domingo, 13 de julio de 2014

1977, Mundial sub'20: Todo comenzó en Túnez

Cuando en 1974 Jean-Marie Faustin Goedefroid de Havelange llegó a la presidencia de la FIFA, el mundo (también el del deporte) estaba cambiando política y económicamente y el dirigente brasileño supo verlo mejor que nadie. Ya durante su campaña electoral el antiguo nadador olímpico había jugado con éxito la baza que suponía el poder convertirse en el primer presidente no europeo en la historia de la asociación, aglutinando en torno a su figura a muchas federaciones de países tradicionalmente alejados de los centros de poder (muchos de ellos porque su independencia era tan reciente que ni siquiera habían tenido tiempo de entrar en esos círculos). Y, una vez instalado en el sillón de Zúrich, Joao Havelange no tardó en cumplir las promesas realizadas a esas naciones que tan poco habían sido tenidas en cuenta anteriormente, ganándose su fidelidad para muchos años.
Con la ayuda de Horst Dassler, el dueño de Adidas (que había apoyado sin fisuras la candidatura para la reelección de Sir Stanley Rous pero que obviamente no tuvo mayor inconveniente en sumarse al proyecto de Havelange en cuanto el inglés fue derrotado), el brasileño puso en marcha ambiciosos programas de desarrollo futbolístico en países del Tercer Mundo, negoció la ampliación de plazas en los Mundiales para mejorar la representación continental y abrió definitivamente las puertas de la FIFA a las televisiones y casas comerciales, cuyo dinero debía sufragar todas esas inversiones y reformas impulsadas por el nuevo presidente. Coca-Cola fue una de las primeras y más importantes marcas en subirse a la nueva ola y, gracias a su inversión, Havelange pudo poner en marcha otro de sus grandes proyectos: la creación de un torneo mundial de selecciones juveniles, un auténtico campeonato del mundo a imagen y semejanza del absoluto, con unas reglas claras de periodicidad y límites de edad y abierto a la participación de todos los países del globo.
El único precedente de enfrentamientos oficiales entre selecciones juveniles de varios continentes databa de comienzos de los años 50, cuando la FIFA se encargaba de la organización del torneo juvenil europeo y, para las ediciones de 1953 y 1954, había invitado a Argentina. Por eso aquellos campeonatos pasaron a la historia (el de 1954 con victoria española, por cierto) como Mundiales, sin serlo realmente de acuerdo con los estándares actuales. Pero, a partir de 1955, la UEFA asumió la organización del torneo europeo y éste se cerró a participantes foráneos. En aquel tiempo, los elevados costes de traslados y alojamientos y la escasa repercusión mediática y económica de esos campeonatos intercontinentales juveniles hacían inviable su celebración. Sin embargo, veinte años más tarde, el mundo era otro… y la FIFA también.

Once titular de España, extraído del Informe Técnico Oficial
del Campeonato Mundial juvenil de Túnez 1977



Perfil de los españoles convocados (Fuente: Marca)

jueves, 24 de abril de 2014

15 años de un Mundial: Cuando fuimos campeones (por Borja García)

El Mundial juvenil de Nigeria supuso el tercer gran éxito del fútbol español hasta la fecha. Tras la Eurocopa de 1964 y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona, el triunfo de los chicos de Iñaki Sáez fue una de las pocas alegrías que nos dio la selección española por aquellos tiempos. Ahora que se cumplen quince años de aquella final en el Estadio Nacional de Lagos parece casi increíble la emoción con la que se vivió el título. Quizás para quienes compartimos aquel mes en África todo se viera desde dentro de otra manera. Es posible que tampoco fuese para tanto, no lo sé. Yo me llevé una alegría enorme. Por los jugadores e Iñaki Sáez, que se habían portado de cine, pero también por tantos sinsabores acumulados tras años de ver a España perder en los momentos importantes. Además, es muy especial poder dar una vuelta alrededor del estadio con el equipo celebrando el título. Aquel Mundial tuvo muchos momentos especiales, pero pocos como aquella alegría.

