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jueves, 12 de diciembre de 2013

1991, Europeo sub'16: España conquista la vieja Europa

En realidad no ha pasado tanto tiempo, apenas un suspiro en términos históricos, pero a veces da la sensación de que lo hemos olvidado casi por completo. ¿Somos realmente conscientes de lo mucho que ha cambiado el mapa político de Europa en apenas veinte años? En 1990, cuando la unificación alemana era ya un hecho, Europa tenía poco más de treinta Estados; hoy hay más de medio centenar, y en demasiados casos su aparición no ha sido precisamente pacífica. Y, sin embargo, lo cierto es que al menos a mí me resulta chocante la naturalidad con la que hemos vivido y asumido un proceso tan traumático, hasta el punto de que la URSS o la Yugoslavia unificada nos parecen conceptos antediluvianos, países desaparecidos mucho antes de lo que en realidad lo fueron.

La multiplicación de países en el Viejo Continente ha tenido también, obviamente, su reflejo en el fútbol, y los campeonatos de categorías inferiores son un buen medio para observar el proceso de construcción de esta nueva Europa en la que vivimos. A lo largo de la década de los noventa todos los torneos continentales debieron adaptarse a la progresiva aparición de nuevas federaciones, y la periodicidad anual de los campeonatos de base convertía a éstos en la primera competición internacional oficial que disputaban muchas de las nuevas selecciones. Eso trajo también alguna complicación, sobre todo a la hora de establecer los formatos de las fases de clasificación, que sufrieron constantes cambios (y algún que otro desvarío de los dirigentes de la UEFA) hasta que la situación política se calmó y se pudieron fijar sistemas de competición más racionales. Pero en 1990, cuando arrancó la fase de clasificación del Campeonato de Europa sub’16 de 1991, la URSS y Yugoslavia todavía estaban ahí, aunque dentro de sus fronteras ya pocos creyeran en su existencia, y no deja de ser curioso que, precisamente en el último torneo futbolístico de selecciones que les vio participar, España tuviera que vérselas con aquellos dos gigantes ya tambaleantes en su camino a un nuevo título continental.

Como por aquel entonces los Europeos sub’16 los disputaban 16 selecciones de las 34 afiliadas a la UEFA (y San Marino no solía inscribir a sus equipos juveniles), las fases de clasificación eran bastante cortas: para la edición de 1991 se establecieron 13 eliminatorias a ida y vuelta y dos grupos de tres equipos cada uno, de los que sólo sus campeones pasaban a la fase final, que organizaría Suiza. España fue una de las selecciones que se jugaron su presencia en tierras helvéticas en una eliminatoria directa; su rival, la teóricamente débil Malta, no hacía presagiar demasiadas complicaciones. Sin embargo, la clasificación estuvo en el aire durante los cuatro meses y medio que transcurrieron entre el partido de ida jugado en noviembre de 1990 en la isla mediterránea, que acabó con un inquietante 1-1, y el duelo de vuelta celebrado en Almendralejo (Badajoz), a finales de marzo de 1991. Por fortuna, en el Francisco de la Hera los chavales que dirigía Juan Santisteban pusieron de manifiesto su superioridad y golearon por 5-0, con sendos dobletes de Dani García Lara (por entonces ya en el Real Madrid) y Juan Carlos Murgui (canterano del F.C. Barcelona). Un gol del madridista Joyce Moreno, nacido en Panamá y que luego intentaría sin éxito ser internacional absoluto por ese país (la normativa FIFA vigente en aquel momento no se lo permitió), redondeó la manita con la que España sellaba su pase a la fase final.

