Transcurrían los primeros meses de 2009 y, después de una temporada leyendo y comentando textos de otros, llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de abrir mi propio blog sobre fútbol, pero no acababa de decidirme. Era la época del primer boom de los parabólicos, jóvenes expertos en fútbol internacional y aspirantes a periodistas (a veces las dos cosas) que lo mismo te explicaban de dónde le venía el nombre al "Boxing Day" que te hablaban de la última perla surgida de la prolífica cantera eslovaca. Ante la inigualable dedicación mostrada por esos entusiastas con televisión de pago en casa (y, en no pocos casos, sin ninguna obligación laboral), y aplicando por primera y tal vez última vez en mi vida algo de la visión de negocio que se le supone a un licenciado en Administración y Dirección de Empresas, me lancé a buscar un campo de expertise inexplorado, un tema del que nadie estuviera escribiendo y sobre el que yo pudiera aportar algo de valor. Y, ante la proximidad de una efeméride importante, decidí adelantarme a lo que erróneamente consideré que sería un aluvión de artículos y publicaciones sobre el Mundial sub'20 conquistado por España diez años antes... en Nigeria, claro, de ahí la originalidad del título.
domingo, 26 de marzo de 2023
Punto final
¿Por qué Nigeria 1999? Bueno, en aquel 1999 tenía yo casi quince años y, aunque probablemente ya era consciente de que mis dotes futbolísticas no me llevarían nunca a ninguna selección, todavía me ilusionaba viendo a chavales poco más mayores que yo defendiendo los colores de España en torneos internacionales. Para mí, esos campeonatos eran igual de importantes que los de categoría absoluta y, como TVE solía retransmitirlos casi todos, los seguía con mucho más interés del que probablemente fuera recomendable. Si a esa pasión personal adolescente le sumamos el triunfo final de España, obtenemos como resultado unos recuerdos registrados con nitidez y precisión casi absolutas, y que decidí volcar en la red como mi gran contribución al aniversario del título. Además, en esa selección estaban Iker Casillas, Xavi Hernández y Carlos Marchena, que diez años después eran fijos en las convocatorias de la reciente campeona de Europa absoluta y principal candidata a ganar el Mundial de 2010, y me parecía evidente pensar que algo habría tenido que ver esa experiencia juvenil en sus éxitos contemporáneos. ¿Y quién mejor que yo, que recordaba aquella convocatoria y los siete partidos al dedillo, para contar dónde y cómo empezó todo?
Así, el 10 de abril de 2009 nacía públicamente "Recuerdos de Nigeria" con tres breves artículos de presentación del propio blog, de los 18 jugadores convocados por Iñaki Sáez para esa cita, y del campeonato en sí. En los siguientes días publiqué crónicas de los tres partidos de la primera fase contra Brasil, Zambia y Honduras, redactadas a partir de mis recuerdos de quinceañero y de las crónicas profesionales rescatadas de las hemerotecas digitales de los diarios El Mundo y El País, que por entonces eran libremente accesibles, y Mundo Deportivo. Y el día 15 empecé el repaso a las eliminatorias, publicando las crónicas exactamente 10 años después de la celebración de cada uno de los partidos de octavos, cuartos y semifinales. Esta había sido, de hecho, la idea original para todo el torneo, pero cuando quise ponerme en serio ya iba con una semana de retraso. Así era (y así soy) yo.
La recepción fue... bueno, la esperable, supongo. Sabía que el blog no iba a sufrir una avalancha de visitas desde el primer día, pero confiaba en que, poco a poco, a la gente le fuera picando la curiosidad, y sobre todo en que todo explotaría de algún modo el día 24, cuando se cumplieran los 10 años del título. Totalmente ausente de las redes sociales de la época y, por tanto, sin una red de contactos que explotar, para publicitar mi obra me limité a ir dejando enlaces en mis comentarios en los blogs de Áxel Torres y Ramón Trecet en marca.com, en el "Futbolitis" que Marcos López había conseguido llevar a Terra, y en otros de menor impacto pero que me parecían de buena calidad. Como apenas llevaba unos meses visitándolos y comentando con asiduidad, tampoco en esas bitácoras era el mío un nombre reconocido. Nadie aguardaba con interés mis aportaciones, y a ojos de los usuarios más veteranos mis mensajes no se diferenciarían mucho de los de otros arribistas con ánimos puramente propagandistas. De hecho, solo un usuario, el añorado "go to sudáfrica", un entrenador asturiano que se dedicaba a analizar en su blog homónimo todos los grupos de clasificación para el Mundial de todas las confederaciones, tuvo la gentileza de devolverme la visita y el comentario durante esas dos primeras semanas de vida del blog. Seas quien seas y estés donde estés, gracias.
El 24 de abril de 2009 publiqué la crónica de la final de aquel Campeonato Mundial Juvenil; para mi sorpresa, la redonda conmemoración de los 10 años del primer título mundial para el fútbol español no tuvo un gran eco ni en los medios tradicionales ni en la pujante blogosfera. Pese a redoblar mis esfuerzos publicitarios, aquel día solo recibí un comentario de otro pescador de visitas para su propio blog. Al parecer, pocos en España le daban valor al título que, en mi opinión de aquel entonces, había supuesto el pistoletazo de salida para la conformación del equipo nacional que en esas fechas era sin discusión el mejor del mundo, y que siguió siéndolo en los años posteriores. Es duro enterarse así de que el tema que tan seguro estabas de que te comportaría fama y éxitos en realidad no le importa a nadie.
Pero, en realidad, a alguien sí le seguía importando. En mi tierna e imperdonable ignorancia, ni siquiera sabía que existía la opción de recibir notificaciones de Blogger, por lo que no me llegaban al correo los avisos de nuevos comentarios: publicaba un artículo, lo movía por mi media docena de sitios de confianza, y me dedicaba a actualizar la página cada cierto tiempo esperando ver algún comentario nuevo, pero nunca se me ocurrió comprobar si alguien comentaba en las entradas anteriores. Ingenuamente, creía que la gente solo dejaría su aportación en la entrada más reciente, y de hecho así solía ser. Pero no siempre: Paco Grande, el periodista de TVE que había acompañado a aquella selección y narrado sus partidos desde Nigeria, había encontrado el blog en una nostálgica búsqueda de contenido sobre aquel triunfo de diez años atrás, y había decido escribir unas amables líneas en la crónica del España-Ghana de cuartos de final, aprovechando que allí citaba su nombre al recordar los cortes que se produjeron durante la retransmisión y por los que no pudimos ver en su totalidad, aunque sí oír, aquella tanda de penaltis. Supongo que no ver de inmediato aquel comentario era lo apropiado, a su manera.
En fin. Ajeno a esa visita, y sobreponiéndome a la decepción por la casi nula repercusión del blog en su día más señalado, decidí seguir adelante: el trabajo de investigación ya estaba medio hecho, había redescubierto que escribir me gustaba y, secretamente, aún albergaba la convicción de que conseguiría que el país entero se diera cuenta de su error y valorase justamente lo logrado por tantas generaciones de futbolistas juveniles, esos mismos a los que entonces idolatraban. Por eso, tras los preceptivos artículos sobre la trayectoria de los 18 campeones y de otros futbolistas destacados presentes en aquella primavera nigeriana, comencé el repaso a otros torneos de categorías inferiores en los que España cuajó un gran papel y por los que aparecieron nombres que en 2009 ya estaban consolidados en la absoluta o luchaban por hacerse un hueco en la lista que Vicente del Bosque llevaría a Sudáfrica el verano siguiente.
Estaba en medio del repaso al Mundial sub'20 de Países Bajos 2005 cuando, el 24 de julio de 2009, exactamente tres meses después de haber sido escrito, vi al fin aquel comentario perdido de Paco Grande. Tirándome de los pelos por mi incompetencia para gestionar un simple blog, y aunque supuse que él nunca más volvería a visitar estas páginas, le contesté con otro comentario solicitándole una entrevista, y seguí con lo mío.
En serio, algún día debería dejar de suponer cosas.
Con un ritmo de publicación de dos o tres artículos por semana, a finales del verano de 2009 ya no quedaba por repasar ningún torneo disputado dentro de los diez años anteriores. Así que realicé un seguimiento "en vivo" del Mundial sub'20 de Egipto, y luego del sub'17 de Nigeria. Y ahí se produjo la magia: Paco Grande volvió por estos lares y aceptó mi petición de entrevista, que publiqué una vez acabó ese torneo. Ese fue, al menos en lo personal, el punto culminante del blog, y el que marcó su futuro por mi propia indecisión y falta de valentía para aprovechar la oportunidad y lanzarme a por todas: Paco me sugirió que realizara una serie de entrevistas a los seleccionadores juveniles, pero no me vi capacitado para molestar a aquellos hombres ya veteranos. O, siendo más fieles a la realidad, no me atreví a hacerlo: si bien en mi trabajo de aquel entonces podía organizarme en los ratos muertos para escribir artículos en secreto y enviar y recibir cuestionarios por email, no podía tomarme la libertad de reservar una hora para entrevistar a alguien por teléfono, y hacerlo fuera del trabajo hubiera implicado tener que confesar a mi familia lo que estaba haciendo en realidad en mis horas de trabajo, una conversación a la que, por circunstancias que no vienen al caso, no estaba dispuesto a enfrentarme. Suena tan estúpido e inmaduro como parece, y la cosa quedó ahí... aunque aún hoy sigue acompañándome.