La selección, a su llegada a Madrid
(Marca.com)
Cuando fuimos campeones en Nigeria desde luego no hubo desfile en autobús descapotable por las calles de Madrid ni el portero suplente se dedicó a corear los nombres de los héroes, como tras la segunda gran victoria africana de nuestra selección. Muchas veces los pioneros no despiertan el interés o la curiosidad que sus discípulos simplemente por el hecho de serlo. En todo caso, merece la pena detenerse y recordar lo que fue aquel Mundial. Lo primero que hay que decir es que España no ganó por casualidad. Fue uno de los mejores equipos del torneo y se proclamó campeona con autoridad y justicia. ¿Qué hizo a aquel equipo tan especial? Para mí fue la fuerza del grupo. El dueño de este blog, que se ha atrevido a darme cobijo a pesar del claro riesgo de perder su bien ganada reputación, ha analizado la composición de la lista de Sáez. Con algunos cambios, aquel grupo llevaba ya varios años jugando junto. Y además tenía líderes tanto dentro como fuera del campo. El capitán, respetado por todos, era Pablo Orbáiz. El navarro no sólo anclaba el centro del equipo por delante de los centrales, sino que ayudaba a todos a mantener la cabeza fría. Recuerdo que hablé con él un año después del Mundial cuando sufrió una lesión grave en la rodilla. Me volvió a impresionar su madurez y su templanza.

Varela, durante el partido frente
a Honduras
También había futbolistas que aportaban chispa, claro. La velocidad de Varela sirvió para desatascar varios partidos y la clase de Barkero fue tan importante como los tantos de Pablo Couñago, el máximo goleador de la selección y del torneo. Aunque de Pablo me quedaré con su retranca gallega. Tenía bastante guasa el delantero. En la concentración las bromas estaban a la orden del día. No nombraremos ‘culpables’ aquí, pero pocos se libraron.

Al principio yo creo que pocos sabíamos qué esperar de aquel torneo, quizás influidos por las difíciles condiciones en que se desarrolló. Por ejemplo, la Federación redujo al mínimo la delegación española dados los problemas de infraestructura que el país planteaba. Pero la victoria ante Brasil en Calabar en el primer partido supuso una inyección de moral para todos. El doctor Guillén estaba exultante al volver al hotel. "¿Pero has visto qué partidazo, Borja?", me insistía.

El calor marcó el duelo ante Zambia
(Marca.com)
Pero la clave para mí estuvo en Kaduna. Porque las primeras semanas todo salió rodado. Demasiado fácil incluso. En la sede de Calabar, aunque sin lujos, no hubo grandes problemas más allá de las dificultades para comunicar con España. El hotel era cómodo, la comida decente y el estadio bien mantenido. Todo fue viento en popa en la primera fase. El equipo no tuvo casi obstáculos, más allá del fuerte calor del segundo partido jugado a las 4 de la tarde hora local en Calabar. Tras dos partidos nos trasladamos a Port Harcourt con un viaje en autobús a través de un paisaje de lo más pintoresco. Y allí en Port Harcourt, donde se jugó el último partido de laprimera fase y la eliminatoria de octavos de final, todo fueron atenciones para cualquiera que hablase castellano. El delegado de la FIFA era Borja Bilbao y el dueño del hotel había vivido en España. Nos trataron muy bien a todos y los jugadores se sintieron muy a gusto. Tras eliminar a Estados Unidos los dueños del hotel prepararon una fiesta y la celebración digamos que se alargó bastante…

Pero cuando todo iba sobre ruedas el grupo se encontró con los primeros problemas. La lesión de Álvaro Rubio en el partido contra Honduras fue un pequeño golpe moral, pero la llegada a Kaduna supuso un croché a la mandíbula del grupo. Creo que la ya conocida historia de los dos días en un hotel de Kaduna en el medio de la nada es mejor dejarla para otra ocasión, porque merece espacio por sí sola. El caso es que la expedición al completo, periodistas incluidos, pasó de la euforia a la dura realidad africana. Y hubo momentos en que muchos se plantearon si merecía la pena continuar. Por si fuera poco en cuartos de final esperaba Ghana, una de las grandes favoritas del mundial que jugaba casi como en casa y a la que, además, la FIFA había mandado a un hotel mucho mejor.

Once titular del choque frente a Ghana
Y fue allí cuando salió el gen ganador de aquel equipo. Todos tuvieron que contribuir en menor o mayor medida a levantar el ánimo de los jugadores. Una arenga de Sáez y Carlos Lorenzana acabó por convencerlos de que merecía la pena seguir luchando. El resto lo hicieron los jugadores en el campo. Ellos mismos se convencieron de que igual sí, quizás podrían hacer historia. Eliminaron a Ghana, en su terreno y después de tener la eliminatoria casi perdida en la tanda de penaltis.

