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jueves, 24 de abril de 2014

15 años de un Mundial: Cuando fuimos campeones (por Borja García)

El Mundial juvenil de Nigeria supuso el tercer gran éxito del fútbol español hasta la fecha. Tras la Eurocopa de 1964 y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona, el triunfo de los chicos de Iñaki Sáez fue una de las pocas alegrías que nos dio la selección española por aquellos tiempos. Ahora que se cumplen quince años de aquella final en el Estadio Nacional de Lagos parece casi increíble la emoción con la que se vivió el título. Quizás para quienes compartimos aquel mes en África todo se viera desde dentro de otra manera. Es posible que tampoco fuese para tanto, no lo sé. Yo me llevé una alegría enorme. Por los jugadores e Iñaki Sáez, que se habían portado de cine, pero también por tantos sinsabores acumulados tras años de ver a España perder en los momentos importantes. Además, es muy especial poder dar una vuelta alrededor del estadio con el equipo celebrando el título. Aquel Mundial tuvo muchos momentos especiales, pero pocos como aquella alegría.

La selección, a su llegada a Madrid
(Marca.com)
Cuando fuimos campeones en Nigeria desde luego no hubo desfile en autobús descapotable por las calles de Madrid ni el portero suplente se dedicó a corear los nombres de los héroes, como tras la segunda gran victoria africana de nuestra selección. Muchas veces los pioneros no despiertan el interés o la curiosidad que sus discípulos simplemente por el hecho de serlo. En todo caso, merece la pena detenerse y recordar lo que fue aquel Mundial. Lo primero que hay que decir es que España no ganó por casualidad. Fue uno de los mejores equipos del torneo y se proclamó campeona con autoridad y justicia. ¿Qué hizo a aquel equipo tan especial? Para mí fue la fuerza del grupo. El dueño de este blog, que se ha atrevido a darme cobijo a pesar del claro riesgo de perder su bien ganada reputación, ha analizado la composición de la lista de Sáez. Con algunos cambios, aquel grupo llevaba ya varios años jugando junto. Y además tenía líderes tanto dentro como fuera del campo. El capitán, respetado por todos, era Pablo Orbáiz. El navarro no sólo anclaba el centro del equipo por delante de los centrales, sino que ayudaba a todos a mantener la cabeza fría. Recuerdo que hablé con él un año después del Mundial cuando sufrió una lesión grave en la rodilla. Me volvió a impresionar su madurez y su templanza.

Varela, durante el partido frente
a Honduras
También había futbolistas que aportaban chispa, claro. La velocidad de Varela sirvió para desatascar varios partidos y la clase de Barkero fue tan importante como los tantos de Pablo Couñago, el máximo goleador de la selección y del torneo. Aunque de Pablo me quedaré con su retranca gallega. Tenía bastante guasa el delantero. En la concentración las bromas estaban a la orden del día. No nombraremos ‘culpables’ aquí, pero pocos se libraron.

Al principio yo creo que pocos sabíamos qué esperar de aquel torneo, quizás influidos por las difíciles condiciones en que se desarrolló. Por ejemplo, la Federación redujo al mínimo la delegación española dados los problemas de infraestructura que el país planteaba. Pero la victoria ante Brasil en Calabar en el primer partido supuso una inyección de moral para todos. El doctor Guillén estaba exultante al volver al hotel. "¿Pero has visto qué partidazo, Borja?", me insistía.

El calor marcó el duelo ante Zambia
(Marca.com)
Pero la clave para mí estuvo en Kaduna. Porque las primeras semanas todo salió rodado. Demasiado fácil incluso. En la sede de Calabar, aunque sin lujos, no hubo grandes problemas más allá de las dificultades para comunicar con España. El hotel era cómodo, la comida decente y el estadio bien mantenido. Todo fue viento en popa en la primera fase. El equipo no tuvo casi obstáculos, más allá del fuerte calor del segundo partido jugado a las 4 de la tarde hora local en Calabar. Tras dos partidos nos trasladamos a Port Harcourt con un viaje en autobús a través de un paisaje de lo más pintoresco. Y allí en Port Harcourt, donde se jugó el último partido de laprimera fase y la eliminatoria de octavos de final, todo fueron atenciones para cualquiera que hablase castellano. El delegado de la FIFA era Borja Bilbao y el dueño del hotel había vivido en España. Nos trataron muy bien a todos y los jugadores se sintieron muy a gusto. Tras eliminar a Estados Unidos los dueños del hotel prepararon una fiesta y la celebración digamos que se alargó bastante…

Pero cuando todo iba sobre ruedas el grupo se encontró con los primeros problemas. La lesión de Álvaro Rubio en el partido contra Honduras fue un pequeño golpe moral, pero la llegada a Kaduna supuso un croché a la mandíbula del grupo. Creo que la ya conocida historia de los dos días en un hotel de Kaduna en el medio de la nada es mejor dejarla para otra ocasión, porque merece espacio por sí sola. El caso es que la expedición al completo, periodistas incluidos, pasó de la euforia a la dura realidad africana. Y hubo momentos en que muchos se plantearon si merecía la pena continuar. Por si fuera poco en cuartos de final esperaba Ghana, una de las grandes favoritas del mundial que jugaba casi como en casa y a la que, además, la FIFA había mandado a un hotel mucho mejor.

Once titular del choque frente a Ghana
Y fue allí cuando salió el gen ganador de aquel equipo. Todos tuvieron que contribuir en menor o mayor medida a levantar el ánimo de los jugadores. Una arenga de Sáez y Carlos Lorenzana acabó por convencerlos de que merecía la pena seguir luchando. El resto lo hicieron los jugadores en el campo. Ellos mismos se convencieron de que igual sí, quizás podrían hacer historia. Eliminaron a Ghana, en su terreno y después de tener la eliminatoria casi perdida en la tanda de penaltis.

Pablo celebra el 2-0 en la final
(Marca.com)
Son las cosas que tiene el fútbol, pero tras aquella parada de Casillas que nadie pudo ver por televisión el equipo nunca volvió a mirar atrás. Se vieron fuertes y creyeron que lo peor ya había pasado. Luego cayó Mali en la semifinal y, por fin, la cita con la gloria nos mandó a todos a Lagos, la capital económica del país. Allí, ya en el pequeño oasis de un complejo hotelero occidental la vida fue mucho más fácil. Por fin supimos lo que se decía en España de toda aquella convivencia común de casi un mes. Llegaron las llamadas de las radios, los políticos, las felicitaciones… Pero aún quedaba un paso, había que derrotar a Japón. No sé muy bien por qué, pero yo estaba convencido de que iban a ganar. Se lo dije a Iñaki Sáez, que sólo respondió con una sonrisa y un sorbo al café que estaba tomando. Quizás fuese la energía positiva que me transmitía aquel grupo, o simplemente las facilidades que por primera vez teníamos todos para trabajar, pero yo lo tenía claro. Y no me equivoqué mucho. Cinco minutos le duró Japón a una selección que venía lanzada desde Kaduna.

Luego han venido más victorias, pero aquella en Nigeria, cuando fuimos campeones en 1999 superando todo tipo de obstáculos seguirá siendo la más especial para mí. Como logro deportivo quizás palidezca ante lo conseguido en Sudáfrica, pero merece la pena recordar lo que aquellos chavales fueron capaces de hacer porque fue mucho más que un torneo de fútbol. 


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Borja García fue el enviado especial del diario AS a Nigeria 1999 

15 años de un Mundial: Mis recuerdos de Nigeria (por Borja García)

Yo en otra vida fui periodista. Hasta que me cansé de recibir órdenes incongruentes y de trabajar horas y horas por cuatro duros. Cuando era periodista un día andaba yo enfrascado frente al ordenador y cometí la temeridad de prestarme voluntario para viajar a cubrir el Mundial juvenil de Nigeria 1999. Aún no tengo muy claro por qué lo hice, la verdad. Una decisión que mis jefes acogieron con alivio, no por la calidad del periodista, seamos sinceros, sino porque ningún otro incauto se atrevió. La bronca que me propinó mi madre cuando se enteró del asunto fue de las que hacen época. ¡Cómo se me ocurría irme hasta Nigeria, insensato! Cosas de madres, que siempre se preocupan, ya se sabe. Aquel Mundial de Nigeria, del que ahora se cumplen quince años, supuso un reto personal y profesional, pero guardo de la experiencia un gran recuerdo.