Tomándomelo ya con más calma, empecé a repasar otros campeonatos celebrados antes del triunfo de 1999. Por suerte o por desgracia, de esos no había tantos y la vida me iba llevando ya por otros caminos, así que las publicaciones se fueron espaciando en el tiempo, más o menos como la presencia destacada de las selecciones españolas masculinas en esos torneos de categorías inferiores. Ganamos el Mundial de verdad, desembarqué en Twitter y fui escribiendo para otros blogs corales, hoy ya extintos en su mayoría, usando en ocasiones los conocimientos adquiridos durante la creación de esta bitácora y logrando por el camino otro par de entrevistas muy interesantes, las de los exfutbolistas Luis Martínez y Leo Bermejo. Pero, aunque tenía un puñado de fieles y agradables seguidores, era evidente que el interés y alcance del blog eran muy limitados, y "Recuerdos de Nigeria" se fue apagando poco a poco.
En 2014, coincidiendo con el decimoquinto aniversario de la cita nigeriana, reescribí y completé el blog en una serie de artículos más y mejor documentados para la revista virtual "Cuadernos de Fútbol" que publica el CIHEFE (serie a la que luego se sumaron otros artículos sobre el resto de participaciones españolas en los mundiales sub'20), y luego Borja García, otro gran tipo al que conocí en Twitter y que cubrió aquel mundial juvenil para el diario As antes de abandonar el periodismo, le insufló un último aliento de vida al blog con un par de artículos recordando su experiencia. Luego, todo fue quedando atrás. Poco a poco dejé de escribir en todos los sitios, cerré hasta mi cuenta tuitera, y me dediqué a mis labores.
Pero desde hace tiempo creo que este camino merecía algo más que un final abierto y abandonado. Un cierre oficial que llega hoy, ocho años después de su hora. ¿Ha tenido algo que ver que Bojan Krkic, imagen de cabecera del blog desde que Toni8 tuviera a bien diseñar ese banner, acabe de anunciar su retirada? Pues seguramente.
Sé que en alguna parte queda un libro por escribir. Sigo pensando que ese torneo tiene que importarle a alguien más que no estuviera allí, que a alguien le interesará saber más sobre un torneo complejo a todos los niveles en el que un puñado de juveniles españoles campeonaron sobreponiéndose a circunstancias que solo ellos saben y que, tal vez, podrían animarse a contar. Sobre todo ahora que cualquier excusa parece válida para publicar un libro sobre fútbol o sus alrededores. Quiero creer que sí. Puede que alguien lo haga algún día, quizás incluso el año que viene, aprovechando que se cumplen 25 años del evento. Puede que alguien cuente también lo poco que han ganado las selecciones masculinas españolas desde que dejé de actualizar el blog, y que pida explicaciones a quien corresponda por el hecho de que España lleve desde 2013 sin aparecer por un Mundial sub'20 masculino. O puede que alguien decida empezar un "Recuerdos de Uruguay" y cuente lo mucho que han ganado en este tiempo las selecciones femeninas: entre otras cosas, lo que ellos nunca pudieron, el Mundial sub'17, y encima por duplicado. Ojalá. El fútbol, la blogosfera, las redes sociales, han cambiado mucho en estos catorce años. Yo también, o puede que no tanto: ese libro, esos blogs, no los escribiré yo. Casi seguro.
En fin, que esto se acaba aquí. Pero, si os apetece, aquí mismo podéis ver aquel España-Japón del 24 de abril de 1999 íntegro y con los comentarios de la tele japonesa, al menos hasta que YouTube así lo quiera. Gracias a todos por venir alguna vez, y disfrutad recordando mientras os aguante la memoria.
domingo, 22 de marzo de 2015
1997, Mundial sub'20: Gris anonimato
Puede que el Mundial sub’20 de Qatar se cerrara de manera decepcionante para España, pero aquel año 1995 sí acabó marcando un hito en la historia de nuestro fútbol juvenil: por primera vez desde que la UEFA empezó a organizar el torneo allá por 1955, la selección española se proclamó Campeona de Europa sub’18. Debido a las peculiaridades del formato, forzadas por el progresivo aumento de naciones participantes, España no empezó su camino hacia el título continental juvenil hasta pocas semanas después del Mundial de Qatar, cuando superó a Rumanía y Ucrania en una ronda previa disputada en Palencia en el mes de mayo. En ese triangular jugaron varios de esos chavales que se habían hecho famosos para el gran público en el reciente torneo sub’20, como César, Mingo, Roger, Toni Velamazán o Joseba Etxeberria; aunque luego Goikoetxea sólo se llevó a los dos primeros a la fase final de Grecia en el mes de julio, con futbolistas de la talla de Rufete, Iván Ania, Miguel Ángel Angulo, Guti, Diego Ribera o Carlitos Domínguez la selección española no tuvo problemas para batir sucesivamente a Hungría (2-1), Turquía (3-0), Países Bajos (2-1) e Italia, a la que derrotó por un contundente 4-1 en la gran final con un triplete del sevillista Carlitos. Cuarenta y un años después, una generación de juveniles españoles podía presumir de ser la mejor de Europa. Algo empezaba a cambiar.
La siguiente temporada, en la que estaba en juego la clasificación para el Campeonato Mundial Juvenil de Malasia 1997, arrancó con una serie de amistosos en Italia y Austria cuyos resultados dejaron bastantes dudas sobre el futuro de la nueva generación, que perdió contra Italia, Francia y Alemania y sólo pudo superar a la selección austriaca. Por suerte, las cosas mejoraron en los partidos oficiales. En la primera fase previa del Campeonato de Europa, en octubre de 1995, los de Goikoetxea viajaron a Eslovaquia para medirse en un triangular a la selección local y a Ucrania. Una victoria por 2-1 sobre los ucranianos y un 0-0 ante los anfitriones bastaron para certificar el pase a la siguiente ronda, una eliminatoria a ida y vuelta contra Noruega que se disputaría entre abril y mayo de 1996. Con el rodaje adquirido en la “Copa del Atlántico” grancanaria y el “Memorial Paolo Valenti” en tierras italianas, España no tuvo problemas para superar a los nórdicos (3-1 en la localidad oscense de Monzón y 0-4 en Oslo) y obtuvo su billete para la fase final del Europeo sub’18.
Como era y sigue siendo habitual, el torneo se disputó a finales de julio, en esa ocasión en Francia y Luxemburgo, y, como sucediera en 1993, cuando expiró el contrato de Chus Pereda, España no contó en esa fase final con el seleccionador que había logrado la clasificación. El contrato de Andoni Goikoetxea finalizaba el 31 de julio de 1996 pero Javier Clemente decidió finiquitar a su ayudante un mes antes, tras la eliminación en la Eurocopa de Inglaterra, a raíz de unas declaraciones en las que Goiko se quejó del ostracismo al que se veía sometido en su trabajo. Responsable máximo de todas las categorías de la selección, en los últimos meses Clemente había asumido un mayor protagonismo en los equipos que teóricamente estaban a cargo de su segundo, como la sub’21, a la que el seleccionador absoluto dirigió en la fase final del Europeo celebrada en Barcelona en el mes de mayo, y la olímpica, cuya lista de convocados para los Juegos de Atlanta fue anunciada directamente por Clemente sin contar con Goikoetxea. Detalles que, unidos a las tensiones surgidas durante la concentración de la Eurocopa, aceleraron el adiós de un Goikoetxea que ya había anunciado su intención de buscarse un banquillo en algún club cuando acabaran los Juegos Olímpicos.
| El equipo español que compitió en el Mundial sub'20 de Malasia 1997 (Marca, 16/06/1997) |
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sábado, 24 de enero de 2015
1991, Mundial sub'20: El final de una era
Poco más de tres meses después de que su selección conquistara el Campeonato Mundial Juvenil de Arabia Saudita 1989, Portugal era designada sede de la siguiente edición. La candidatura lusa fue la elegida por el Comité Ejecutivo de la FIFA entre las de una docena de países, siendo la de España una de las derrotadas. Los bajos costes de organización (Coca-Cola seguía ocupándose de sufragar las estancias de las selecciones) y la cada vez mayor repercusión televisiva del evento despertaban el interés de muchas federaciones, pero la FIFA seguía prefiriendo naciones que no hubieran albergado ningún Mundial absoluto, un criterio del que únicamente se había apartado en 1983, cuando quiso llevar el campeonato juvenil a la CONCACAF y sólo encontró las candidaturas de México y Guatemala. Por tradición futbolística, tamaño y fechas, la portuguesa era la mejor alternativa; además, su elección suponía un premio añadido al título conseguido por Portugal en Arabia Saudita, que había generado un grandísimo impacto entre la afición de nuestro país vecino. Y como en el Mundial sub’16 de ese mismo 1989, en Escocia, los más jóvenes también habían protagonizado una brillante actuación al acabar terceros, en Portugal confiaban en que esa nueva generación repitiera triunfo en casa.