En Suiza se formaron cuatro grupos de cuatro equipos, cuyos campeones pasarían directamente a semifinales; además de luchar por el título, los finalistas acompañarían a Italia como representantes europeos en el Mundial sub’17 que se disputaría en la Toscana en agosto de aquel mismo año. El sorteo había encuadrado a España en el grupo D, junto con la URSS, Islandia y Yugoslavia, y el debut se produjo el 8 de mayo de 1991 ante la potente selección soviética, con la que ya nos habíamos visto las caras el año anterior en un torneo amistoso disputado precisamente en Italia. Entonces España había caído claramente derrotada por 3-0, pero en el Campeonato de Europa cambiaron las tornas y el equipo de Santisteban superó en todo momento a la URSS, como refleja el 4-1 final. Toni Robaina (todavía perteneciente a Las Palmas) y Gerardo García León (Osasuna) abrieron brecha en el marcador en la primera parte; los soviéticos recortaron antes del descanso pero en el segundo tiempo Murgui y Quique Medina (entonces en las categorías inferiores del Valencia) sellaron la victoria hispana. El partido contra Islandia, que había dado la sorpresa al derrotar a Yugoslavia en la primera jornada, se presentaba ahora como decisivo para asegurar el liderato del grupo y con él el pase a semifinales. España no falló y los goles de Ramón (defensa del Valladolid) y Robaina pusieron una ventaja suficiente como para que el postrero tanto de Hreidarsson no supusiera ningún inconveniente.

Con cuatro puntos ya en el bolsillo, ni siquiera la derrota en el tercer partido contra una Yugoslavia que había perdido sus dos choques anteriores (y en la que figuraban chavales como Albert Nadj o Dragan Ciric) impidió a España encabezar su grupo y colarse en semifinales. Sobreponiéndose a un tempranero gol yugoslavo, Robaina y Murgui dieron la vuelta al marcador antes del descanso, pero en la segunda parte los balcánicos consiguieron remontar para despedirse del torneo con una victoria. Aquel partido disputado en Menzingen el 12 de mayo fue además la última aparición de Yugoslavia como país unificado en un torneo continental de fútbol: la escisión de Eslovenia se produciría poco más un mes después del campeonato sub’16 y para entonces el conflicto armado en Croacia parecía ya, por desgracia, algo inevitable; luego llegaría el estallido de la guerra y el bloqueo de la ONU que supuso entre otras cosas la exclusión de las selecciones yugoslavas de todas las competiciones deportivas, entre ellas la recordada Eurocopa absoluta de 1992. Aquel mismo día, y también con victoria (2-0 ante Islandia), se despidió la URSS de las fases finales de los campeonatos futbolísticos europeos: la contundente derrota contra España de la primera jornada dejaba a los soviéticos sin opciones pese al empate final a 4 puntos y, aunque la URSS se clasificó luego para la Eurocopa de Suecia y el Europeo sub’18 de 1992 (en el caso de los juveniles, ganando un grupo para nostálgicos en el que también figuraban Yugoslavia y Checoslovaquia), la selección que participó en esas fases finales lo hizo ya bajo la denominación de Comunidad de Estados Independientes (la URSS como tal todavía jugó el Mundial sub’20 de Portugal 1991, en el mes de junio, acabando en tercera posición en su última aparición en una fase final internacional).

Ajena a la página histórica que acaba de contribuir a cerrar, España conseguía el pase a la penúltima ronda, en la que esperaba Grecia. La selección helena había superado a su archienemiga Turquía en la fase previa y se había metido en semifinales gracias a su goleada por 4-0 a Suiza en la tercera jornada, que le había servido para resolver a su favor el empate a cinco puntos con Portugal. Un solitario gol de Robaina al comienzo de la segunda parte sirvió para doblegar a una Grecia que no opuso demasiada resistencia, aunque la emoción se mantuvo hasta el final gracias, entre otras cosas, al penalti fallado por Juan Carlos Gutiérrez (F.C. Barcelona) a falta de diez minutos. Con la moral por las nubes y la clasificación para el Mundial asegurada, España se enfrentó en la final de Berna a una Alemania muy superior físicamente (no en vano su delantero centro era el gigantón Carsten Jancker) pero que no pudo hacer nada ante la mayor movilidad y calidad técnica del conjunto español. Alemania, que también había sufrido en la fase de grupos debido a su derrota inicial frente a Austria (luego ganó a Suecia y goleó a Bulgaria), se había deshecho en semifinales de Francia en los lanzamientos de penalti. Liderados por el tinerfeño Sandro desde el centro del campo, los de Santisteban completaron un gran partido y dos goles en el primer tiempo del grancanario Robaina (principal figura no ya del equipo, sino de todo el torneo) rubricaron el que en aquel momento suponía el tercer campeonato de Europa de categoría sub’16 para la selección española. La final no se televisó en España, pero hace unos años Julio Maldonado colgó en su web un resumen de la retransmisión suiza que había conseguido para su inmenso archivo; de ahí dio el salto a Youtube y gracias a ello podemos disfrutarlo ahora aquí.