Yo tuve suerte con mi trabajo porque me permitió viajar con cierta frecuencia, pero nunca fuera de Europa. El de Nigeria era para mí el primer gran reto como enviado especial porque nunca había informado de un gran torneo de naciones. Por si fuera poco, las condiciones no fueron las mejores. Disponer de una conexión a internet fue un lujo y poder hablar por teléfono o enviar un fax a Madrid se cobraba a precio de oro. Claro que peor lo pasó Felipe Sevillano, mi compañero fotógrafo, porque las fotos no se pueden dictar.

Estos días, leyendo noticias, blogs y tuits en internet me he parado a recordar lo que fueron aquellas cuatro semanas en Nigeria en las que vimos a una generación de futbolistas despertar. Un grupo que luego se convirtió el germen de los actuales bicampeones de Europa y campeones del mundo. E Iñaki Sáez sin dimitir… Lo curioso es que sólo soy capaz de recordar con claridad tres acciones del juego. El gol de Barkero en la final, el penalti parado por Iker Casillas a Ghana y un gol de Gabri en el primer partido ante Brasil. El resto de recuerdos son de las experiencias vividas fuera del campo. Porque aquel Mundial fue algo más que un torneo de fútbol. 

Para los nigerianos pretendía ser una prueba de que eran capaces de organizar un Mundial absoluto. No la pasaron, la verdad sea dicha, pero por buena voluntad y amabilidad no fue. Para quienes viajamos desde Europa el torneo se convirtió en una lección continua. A pesar de estar aislados en hoteles de semi-lujo elegidos por la FIFA a modo de jaula dorada, muchos intentamos salir todo lo posible para ver con nuestros propios ojos una realidad que sólo conocíamos a través de la televisión. Hubo momentos en que fue duro. Tan duro como educativo. Sobre todo cuando niños de siete u ocho años te rodean en el mercado y te piden que los lleves a tu país. Yo no supe qué hacer ni qué decir. 

Cuando cometí la temeridad de prestarme voluntario pensé que España, a pesar de su buen palmarés en categorías inferiores, no duraría mucho en el torneo. Es lo que tiene haber nacido en los 70. Pero lo que iban a ser un par de semanas, o eso le prometí a mi madre para que se tranquilizara, acabó siendo más de un mes en Nigeria con un grupo de futbolistas españoles y algún que otro periodista despistado como yo. Los jugadores, que despuntaron en el campo, se portaron de cine fuera de él. Iñaki Sáez y los demás responsables de la expedición de la RFEF nos adoptaron como si fuésemos uno más de ellos, lo que convirtió aquel viaje en algo aún más especial. Nunca estaré lo suficientemente agradecido a Iñaki Sáez, Raúl el fisioterapeuta del equipo (sí, el mismo que trató a Iniesta antes de la final de Johannesburgo) o al doctor Guillén por toda su amabilidad y su ayuda. No todos los días le dejan a uno viajar a todas partes en el autobús de la selección. Con ellos fuimos al primer partido contra Brasil. Y a aquel hotel inmundo de Kaduna. Y al Estadio Nacional de Lagos para jugar la final. ¡Y con ellos volvimos tras derrotar a Japón, con el trofeo en el asiento de al lado! 

Creo que ninguno nos dimos cuenta de lo que estaba pasando durante aquellas cuatro semanas de locura. Quizás sólo ahora, con el paso del tiempo, puede uno darse cuenta de lo que supuso aquel Mundial. El que empezó a construir la base de lo que vino una década más tarde. Y el que nos permitió a un grupo de afortunados vivir una de las experiencias más enriquecedoras de nuestra vida. Yo, desde luego, no me arrepiento ni lo más mínimo de aquel arrebato de locura que me dio cuando los jefes pidieron voluntarios para viajar a Nigeria.


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Borja García fue el enviado especial del diario AS a Nigeria 1999

martes, 8 de abril de 2014

15 años de un Mundial: La confección del equipo


Dani Aranzubia, Iker Casillas, Pablo Coira, David Bermudo, Francisco Javier Jusué, Carlos Marchena, Álvaro Rubio, Pablo Orbaiz, Gonzalo Colsa, Xavi Hernández, Fran Yeste, Fernando Varela, José Javier Barkero, Gabri García, Álex Lombardero, Rubén Suárez, Pablo Couñago y David Aganzo.

Pero también Gerard López, Mikel Aranburu (*), Juan Francisco Leo Bermejo, Mario Rosas, Gaspar Gálvez, Roberto Rodríguez Durán, Iker Urraka, David Asensio, Sergio Francisco Ramos (*), Dani Mallo, David Sousa, Pedro Vega, Fernando Soriano, Juantxo Elía, Jofre Mateu, Sergio Pelegrín, Miguel Ángel Núñez, Yago Yao Alonso-Fueyo, Koldo Leoz, Carlos Laza, Manu Sánchez, David Cuéllar, Antonio Hidalgo, Moisés Pereiro, Miguel García Tébar, Alejandro Castro "Jandro", Francisco José Cordero "Rubio", Helio Álvarez, Francisco Javier Aguilera y Samuel Baños. Porque en uno u otro momento todos ellos formaron parte de la selección española juvenil que inició el viaje a Nigeria allá por el mes de octubre de 1997, y alguno se quedó realmente cerca de poder terminarlo. En cierta forma, el éxito de los dieciocho elegidos finalmente por Iñaki Sáez es también el de los otros treinta.

En el artículo que publico este mes en "Cuadernos de Fútbol" se encuentran los detalles de la participación real de cada uno de ellos en el proceso de formación del equipo campeón del mundo sub'20 en Nigeria 1999. Un pequeño acto de justicia, al menos para mí, ahora que se cumplen quince años de aquel histórico campeonato.
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(*) Estos jugadores no llegaron a acudir a las concentraciones para las que fueron citados por el seleccionador, pero ¿por qué no incluirlos?.

domingo, 16 de marzo de 2014

15 años de un Mundial: El camino hacia Nigeria

Todo pudo haber acabado antes de empezar en al menos dos ocasiones, y eso debería servirnos para ser conscientes de que la línea que separa el éxito no ya del fracaso, sino del simple olvido, de todo aquello que no pasará a la historia sencillamente por no haber llegado a tener la ocasión de hacerlo, es más que fina y está caprichosamente trazada por el azar, o por los dioses, o por aquello en lo que cada uno crea. Porque también es casualidad, o cruel capricho divino, o vaya usted a saber qué, que precisamente quien evitó en esas dos ocasiones un ingrato adiós prematuro tuviera que decir prematuramente adiós a la cita que haría pasar a la posteridad a aquel grupo de chavales, quedando así su nombre completamente olvidado, como si nunca hubiera tenido nada que ver en esa histórica conquista.

Evidentemente hubo otros compañeros que también ayudaron a salvar aquellas delicadas situaciones (y a que todas las demás fueran por los cauces previstos) y que igualmente se quedaron sin su parte del botín, pero el caso de Gerard López Segú es especialmente doloroso: él rescató dos veces a España cuando todo estaba a punto de irse al traste y él era el llamado a liderar el equipo en el Campeonato del Mundo sub’20 de Nigeria 1999, hasta que un inoportuno encontronazo en Enschede, Países Bajos, apenas un día antes de viajar a Lagos le borró de la lista de embarque y de la gloria. Esa fractura de pómulo sufrida en un partido de la sub’21 debió de dolerle casi tanto como quedarse en tierra con la maleta hecha y las vacunas puestas, aunque tal vez lo más doloroso sea pensar que, de haber estado Gerard en Nigeria, todo hubiera sido distinto: quizás, quién sabe, con Gerard en el campo España no hubiese ganado aquel Mundial sub’20. O tal vez sí. Nunca lo sabremos.

Un Mundial que, por otro lado, tampoco tenía que haber sido en Nigeria, porque el Mundial de Nigeria debería haber sido en 1995, y entonces sí que nada sería lo mismo. 

domingo, 25 de octubre de 2009

¡¡¡TODOS LOS GOLES DE ESPAÑA EN NIGERIA'99!!!