Perdida la opción de clasificarse automáticamente como país anfitrión, España tuvo que concentrarse en el difícil camino hacia el Mundial juvenil, que había arrancado ya en noviembre de 1988 con el primer partido de clasificación para el Campeonato de Europa sub’18 de 1990. Tras las victorias iniciales ante Dinamarca (4-2) y Austria (1-2), se perdió en la visita a los daneses (2-0), pero la igualdad entre los demás rivales no penalizó ni ese tropiezo ni el posterior empate en casa contra Rumanía (0-0). España sumó dos nuevas victorias frente a Austria (3-1) y Rumanía (1-3) y lideró el grupo con nueve puntos, por los seis de Dinamarca y Rumanía y los tres de Austria.
A finales de julio de 1990, España viajó a Hungría para disputar la fase final del Campeonato de Europa sub’18. Seguía vigente el formato de eliminatorias directas desde cuartos de final, por lo que ganar el primer partido ante Irlanda significaba garantizarse una de las cinco plazas europeas en el Mundial sub’20 de Portugal 1991 (la sexta era, lógicamente, para el país anfitrión). No tuvo España excesivos problemas para conseguir su billete: aunque no pudieron abrir la lata irlandesa hasta la segunda parte, los de Pereda se hicieron con una fácil victoria por 3-0. En semifinales esperaba precisamente Portugal, cuya buena actuación en el Europeo confirmó que llegaría a su Mundial como una de las grandes favoritas. Con varias bajas en defensa, España se mostró muy insegura y no pudo levantar el 1-2 con el que se llegó al descanso. El Campeonato de Europa juvenil seguía siendo inaccesible para la selección española, que sumaba ya más de treinta y cinco años sin conquistar el título. Al menos, pudo despedirse de esa edición con una victoria por 1-0 ante Inglaterra en el partido por el tercer puesto. Por segunda ocasión consecutiva, la URSS se proclamó campeona de Europa sub’18 al derrotar a Portugal (esta vez en los penaltis), mientras que Suecia e Irlanda completarían la representación del Viejo Continente en el Mundial juvenil de 1991.
| Parte de la plantilla de España para el Mundial sub'20 de Portugal 1991 (Marca, 14/06/1991) |
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martes, 23 de diciembre de 2014
1989, Mundial sub'20: Fiasco en Arabia
Tras el brillante e inesperado subcampeonato alcanzado en la URSS 1985, la selección española volvió a faltar a la siguiente cita mundialista sub’20. El Campeonato de Europa sub’18 había cambiado de formato tras la edición de 1984, pasando a celebrar sus fases finales cada dos años y con sólo ocho equipos en lugar de dieciséis, que además se tendrían que jugar el título continental en formato de copa desde cuartos de final. La clasificación, por tanto, se hacía mucho más complicada, y España sufrió pronto esa nueva dureza. Encuadrada en la liguilla de clasificación con Luxemburgo, Francia y Yugoslavia, la selección española juvenil acabó tercera de grupo y quedó fuera del torneo. Pese a que por aquellas convocatorias desfilaron jugadores de la talla de Villarroya, Rafa Alkorta, Nando, Cristóbal Parralo, Guillermo Amor, Juan Carlos Mandía o Santi Aragón (además de algunos subcampeones mundiales como Unzué, Ferreira, Lizarralde, Nayim o Losada), la falta de cohesión de un grupo que cambiaba mucho de un partido a otro y la fortaleza de los rivales dejaron a España muy lejos de cualquier opción mundialista.
Fue precisamente Yugoslavia, que lideró el grupo clasificatorio pero sólo pudo acabar quinta en ese Europeo de 1986 (que ganó la República Democrática Alemana), la que un año más tarde inscribiría su nombre con letras de oro en el palmarés de los mundiales juveniles. En Chile 1987, los Robert Prosinecki, Predrag Mijatovic, Davor Suker, Zvonimir Boban, Robert Jarni, Dubravko Pavlicic, Branko Brnovic o Igor Stimac escribieron una de las páginas más memorables de los campeonatos sub’20, con una victoria que la guerra les impediría intentar reeditar unidos en categoría absoluta.
Para cuando Yugoslavia ganaba el título mundial en Chile, la nueva selección española sub’18 ya había encarrilado su presencia en la siguiente fase final del Europeo juvenil, la de 1988. En un grupo en el que también figuraban Luxemburgo y Malta estaba claro que todo se iba a decidir en los duelos directos entre España e Italia, y los de Pereda habían golpeado primero al derrotar a los transalpinos en su casa por 0-1 en marzo de 1987. Los demás choques se resolvieron por goleada (0-4 y 7-0 a Luxemburgo y 6-0 a Malta) antes de recibir la visita de Italia en el mes de noviembre. Con otra victoria por la mínima, España se aseguró el liderato y cerró la fase previa con un intrascendente 0-2 en Malta y un imponente registro de seis victorias en seis partidos, con veintiún goles a favor y cero en contra.
La fase final del Campeonato de Europa sub’18 se disputó a finales del mes de julio de 1988 en Checoslovaquia. Había seis plazas en juego para el Mundial de Arabia Saudita 1989, de modo que vencer en cuartos de final garantizaba la clasificación; en caso de derrota, aún quedaría una última opción en un partido contra otro de los eliminados.
| Alineación de España en el Mundial sub'20 de Arabia Saudita 1989 (extraída del Informe Técnico oficial del campeonato) |
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jueves, 20 de noviembre de 2014
1985, Mundial sub'20: Un equipo para la Historia
Después de haber sido la única selección europea que conseguía disputar los tres primeros mundiales juveniles, España falló en la cuarta cita. En el Campeonato de Europa sub’18 de 1982 el equipo de Pereda no fue capaz de sumar ningún punto ante Bulgaria, Polonia y Bélgica, por lo que los Juan Carlos Ablanedo, Ricardo Serna, Eloy Olalla o Miguel Pardeza no pudieron viajar a México el verano siguiente. Allí, Brasil obtendría su primer título mundial sub’20 gracias a la actuación de hombres como Jorginho, Dunga o Bebeto, aunque el mejor jugador y máximo goleador fue Geovani Silva, que luego tendría una buena carrera pero no tan destacada como la de algunos de sus compañeros. Otros futuros grandes futbolistas presentes en aquel campeonato fueron Marco van Basten, Toni Polster, Luis Islas, Óscar Dertycia, Rubén Sosa, José Luis Zalazar, Tab Ramos o Wilfred Agbonavbare, por citar algunos de los más conocidos para los aficionados españoles. Con más de un millón de personas en las gradas, el de México 1983 fue un gran Mundial sub’20 en todos los aspectos.
La no clasificación de los juveniles para ese campeonato fue un pequeño jarro de agua fría para un fútbol que estaba a punto de recibir un mazazo aún mayor. En lo que nos ocupa, el fiasco de España’82 supuso el nombramiento de Miguel Muñoz como nuevo seleccionador absoluto pero no implicó más cambios en el organigrama técnico de la Federación Española, por lo que Jesús Pereda se mantuvo al frente de la sub’18. Después de otro irregular papel en el Europeo juvenil de 1983 (tras eliminar a Países Bajos en la ronda previa, se perdió con Inglaterra, se ganó a la URSS y se empató con Escocia para quedar otra vez fuera de la lucha por el título), el Campeonato de Europa sub’18 de 1984 se presentaba como un nuevo examen para el fútbol base español. En el horizonte, el Mundial sub’20 de Chile 1985, primero que acogería Sudamérica.