Además de los jugadores mencionados, en aquel equipo figuraban nombres como los del portero osasunista López Vallejo y su compañero César Palacios, por citar a dos de los que más destacaron luego en el fútbol nacional, pero también hubo otros a los que recordaremos en la entrada que pronto (?) dedicaré a la brillante actuación de este equipo en el Mundial sub’17.


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Fuentes: 
Martialay, Félix (2007): "Todo Sobre Todas las Selecciones", Ed. Esteban Sanz
http://www.rsssf.com

jueves, 21 de abril de 2011

1999, Europeo sub'16: El eslabón perdido

Debo comenzar esta entrada con una confesión: He mentido. Llevo año y medio haciéndolo. Y es algo que me reconcome. No sé si después de dos años (el último bastante rácano en posts), tendré muchos seguidores fieles, pero siento que los he engañado a todos ellos, a los que siguen ahí y a los que se cansaron de esperarme. Porque hace año y medio di por finalizado el repaso a los mayores éxitos de las categorías inferiores de la Selección Española desde el Mundial sub'20 de Nigeria 1999, asegurando que en esas numerosas entradas estaban todos y cada uno de los momentos más importantes de nuestras selecciones juveniles en esos últimos 10 años. Pero no era cierto, y lo peor de todo es que lo sabía. Que todos, lo que se dice todos, no estaban. De hecho, en esa cadena de éxitos faltaba uno de los primeros eslabones. El segundo, para más señas. Y por fin ha llegado la hora de recordar a una generación injustamente olvidada en estas páginas. Sirva esta entrada para, esta vez sí, cerrar el recorrido que va del Mundial sub'20 de Nigeria a la Eurocopa de Austria y Suiza y al Mundial de Sudáfrica.

Y hay que hacer justicia porque, además, en esos equipos campeones en 2008 y 2010 también hay una representación de este grupo sub'16 de 1999: nada menos que Pepe Reina, presente (y suplente) en ambas citas, acerca de quien sobra cualquier comentario que yo pueda hacer. Además, en esa convocatoria cadete de 1999 destaca otro gran jugador también formado en la cantera azulgrana, alguien que aprendió pronto a hacer las maletas y al que la vida le ha llevado, casualmente, a ser vecino y enemigo deportivo de Reina, y que ya debería haber tenido su oportunidad en la absoluta: Mikel Arteta. Pero también figuran en esa lista sub'16 otros futbolistas que han disfrutado de un paso más o menos largo y más o menos afortunado en el fútbol profesional. Así, vemos en la defensa a los entonces canteranos madridistas Rubén González y Enrique Corrales (ambos hoy en el Mallorca), a Mario Álvarez (central canario del Getafe que militó en el Valladolid y el Barça) y al lateral valenciano Diego Alegre (que pasó por Sporting, Ciudad de Murcia y Albacete, hoy en el Ontinyent); en el centro del campo aparecen Libero Parri (que jugó en el Valencia y en el Albacete, entre otros), Jonathan Aspas (la perla celtiña) y Nano Macedo (aquel extremo gallego que apareció fulgurantemente como sucesor de Rivaldo en el Barça y que sin embargo después no llegó a despuntar en Getafe, Atlético o Racing de Ferrol, y que ahora milita en el Numancia); y en la nómina de atacantes nos encontramos con Albert Crusat (criado en el Espanyol, hoy brilla en el Almería) y Jorge Perona (un clásico de las selecciones inferiores: formado en la cantera del Valencia y el Barça, pasó por el Lorca y hoy milita en el Oviedo).