Reconozco que durante unos segundos he dudado sobre la conveniencia de publicar esta entrada justo hoy, 24 horas antes de que España debute en el Mundial sub'17, puesto que el desarrollo del campeonato que comenzó ayer mismo amenaza con enterrar esta joya en el fondo del blog, pero como digo han sido sólo unos pocos segundos. La relevancia del documento y la emoción de su inesperado descubrimiento han podido más y aquí está: el especial que el desaparecido espacio deportivo "Estadio 2" dedicó en su momento a la consecución del Mundial sub'20 de 1999 por parte de la selección española (acontecimiento cuyo décimo aniversario motivó la creación de este blog y que podeis revivir en las entradas de abril y principios de mayo). Un cuarto de hora para la nostalgia con todos los goles de España con la narración original de Paco Grande, en dos vídeos subidos a Youtube hace apenas unos días por un tal VictorPepitoGrillo al que desde hoy tendré siempre en mis oraciones. Como diría el maestro Ramón Trecet,

DIS-FRU-TAD

Parte 1

Parte 2



09/08/2010 - Actualización .- Por lo visto, hace ya unos meses que los vídeos fueron suprimidos de Youtube, no sé si por la FIFA, por TVE o por el propio usuario. Una lástima.

jueves, 7 de mayo de 2009

Algunos nombres más (que llevan a Ronaldinho)

Hoy termina este amplio repaso a los futbolistas que hicieron carrera después de aquel Mundial de Nigeria.

Acabábamos la anterior entrada hablando de Galletti, un jugador que sin duda será recordado por haber sido el autor del gol que significó la victoria del Zaragoza sobre el Real Madrid en la final de Copa de 2004, y que a la postre supuso el comienzo del fin de la "era galáctica". Aquella noche Iker Casillas tuvo que contemplar impotente desde el banquillo como el lejano disparo del argentino batía a César Sánchez y volvía a dejarle a las puertas de un título de Copa del Rey, la única competición que todavía se le resiste. Pese a ese pequeño lunar, Iker es probablemente el arquero presente en Nigeria que más lejos ha llegado en su carrera profesional; sin embargo, en 1999 había otros mejor colocados que el mostoleño. De hecho, para la FIFA el mejor cancerbero de aquel campeonato fue el uruguayo Fabián Carini (foto), que luego se ha pasado casi toda su carrera calentando el banquillo de Juventus e Inter de Milán, jugando con cierta regularidad sólo en clubes menores como Standard de Lieja, Cagliari o Murcia. Al cuadro pimentonero llegó junto con Fernando Baiano, que tampoco ha podido cumplir en su carrera profesional con las elevadas expectativas que apuntaba en categorías inferiores, aunque no se puede decir que haya fracasado: estuvo goleando en Brasil hasta que se decidió a fichar por el Wolfsburgo en 2003, y aunque su experiencia en Alemania no fue demasiado brillante y tuvo que volver a su país, al año siguiente el Málaga le ofreció una oportunidad que no dejó pasar. Llegó en invierno y con sus goles salvó al conjunto malacitano, ganándose un traspaso al Celta donde siguió mostrando buenas maneras hasta que el descenso del club vigués precipitó su salida. Pero en Murcia su producción cayó en picado y tras otro descenso se buscó una rentable salida en los Emiratos Árabes. Sin duda, para el recuerdo quedará aquel penalti que le marcó a Stipe Pletikosa en los octavos de final. El portero croata fue uno de los destacados de su combinado (de hecho ya había debutado con la absoluta), y poco a poco se fue convirtiendo en uno de los mejores guardametas europeos, aunque quizá hasta la pasada Eurocopa no fuera muy reconocido por el gran públio ya que ha desarrollado toda su carrera en países del Este: en 2003 dejó el Hajduk Split para irse al Shaktar Donetsk (ya lo estábamos echando de menos, ¿verdad?), de donde pasó al Spartak de Moscú en 2007. A diferencia de su "verdugo" brasileño, Pletikosa no ha necesitado irse a Oriente Medio para ganarse un buen sueldo.

Quien parece que está buscando también una mejor ficha es su colega Carlos Kameni, que con solo 15 años era el portero titular de Camerún y además el jugador más joven presente en el Mundial nigeriano. Campeón Olímpico en Sidney 2000, pasó por Le Havre y Saint Etienne antes de recalar en el Espanyol en 2004 de la mano del mítico Tommy N'Kono. De aquella selección camerunesa podemos destacar también a Dani Kome, que después del Mundial fue adquirido por el Atlético de Madrid para su filial, entonces en Segunda, y que después ha recorrido casi toda nuestra geografía puesto que ha pertenecido a Levante, Numancia, Getafe, Murcia, Mallorca, Valladolid y Tenerife, donde aterrizó esta misma temporada. Otros clásicos de nuestra Liga son el brasileño Edu (en la imagen), en el Betis desde 2004 y que llegó al Celta en el año 2000 procedente del Sao Paulo, y el argentino Aldo Duscher, que pasó primero por la liga portuguesa (Sporting de Portugal) y que está asentado en Primera desde la campaña 2000-2001 en que llegó al Deportivo de La Coruña, aunque fue en 2007 cuando relanzó su carrera fichando por el Racing: después de 7 años en Coruña sin marcar un solo gol, en Santander hizo 5 y se ganó el traspaso al Sevilla.

Antes de fichar por el club cántabro, a Duscher se le relacionó con varios equipos ingleses, aunque las ofertas no llegaron a buen puerto. Pero como es lógico, y además de Ashley Cole, Peter Crouch o Fabio Aurelio (citados en la anterior entrada), en la Premier han encontrado acomodo otros muchos jugadores que estuvieron en Nigeria en 1999. Para algunos era un paso natural y totalmente previsible, como para los irlandeses Damien Duff (ex de Blackburn y Chelsea y actualmente en Newcastle) y Robbie Keane (en la imagen), aunque el delantero del Tottenham tuvo una breve experiencia en el Inter de Milan en 2001. Según la leyenda urbana, Keane llegó al club lombardo gracias a la recomendación personal del sobrino de Moratti, que le comentó a su tío que en uno de sus videojuegos había un chaval irlandés en el Coventry que se convertía en uno de los mejores delanteros del mundo. La realidad es que fue una petición de Marcelo Lippi, que fue cesado al poco de comenzar la temporada, lo que le dejó sin sitio en el equipo. A su regreso a Inglaterra, concretamente al Leeds que deslumbró llegando a semifinales de la Champions en 2001, se confirmó como una de las grandes apariciones del fútbol británico en los últimos años, y sus buenas temporadas en el Tottenham y en la selección le llevaron al Liverpool a comienzos de esta temporada (forzando la salida de Crouch); sin embargo, con Benítez no disfrutó de demasiados minutos y acabó volviendo a los Spurs en invierno. Pero a diferencia de los vecinos irlandeses, para otros jugadores ir a Inglaterra era marcharse a la otra punta del globo. Casi igual de descolocado que Keane en Italia se sentiría el joven japonés Junichi Inamoto cuando Arsene Wenger lo reclutó en 2001 para los reservas del Arsenal. Este mediocentro no pudo hacerse un hueco en el primer equipo y fue cedido al Fulham, donde cuajó un par de buenas temporadas hasta que se lesionó de gravedad en 2004. Volvió a su club originario, el Gamba Osaka, para recuperarse, y después regresó a Inglaterra, esta vez al West Bromwich Albion, aunque tuvo que pasar medio año cedido en el Cardiff antes de convertirse en un jugador importante para el club de Birmingham. Tras el Mundial 2006 (el segundo que disputaba en categoría absoluta), fichó por el Galatasaray, y tras un año en Turquía llegó gratis al Eintracht de Frankfurt (donde coincidió con su compatriota Takahara). Otro mediocentro japonés, Shinji Ono, ha visto como las lesiones truncaban una carrera que se prometía mucho más exitosa. Ono llegó al Feyenoord en 2001 y se convirtió en una de las sensaciones de aquella campaña en la que bajo su batuta el cuadro de Rotterdam se alzó con la Copa de la UEFA, pero no pudo mantener ese nivel mucho tiempo. Tras su enésima lesión, en 2006 regresó a los Urawa Red Diamonds antes de fichar a comienzos de esta temporada por el Bochum alemán.