Llegar no fue sencillo. En marzo, en la eliminatoria de acceso a la fase final del Europeo, hubo que deshacerse de un duro rival: Francia. Tras perder por 1-0 en la ida, disputada en la localidad gala de La Rochelle, con un gol en el descuento, en la vuelta en Gijón los juveniles españoles se vieron nuevamente por detrás en el marcador a la media hora de juego. Por suerte, el equipo se rehízo rápidamente y la remontada se culminó en la segunda parte con un gol de Goyo Fonseca. Con el 3-1 final, España obtenía su clasificación para el campeonato a celebrar a finales de mayo en la Unión Soviética.
| Plantilla de España para el Mundial sub'20 de la URSS 1985 (Marca, 16/08/1985) |
jueves, 16 de octubre de 2014
1981, Mundial sub'20: Lo que pudo haber sido y no fue
Mientras Argentina celebraba sobre el césped el título recién conquistado ante la URSS, en el marcador del Estadio Olímpico de Tokio ya se emplazaba a los aficionados para la siguiente edición del Mundial juvenil, a celebrar en 1981 en Australia. Con esta concesión, Joao Havelange cumplía con su promesa de llevar estos campeonatos a todos los continentes que jamás habían organizado un evento FIFA: tras África y Asia, Oceanía completaría el círculo evangelizador iniciado en Túnez 1977. Además, plenamente aceptado por el mundo del fútbol y consolidado en su estructura bienal sub’20, el “Torneo Mundial de Juveniles por la Copa Coca-Cola” cambiaba su nombre y adoptaba una denominación algo más formal: el de Australia sería el primer “Campeonato Mundial Juvenil por la Copa Coca-Cola”.
Podríamos decir que el largo y tortuoso camino a la isla continente empezó oficiosamente para España en noviembre de 1979, apenas dos meses después del Mundial de Japón, en la prestigiosa “Copa Príncipe Alberto” que se celebraba anualmente en Montecarlo en honor del entonces joven heredero monegasco. Tras las primeras pruebas de la primavera, el torneo de Montecarlo sirvió para que Jesús Pereda y José Emilio Santamaría comenzaran a trabajar de lleno con el bloque que debería luchar por su presencia en el “Torneo de Naciones de la UEFA” de 1980, que daría acceso al Mundial sub’20 de 1981.
En Mónaco, pese a contar con jugadores de la talla de Andoni Zubizarreta, Roberto Fernández, Urbano Ortega o Ángel Pedraza, por citar a algunos de los que luego tendrían una carrera más exitosa como profesionales, España acabó en una discreta sexta posición, generando dudas de cara a los compromisos oficiales del año siguiente. Sin embargo, con la incorporación de Jose Mari Bakero y, sobre todo, de José Miguel González Martín del Campo, “Míchel” (al que Pereda usaba en muchas ocasiones como falso delantero centro), ambos de escasos diecisiete años, el equipo mostró claros signos de mejoría en los dos amistosos disputados en casa contra Portugal (2-0) y Rumanía (0-0) a comienzos de 1980. Unas buenas sensaciones que se confirmaron en la eliminatoria de acceso al Europeo juvenil, en la que la selección jugó con brillantez y derrotó sin problemas a Suiza en ambos partidos: 3-0 en Ciudad Real y 0-2 en la encerrona que prepararon los suizos en un minúsculo campo de Altstätten.
| Plantilla de España para el Mundial sub'20 de Australia 1981 (Mundo Deportivo, 01/10/1981) |
miércoles, 17 de septiembre de 2014
1979, Mundial sub'20: España y un Sol naciente
A pesar de todas las dificultades y dudas surgidas en torno a la creación de los campeonatos mundiales juveniles, para cuando el balón dejó de rodar en Túnez casi todo el mundo había asumido ya que el proyecto de Havelange era, en general, una buena idea. Así lo demuestra el hecho de que la FIFA tenía entonces sobre la mesa nada menos que seis candidaturas para albergar la edición de 1979: las de Estados Unidos, Irán, Australia, Japón, Uruguay y Países Bajos. El caso del país europeo era especialmente significativo, ya que la federación neerlandesa era una de las que había respondido negativamente a la invitación inicial que la FIFA había hecho a sus miembros para participar en la primera edición. Dos años después, Países Bajos no sólo quería jugar el torneo, sino que pretendía organizarlo. Su candidatura, sin embargo, tenía poco que hacer en esa carrera, porque la FIFA pretendía seguir llevando su torneo juvenil a países donde el fútbol estuviera prácticamente en pañales.
Eso sí: esta vez también se querían evitar los problemas sufridos en Túnez, así que las propuestas de Japón, Australia y Estados Unidos parecían partir con cierta ventaja, pues eran países desarrollados, con buenas infraestructuras deportivas y hoteleras y capaces de captar más patrocinadores y televisiones para la causa. Finalmente, el 14 de enero de 1978, un día antes del sorteo de la fase de grupos del Mundial de Argentina, el Comité Ejecutivo de la FIFA eligió a Japón como sede del segundo “Torneo Mundial de Juveniles por la Copa Coca-Cola”, que además ampliaba su rango de edad y se abría a jugadores menores de 20 años (se permitió la participación de futbolistas nacidos a partir del 1 de agosto de 1959). Entonces era difícil adivinarlo pero, tras el experimento sub’19 de Túnez 1977, aquel campeonato se acabaría convirtiendo en el espaldarazo definitivo que consagraría a los Mundiales juveniles como un torneo de referencia en todo el planeta.
Y todo porque el país del Sol Naciente alumbró el nacimiento de la que sería la estrella más brillante del firmamento futbolístico durante los siguientes quince años: un pibe argentino que, con el 10 a la espalda, quiso sacarse la espinita de no haber sido incluido en la escuadra definitiva para el Mundial absoluto del año anterior. Sin haber cumplido los diecinueve y con el mismísimo César Luis Menotti en el banquillo, Diego Armando Maradona Franco hizo y deshizo a su antojo para decirle al mundo (y al Flaco) que no había nadie mejor que él. Y el mundo lo vio y tomó nota y, desde entonces, los mundiales juveniles se convirtieron en una especie de dorada California de 1849 a la que aficionados y clubes comenzaron a acudir en masa para intentar descubrir al nuevo crack del futuro. El tiempo acabaría por confirmar que el oro puro suele escasear, pero no resulta descabellado afirmar que, con su deslumbrante actuación en Japón, Maradona hizo más por la promoción de estos campeonatos que Joao Havelange, Harry Cavan, Joseph Blatter (que en 1979 proseguía su meteórica ascensión y ya era secretario del comité organizador del torneo) y el resto de ejecutivos de la FIFA juntos.
Y, aunque su presencia en aquella edición no acabara pasando a la historia como la del “Pelusa”, España también estuvo allí.
| La expedición española que viajaría al Mundial juvenil de Japón 1979 (Fuente: Marca) |
domingo, 13 de julio de 2014
1977, Mundial sub'20: Todo comenzó en Túnez
Cuando en 1974 Jean-Marie Faustin Goedefroid de Havelange llegó a la presidencia de la FIFA, el mundo (también el del deporte) estaba cambiando política y económicamente y el dirigente brasileño supo verlo mejor que nadie. Ya durante su campaña electoral el antiguo nadador olímpico había jugado con éxito la baza que suponía el poder convertirse en el primer presidente no europeo en la historia de la asociación, aglutinando en torno a su figura a muchas federaciones de países tradicionalmente alejados de los centros de poder (muchos de ellos porque su independencia era tan reciente que ni siquiera habían tenido tiempo de entrar en esos círculos). Y, una vez instalado en el sillón de Zúrich, Joao Havelange no tardó en cumplir las promesas realizadas a esas naciones que tan poco habían sido tenidas en cuenta anteriormente, ganándose su fidelidad para muchos años.
Con la ayuda de Horst Dassler, el dueño de Adidas (que había apoyado sin fisuras la candidatura para la reelección de Sir Stanley Rous pero que obviamente no tuvo mayor inconveniente en sumarse al proyecto de Havelange en cuanto el inglés fue derrotado), el brasileño puso en marcha ambiciosos programas de desarrollo futbolístico en países del Tercer Mundo, negoció la ampliación de plazas en los Mundiales para mejorar la representación continental y abrió definitivamente las puertas de la FIFA a las televisiones y casas comerciales, cuyo dinero debía sufragar todas esas inversiones y reformas impulsadas por el nuevo presidente. Coca-Cola fue una de las primeras y más importantes marcas en subirse a la nueva ola y, gracias a su inversión, Havelange pudo poner en marcha otro de sus grandes proyectos: la creación de un torneo mundial de selecciones juveniles, un auténtico campeonato del mundo a imagen y semejanza del absoluto, con unas reglas claras de periodicidad y límites de edad y abierto a la participación de todos los países del globo.