Muchos nombres conocidos para casi todos, amén de otros que, como siempre ocurre en estas seleciones, se nos quedaron por el camino. Sin embargo, en este caso hay que reconocer que casi todos lograron dedicarse al fútbol, aunque fuera en categorías menores. Bernabé Ballester, Berna, jugaba en los juveniles del Real Madrid, pero una grave lesión cortó su trayectoria y le impidió, por ejemplo, acudir al Mundial sub'17 de ese mismo año. Luego regresó a Valencia para enrolarse en el Mestalla, donde protagonizó una curiosa anécdota como doble de acción de otro jugador que se coronó en ese memorable 1999, Carlos Marchena, y más tarde pasó por el Mouscron belga y el Alcoyano. Compañero de Berna en la Ciudad Deportiva blanca era Juan Carlos Duque, lateral que tras lograr el ascenso a Segunda con el Castilla fichó por el Zamora y que también ha pasado por Pontevedra y Poli Ejido. El jienense David Relaño, perteneciente al Betis, era el suplente de Reina, y aunque en 2004 llegó a debutar en Primera con el club verdiblanco, su carrera posterior le ha llevado por diversos clubes de 2ªB y Tercera como el Terrassa o el Baza, hasta recalar en la portería del Alcalá de Guadaira. Y del resto iremos hablando cuando toque, porque tuvieron algún momento de protagonismo durante el Europeo que hoy recordamos.

Pero vayamos ya al campeonato, y empecemos por el principio. La selección logró su clasificación para la fase final, a celebrar en la República Checa, en un triangular disputado en Malta en marzo de 1999, en el que arrasó a la débil selección local por 0-6 y venció con ciertos apuros a la siempre rocosa Escocia por 1-0. Como quedó dicho cuando recordamos los Europeos Sub'16 de 1997 y de 2001, la fase final de este campeonato se disputaba entonces con el mismo formato que la Eurocopa Absoluta, es decir, con 4 grupos de 4 componentes. España quedó encuadrada en el Grupo C con Croacia, Rusia y Polonia, y el destino, caprichoso él, hizo coincidir el debut en este Europeo con la inolvidable final del Mundial sub'20 de Nigeria. Ese mágico 24 de abril de 1999, a miles de kilómetros de Lagos, un joven Massimo Busacca fue el encargado de impartir justicia ante los croatas (entre los que se encontraba Darjo Srna como nombre más reconocible), mientras que el imberbe Arteta se ocupó de comandar la primera victoria hispana en el torneo, anotando el primer gol al cuarto de hora. Luego, con el partido agonizando, Jon Sancet Ezpeleta (delantero perteneciente a Osasuna) marcó el gol de la tranquilidad. El segundo partido, ante la Rusia de los gemelos Berezutsky, fue también complicado, y se resolvió gracias a un solitario tanto de Perona a los 3 minutos. La clasificación estaba asegurada y en el último duelo ante Polonia el equipo comandado por Santisteban y Ufarte se dio una alegría goleando por 3-0, tantos de Perona, Jonathan Aspas y Aitor Gómez Cifuentes (entonces perteneciente al Amorós madrileño y que ha desarrollado casi toda su carrera entre 2ªB y Tercera, pasando por clubes como el Talavera, Gandía, Balompédica Linense, Moralo o Torpedo 66), que fue quien abrió el marcador.

Sin sorpresas en los demás grupos, en los que Portugal, Inglaterra, Alemania y la República Checa pasaron ronda sin demasiados apuros, el campeonato llegó a su momento culminante. Y si en la primera fase España ya se había mostrado como un bloque sólido y brillante, en las eliminatorias dio lo mejor de sí. Primero se deshizo con facilidad de Israel, a la que goleó 5-1 (marcaron Parri, Perona, Diego Alegre y Nano, este en dos ocasiones), y luego llegó la exhibición en semifinales ante la Alemania de Hinkel y Hitzlsperger: un incontestable 4-0 que dejó bien claro quiénes eran los máximos favoritos a llevarse el trofeo. Arteta, con dos tantos, volvió a liderar al equipo en un brillante encuentro en el que también mojaron Perona y Diego Alegre. Con 15 goles anotados y sólo 1 recibido, nadie en Olomouc dudaba de que España se llevaría el título. Que el convencimiento fuera tan grande se debía en gran medida a que Polonia se había cargado en semifinales a la selección anfitriona, única que podría haber equilibrado la balanza del favoritismo. Sin embargo, la final no fue sencilla y durante muchos minutos los polacos maniataron a los nuestros, hasta que se desfondaron en la segunda parte. Perona, máximo goleador del campeonato, había adelantado a España, pero Grzelak puso el empate antes del descanso. Nada que no pudieran arreglar Arteta y compañía: primero un misil de Mario Álvarez y después un testarazo de Ernesto Gómez (otro canterano del Real Madrid, actualmente en Grecia) abrieron una brecha definitiva. Ya sobre la hora, Elías Molina (formado en el Atlético Madrileño, luego ha pasado por Numancia, Albacete o Cartagena, entre otros muchos equipos) se encargó de finiquitar la goleada a la salida de un córner. Dos semanas después de que Pablo Orbaiz levantara el primer Mundial para nuestras selecciones, la cantera española lograba su quinto título continental de la categoría sub'16, y de ahí en adelante ocurrió lo que ya todos conocemos. El engranaje que nos llevó a lo más alto en Sudáfrica se puso en marcha en Nigeria, pero también pasó por la República Checa cuando todavía estaba empezando a rodar. Queda dicho.