Volviendo a Inglaterra, descubrimos más jugadores que estuvieron en Nigeria, como el australiano Brett Emerton (todo un clásico de su selección que coincidió con Ono en el Feyenoord y que milita actualmente en el Blackburn Rovers), el nigeriano Joseph Yobo (central del Everton que pasó brevemente por el Tenerife), el guardameta estadounidense Tim Howard (que pasó por el Manchester United y ahora pertenece al Everton) o su compatriota Carlos Bocanegra (actualmente en el Rennes tras varios años en el Fulham). También han tenido un breve paso por la Premier el delantero nigeriano Julius Aghahowa (después de varias temporadas en el Shaktar Donetsk pasó un año en Wigan antes de enrolarse en las filas del Kayserispor turco) y el surcoreano Seol Ki Hyeon, que tras estar dos años en Wolverhampton dio el salto a la máxima categoría inglesa con el Reading (luego pasó sin mucho éxito por el Fulham y ha acabado jugando en Arabia Saudí). A Seol lo recordamos por sus actuaciones en el Mundial 2002, donde marcó un gol a Italia en el polémico partido de octavos de final, pero también estuvo en Alemania 2006. Aquel torneo supuso la vuelta de Australia a una fase final, y en el cuadro aussie estaban, además de Emerton, Jason Culina (que perteneció a Ajax, Twente y PSV) y Marco Bresciano (ex de Empoli y Parma y actualmente en Palermo); los tres habían estado en Nigeria'99, al igual que el estadounidense Steve Cherundolo, que no tuvo que salir de su país de acogida (ha permanecido siempre fiel al Hannover desde que llegara a Alemania en 1998) para disputar un Mundial absoluto. Y también estuvo en ambos mundiales el ghanés Stephen Appiah, que desarrolló una notable carrera en Italia (Udinese, Parma, Brescia y Juventus) antes de fichar en 2005 por el Fenerbahce, donde las lesiones y la mala relación con la directiva turca le han colocado al borde de la retirada. Un camino que, según las malas lenguas, quizá debería tomar Ronaldinho.


Concluye aquí el extenso análisis al que hemos sometido a aquel ya legendario Mundial sub'20 de Nigeria con el que comenzó el camino que ha llevado a España a ocupar el escalón más alto del fútbol mundial. Hasta ese momento se habían dado pequeños e importantes pasos, pero aquel triunfo supuso el primer gran impulso para unas nuevas generaciones de jugadores que encontrarían su recompensa en junio de 2008. A partir de ahora recordaremos las siguientes etapas de ese camino, de Sidney a Canadá, pasando por Emiratos Árabes o Finlandia, que sirvieron para formar un equipo que todavía no conoce su techo.

lunes, 4 de mayo de 2009

Todos los nombres llevan a Ronaldinho

Si en la anterior entrada seguimos las trayectorias de varios jugadores que destacaron en Nigeria y que luego se perdieron en el anonimato, en las siguientes recordaremos algunos nombres que sí llegaron al más alto nivel, así como otros jugadores que se han quedado en un nivel intermedio pero que en cualquier caso han tenido cierta repercusión en algún momento de sus carreras, bien por haber pasado por la Liga española, bien por haber pertenecido a grandes clubes o haber destacado en sus respectivas selecciones. Y con un poco de paciencia y algo de imaginación hasta podemos entrelazar sus vidas. Veamos.

Empezaremos por el que seguramente haya alcanzado un nivel más alto en su carrera de todos los futbolistas presentes en Nigeria'99: Ronaldinho. El talentoso jugador del Gremio era un referencia constante para el juego de su selección, y obviamente estaba en la agenda de los grandes clubes europeos. El Paris Saint Germain fue quien se llevó el gato al agua y lo fichó en 2001; luego, tras su buen Mundial 2002 su cotización se disparó y acabó aterrizando en el Barcelona en 2003 como la gran estrella del proyecto de Joan Laporta. El resto es de sobra conocido por todos. Su llegada a Barcelona coincidió con la del defensa más destacado del Campeonato nigeriano, Rafa Márquez, que tras aquel Mundial juvenil había fichado por el Mónaco. Aunque el mexicano acabó finalmente en el club azulgrana, durante varias temporadas se rumoreó el interés del Real Madrid en hacerse con sus servicios. Curiosamente, uno que había sonado para el Barça y que acabó fichando por el Madrid fue Gabi Milito, aunque el argentino no pasó el reconocimiento médico (según la versión oficial) y recaló en el Zaragoza, de donde fue traspasado al Barcelona en 2006. Si los galenos no hubieran paralizado el fichaje, en el cuadro merengue hubiera coincidido con Esteban Cambiasso, que llevaba en el club desde los 15 años, aunque en 1999 se encontraba cedido en River Plate. El "Cuchu" regresó a Madrid en 2002, en pleno apogeo de la era galáctica, pero pudo abandonar la nave antes de que esta se estrellara definitivamente y en 2004 fichó libre por el Inter, donde continúa dando lecciones de mando desde el mediocentro.

En esa misma posición, y de vuelta al Bernabéu, nos encontramos con uno de los múltiples fichajes del Madrid post-galáctico, Mahamadou Diarra, que si bien apenas jugó en Nigeria (tenía 2 años menos que el resto de sus compañeros) sí ha alcanzado cierto renombre en Europa. Diarra pasó por OFI Creta y Vitesse antes de recalar en el Olympique de Lyon en 2002, donde su imponente presencia física llamó la atención del club madridista. Por su parte, al Bayern de Munich lo que le llamó la atención de Roque Santa Cruz (en la foto) fue sin duda su capacidad realizadora, y por eso no dudó en ficharlo nada más acabar el Mundial de Nigeria. Pero en Alemania el paraguayo pasó por un calvario de leisones y nunca pudo demostrar sus dotes de killer, por lo que en 2007 acabó marchándose al Blackburn Rovers inglés, donde por fin tuvo continuidad y consiguió unas notables cifras goleadoras. Sin embargo, las mareantes cifras ofrecidas por el Manchester City podrían hacerle cambiar de aires este verano, y el flirteo no ha sentado nada bien en los Rovers. Tampoco sentó bien en el Arsenal la marcha del lateral Ashley Cole al Chelsea en 2006, vista casi como una traición al club y al todopoderoso Arsene Wenger. Ashley estuvo en Nigeria, sí, pero pasó totalmente desapercibido por el mal papel de su selección, al igual que el "espárrago" Peter Crouch. El potente delantero inglés ha pasado por multitud de equipos de las Islas (Tottenham, QPR, Aston Villa, Norwich City, Portsmouth y Liverpool) y, aunque fue en el club de Anfield donde alcanzó fama internacional, este verano decidió regresar al Portsmouth dado que no era muy del agrado de Rafa Benítez. Pero si alguien sabe bien lo que es no gustar al técnico madrileño ese es sin duda Néstor Fabián Canobbio, la famosa "lámpara" uruguaya que la secretaría técnica del Valencia le regaló a Benítez cuando éste había pedido un sofá. El habilidoso extremo charrúa llegaba de Peñarol con buen cartel, pero no pudo asentarse en la ciudad del Turia y ha acabado a orillas del Pisuerga, previo paso por la ría de Vigo.

Pero Benítez también tiene sus protegidos, y uno de ellos es el lateral brasileño Fabio Aurelio, que no dudó en seguirle a Liverpool pese a la paciencia que tuvieron en Mestalla con sus graves lesiones. El Valencia es sin duda uno de los equipos españoles donde han jugado más mundialistas en Nigeria, ya que habría que citar también al portugués Marco Caneira (que pasó también por Benfica, Reggina y Girondins antes de regresar al Sporting de Portugal) y al portero alemán Timo Hildebrand, sobre cuya presencia en el club muchos aficionados chés preferirían correr un tupido velo (más o menos lo que desearían hacer en Barcelona con Geovanni Deliberson). En descargo del jugador brasileño, hay que decir que su llegada al club blaugrana coincidió con una de las etapas más oscuras de su historia reciente, algo que también afectó al portugués Simao Sabrosa, fichado como el relevo natural de Figo pero que tuvo que volver a su país para demostrar su mejor nivel. Sus buenas actuaciones en el Benfica le valieron el regreso a España, en esta ocasión al Atlético de Madrid, por donde también pasó un compañero suyo en Nigeria, Hugo Leal, y donde ha coincidido con otra de las estrellas de aquel campeonato sub'20, Diego Forlán (en la foto). El charrúa, a pesar de que salió de Nigeria con ofertas interesantes, esperó hasta 2002 para dar el salto de "su" Independiente a nada menos que el Manchester United, pero con los Diablos Rojos sufrió una preocupante sequía goleadora (algunos de sus fallos dieron la vuelta al mundo) y Ferguson le dejó marchar al Villarreal en 2004. Quién le iba a decir al veterano técnico escocés que estaba despidiendo al futuro Bota de Oro del continente, y que le vería regresar a Old Trafford en la Champions League vistiendo la camiseta de aquel equipo español de provincias. Ahora Forlán lucha en el Manzanares contra los elementos para devolver al cuadro colchonero a la élite.