El único precedente de enfrentamientos oficiales entre selecciones juveniles de varios continentes databa de comienzos de los años 50, cuando la FIFA se encargaba de la organización del torneo juvenil europeo y, para las ediciones de 1953 y 1954, había invitado a Argentina. Por eso aquellos campeonatos pasaron a la historia (el de 1954 con victoria española, por cierto) como Mundiales, sin serlo realmente de acuerdo con los estándares actuales. Pero, a partir de 1955, la UEFA asumió la organización del torneo europeo y éste se cerró a participantes foráneos. En aquel tiempo, los elevados costes de traslados y alojamientos y la escasa repercusión mediática y económica de esos campeonatos intercontinentales juveniles hacían inviable su celebración. Sin embargo, veinte años más tarde, el mundo era otro… y la FIFA también.
| Once titular de España, extraído del Informe Técnico Oficial del Campeonato Mundial juvenil de Túnez 1977 |
| Perfil de los españoles convocados (Fuente: Marca) |
jueves, 24 de abril de 2014
15 años de un Mundial: Cuando fuimos campeones (por Borja García)
El Mundial juvenil de Nigeria supuso el
tercer gran éxito del fútbol español hasta la fecha. Tras la Eurocopa de 1964 y
la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona, el triunfo de los
chicos de Iñaki Sáez fue una de las pocas alegrías que nos dio la selección
española por aquellos tiempos. Ahora que se cumplen quince años de aquella
final en el Estadio Nacional de Lagos parece casi increíble la emoción con la
que se vivió el título. Quizás para quienes compartimos aquel mes en África
todo se viera desde dentro de otra manera. Es posible que tampoco fuese para
tanto, no lo sé. Yo me llevé una alegría enorme. Por los jugadores e Iñaki Sáez, que se habían portado de cine, pero también por tantos sinsabores acumulados
tras años de ver a España perder en los momentos importantes. Además, es muy
especial poder dar una vuelta alrededor del estadio con el equipo celebrando el
título. Aquel Mundial tuvo muchos momentos especiales, pero pocos como aquella
alegría.
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| La selección, a su llegada a Madrid (Marca.com) |
Cuando fuimos campeones en Nigeria desde
luego no hubo desfile en autobús descapotable por las calles de Madrid ni el
portero suplente se dedicó a corear los nombres de los héroes, como tras la
segunda gran victoria africana de nuestra selección. Muchas veces los pioneros
no despiertan el interés o la curiosidad que sus discípulos simplemente por el
hecho de serlo. En todo caso, merece la pena detenerse y
recordar lo que fue aquel Mundial. Lo primero que hay que decir es que España
no ganó por casualidad. Fue uno de los mejores equipos del torneo y se proclamó
campeona con autoridad y justicia. ¿Qué hizo a aquel equipo tan especial? Para
mí fue la fuerza del grupo. El dueño de este blog, que se ha atrevido a darme
cobijo a pesar del claro riesgo de perder su bien ganada reputación, ha analizado la composición de la lista de Sáez. Con algunos cambios, aquel grupo
llevaba ya varios años jugando junto. Y además tenía líderes tanto dentro como
fuera del campo. El capitán, respetado por todos, era Pablo Orbáiz. El navarro
no sólo anclaba el centro del equipo por delante de los centrales, sino que
ayudaba a todos a mantener la cabeza fría. Recuerdo que hablé con él un año
después del Mundial cuando sufrió una lesión grave en la rodilla. Me volvió a
impresionar su madurez y su templanza.
| Varela, durante el partido frente a Honduras |
También había futbolistas que aportaban
chispa, claro. La velocidad de Varela sirvió para desatascar varios partidos y
la clase de Barkero fue tan importante como los tantos de Pablo Couñago, el
máximo goleador de la selección y del torneo. Aunque de Pablo me quedaré con su
retranca gallega. Tenía bastante guasa el delantero. En la concentración las
bromas estaban a la orden del día. No nombraremos ‘culpables’ aquí, pero pocos
se libraron.
Al principio yo creo que pocos sabíamos
qué esperar de aquel torneo, quizás influidos por las difíciles condiciones en
que se desarrolló. Por ejemplo, la Federación redujo al mínimo la delegación
española dados los problemas de infraestructura que el país planteaba. Pero la victoria ante Brasil en Calabar en el primer partido supuso una inyección de
moral para todos. El doctor Guillén estaba exultante al volver al hotel. "¿Pero
has visto qué partidazo, Borja?", me insistía.
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| El calor marcó el duelo ante Zambia (Marca.com) |
Pero la clave para mí estuvo en Kaduna. Porque
las primeras semanas todo salió rodado. Demasiado fácil incluso. En la sede de
Calabar, aunque sin lujos, no hubo grandes problemas más allá de las
dificultades para comunicar con España. El hotel era cómodo, la comida decente
y el estadio bien mantenido. Todo fue viento en popa en la primera fase. El equipo
no tuvo casi obstáculos, más allá del fuerte calor del segundo partido jugado a
las 4 de la tarde hora local en Calabar. Tras dos partidos nos trasladamos a
Port Harcourt con un viaje en autobús a través de un paisaje de lo más
pintoresco. Y allí en Port Harcourt, donde se jugó el último partido de laprimera fase y la eliminatoria de octavos de final, todo fueron atenciones para
cualquiera que hablase castellano. El delegado de la FIFA era Borja Bilbao y el
dueño del hotel había vivido en España. Nos trataron muy bien a todos y los
jugadores se sintieron muy a gusto. Tras eliminar a Estados Unidos los dueños
del hotel prepararon una fiesta y la celebración digamos que se alargó
bastante…
Pero cuando todo iba sobre ruedas el
grupo se encontró con los primeros problemas. La lesión de Álvaro Rubio en el
partido contra Honduras fue un pequeño golpe moral, pero la llegada a Kaduna
supuso un croché a la mandíbula del grupo. Creo que la ya conocida historia de
los dos días en un hotel de Kaduna en el medio de la nada es mejor dejarla para
otra ocasión, porque merece espacio por sí sola. El caso es que la expedición
al completo, periodistas incluidos, pasó de la euforia a la dura realidad
africana. Y hubo momentos en que muchos se plantearon si merecía la pena
continuar. Por si fuera poco en cuartos de final esperaba Ghana, una de las
grandes favoritas del mundial que jugaba casi como en casa y a la que, además, la
FIFA había mandado a un hotel mucho mejor.
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| Once titular del choque frente a Ghana |
Y fue allí cuando salió el gen ganador de
aquel equipo. Todos tuvieron que contribuir en menor o mayor medida a levantar
el ánimo de los jugadores. Una arenga de Sáez y Carlos Lorenzana acabó por
convencerlos de que merecía la pena seguir luchando. El resto lo hicieron los
jugadores en el campo. Ellos mismos se convencieron de que igual sí, quizás
podrían hacer historia. Eliminaron a Ghana, en su terreno y después de tener la
eliminatoria casi perdida en la tanda de penaltis.
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| Pablo celebra el 2-0 en la final (Marca.com) |
Son las cosas que tiene el fútbol, pero
tras aquella parada de Casillas que nadie pudo ver por televisión el equipo
nunca volvió a mirar atrás. Se vieron fuertes y creyeron que lo peor ya había
pasado. Luego cayó Mali en la semifinal y, por fin, la cita con la gloria nos
mandó a todos a Lagos, la capital económica del país. Allí, ya en el pequeño
oasis de un complejo hotelero occidental la vida fue mucho más fácil. Por fin
supimos lo que se decía en España de toda aquella convivencia común de casi un
mes. Llegaron las llamadas de las radios, los políticos, las felicitaciones…
Pero aún quedaba un paso, había que derrotar a Japón. No sé muy bien por qué,
pero yo estaba convencido de que iban a ganar. Se lo dije a Iñaki Sáez, que
sólo respondió con una sonrisa y un sorbo al café que estaba tomando. Quizás
fuese la energía positiva que me transmitía aquel grupo, o simplemente las
facilidades que por primera vez teníamos todos para trabajar, pero yo lo tenía
claro. Y no me equivoqué mucho. Cinco minutos le duró Japón a una selección que
venía lanzada desde Kaduna.
Luego
han venido más victorias, pero aquella en Nigeria, cuando fuimos campeones en
1999 superando todo tipo de obstáculos seguirá siendo la más especial para mí.
Como logro deportivo quizás palidezca ante lo conseguido en Sudáfrica, pero
merece la pena recordar lo que aquellos chavales fueron capaces de hacer porque
fue mucho más que un torneo de fútbol.
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Borja García fue el enviado especial del diario AS a Nigeria 1999
15 años de un Mundial: Mis recuerdos de Nigeria (por Borja García)
Yo en otra vida fui periodista. Hasta que me cansé de recibir órdenes incongruentes y de trabajar horas y horas por cuatro duros. Cuando era periodista un día andaba yo enfrascado frente al ordenador y cometí la temeridad de prestarme voluntario para viajar a cubrir el Mundial juvenil de Nigeria 1999. Aún no tengo muy claro por qué lo hice, la verdad. Una decisión que mis jefes acogieron con alivio, no por la calidad del periodista, seamos sinceros, sino porque ningún otro incauto se atrevió. La bronca que me propinó mi madre cuando se enteró del asunto fue de las que hacen época. ¡Cómo se me ocurría irme hasta Nigeria, insensato! Cosas de madres, que siempre se preocupan, ya se sabe.