Epílogo.- Unos meses más tarde, este grupo (con el hoy sevillista Fernando Navarro como principal novedad) viajó a las antípodas para disputar el Mundial sub'17, un torneo que acabaría llevándose la Brasil del "emperador" Adriano y que vería la eclosión de un talentoso estadounidense de nombre Landon Donovan. Sin embargo, en Nueva Zelanda los nuestros no tuvieron suerte y se volvieron a casa a las primeras de cambio, incapaces de superar un grupo en el que figuraban Ghana, México y Thailandia. Otro borrón en nuestro torneo maldito, el único que todavía no hemos ganado y por el que deberemos seguir esperando al menos dos años más, puesto que la actual Sub'17 no logró clasificarse para la fase final del Europeo de este año y por tanto se perderá el Mundial de México. Una verdadera lástima para un grupo lleno de talento pero que se topó con una gran Inglaterra. Todo llegará, seguro.

martes, 4 de mayo de 2010

1997, Europeo sub'16: Érase una vez en Egipto II (la precuela)

En su día hablamos de la selección sub'17 que en 1997 alcanzó brillantemente en Egipto la tercera plaza en el Mundial de la categoría, pero se nos había quedado en el tintero el primer paso de aquella camada, el Campeonato de Europa que sirvió para reservar plaza en el viaje a la tierra de los Faraones y, de paso, para llevar un nuevo título continental a las vitrinas de la Federación. Y si la crónica de ese Mundial sirvió para iniciar los artículos dedicados a los torneos anteriores al sub'20 de Nigeria, parece más que adecuado que retomemos esos relatos precisamente con el Europeo que precedió a la cita egipcia. Así que hoy es el momento de recordar aquel torneo, celebrado en varias localidades del centro de Alemania, en el que la selección española se alzó con el triunfo y recuperó así una hegemonía en la categoría que Portugal, con dos títulos consecutivos, había puesto en entredicho. De entrada, el combinado de Santisteban tuvo que vérselas con Inglaterra y la República Checa en un triangular en tierras británicas en el que estaba en juego la clasificación para la fase final. En el debut España se sobrepuso a los nervios, al ambiente hostil y a un tempranero gol inglés para acabar infligiendo un duro correctivo a la selección anfitriona, un 1-5 que sirvió como inmejorable carta de presentación ante el mundo. Un empate a uno ante los checos valió para asegurarse el pase, y a finales de abril el equipo se plantó en Alemania dispuesto a todo, aún siendo consciente de la dificultad que entrañaba ganar un campeonato que en aquellos años se disputaba a 16 selecciones.