Precisamente la lucha es lo que siempre ha caracterizado a su socio en el ataque uruguayo, Ernesto Chevantón, que tras unas buenas temporadas en Danubio también dio el salto a Europa, en su caso al Lecce italiano (desde luego un club con menos nombre que el primer destino europeo de Forlán). El glamour le llegaría en su estancia en Mónaco, de donde pasó al Sevilla. En España no ha tenido demasiadas oportunidades, algo que también pueden decir jugadores como el mexicano Gerardo Torrado (que pasó también por el Sevilla y Poli Ejido) o el brasileño Matuzalem (Zaragoza), aunque en este último caso fue una grave lesión lo que le impidió mostrar el nivel que le hizo ser objeto de pelea judicial entre Real Zaragoza y Shaktar Donetsk, club en el que explotó como goleador tras haber estado varios años en Italia (Nápoles, Piacenza y Brescia fueron sus equipos). Y precisamente por Zaragoza y Atlético de Madrid ha pasado también Luciano Galletti, centrocampista argentino cuya actual presencia en Olympiacos nos demuestra la teoría expuesta en la anterior entrada sobre que hay equipos que tienen una habilidad especial para hacerse con según que tipo de jugadores.


Próxima entrada: Algunos nombres más (que llevan a Ronaldinho)

viernes, 1 de mayo de 2009

Muchos eran los llamados...

Los Mundiales sub'20 siempre han servido para que los genios se den a conocer. Pero curiosamente, quienes salen del torneo con la etiqueta de Mejor Jugador no lo suelen tener fácil para triunfar (solo hay que echar un vistazo a este interesante artículo publicado hace unas semanas en FIFA.com), y muchos de quienes acaban convirtiéndose en grandes estrellas del fútbol pasan más o menos desapercibidos en este campeonato. Toda una paradoja que, en cierta manera, también se cumplió en Nigeria. Sólo hay que echar un vistazo a la lista de galardonados del torneo:

BALÓN DE ORO
1.- Seydou Keita (Mali)
2.- Pius Ikedia (Nigeria)
3.- Pablo Couñago (España)

BOTA DE ORO
1.- Pablo Couñago (España)
2.- Mahamadou Dissa (Mali)
3.- Gaspard Komol (Camerún)
3.- Taylor Twellman (Estados Unidos)

En un post anterior ya repasamos la trayectoria de Pablo Couñago, así que es hora de hablar un poco sobre el resto de premiados y otros jugadores destacados del torneo que se quedaron en el camino.

BALÓN DE ORO: Seydou Keita (Mali): este portento físico obtuvo no sin cierta polémica el galardón al Mejor Futbolista del Torneo. Dirigió desde el centro del campo, con mucho criterio y sumándose al ataque con peligro, a una de las selecciones revelación del campeonato (incluso marcó el gol que le dio a Mali la tercera posición), pero para la gran mayoría de expertos reunidos en Nigeria otros jugadores fueron más decisivos e incluso más brillantes que el malí. Se rumoreó que la concesión fue más por motivos políticos que futbolísticos, ya que en "su" Mundial había que premiar a África de algún modo y, dado que este galardón se concede por votación de los periodistas, era la manera más sencilla de arreglarlo. En cualquier caso fue uno de los destacados del campeonato, y salió de él con un contrato profesional bajo el brazo: su destino sería el Olympique de Marsella, donde en los 70 sobresalió su tío Salif Keita. Sin embargo, el joven Seydou no gozó de demasiadas oportunidades y, tras un exitoso paso de dos años por el Lorient (subió a la Ligue 1 y ganó una Copa de Francia siendo titular indiscutible), acabó en el Lens, club en el que se mantuvo durante 4 temporadas en las que poco a poco se convirtió en uno de los jugadores más importantes de "Le Championnat". Tras su explosión goleadora de la temporada 2006-2007 fichó por el Sevilla, donde enseguida se hizo el amo y señor del centro del campo, ganándose su fichaje por el F.C.Barcelona. Su carrera no ha sido tan meteórica como la que se esperaría de un crack mundial, pero a base de trabajo y talento ha llegado a la plantilla de uno de los equipos más importantes del planeta.

BALÓN DE PLATA: Pius Ikedia (Nigeria): si en la elección de Keita queda la sombra de la sospecha, en la del nigeriano la duda es casi inexistente: Nigeria debía llevarse algo sí o sí, y con el equipo fuera de las semifinales se optó por reconocer la labor de este delantero que ha desarrollado casi toda su carrera en Holanda. Tras el Mundial jugó un año en Costa de Marfil antes de dar el salto nada menos que al Ajax, si bien no tuvo demasiadas oportunidades en las 3 temporadas que estuvo en el histórico club de Amsterdam. Ikedia participó en los 3 partidos que disputó su selección en el Mundial 2002, aunque ninguno como titular. De vuelta a Holanda fue cedido al Groningen y después traspasado al Roosendaal, donde pasó 2 temporadas hasta que en 2005 fichó por el AZ Alkmaar. Allí volvió a ser carne de banquillo y a salir cedido, en este caso al RKC Waalwijk y posteriormente al Metalurg Donetsk ucraniano. Finalmente, esta temporada regresó al Roosendaal, aunque apenas ha jugado un puñado de partidos. Aunque no sería justo juzgar lo merecido o no de su galardón en base a su carrera posterior, desde luego no es la trayectoria que uno espera de alguien que a los 20 años es nombrado Segundo Mejor Jugador de un Mundial.

BOTA DE PLATA: Mahamadou Dissa (Mali): acabó el campeonato empatado con Pablo Couñago con 5 goles, aunque recibió la bota de plata. Fue uno de los héroes de su selección, autor del decisivo gol de oro en octavos, pero su carrera nunca ha alcanzado el primer nivel. Tras el Mundial fichó por el Niort de la Ligue 2 francesa, donde pasó 2 temporadas con unas cifras goleadoras relativamente aceptables (8 y 9 goles en 20 y 29 encuentros en cada una de las campañas). De ahí pasó al Grenoble, también en la Ligue 2, donde su producción cae en picado y es traspasado al Brest, con el que asciende a Ligue 2 en la temporada 2003-2004. Tras una segunda campaña sin demasiado éxito, en 2005 ficha por el Beveren, donde realiza sus mejores números, con 10 y 11 goles en Primera. En 2007 se marcha al Roulers, también de la Primera división belga, club en el que aún milita. Disputó con su selección la Copa de África de 2008 y ha participado en un par de partidos de clasificación para el Mundial 2010, aunque en la absoluta ha perdido el ángel que le acompañó en Nigeria y todavía no ha sido capaz de perforar la meta rival.

BOTA DE BRONCE: Gaspard Komol (Camerún): cuesta seguir la trayectoria de este delantero camerunés, autor de 4 goles en otros tantos partidos en Nigeria. Tras el campeonato, su rastro se pierde entre una breve estancia en Lorca, una prueba con el Sunderland y una larga y poco fructífera (al menos deportivamente) estancia en Portugal: Trofense, Farense (en la temporada 2001/2002, llegando a disputar algunos minutos en la Primera división lusa), y Tirsense fueron sus destinos, siempre en categorías menores salvo la citada etapa en Faro. Retirado desde hace unas cuantas campañas (desconozco si por lesión o por simple abandono), las últimas pistas le sitúan todavía en el país vecino, asentado como empresario en el mundo de la noche.

BOTA DE BRONCE: Taylor Twellman (Estados Unidos): al igual que Komol, en aquel Mundial sub'20 consiguió 4 tantos en 4 partidos. Llegó a Nigeria cuando todavía jugaba en la Universidad de Maryland, pero tras su buen campeonato fichó por el Munich 1860. Sin embargo, no tuvo minutos con el primer equipo y a finales de 2001 decidió volver a Estados Unidos para jugar en la liga profesional de su país, la MLS. Siguiendo el peculiar sistema imperante en las Grandes Ligas estadounidenses, se presentó al Draft de 2002 donde fue adquirido por New England Revolution, club en el que todavía milita. A lo largo de estos años ha sido uno de los jugadores más destacados de la liga, obteniendo el trofeo de máximo goleador en 2002, 2003 y 2005. Con su selección ha disputado la Copa de Oro y la Copa América de 2007. En los últimos años ha tenido diversas lesiones que han mermado algo su rendimiento, y de hecho actualmente lleva varios meses de baja por problemas en las cervicales (se rumorea que incluso podrían apartarle definitivamente de los terrenos de juego). Aunque lejos de los grandes escenarios del fútbol mundial, viendo las experiencias de los demás galardonados se podría decir que Twellman ha tenido una trayectoria relativamente brillante.