Aquel Mundial de Nigeria, del que ahora se cumplen quince años, supuso un reto personal y profesional, pero guardo de la experiencia un gran recuerdo.
Yo tuve suerte con mi trabajo porque me permitió viajar con cierta frecuencia, pero nunca fuera de Europa. El de Nigeria era para mí el primer gran reto como enviado especial porque nunca había informado de un gran torneo de naciones. Por si fuera poco, las condiciones no fueron las mejores. Disponer de una conexión a internet fue un lujo y poder hablar por teléfono o enviar un fax a Madrid se cobraba a precio de oro. Claro que peor lo pasó Felipe Sevillano, mi compañero fotógrafo, porque las fotos no se pueden dictar.
Estos días, leyendo noticias, blogs y tuits en internet me he parado a recordar lo que fueron aquellas cuatro semanas en Nigeria en las que vimos a una generación de futbolistas despertar. Un grupo que luego se convirtió el germen de los actuales bicampeones de Europa y campeones del mundo. E Iñaki Sáez sin dimitir…
Lo curioso es que sólo soy capaz de recordar con claridad tres acciones del juego. El gol de Barkero en la final, el penalti parado por Iker Casillas a Ghana y un gol de Gabri en el primer partido ante Brasil. El resto de recuerdos son de las experiencias vividas fuera del campo. Porque aquel Mundial fue algo más que un torneo de fútbol.
Para los nigerianos pretendía ser una prueba de que eran capaces de organizar un Mundial absoluto. No la pasaron, la verdad sea dicha, pero por buena voluntad y amabilidad no fue. Para quienes viajamos desde Europa el torneo se convirtió en una lección continua. A pesar de estar aislados en hoteles de semi-lujo elegidos por la FIFA a modo de jaula dorada, muchos intentamos salir todo lo posible para ver con nuestros propios ojos una realidad que sólo conocíamos a través de la televisión. Hubo momentos en que fue duro. Tan duro como educativo. Sobre todo cuando niños de siete u ocho años te rodean en el mercado y te piden que los lleves a tu país. Yo no supe qué hacer ni qué decir.
Cuando cometí la temeridad de prestarme voluntario pensé que España, a pesar de su buen palmarés en categorías inferiores, no duraría mucho en el torneo. Es lo que tiene haber nacido en los 70. Pero lo que iban a ser un par de semanas, o eso le prometí a mi madre para que se tranquilizara, acabó siendo más de un mes en Nigeria con un grupo de futbolistas españoles y algún que otro periodista despistado como yo. Los jugadores, que despuntaron en el campo, se portaron de cine fuera de él. Iñaki Sáez y los demás responsables de la expedición de la RFEF nos adoptaron como si fuésemos uno más de ellos, lo que convirtió aquel viaje en algo aún más especial. Nunca estaré lo suficientemente agradecido a Iñaki Sáez, Raúl el fisioterapeuta del equipo (sí, el mismo que trató a Iniesta antes de la final de Johannesburgo) o al doctor Guillén por toda su amabilidad y su ayuda. No todos los días le dejan a uno viajar a todas partes en el autobús de la selección. Con ellos fuimos al primer partido contra Brasil. Y a aquel hotel inmundo de Kaduna. Y al Estadio Nacional de Lagos para jugar la final. ¡Y con ellos volvimos tras derrotar a Japón, con el trofeo en el asiento de al lado!
Creo que ninguno nos dimos cuenta de lo que estaba pasando durante aquellas cuatro semanas de locura. Quizás sólo ahora, con el paso del tiempo, puede uno darse cuenta de lo que supuso aquel Mundial. El que empezó a construir la base de lo que vino una década más tarde. Y el que nos permitió a un grupo de afortunados vivir una de las experiencias más enriquecedoras de nuestra vida. Yo, desde luego, no me arrepiento ni lo más mínimo de aquel arrebato de locura que me dio cuando los jefes pidieron voluntarios para viajar a Nigeria.
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Borja García fue el enviado especial del diario AS a Nigeria 1999
martes, 8 de abril de 2014
15 años de un Mundial: La confección del equipo
Dani Aranzubia, Iker Casillas, Pablo Coira, David Bermudo, Francisco Javier Jusué, Carlos Marchena, Álvaro Rubio, Pablo Orbaiz, Gonzalo Colsa, Xavi Hernández, Fran Yeste, Fernando Varela, José Javier Barkero, Gabri García, Álex Lombardero, Rubén Suárez, Pablo Couñago y David Aganzo.
Pero también Gerard López, Mikel Aranburu (*), Juan Francisco Leo Bermejo, Mario Rosas, Gaspar Gálvez, Roberto Rodríguez Durán, Iker Urraka, David Asensio, Sergio Francisco Ramos (*), Dani Mallo, David Sousa, Pedro Vega, Fernando Soriano, Juantxo Elía, Jofre Mateu, Sergio Pelegrín, Miguel Ángel Núñez, Yago Yao Alonso-Fueyo, Koldo Leoz, Carlos Laza, Manu Sánchez, David Cuéllar, Antonio Hidalgo, Moisés Pereiro, Miguel García Tébar, Alejandro Castro "Jandro", Francisco José Cordero "Rubio", Helio Álvarez, Francisco Javier Aguilera y Samuel Baños. Porque en uno u otro momento todos ellos formaron parte de la selección española juvenil que inició el viaje a Nigeria allá por el mes de octubre de 1997, y alguno se quedó realmente cerca de poder terminarlo. En cierta forma, el éxito de los dieciocho elegidos finalmente por Iñaki Sáez es también el de los otros treinta.
En el artículo que publico este mes en "Cuadernos de Fútbol" se encuentran los detalles de la participación real de cada uno de ellos en el proceso de formación del equipo campeón del mundo sub'20 en Nigeria 1999. Un pequeño acto de justicia, al menos para mí, ahora que se cumplen quince años de aquel histórico campeonato.
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(*) Estos jugadores no llegaron a acudir a las concentraciones para las que fueron citados por el seleccionador, pero ¿por qué no incluirlos?.
domingo, 16 de marzo de 2014
15 años de un Mundial: El camino hacia Nigeria
Todo pudo haber acabado antes de empezar en al menos dos ocasiones, y eso debería servirnos para ser conscientes de que la línea que separa el éxito no ya del fracaso, sino del simple olvido, de todo aquello que no pasará a la historia sencillamente por no haber llegado a tener la ocasión de hacerlo, es más que fina y está caprichosamente trazada por el azar, o por los dioses, o por aquello en lo que cada uno crea. Porque también es casualidad, o cruel capricho divino, o vaya usted a saber qué, que precisamente quien evitó en esas dos ocasiones un ingrato adiós prematuro tuviera que decir prematuramente adiós a la cita que haría pasar a la posteridad a aquel grupo de chavales, quedando así su nombre completamente olvidado, como si nunca hubiera tenido nada que ver en esa histórica conquista.
Evidentemente hubo otros compañeros que también ayudaron a salvar aquellas delicadas situaciones (y a que todas las demás fueran por los cauces previstos) y que igualmente se quedaron sin su parte del botín, pero el caso de Gerard López Segú es especialmente doloroso: él rescató dos veces a España cuando todo estaba a punto de irse al traste y él era el llamado a liderar el equipo en el Campeonato del Mundo sub’20 de Nigeria 1999, hasta que un inoportuno encontronazo en Enschede, Países Bajos, apenas un día antes de viajar a Lagos le borró de la lista de embarque y de la gloria. Esa fractura de pómulo sufrida en un partido de la sub’21 debió de dolerle casi tanto como quedarse en tierra con la maleta hecha y las vacunas puestas, aunque tal vez lo más doloroso sea pensar que, de haber estado Gerard en Nigeria, todo hubiera sido distinto: quizás, quién sabe, con Gerard en el campo España no hubiese ganado aquel Mundial sub’20. O tal vez sí. Nunca lo sabremos.
