularidad con la suplencia y finalmente en 2006 acaba volviendo al Racing, donde no tarda en demostrar que tiene calidad más que suficiente para destacar en Primera. Ídolo de la afición santanderina por su juego (y su condición de cántabro), desde entonces es uno de los fijos de un equipo que recientemente ha vivido los que probablemente sean los mejores años de su historia.
Pablo Orbaiz: mediocentro defensivo con dotes de organizador y que podía actuar también en el centro de la zaga, Orbaiz ya jugaba habitualmente en Osasuna cuando viajó a Nigeria, y a su vuelta se convirtió en objetivo prioritario para varios clubes. Con la satisfacción de dejar a su Osasuna en Primera, Orbaiz fichó por el Athletic Club en verano de 2000, y desde el principio se hizo un hueco como titular. De la mano de Sáez, debutó con la selección absoluta el mismo día que Marchena, en un encuentro de homenaje a Puskas celebrado en Hungría en verano de 2002, pero su progresión se truncó ese invierno por culpa de una lesión de ligamentos. Volvió a los terrenos de juego y rápidamente recuperó su sitio en el Athletic aunque no en la selección: la explosión de Xabi Alonso le cierra las puertas de la Euro 2004 y después Luis Aragonés deja de llamarle al equipo nacional. A finales de 2006 volvió a romperse la rodilla y nuevamente consiguió volver a la titularidad, mostrando el carácter por el que Iñaki Sáez le confió el brazalete en Nigeria.
Xavi Hernández: se dice que Michel Platini, presente en la final de Nigeria'99 como miembro de la FIFA, se le acercó después del partido y, tras presentarle sus respetos, le susurró que Seydou Keita se había llevado el Premio al Mejor Jugador del campeonato por razones políticas, pero que él había sido de largo el mejor futbolista presente en aquel torneo sub'20. Y se dice que nueve años después, cuando ya como Presidente de la UEFA el francés le otorgaba a Xavi el galardón al Mejor Futbolista de la Eurocopa 2008, el susurro vino a decir que por fin se había hecho justicia. Más allá de leyendas urbanas, lo cierto es que en los 9 años que transcurrieron entre un susurro y otro el de Terrassa no ha dejado de dar muestras de la calidad que atesora en sus botas y en su privilegiada cabeza. Desde que debutó con Van Gaal en el club de su vida, el F.C. Barcelona, Xavi ha sido el cerebro del equipo blaugrana. Sin embargo, en muchos momentos se criticó su falta de rigor defensivo y sus pocas dotes de liderazgo, críticas que aparecían siempre que el equipo no carburaba. La Eurocopa de Austria y Suiza le sirvió para reivindicarse ante sus detractores, guiando a su equipo, controlando el tempo del partido y apareciendo con peligro en el área, precisamente un juego que se asemejó más que nunca al desarrollado en Nigeria. Este año el destino ha querido juntarle en el vestuario del Barça con Keita: seguramente habrán tenido tiempo para recordar aquel campeonato, y quien sabe si para comentar las confesiones de Platini.
Fernando Varela: en 1999 era una de las más firmes promesas de la cantera bética pero, tras ser campeón en Nigeria, este potente extremo diestro (que incluso había disfrutado de sus primeros minutos en Primera con apenas 17 años) tuvo que pasarse medio año cedido en el Extremadura, aprender a jugar de lateral y esperar a la temporada 2000-2001 para ser miembro de pleno derecho del primer equipo del Betis, entonces en Segunda División. La razón fundamental se llama Joaquín Sánchez, y es que la explosión del portuense obligó a Varela a reinventarse como jugador. A la sombra de Joaquín, el sevillano se adaptó a su nuevo rol defensivo aunque sin olvidar nunca sus orígenes atacantes, y se asentó en Primera como uno de los laterales más completos del país. Tras 5 temporadas en el primer equipo verdiblanco en las que ganó una Copa del Rey y participó en la Champions League, fichó por el Mallorca, donde ha ido alternando actuaciones en el lateral y en el extremo, incrementando sus cifras goleadoras gracias a su potente disparo con ambas piernas y convirtiéndose en una pieza básica del cuadro bermellón.
Rubén Suárez: "el hijo del mítico Cundi" era la coletilla que solía acompañarle en 1999, y es que Rubén pertenece a una saga de futbolistas asturianos de la que su padre, que jugó 15 temporadas en Primera y llegó a ser internacional absoluto, sigue siendo el miembro más destacado. Naturalmente ligado al Sporting de Gijón, cuando viajó a Nigeria ya había debutado en el primer equipo gijonés, en el que se mantuvo hasta la temporada 2004-2005. Reconvertido en segundo delantero, ha desarrollado toda su carrera en Segunda División, puesto que a su etapa en el club que le vio nacer como futbolista le siguieron 4 fructíferos años en el Elche y un agitado verano 2008 en el que tras denunciar a los alicantinos por impago estuvo a punto de firmar por el Rayo y acabó en el Levante, donde sigue mostrando un gran olfato goleador. A sus 30 años, Rubén, que fue de Oro a los 20, se ha convertido en uno de los clásicos de la División de Plata.