OTROS DESTACADOS

Pero hubo más nombres que sonaron con fuerza durante aquel mes de abril que luego desaparecieron del mapa futbolístico, algunos porque no salieron de sus países de origen (caso del japonés Motoyama y de muchos jugadores asiáticos y americanos), y otros porque nunca llegaron a explotar definitivamente (como la mayoría de africanos, que han desarrollado sus carreras en clubes de la Ligue 2 francesa o en innumerables equipos europeos de ligas menos importantes). El caso del delantero ghanés Peter Ofori-Quaye es uno de los más paradigmáticos: en 1999 ya era bastante conocido en Europa por su pertenencia al Olympiacos griego, con el que había debutado a los 17 y disputó varias temporadas la Champions League (todavía ostenta el record como goleador más joven de la competición), pero no progresó como se esperaba y acabó fuera del club del Pireo. Ha deambulado por varios equipos griegos y ahora juega en la liga chipriota (AEL Limassol), aunque también estuvo en Israel e incluso llegó a abandonar la práctica del fútbol durante un tiempo.

El alemán Enrico Kern fue uno de los primeros nombres en sobresalir gracias al hat-trick que logró en el primer partido contra Paraguay, pero luego, aunque perteneció al Werder Bremen, apenas ha jugado un puñado de partidos en la Bundesliga: fue con el Hansa Rostock hace un par de temporadas. El resto de su carrera ha discurrido en clubes de la Segunda alemana (Borussia Berlin, Waldhof Mannheim y Jahn Regensburg) salvo una temporada en el Lask Linz austríaco. Precisamente fue en Austria, en la campaña 2003-2004, donde relanzó su carrera como goleador. A los 15 goles conseguidos aquel año le siguieron otros 19 al año siguiente en el Jahn Regensburg, lo que le valió su fichaje por el Hansa Rostock, donde todavía juega.

En 1999, Naohiro Takahara era un ídolo de las jovencitas del país del Sol Naciente: era joven, atractivo y lideraba el ataque de la selección nacional juvenil. Su exotismo y sus buenas condiciones técnicas llamaron la atención de varios pretendientes, de entre los que el japonés escogió a Boca Juniors. Era 2001 y para entonces su palmarés había engordado con una liga nipona, una Liga de Campeones asiática (ambos títulos con el Jubilo Iwata) y una Copa de Asia con su selección. Se podría decir que la vida le sonreía. Pero la vida real no es como las series de dibujos animados y de golpe todo se truncó: en Argentina apenas jugó unos pocos minutos, así que volvió a Japón con la vista puesta en la Copa del Mundo de 2002, pero una inoportuna enfermedad le impidió estar en su Mundial. Después probó fortuna en Europa: Hamburgo y Eintracht de Frankfurt fueron sus destinos, aunque tampoco triunfó en la Bundesliga. Tras el Mundial 2006 (en el que sí pudo estar), su mala experiencia alemana llegó a cerrarle incluso las puertas de la selección, por lo que decidió regresar a casa, fichando por el Urawa Red Diamonds. Sin embargo, no ha vuelto a contar para el seleccionador japonés. Al menos sigue teniendo buen cartel entre sus fans.

Otros casos, como los de los nigerianos Samuel Okunowo y Haruna Babangida son más conocidos para los aficionados españoles, especialmente los seguidores del Barcelona, pues ambos pertenecían al club blaugrana cuando se disputó el Campeonato. El lateral jugó varios partidos en el primer equipo pero su carrera ha ido en picado por culpa de las lesiones y actualmente, tras pasarse años en blanco en la nómina de clubes como Benfica, Dinamo de Bucarest o Metalurg Donetsk, juega (es un decir) en la exótica liga de las Islas Maldivas. Por su parte, el extremo apenas jugó en algún amistoso de pretemporada, y después de pasarse años en el B y ser protagonista de una rocambolesca historia relacionada con su verdadera edad pasó por Terrassa, Cádiz, Metalurg Donetsk y Olympiacos (algunos equipos parecen tener un don especial para realizar según que fichajes) antes de enrolarse en el Apollon Limassol chipriota, donde seguramente libra encarnizados duelos contra el AEL Limassol de Ofori-Quaye.

miércoles, 29 de abril de 2009

Iñaki Sáez, 10 años después

El recuerdo a los hombres que lograron el primer campeonato mundial que luce en las vitrinas de la Federación Española (y el único si excluímos al fútbol sala) no estaría completo sin una referencia a la persona que dirigió a aquel grupo al éxito. Así que hoy toca repasar la vida de Iñaki Sáez desde aquella cálida tarde en Lagos en la que finalmente pudo cumplir la promesa de dedicarle el título a su desaparecida madre.

Si bien antes de ir a Nigeria su posición era algo cuestionada, como comentamos en su momento, tras el campeonato Mundial las dudas que pudiera haber sobre su valía quedaron completamente despejadas. Al triunfo en Nigeria le siguió al año siguiente la plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, con un equipo formado por algunos campeones mundiales como Aranzubia, Marchena, Xavi o Gabri junto a otros jóvenes ya establecidos en Primera como Jose Mari, Angulo, Tamudo o Albelda, un éxito indudable que por supuesto tendrá su merecido espacio en futuras entradas. La no clasificación para el Europeo sub'21 de 2002 tras caer ante Portugal por el valor doble de los goles en campo contrario fue vista como un simple tropiezo para un generación que salvo excepciones como las de Xavi y Casillas no acababa de dar el salto a la élite del fútbol, y por eso cuando Jose Antono Camacho anunció su marcha del banquillo de la selección absoluta el nombramiento de Iñaki Sáez como nuevo seleccionador no levantó demasiada polémica. Su perfil era el de un hombre tranquilo, con experiencia y éxito en las categorías inferiores y que por tanto no debería tener problemas en realizar el relevo generacional que se debía producir tras el Mundial de Corea y Japón. Clásicos como Hierro, Nadal, Guardiola o Luis Enrique abandonaban la selección, y nadie mejor que él para ayudar a que los campeones juveniles dieran el salto a la absoluta y consiguieran en ella los mismos triunfos que se lograban en las divisiones inferiores de la Selección.

Con esa premisa inició su andadura en el cargo, haciendo debutar a Orbaiz y Marchena, pero el equipo no carburaba. Su férreo 4-4-2 chocaba con el estilo de juego de hombres como Valerón y con la dupla Albelda-Baraja se carecía de un organizador claro. No obstante, la clasificación para la Eurocopa de Portugal parecía bien encaminada hasta junio de 2003. En una semana negra se perdió en Zaragoza contra Grecia y se empató en Belfast, por lo que se llegó a las últimas jornadas dependiendo de los helenos para lograr la plaza directa. Los de Rehaggel no fallaron y por primera vez España debería ir a una repesca. En ella se superó a Noruega con menos apuros de los previstos, sobre todo en la vuelta en Oslo, y se encaró la Eurocopa con las expectativas por las nubes. En los últimos amistosos se comprobó que el equipo ofrecía una atractiva variante sobre el sistema tradicional, y es que además del consabido 4-4-2 con Etxeberría, Vicente, Raúl y Morientes como hombres ofensivos, había una serie de jugadores que parecían encajar mejor con un sistema menos encorsetado. Xavi, Xabi Alonso, Joaquín, Valerón, Luque y Fernando Torres ofrecían un juego más dinámico que los teóricos titulares, aunque se sacrificaba el supuesto equilibrio que daba la formación clásica. El debate sobre qué equipo debería usar Sáez en la Eurocopa se instaló en la calle, alentado por la baja forma de Raúl, cuya titularidad comenzaba a ser discutible.

En la convocatoria definitiva para Portugal Iñaki Sáez hizo un guiño a los campeones juveniles incluyendo, junto a los ya fijos Casillas y Marchena, a Xavi, Gabri y Aranzubia, aunque ninguno de los tres tendría minutos en el torneo. En el primer partido se obtuvo una trabajada victoria ante Rusia por 1-0 con gol de Valerón, que marcó al minuto de entrar al campo. El juego no fue vistoso pero se dio por bueno visto el resultado. Los problemas comenzaron en el segundo partido. Se preveía que Grecia, que llegaba también con 3 puntos, se encerrara en su área y dejara la iniciativa al cuadro español. Para afrontar un partido así muchos pensaron que era el momento de apostar por esa segunda unidad más creativa y con más velocidad y dinamismo en la circulación de balón, pero Sáez siguió confiando en su idea primigenia y sacó al mismo once que ante Rusia. El gol de Morientes pareció dar la razón al seleccionador, pero tras el empate heleno en la segunda parte se vio que el equipo carecía de ideas para atacar una defensa tan firme, y los cambios produjeron una mezcla de estilos que tampoco resultó. El partido contra los anfitriones se encaraba con 4 puntos y ahora resultaba decisivo, justo lo que se pretendía evitar. Las críticas a Sáez por no sacar de inicio ante los griegos a los jugadores con más capacidad para mover el balón fueron muy duras y pudieron con él. Ante Portugal, en un encuentro que se preveía más igualado y en el que sí parecía más necesario apuntalar el centro del campo, decidió sacar un once similar al que se le había "pedido" en el partido contra Grecia, con Xabi Alonso, Joaquín y Torres. El resultado fue un choque demasiado abierto en el que Portugal se manejó a sus anchas e impuso su mayor técnica individual, ejemplificada en el duelo entre Cristiano Ronaldo y Raúl Bravo, en el que el de Madeira volvió literalmente loco al lateral madridista. Un solitario gol de Nuno Gomes y una pizca de mala suerte en el remate certificaron la derrota y la eliminación.