Pablo celebra el 2-0 en la final
(Marca.com)
Son las cosas que tiene el fútbol, pero tras aquella parada de Casillas que nadie pudo ver por televisión el equipo nunca volvió a mirar atrás. Se vieron fuertes y creyeron que lo peor ya había pasado. Luego cayó Mali en la semifinal y, por fin, la cita con la gloria nos mandó a todos a Lagos, la capital económica del país. Allí, ya en el pequeño oasis de un complejo hotelero occidental la vida fue mucho más fácil. Por fin supimos lo que se decía en España de toda aquella convivencia común de casi un mes. Llegaron las llamadas de las radios, los políticos, las felicitaciones… Pero aún quedaba un paso, había que derrotar a Japón. No sé muy bien por qué, pero yo estaba convencido de que iban a ganar. Se lo dije a Iñaki Sáez, que sólo respondió con una sonrisa y un sorbo al café que estaba tomando. Quizás fuese la energía positiva que me transmitía aquel grupo, o simplemente las facilidades que por primera vez teníamos todos para trabajar, pero yo lo tenía claro. Y no me equivoqué mucho. Cinco minutos le duró Japón a una selección que venía lanzada desde Kaduna.

Luego han venido más victorias, pero aquella en Nigeria, cuando fuimos campeones en 1999 superando todo tipo de obstáculos seguirá siendo la más especial para mí. Como logro deportivo quizás palidezca ante lo conseguido en Sudáfrica, pero merece la pena recordar lo que aquellos chavales fueron capaces de hacer porque fue mucho más que un torneo de fútbol. 


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Borja García fue el enviado especial del diario AS a Nigeria 1999 

15 años de un Mundial: Mis recuerdos de Nigeria (por Borja García)

Yo en otra vida fui periodista. Hasta que me cansé de recibir órdenes incongruentes y de trabajar horas y horas por cuatro duros. Cuando era periodista un día andaba yo enfrascado frente al ordenador y cometí la temeridad de prestarme voluntario para viajar a cubrir el Mundial juvenil de Nigeria 1999. Aún no tengo muy claro por qué lo hice, la verdad. Una decisión que mis jefes acogieron con alivio, no por la calidad del periodista, seamos sinceros, sino porque ningún otro incauto se atrevió. La bronca que me propinó mi madre cuando se enteró del asunto fue de las que hacen época. ¡Cómo se me ocurría irme hasta Nigeria, insensato! Cosas de madres, que siempre se preocupan, ya se sabe. Aquel Mundial de Nigeria, del que ahora se cumplen quince años, supuso un reto personal y profesional, pero guardo de la experiencia un gran recuerdo.

Yo tuve suerte con mi trabajo porque me permitió viajar con cierta frecuencia, pero nunca fuera de Europa. El de Nigeria era para mí el primer gran reto como enviado especial porque nunca había informado de un gran torneo de naciones. Por si fuera poco, las condiciones no fueron las mejores. Disponer de una conexión a internet fue un lujo y poder hablar por teléfono o enviar un fax a Madrid se cobraba a precio de oro. Claro que peor lo pasó Felipe Sevillano, mi compañero fotógrafo, porque las fotos no se pueden dictar.

Estos días, leyendo noticias, blogs y tuits en internet me he parado a recordar lo que fueron aquellas cuatro semanas en Nigeria en las que vimos a una generación de futbolistas despertar. Un grupo que luego se convirtió el germen de los actuales bicampeones de Europa y campeones del mundo. E Iñaki Sáez sin dimitir… Lo curioso es que sólo soy capaz de recordar con claridad tres acciones del juego. El gol de Barkero en la final, el penalti parado por Iker Casillas a Ghana y un gol de Gabri en el primer partido ante Brasil. El resto de recuerdos son de las experiencias vividas fuera del campo. Porque aquel Mundial fue algo más que un torneo de fútbol. 

Para los nigerianos pretendía ser una prueba de que eran capaces de organizar un Mundial absoluto. No la pasaron, la verdad sea dicha, pero por buena voluntad y amabilidad no fue. Para quienes viajamos desde Europa el torneo se convirtió en una lección continua. A pesar de estar aislados en hoteles de semi-lujo elegidos por la FIFA a modo de jaula dorada, muchos intentamos salir todo lo posible para ver con nuestros propios ojos una realidad que sólo conocíamos a través de la televisión. Hubo momentos en que fue duro. Tan duro como educativo. Sobre todo cuando niños de siete u ocho años te rodean en el mercado y te piden que los lleves a tu país. Yo no supe qué hacer ni qué decir. 