Encuadrada en el grupo C, junto a Ucrania, Polonia y Austria, España sufrió una especie de déjà-vu en el partido inaugural ante los ucranianos. A los ocho minutos, un gol en contra y la expulsión del central Zuhaitz Gurrutxaga parecían trasladar al equipo al complicado partido en Inglaterra. Y en realidad algo así debió de suceder, porque la reacción hispana se concretó también esta vez en una inesperada goleada por 6-1 gracias a los goles de Miguel Mateos (dos), David Rodríguez-Fraile, Camacho, Corona y Antonio Cuartero, delantero por entonces de la cantera del Real Madrid, capitán de aquella generación y que se perdería la cita mundialista de Egipto por una inoportuna lesión. Con la moral por las nubes tras la remontada del primer día, España derrotó a Polonia por 2-1, con doblete de Juanjo Camacho, y selló su inmaculado pase a los cuartos de final con otra victoria, esta vez por 2-0, ante Austria, con goles de Nelo y David. El núcleo del equipo era prácticamente el mismo que jugaría el Mundial cuatro meses después, siendo las variaciones más significativas las del citado Cuartero y el central del Valladolid Javier Baraja, que tampoco pudo estar a orillas del Nilo (Sousa, Xavi o Sergio Santamaría serían algunos de los recambios), y ya entonces se veía que había mimbres para construir una gran escuadra.

Pero había que ir paso a paso, y el siguiente obstáculo iba a ser Eslovaquia, una selección que se plantaba en cuartos de final aprovechándose tal vez de la debilidad de un grupo que compartía con Turquía, Eslovenia e Islandia, pero que desde luego iba a vender cara su derrota. De hecho los eslovacos se adelantaron en el marcador al cuarto de hora, y España tuvo que remontar una vez más. Mateos igualó antes del descanso y en la segunda parte dos goles casi seguidos de Camacho pusieron las cosas en su sitio. En semifinales esperaba Alemania, el equipo anfitrión, que llegaba como favorito tras pasearse ante sus rivales, con nueve goles a favor y sólo uno encajado en los cuatro primeros partidos. Era una auténtica final anticipada y así se plasmó sobre el terreno de juego, con dos equipos luchando fieles a su estilo y que nunca dieron facilidades al rival. España tomó el mando del balón y logró romper el choque en el tramo final, gracias a sendos goles de Cuartero y David Rodríguez-Fraile. El postrero tanto alemán sólo sirvió para poner la pizca de emoción que necesita todo gran partido, y los chicos de Santisteban pudieron celebrar el pase a la final y la clasificación directa para el Mundial sub'17.

Hay una teoría en este tipo de campeonatos (y no sólo en el fútbol) que hace que los entrenadores suelan recelar cuando les toca enfrentarse por segunda vez a un rival al que ya vencieron en una fase anterior. Se dice que entran en juego la relajación de unos y las ganas de revancha de los otros, y que no es nada infrecuente que la víctima acabe convirtiéndose en verdugo. La realidad es que hay ejemplos para todos los gustos, unos que reafirman dicha teoría y otros que la desmontan, pero imagino que a Juan Santisteban no le haría mucha gracia tener que jugarse el título ante Austria, que había logrado el pase en una agónica tanda de penaltis ante Suiza. Tras haber derrotado a Alemania en semifinales y haber vencido claramente a los austriacos en la fase de grupos, la selección española tenía que asumir el papel de favorita indiscutible y eso, a estas edades, puede que pesara en las piernas y en la cabeza de nuestros chavales cuando saltaron al estadio de la pintoresca localidad germana de Celle. El partido discurrió con dominio español, aunque inmerso en una batalla física que favorecía a los centroeuropeos. Las ocasiones llegaban con cuentagotas pero ni el pichichi Camacho ni la pareja de arietes madridistas ni su compañero Corona fueron capaces de batir la meta rival, y por momentos parecía que la maldita teoría iba a sumar aquel 10 de  mayo un nuevo punto a su favor. Con empate a cero se llegó al final del tiempo reglamentario y de la prórroga, y hubo que recurrir a los lanzamientos desde los once metros para dilucidar quién levantaría el trofeo continental. Pero ahí emergió la figura del benjamín del equipo, el guardameta Iker Casillas, que detuvo el quinto y último penalti de una tanda hasta entonces sin fallo para tirar por tierra esos malos augurios y comenzar a inscribir su nombre en la mente de los aficionados. Era el cuarto entorchado en categoría sub'16 para España, y el primer título de una larga lista para el chaval de Móstoles. Él acabó llegando a lo más alto; la mayoría de sus compañeros, como ya les advertía Julio César Iglesias en El País el día después de la final (y como desgraciadamente comprobamos en aquella entrada sobre el Mundial que disputaron), terminó viendo cómo eran otros los que jugaban los partidos del siglo de cada semana. El orgullo de ganar un Europeo, eso sí, jamás se lo quitará nadie.