Las críticas se recrudecieron y el desangelado regreso de la expedición, con los jugadores volviendo cada uno por su lado y sin el traje oficial, significó la sentencia pública a Sáez. Tras intentar calmar los ánimos, Villar tuvo que apartarle del cargo y decidió encomendarle de nuevo la dirección de la selección sub'21, que había fracasado en su intento de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Sin embargo, pese a contar con un grupo de calidad y experimentado en Primera División, no pudo clasificarse para el Europeo de Holanda 2006 (en la primera fase de grupos Bélgica y Serbia-Montenegro quedaron por delante), ni tampoco para el del año siguiente y, consecuentemente, para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 (se cayó ante Italia en la eliminatoria previa al Europeo). Después de estos malos resultados, y aunque las críticas no fueron excesivas (quizá por la falta de atención que en los últimos tiempos ha recibido la sub'21), su presencia en el staff de la Federación ya sólo se entendía por su amistad con el presidente Villar. Finalmente, Iñaki Sáez anunció que dejaría el cargo en verano de 2008, coincidiendo con su jubilación y con la llegada de Fernando Hierro a la Dirección Deportiva. Su último partido oficial fue el 25 de marzo de 2008 en Antequera, en un encuentro ante Kazajstán que se ganó por 5-0 y que dejó encarrilada la clasificación para el Europeo de Suecia de este año. Así, apartado de los focos, casi en silencio, se despedía del fútbol el hombre que supo llevar a un grupo de chavales a la cima del mundo.


Próxima entrada: Muchos eran los llamados...

lunes, 27 de abril de 2009

La lista de Sáez 10 años después (y III)

Hoy concluye el repaso a la trayectoria de los 18 convocados con los 6 jugadores que ocupaban los puestos de ataque.

Javier Barkero: se dice que llegó a la lista de Sáez de rebote, en virtud de un acuerdo entre la Real Sociedad y la Federación para no llamar a Mikel Aranburu, por entonces ya en el primer equipo realista, y desde luego aprovechó la oportunidad a las mil maravillas. Gracias a su portentosa zurda, Barkero fue uno de los jugadores más destacados del campeonato y a su vuelta a Donosti parecía destinado a ser el sucesor natural de Javier De Pedro. Pero en la primera plantilla txuri-urdin no había sitio para los tres y Barkero pasó dos años cedido en el Toulouse y el Eibar, en los que no progresó lo que se esperaba. A su vuelta, Aranburu le ganó la carrera por el puesto y el campeón juvenil esperó su momento en el banquillo, pero su juego parecía estancado y nunca pudo rememorar sus actuaciones de Nigeria. Tras cuatro años de sinsabores deja la Real y ficha por el Albacete, en Segunda División, donde definitivamente parece encontrar su sitio. Sus buenas actuaciones en La Mancha le sirvieron para fichar este verano por el Numancia en su regreso a Primera, y entonces Barkero resurgió de sus cenizas como el Ave Fénix, mostrándonos por fin al jugador que hace 10 años se adivinaba que podía llegar a ser.

Alex Lombardero: sin duda la carrera de un perfil más bajo de todos los componentes de la selección. Este veloz extremo coruñés jugaba en el Lugo de Segunda B cuando fue convocado para el Mundial sub'20, del que volvió como campeón después de aparecer como revulsivo en 3 partidos. Pero después su carrera discurrió por equipos filiales (Atlético de Madrid, Racing de Santander, Alavés), disfrutó de breves estancias en Segunda con el Mérida y el primer equipo del Alavés y finalmente tuvo que dejar el fútbol por una grave lesión de cadera cuando estaba en la Gramanet. Comenzó esta temporada como técnico del Castellar, equipo de la Tercera Regional catalana.

Fran Yeste: indudablemente uno de los jugadores con más clase de aquella selección, Yeste debutó en Primera con el Athletic Club en febrero de 1999 y al año siguiente ya era miembro de pleno derecho de la primera plantilla bilbaina. Desde entonces ha jugado de manera habitual, aunque su carácter (a veces demasiado frío, a veces demasiado caliente) le ha impedido mostrar su fútbol con la regularidad que se desearía de un talento puro como el suyo, y quizá por ello no ha llegado a alcanzar el máximo de su potencial. Con todo, es reconocido como uno de los futbolistas más talentosos de la Primera División, y aunque últimamente las lesiones le tienen más tiempo parado que jugando, su presencia es vital para su club.

Gabri: sin duda un caso curioso de evolución futbolística, de sobra conocido por la mayoría de aficionados. Gabri siempre había jugado de media punta, puesto en el que destacó en este Mundial de Nigeria y siguió brillando por ejemplo en los Juegos Olímpicos de Sidney donde se colgó la plata, y de hecho su buena labor en esa posición le abrió las puertas del primer equipo del F.C. Barcelona. Pero era (y es) un puesto que parecía destinado a un jugador extranjero, preferentemente brasileño o argentino, y Gabri apenas pudo disputar minutos de importancia. Sin embargo, su estilo incansable hizo que Rexach lo probara en posiciones defensivas en un partido de Champions en Liverpool al que el Barça acudía con muchas bajas, y su rendimiento fue tan notable que acabó asentándose en el lateral derecho. Precisamente fue desempeñando esas funciones cuando Sáez decidió darle la alternativa en la selección absoluta, con la que llegó a jugar 3 partidos y a viajar a la Eurocopa de Portugal, anuque no jugó ni un minuto. Después se lesionó de gravedad en la rodilla y a la vuelta se encontró sin sitio en el Barça, por lo que en 2006, tras un año y medio prácticamente en blanco, se fue al Ajax, donde es muy apreciado por su polivalencia y en el que ha vuelto a jugar en su puesto originario.

David Aganzo: llamado a última hora para sustituir al lesionado Gerard, Aganzo lo hizo bastante bien en los minutos que jugó en Nigeria, destacando por su velocidad y unas grandes condiciones técnicas. Con casi dos años menos que el resto de sus compañeros, desgraciadamente todo hacía presagiar que nos encontrábamos ante el enésimo nueve de calidad que producía la prolífica cantera del Real Madrid que no encontraría acomodo en la primera plantilla blanca. Y efectivamente así fue, al igual que muchos antes que él (y otros muchos después), tras debutar con el primer equipo y jugar un puñado de partidos oficiales inició el tradicional rosario de cesiones que fueron reduciendo su caché. Pasó sin mayor gloria por Espanyol (2000-2002), Valladolid (2002-2003), Levante (2003-2004) y Racing de Santander (2004-2006). Sólo en Pucela y Valencia fue realmente importante para su equipo, aunque nunca pasó de los 10 goles, y tras no cuajar en Santander inició una breve y exótica aventura en el Beitar de Jerusalén que tampoco acabó demasiado bien. De vuelta al Racing, se lesionó de gravedad a comienzos de la temporada 2006-2007 y tras recuperarse se fue al Alavés. En Vitoria por fin superó la barrera de los 10 tantos en una temporada, y este año fichó por el Rayo Vallecano, donde sigue en racha goleadora. Desde luego, vista su irregular trayectoria no extraña que para muchos sea más conocido por haber sido pareja de la ex-mujer de Ronaldo, Milene Domingues.