Un Mundial que, por otro lado, tampoco tenía que haber sido en Nigeria, porque el Mundial de Nigeria debería haber sido en 1995, y entonces sí que nada sería lo mismo.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
1991, Mundial sub'17: Un verano en la Toscana
Después de haber celebrado tres
ediciones de categoría sub’16, la FIFA cambió sus normativas de edad y el de
1991 se programó como el primer Mundial de categoría sub’17 de la historia. Ecuador
fue la sede designada inicialmente para acoger el campeonato; por desgracia, a
comienzos de aquel mismo año se desató una epidemia de cólera en Sudamérica que
afectó gravemente a numerosas regiones del país andino y la FIFA se vio
obligada a trasladar el torneo a Europa. Aunque en un primer momento se afirmó
que España sería la sede de emergencia, finalmente el gran éxito organizativo
que había sido el Mundial absoluto de 1990 hizo que Italia fuera el anfitrión
elegido. Superada la crisis sanitaria, Ecuador acogería el Mundial sub’17 de
1995 (curiosamente, en 1995 el Mundial sub’20 se tuvo que celebrar en Qatar por otra epidemia de cólera, esta vez en Nigeria, país que como sabemos acabó organizando el de 1999), pero el caso es que en 1991 dieciséis selecciones prejuveniles
se plantaron en la Toscana dispuestas a pasar la segunda quincena de agosto en aquel
incomparable marco, pues la bella región acogió el campeonato en su totalidad. Montecatini
fue la base de operaciones de todos los equipos y los partidos se disputaron en
dicha localidad y en Viareggio, Carrara, Massa y Livorno, quedando reservado el
Comunale de Florencia como escenario de la gran final.
| En la portada del Informe Técnico se puede observar la línea que prolongaba la frontal del área para delimitar la zona de aplicación del fuera de juego. |
España, selección debutante en un
Mundial de esta categoría, llegaba como una de las máximas favoritas gracias al brillante Campeonato de Europa conquistado tres meses antes en Suiza. La
inmensa mayoría de los dieciocho jugadores convocados por Juan Santisteban
habían formado parte de aquella escuadra ganadora; de hecho, de los dieciséis
campeones de Europa sólo el mediocentro mallorquín Gabriel Capó y el portero
madridista Carlos Redondo se quedaron sin acudir a Italia. En su lugar viajaron
el central Felipe Vaqueriza y el meta coruñés Álex Sánchez, mientras que Joyce
Moreno y Pepe Gálvez se beneficiaron de las dos plazas extra. Estos fueron los
elegidos por el seleccionador español:
Núm. - Nombre - Nacimiento -Posición - Club
--------------------------------------------------------------------
1.- Javier LÓPEZ VALLEJO –
22/09/1975 – AR – C.A. Osasuna
2.- José GÁLVEZ Estévez –
03/08/1974 – DL – R.C.D. Mallorca
3.- Carlos CASTRO Caputo –
17/12/1974 – DF – Sevilla F.C.
4.- César PALACIOS Chocarro –
19/10/1974 – DF – C.A. Osasuna
5.- Enrique MEDINA Ortega –
14/09/1974 – DF – Valencia C.F.
6.- RAMÓN González Expósito –
25/11/1974 – DF – Real Valladolid C.F.
7.- JUAN CARLOS Gutiérrez Calderón
– 09/10/1974 – DF – F.C. Barcelona
8.- GERARDO García León –
07/12/1974 – MC - C.A. Osasuna
9.- Carlos Alejandro Sierra
Fumero, “SANDRO” – 14/10/1974 – MC – Real Madrid C.F.
10.- Pedro VELASCO Morón –
08/10/1974 – MC – Real Madrid C.F.
11.- Antonio Segura ROBAINA –
30/11/1974 – DL – U.D. Las Palmas
12.- Juan Carlos MURGUI Pardo –
15/11/1974 – DL – F.C. Barcelona
13.- José Alejandro Sánchez
García, “ÁLEX” – 30/12/1974 – AR – R.C. Deportivo
14.- José Miguel López Quevedo,
“JOSEMI” – 06/08/1974 – DL – Rayo Vallecano
15.- Felipe VAQUERIZA Rodríguez –
23/01/1975 – DF – Real Madrid C.F.
16.- EMILIO José Carrasco Ortiz –
14/11/1974 – MC – U.D. Pavía
17.- Joyce Renato MORENO Venecia
– 29/09/1974 – DF – Real Madrid C.F.
18.- Daniel García Lara, “DANI” –
22/12/1974 – DL – Real Madrid C.F.
Los chavales llegaron a la
concentración previa tras unas largas vacaciones y apenas pudieron disputar un
par de amistosos antes de viajar a Italia, por lo que a Santisteban le costó
mucho devolverles el ritmo de competición. El técnico sevillano optó por usar
la misma alineación tipo del Campeonato de Europa, la formada por López
Vallejo; Castro, Quique Medina, Palacios, Juan Carlos; Gerardo, Sandro,
Velasco, Emilio; Robaina y Murgui. Ramón, que podía jugar tanto de central como
de lateral izquierdo, era la principal alternativa que el seleccionador
manejaba para la defensa, y Gálvez el delantero que solía aparecer desde el
banquillo. El resto de convocados tuvo un papel meramente testimonial: el portero
suplente Álex y Joyce Moreno no llegaron a debutar, Josemi disputó 9 minutos
repartidos en tres encuentros y Dani García Lara sólo jugó el último cuarto de
hora del partido inaugural, mientras que Vaqueriza hizo su debut (aunque
jugando como titular, eso sí) el día de la final, debido a la sanción de Quique
Medina.
Con
tres equipos de cada Confederación (salvo de Oceanía, a la que únicamente
representaba Australia), los participantes se repartieron en cuatro grupos de cuatro componentes, pasando a cuartos de final los dos primeros de cada grupo. España
quedó encuadrada en el Grupo D, junto a Uruguay, Cuba y Ghana. Disputó todos
los partidos de esta primera fase en Livorno y arrancó su participación
mundialista derrotando por 1-0 en un igualado partido a la selección charrúa,
gracias a un gol de Dani en la segunda parte. Superado el primer escollo, el
equipo se soltó en el duelo ante Cuba. Los caribeños sólo habían perdido 2-1
contra Ghana en su debut, aunque ese era un marcador demasiado ajustado que no
hacía justicia a la enorme superioridad mostrada por los africanos. A
diferencia de los ghaneses, España sí estuvo acertada de cara a puerta y el
duelo acabó con un sonrojante 7-2 en el luminoso. Dos goles de Robaina y uno de
Emilio Carrasco abrieron brecha antes del descanso; luego marcaron Murgui, un
defensa cubano en propia puerta (aunque en un principio se le atribuyó el
quinto gol a Robaina y en la web de FIFA se lo adjudican a Velasco), César
Palacios y Ramón, redondeando el resultado sendos tantos de Marten Pellicier y Casamayor
para Cuba. Con ambos equipos ya clasificados gracias a sus dos victorias, el
duelo ante Ghana de la tercera jornada se convertía en decisivo para determinar
la primera plaza del grupo y, de esa manera, evitar a Brasil en cuartos de
final. A España le valía el empate y un 1-1 fue lo que obtuvo, en un atractivo
choque que dejó claro que aquellos dos equipos eran, precisamente junto con
Brasil, los mejores del Mundial. Eso sí, Ghana demostró estar bastante por
encima de los nuestros, que se aliaron con la suerte y la mala puntería rival
para conseguir el resultado deseado. Los africanos impusieron en todo momento su
físico y buen juego colectivo y se adelantaron al comienzo de la segunda parte
con un gol de su capitán Opoku, pero Pepe Gálvez logró la igualada veinte minutos después al
rematar una falta lateral y los de Santisteban consiguieron mantener aquel
marcador hasta el final.
Acabar
como líder de grupo permitía a España evitar a la canarinha, pero ni mucho
menos ofrecía un cruce cómodo: los caprichos de los bombos habían hecho que los
principales favoritos al título tuvieran que enfrentarse en cuartos de final y
España y Ghana debían medirse ahora a Alemania y Brasil, respectivamente,
mientras que los cruces de los otros dos grupos deparaban un Argentina - Australia
y un Qatar - Estados Unidos, partidos desde luego con mucho menos cartel que
los que enfrentaban a los clasificados de los grupos C y D. No obstante, los
norteamericanos eran la principal sorpresa del torneo, pues habían logrado un
pleno de victorias en un grupo nada sencillo que compartían con Argentina e
Italia. Los locales, entre los que destacaban los nombres de Luigi Sartor,
Alessandro Birindelli y, sobre todo, Alessandro Del Piero, no habían estado en
la fase final del Campeonato de Europa (Portugal les eliminó en la fase previa)
y fueron derrotados en el partido inaugural por Estados Unidos, con Del Piero
fallando un penalti que hubiera significado el empate; luego no fueron capaces
de ganar a China y no pasaron del empate a cero contra Argentina.