sábado, 30 de mayo de 2009

2001, Europeo sub'16: Ha nacido un Niño

Si hay una categoría en la que España sea clara dominadora a nivel europeo, ésa es sin duda la actual sub'17. Los Campeonatos de Europa sub'17 se celebran anualmente desde 1984 y son, por edad, los primeros torneos oficiales de selecciones nacionales, la primera oportunidad para ver competir internacionalmente a los jugadores más jóvenes y prometedores del planeta, y está claro que a los cadetes españoles les gusta dejarse ver. Desde la primera edición del Europeo (año 1982), cuando éste nació en categoría sub'16, hasta el último campeonato celebrado hace un par de semanas en Alemania, nuestros chavales han levantado el trofeo continental nada menos que en 8 ocasiones, más que ningún otro país. Y de esos 8 títulos, 6 se han conseguido bajo la sabia batuta del gran Juan Santisteban. Nuestra cantera siempre (o casi siempre) está ahí, ya que en otras 4 ocasiones se fueron a casa con el amargo sabor del subcampeonato y 5 veces más quedamos apeados en semifinales. El balance es poco menos que espectacular.

Desgraciadamente, los internacionales sub'17 acaban desapareciendo del panorama futbolístico con mucha facilidad. Muchos de los jugadores que destacan a edades tan tempranas luego ven como su evolución se estanca por múltiples motivos: una lesión, un deficiente desarrollo futbolístico posterior, la explosión más tardía de otros chavales o incluso aspectos extradeportivos hacen que no sean muchos los que consigan dar el salto y desarrollar una carrera profesional al más alto nivel. Por ejemplo, del Europeo de 1999, conseguido unos pocos días después del éxito de la sub'20 en Nigeria, sólo los nombres de Pepe Reina, Mikel Arteta o Fernando Navarro son reconocibles por el gran público, aunque otros como Parri o Corrales hayan llegado también a Primera. Pero la generación de 1984, que disputó el Campeonato de Europa sub'16 en 2001, es otra historia. Historia que, por supuesto, merece ser contada.

Y no es fácil hacerlo, ya que la UEFA sólo nos muestra datos completos de sus competiciones de base desde 2002 y la atención de los medios por estos campeonatos aparece sólo cuando se alcanzan los últimos partidos (y no siempre). No obstante, comencemos. El de 2001 era el último Europeo que se celebraba en categoría sub'16 ya que, siguiendo recomendaciones de la FIFA, la UEFA había decidido adoptar las categorías FIFA para sus competiciones continentales (así, en 2002 el Campeonato sub'16 pasaría a ser sub'17 y el sub'18 se convertiría en sub'19). Se mantenía el formato establecido en 1993 para hacer de este torneo sub'16 una réplica de la Eurocopa absoluta, por lo que a la cita de 2001, que se celebró del 22 de abril al 6 de mayo en varias ciudades del centro y nordeste de Inglaterra, acudieron 16 selecciones. España quedó encuadrada en el Grupo A junto a Rumanía, Bélgica y Alemania, selección que teóricamente debería acompañarnos a cuartos de final, y disputó los 3 partidos de esta primera fase en la pequeña localidad de Durham, de unos cuarenta mil habitantes y situada a unos 30 kilómetros al sur de Newcastle. En el humilde New Ferens Park, los pocos aficionados que se acercaron a ver el debut español contra los rumanos descubrieron a una selección llena de calidad que estaba llamada al éxito y, entre todos sus jugadores, a dos que se entendían a las mil maravillas: un pequeño centrocampista de aspecto enfermizo al que nadie parecía poder arrebatarle el balón y un espigado y pecoso delantero capaz de realizar maniobras inverosímiles, y que atendían a los nombres de Andrés Iniesta y Fernando Torres. Con la inestimable ayuda de compañeros como Moyá, Miguel Flaño, Melli o Gavilán, entre los dos se bastaron para superar con facilidad a Rumanía (3-0) y golear a Bélgica (5-0). El último partido ante los alemanes parecía un trámite, pero un tempranero gol germano complicó las cosas. Alemania se dedicó a defender con todo y a no dejar que España desarrollara su juego, interrumpiendo el juego con continuas y peligrosas entradas que tenían un claro objetivo: parar a Iniesta a toda costa. Y a fé que lo consiguieron, pues el albaceteño tuvo que retirarse lesionado a 10 minutos para el final con los ligamentos dañados. El Europeo se había acabado para él, y poco importó el segundo gol teutón. España pasaba a cuartos gracias a la diferencia de goles con Bélgica pero perdía a uno de sus mejores jugadores. La única nota positiva era que en cuartos se evitaba al anfitrión Inglaterra, aunque a costa de tener que enfrentarse a Italia.