Pablo Couñago: acabamos el repaso a las carreras de los jugadores con la del máximo artillero de aquel campeonato. En 1999, este pontevedrés se encontraba cedido por el Celta de Vigo en el Numancia, en Segunda División, y tras su gran campeonato su cotización se disparó. Sin embargo, en Vigo decidieron foguearlo una campaña más en Segunda y volvió a ser cedido, en este caso al Recreativo, motivados también por las altas exigencias del jugador para la renovación. Ese año acababa contrato y el Ipswich Town, que volvía a la Premier, no dejó pasar la oportunidad de tener en sus filas a todo un Campeón del Mundo sub'20, Bota de Oro y Balón de Bronce en ese campeonato. Sin embargo, en Inglaterra no termina de explotar como goleador de primer nivel, y en 2005, tras cuatro temporadas en Ipswich, decide volver a España. Su destino sería Málaga, club que esa campaña acaba último en Primera, y donde tampoco logra destacar. Regresa al Ipswich Town, y desde entonces por fin sus cifras goleadoras pueden considerarse al menos razonables para un club de Championship. Su carrera repleta de altibajos representa a la perfección a la mayoría de aquella mágica generación, que si bien no pudo hacerse al completo con un hueco en la élite del fútbol sí nos dejó un maravilloso torneo para el recuerdo e inició un camino que nos ha conducido a donde estamos ahora: en lo más alto.


domingo, 26 de abril de 2009

La lista de Sáez 10 años después (II)

Hoy seguimos el repaso a las carreras de nuestros campeones sub'20 con 6 nuevos nombres:

Álvaro Rubio: tuvo la mala suerte de lesionarse de gravedad en el último encuentro de la primera fase ante Honduras, en sus primeros minutos del campeonato, por lo que no pudo participar en el resto del torneo. Por aquel entonces este riojano jugaba de central y estaba en el Zaragoza B, desde donde fichó por el Albacete en la 2000-2001. En el club manchego siguió su progresión y poco a poco fue adelantando su posición en el campo, logró el ascenso a Primera y debutó en la máxima categoría en 2003. En el verano de 2006 se incorporó al Valladolid y desde el principio se ganó la confianza de Mendilíbar, con el que llegó a jugar incluso de extremo derecho. Asentado en el mediocentro, en Pucela vuelve a disfrutar de un ascenso a Primera y se convierte en una pieza básica del esquema blanquivioleta. Pese a no ser uno de los destacados en Nigeria, a los 29 años ha conseguido establecerse como un jugador importante de Primera, algo que desgraciadamente no han logrado otros compañeros aparentemente con más proyección.

Gonzalo Colsa: el bravo centrocampista cántabro recibió la llamada de Iñaki Sáez mientras se encontraba cedido en el C.D. Logroñés, en Segunda División, aunque ya había debutado con su Racing en Primera un año antes. Al acabar la temporada 1998-1999 volvió a Santander y se convierte en un habitual de las convocatorias, disputando casi 20 partidos en cada una de las 2 siguientes temporadas y mostrando sus buenas dotes como centrocampista llegador, aunque no puede evitar el descenso a Segunda del Racing. El Atlético de Madrid se fija en él y decide hacerse con sus servicios para intentar el ascenso, cosa que consigue aunque sin que la aportación de Colsa sea la esperada. De vuelta en Primera, los colchoneros deciden cederlo al Valladolid, donde se hace con un puesto de titular y consigue su mejor marca goleadora. Pero sigue sin tener opciones en el Atlético y al año siguiente vuelve a salir cedido, en este caso al Mallorca, donde se reencuentra con Luis Aragonés, el primer técnico que tuvo a orillas del Manzanares y con el que vuelve a ser pieza clave del equipo. Otra vez de vuelta en el Atlético, de la mano de César Ferrando juega 30 partidos y consigue 3 goles pero no logra ganarse a la complicada afición rojiblanca. Al año siguiente vuelve a alternar la titularidad con la suplencia y finalmente en 2006 acaba volviendo al Racing, donde no tarda en demostrar que tiene calidad más que suficiente para destacar en Primera. Ídolo de la afición santanderina por su juego (y su condición de cántabro), desde entonces es uno de los fijos de un equipo que recientemente ha vivido los que probablemente sean los mejores años de su historia.

Pablo Orbaiz: mediocentro defensivo con dotes de organizador y que podía actuar también en el centro de la zaga, Orbaiz ya jugaba habitualmente en Osasuna cuando viajó a Nigeria, y a su vuelta se convirtió en objetivo prioritario para varios clubes. Con la satisfacción de dejar a su Osasuna en Primera, Orbaiz fichó por el Athletic Club en verano de 2000, y desde el principio se hizo un hueco como titular. De la mano de Sáez, debutó con la selección absoluta el mismo día que Marchena, en un encuentro de homenaje a Puskas celebrado en Hungría en verano de 2002, pero su progresión se truncó ese invierno por culpa de una lesión de ligamentos. Volvió a los terrenos de juego y rápidamente recuperó su sitio en el Athletic aunque no en la selección: la explosión de Xabi Alonso le cierra las puertas de la Euro 2004 y después Luis Aragonés deja de llamarle al equipo nacional. A finales de 2006 volvió a romperse la rodilla y nuevamente consiguió volver a la titularidad, mostrando el carácter por el que Iñaki Sáez le confió el brazalete en Nigeria.

Xavi Hernández: se dice que Michel Platini, presente en la final de Nigeria'99 como miembro de la FIFA, se le acercó después del partido y, tras presentarle sus respetos, le susurró que Seydou Keita se había llevado el Premio al Mejor Jugador del campeonato por razones políticas, pero que él había sido de largo el mejor futbolista presente en aquel torneo sub'20. Y se dice que nueve años después, cuando ya como Presidente de la UEFA el francés le otorgaba a Xavi el galardón al Mejor Futbolista de la Eurocopa 2008, el susurro vino a decir que por fin se había hecho justicia. Más allá de leyendas urbanas, lo cierto es que en los 9 años que transcurrieron entre un susurro y otro el de Terrassa no ha dejado de dar muestras de la calidad que atesora en sus botas y en su privilegiada cabeza. Desde que debutó con Van Gaal en el club de su vida, el F.C. Barcelona, Xavi ha sido el cerebro del equipo blaugrana. Sin embargo, en muchos momentos se criticó su falta de rigor defensivo y sus pocas dotes de liderazgo, críticas que aparecían siempre que el equipo no carburaba. La Eurocopa de Austria y Suiza le sirvió para reivindicarse ante sus detractores, guiando a su equipo, controlando el tempo del partido y apareciendo con peligro en el área, precisamente un juego que se asemejó más que nunca al desarrollado en Nigeria. Este año el destino ha querido juntarle en el vestuario del Barça con Keita: seguramente habrán tenido tiempo para recordar aquel campeonato, y quien sabe si para comentar las confesiones de Platini.

Fernando Varela: en 1999 era una de las más firmes promesas de la cantera bética pero, tras ser campeón en Nigeria, este potente extremo diestro (que incluso había disfrutado de sus primeros minutos en Primera con apenas 17 años) tuvo que pasarse medio año cedido en el Extremadura, aprender a jugar de lateral y esperar a la temporada 2000-2001 para ser miembro de pleno derecho del primer equipo del Betis, entonces en Segunda División. La razón fundamental se llama Joaquín Sánchez, y es que la explosión del portuense obligó a Varela a reinventarse como jugador. A la sombra de Joaquín, el sevillano se adaptó a su nuevo rol defensivo aunque sin olvidar nunca sus orígenes atacantes, y se asentó en Primera como uno de los laterales más completos del país. Tras 5 temporadas en el primer equipo verdiblanco en las que ganó una Copa del Rey y participó en la Champions League, fichó por el Mallorca, donde ha ido alternando actuaciones en el lateral y en el extremo, incrementando sus cifras goleadoras gracias a su potente disparo con ambas piernas y convirtiéndose en una pieza básica del cuadro bermellón.

Rubén Suárez: "el hijo del mítico Cundi" era la coletilla que solía acompañarle en 1999, y es que Rubén pertenece a una saga de futbolistas asturianos de la que su padre, que jugó 15 temporadas en Primera y llegó a ser internacional absoluto, sigue siendo el miembro más destacado. Naturalmente ligado al Sporting de Gijón, cuando viajó a Nigeria ya había debutado en el primer equipo gijonés, en el que se mantuvo hasta la temporada 2004-2005. Reconvertido en segundo delantero, ha desarrollado toda su carrera en Segunda División, puesto que a su etapa en el club que le vio nacer como futbolista le siguieron 4 fructíferos años en el Elche y un agitado verano 2008 en el que tras denunciar a los alicantinos por impago estuvo a punto de firmar por el Rayo y acabó en el Levante, donde sigue mostrando un gran olfato goleador. A sus 30 años, Rubén, que fue de Oro a los 20, se ha convertido en uno de los clásicos de la División de Plata.