Sin embargo,
pese a adelantarse al poco de comenzar su partido de cuartos, los
estadounidenses no supieron aprovechar su buen momento de forma y una ordenada
selección qatarí logró el pase a semifinales en la tanda de penaltis. Mientras Brasil y Ghana daban un
magnífico espectáculo en Carrara, lo esperable de aquella auténtica final
anticipada que se resolvió a favor de los africanos por 2-1, en la reedición de
la final del Europeo Alemania sorprendió a España con un gol de Babatz al
cuarto de hora. Pero, al igual que en Berna, los españoles fueron claramente
superiores y merecieron remontar ya antes del descanso, aunque hubo que esperar
a la segunda parte para que Murgui y Robaina dieran la vuelta al partido. En
los últimos compases del encuentro, el rayista Josemi lograba el 3-1 que certificaba el pase de España a la siguiente ronda. Por su parte, Argentina no
tuvo mayores problemas para deshacerse de Australia por 2-1 y sería el rival de
España en las semifinales.
El partido contra la albiceleste,
celebrado en Massa, resultó tremendamente disputado, como no podía ser menos.
España salió mejor, dominando y creando ocasiones, y en el ecuador de la
primera mitad Murgui aprovechó un despeje del meta argentino a disparo de
Emilio Carrasco para anotar el 1-0. A partir de ahí los sudamericanos
comenzaron a aproximarse cada vez más a la portería de López Vallejo, pero sus
puntas, Oliveri y Comelles, no se mostraron tan acertados como en el resto del
torneo y España pudo conservar esa mínima ventaja hasta el final de los 80
minutos reglamentarios. La aparición de Marcelo Gallardo en la segunda parte
supuso un revulsivo para Argentina, pero faltó tiempo para que tuviera impacto
en el marcador. Además del “Muñeco” Gallardo, otros jugadores de aquel equipo
tendrían luego una buena trayectoria profesional, como Rodolfo Arruabarrena y
Claudio Husaín, además por supuesto de un Juan Sebastián Verón que comenzó el
torneo como titular pero fue perdiendo el sitio hasta el punto de no salir del
banquillo en aquel partido de semifinales.
El otro partido de la penúltima ronda se resolvió,
sorprendentemente, en la tanda de penaltis. Como se esperaba, Ghana fue muy
superior a Qatar durante todo el encuentro, pero volvió a mostrar esa
preocupante falta de acierto en el remate que ya había acusado en la primera
fase. Los árabes, muy disciplinados, aguantaron las acometidas africanas con
orden e incluso dispusieron de alguna opción a la contra que no materializaron.
El 0-0 inicial no se movió y, con sólo dos goles marcados en todo el torneo,
Qatar se encontraba a un paso de plantarse en la finalísima. Sin embargo, esta
vez sus lanzadores no estuvieron tan acertados como en cuartos de final y fue
la selección de Ghana la que obtuvo un premio tan sufrido como merecido a tenor
de lo que había mostrado en el campeonato. Los qataríes también perderían el tercer y cuarto puesto ante Argentina en los lanzamientos desde los once metros.
La
final, disputada el 31 de agosto de 1991 en el Comunale de Florencia ante unos
cinco mil espectadores, volvió a evidenciar la superioridad de Ghana sobre España. Se enfrentaban la selección con la media de edad más baja de todos los participantes
(Ghana, 16 años y 1 mes) y la selección con la media de edad más alta (España,
16 años y 8 meses); al menos eso decían los datos oficiales, porque las
sensaciones eran bien diferentes. En el equipo de Ghana había siete jugadores
que ya habían disputado el Mundial sub’16 de 1989 y otros seis que todavía
podrían jugar el Mundial sub’17 de 1993, pero muchos de quienes vieron a los
africanos en directo sospechan aún hoy que tal vez las edades de sus pasaportes
no coincidieran con las reales. En declaraciones a “Mundo Deportivo”, el mismo Juan Santisteban
afirmaba tras el encuentro de la primera fase que “un chaval de 17 años no puede tener tanta experiencia, potencia física y habilidad, juraría que todos rebasan los 20 años”, crítica que repitió al concluir la final. Eterna polémica nunca resuelta que en la década de los
noventa (e incluso a día de hoy) hacía navegar a muchas federaciones africanas y
asiáticas entre la culpabilidad de la trampa voluntaria y el inocente
victimismo derivado de la precariedad administrativa existente en sus países.
En cualquier caso, lo único seguro es que aquella tarde Ghana fue mejor que
España y venció merecidamente en un partido en el que sólo López Vallejo y la
ya consabida mala puntería ghanesa mantuvieron a España con vida hasta los últimos
instantes.
Dirigida por el alemán Otto Pfister, un clásico de los
banquillos africanos, y guiada en el campo por el niño prodigio Nii Odartey Lamptey,
Ghana dominó en todo momento a una España que a duras penas lograba frenar los
continuos ataques rivales. El gol africano parecía simple cuestión de tiempo,
pero entre la gran labor del meta navarro y los errores de los atacantes el
partido se mantenía con el resultado inicial bien entrado ya el segundo tiempo.
Con la importante baja en defensa de Quique Medina por acumulación de
amonestaciones (el central valenciano fue incluido en el Once Ideal del
campeonato), Santisteban optó por dar entrada en el once titular a Vaqueriza,
meter un tercer central como Ramón y colocar a Juan Carlos Gutiérrez, habitual
lateral zurdo, en el centro del campo en detrimento de Pedro Velasco. La idea
era acumular pulmones para perseguir a los potentes jugadores africanos y
fiarlo todo a lo que pudiera cazar Robaina (el otro español presente en el Once
Ideal) o a una acción a balón parado, única parcela en la que España parecía poder competir de igual a igual con sus rivales, pero fue precisamente en
un córner donde llegó el gol de Ghana. A falta de escasos cinco minutos para el
final del partido Duah se aprovechó de un despiste defensivo hispano y,
entrando completamente solo desde el punto de penalti, batió de potente
cabezazo a López Vallejo. Apenas quedaba tiempo para algo más que no fuera tirar
de rabia y coraje y eso fue lo que hicieron los jóvenes españoles, encerrando a
Ghana en su área en varios saques de esquina consecutivos en los que a punto
estuvo de llegar el empate, sobre todo con un cabezazo de César Palacios que un
defensa sacó en línea de gol. Pero el balón no quiso entrar y aquella de
Florencia se convirtió en la primera de las tres finales mundialistas de categoría sub'17 que España ha jugado y perdido a lo largo de su historia (luego vendrían las de 2003 y 2007), todas con Juan
Santisteban como seleccionador.
| Gerardo dispara en el duelo ante Cuba. En primer término, Murgui. |
| Del Piero marró este penalti ante EE.UU. e Italia no pasó de la primera fase. |
| Robaina en el partido de cuartos de final. |
| El capitán Juan Carlos en lucha con un delantero argentino. |
| Un defensa de Qatar frena a Nii Lamptey. |
| En la final España sólo creó peligro a balón parado. |
| Emmanuel Duah, en la imagen, fue el autor del único gol de la final. |
| Nii Lamptey con la copa del Mundial sub'17. |
| Murgui, delantero titular de la sub'17 de 1991 |
| Toni Robaina fue la estrella española en el Europeo sub'16 y en el Mundial sub'17 |
Un bagaje demasiado gris para una generación que, como suele ocurrir, creímos que estaba llamada a hacer algo más grande. Quién sabe si el joven Toni Segura, que ha adoptado el nombre futbolístico de su padre, Toni Robaina, podrá vivir las mismas experiencias que su progenitor en las selecciones inferiores; de momento el chaval juega en la cantera del Betis (lo que le permitió a su padre dejar su trabajo en el servicio de limpieza del ayuntamiento de Las Palmas), ha estado en la órbita del Manchester City y ya ha sido convocado por Albert Celades para la selección sub’16 que en 2014 deberá ganarse su presencia en el Europeo sub’17, competición cuyo palmarés sigue dominando España pero que nuestro país no disputa nada menos que desde 2010. Por edad, el joven Robaina todavía podría acudir a la siguiente edición, la de 2015, a su vez clasificatoria para el próximo Mundial de la categoría: tras dos ediciones mundialistas sin España, en las botas del joven Toni y en las de sus compañeros de generación está la oportunidad de emular lo conseguido por aquel equipo que lideraba su padre hace ya más de veinte años. Ojalá.
| Alineación de España en la final del Mundial sub'17 de Italia 1991. Arriba: Sandro, Vaqueriza, Palacios, Ramón, López Vallejo, Juan Carlos. Abajo: Murgui, Castro, Robaina, Emilio, Gerardo. |
Fuentes:
Martialay, Félix (2007): "Todo Sobre Todas las Selecciones", Ed. Esteban Sanz
Informe Técnico del Campeonato del Mundo sub'17 1991, disponible en FIFA.com
BDFútbol.com
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(Todas las imágenes han sido extraídas del Informe Técnico del campeonato)
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