Era el momento de que alguien asumiera las responsabilidades en el equipo, y ese fue Fernando Torres. Formando pareja de ataque con Diego León (por entonces de características similares a Iniesta, aunque luego las lesiones, la política de cantera del Real Madrid y sus propias decisiones le apartaron de la élite), el de Fuenlabrada creció en todos los aspectos hasta erigirse en el líder del grupo. Su temporada había comenzado en diciembre, tras recuperarse de una grave lesión de rodilla, por lo que estar en aquel Europeo ya era un premio, pero asumió los galones y siguió goleando (ya llevaba 3 goles en 3 partidos). De alguna manera, para él la fase eliminatoria sería también premonitoria: en su primera visita a un estadio Premier (el Stadium of Light, de Sunderland) hizo el tanto del empate ante los transalpinos (España pasó en los penaltis, donde Torres también anotó su lanzamiento) y anotó otros 2 más en el Riverside de Middlesbrough que sirvieron para doblegar a Croacia en semifinales (3-0). Cómo imaginar entonces que algún día convertiría los campos ingleses en su lugar de trabajo habitual. Guiados por la estrella rojiblanca, los nuestros se conjuraron para dedicarle el título a Iniesta y también a Gorka Larrea, delantero de la Real Sociedad lesionado ante los italianos.

Pero la final de Sunderland no sería nada fácil, ya que enfrente estaría una temible selección francesa que llegaba después de apabullar a todos sus rivales, con 17 goles marcados y sin recibir ninguno. La última exhibición, un 4-0 ante Inglaterra, les situaba como claros favoritos y había despertado el interés de muchos clubes en su pareja atacante formada por Florent Sinama-Pongolle y Anthony Le Tallec, que tras el torneo firmarían por el Liverpool. Sin embargo, el cuadro de Santisteban planteó un partido muy serio, con el equipo replegado para maniatar el juego francés y aprovechar al máximo las potentes arrancadas de Torres, quien a los dos minutos ya estuvo a punto de inaugurar el marcador, aunque falló por poco. Luego el partido entró en una dinámica de domino francés que se prolongó hasta el descanso, aunque sin que Moyá tuviera que intervenir. Los segundos cuarenta minutos vieron un resurgir español, con más presencia ofensiva hasta que a Diego León le aguantó el fuelle. Se pasó de nuevo al dominio de Francia, mucho más entera físicamente, pero entonces llegó el milagro. En su enésima cabalgada solo contra el mundo, Torres cayó en el área y el árbitro inglés Andy D'Urso señaló los once metros. El propio Fernando se encargó de lanzar el penalti y su fuerte disparo se coló junto a la cepa del poste, haciendo inútil la buena estirada del meta galo (ver gol). Quedaban 5 minutos para el final pero ése no era el día de Sinama y Le Tallec sino el de Fernando Torres, que robó todo el protagonismo a los flamantes fichajes "reds" marcando el gol decisivo, alzándose con el título de máximo goleador y siendo declarado Mejor Jugador del torneo. Semanas después, Torres debutaría en Segunda con el primer equipo rojiblanco, convirtiéndose enseguida en un ídolo para una hinchada huérfana de símbolos sobre el césped, y con el tiempo acabaría llegando a lo más alto del escalafón futbolístico, triunfando incluso donde fracasaron sus rivales de aquel día, ante la fervorosa afición de Anfield. Pero para eso quedaban seis largos años. Aquella tarde de mayo sólo intuíamos que había nacido una estrella.