Cuando cometí la temeridad de prestarme voluntario pensé que España, a pesar de su buen palmarés en categorías inferiores, no duraría mucho en el torneo. Es lo que tiene haber nacido en los 70. Pero lo que iban a ser un par de semanas, o eso le prometí a mi madre para que se tranquilizara, acabó siendo más de un mes en Nigeria con un grupo de futbolistas españoles y algún que otro periodista despistado como yo. Los jugadores, que despuntaron en el campo, se portaron de cine fuera de él. Iñaki Sáez y los demás responsables de la expedición de la RFEF nos adoptaron como si fuésemos uno más de ellos, lo que convirtió aquel viaje en algo aún más especial. Nunca estaré lo suficientemente agradecido a Iñaki Sáez, Raúl el fisioterapeuta del equipo (sí, el mismo que trató a Iniesta antes de la final de Johannesburgo) o al doctor Guillén por toda su amabilidad y su ayuda. No todos los días le dejan a uno viajar a todas partes en el autobús de la selección. Con ellos fuimos al primer partido contra Brasil. Y a aquel hotel inmundo de Kaduna. Y al Estadio Nacional de Lagos para jugar la final. ¡Y con ellos volvimos tras derrotar a Japón, con el trofeo en el asiento de al lado! 

Creo que ninguno nos dimos cuenta de lo que estaba pasando durante aquellas cuatro semanas de locura. Quizás sólo ahora, con el paso del tiempo, puede uno darse cuenta de lo que supuso aquel Mundial. El que empezó a construir la base de lo que vino una década más tarde. Y el que nos permitió a un grupo de afortunados vivir una de las experiencias más enriquecedoras de nuestra vida. Yo, desde luego, no me arrepiento ni lo más mínimo de aquel arrebato de locura que me dio cuando los jefes pidieron voluntarios para viajar a Nigeria.


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Borja García fue el enviado especial del diario AS a Nigeria 1999

martes, 8 de abril de 2014

15 años de un Mundial: La confección del equipo


Dani Aranzubia, Iker Casillas, Pablo Coira, David Bermudo, Francisco Javier Jusué, Carlos Marchena, Álvaro Rubio, Pablo Orbaiz, Gonzalo Colsa, Xavi Hernández, Fran Yeste, Fernando Varela, José Javier Barkero, Gabri García, Álex Lombardero, Rubén Suárez, Pablo Couñago y David Aganzo.

Pero también Gerard López, Mikel Aranburu (*), Juan Francisco Leo Bermejo, Mario Rosas, Gaspar Gálvez, Roberto Rodríguez Durán, Iker Urraka, David Asensio, Sergio Francisco Ramos (*), Dani Mallo, David Sousa, Pedro Vega, Fernando Soriano, Juantxo Elía, Jofre Mateu, Sergio Pelegrín, Miguel Ángel Núñez, Yago Yao Alonso-Fueyo, Koldo Leoz, Carlos Laza, Manu Sánchez, David Cuéllar, Antonio Hidalgo, Moisés Pereiro, Miguel García Tébar, Alejandro Castro "Jandro", Francisco José Cordero "Rubio", Helio Álvarez, Francisco Javier Aguilera y Samuel Baños. Porque en uno u otro momento todos ellos formaron parte de la selección española juvenil que inició el viaje a Nigeria allá por el mes de octubre de 1997, y alguno se quedó realmente cerca de poder terminarlo. En cierta forma, el éxito de los dieciocho elegidos finalmente por Iñaki Sáez es también el de los otros treinta.

En el artículo que publico este mes en "Cuadernos de Fútbol" se encuentran los detalles de la participación real de cada uno de ellos en el proceso de formación del equipo campeón del mundo sub'20 en Nigeria 1999. Un pequeño acto de justicia, al menos para mí, ahora que se cumplen quince años de aquel histórico campeonato.
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(*) Estos jugadores no llegaron a acudir a las concentraciones para las que fueron citados por el seleccionador, pero ¿por qué no incluirlos?.

domingo, 16 de marzo de 2014

15 años de un Mundial: El camino hacia Nigeria

Todo pudo haber acabado antes de empezar en al menos dos ocasiones, y eso debería servirnos para ser conscientes de que la línea que separa el éxito no ya del fracaso, sino del simple olvido, de todo aquello que no pasará a la historia sencillamente por no haber llegado a tener la ocasión de hacerlo, es más que fina y está caprichosamente trazada por el azar, o por los dioses, o por aquello en lo que cada uno crea. Porque también es casualidad, o cruel capricho divino, o vaya usted a saber qué, que precisamente quien evitó en esas dos ocasiones un ingrato adiós prematuro tuviera que decir prematuramente adiós a la cita que haría pasar a la posteridad a aquel grupo de chavales, quedando así su nombre completamente olvidado, como si nunca hubiera tenido nada que ver en esa histórica conquista.

Evidentemente hubo otros compañeros que también ayudaron a salvar aquellas delicadas situaciones (y a que todas las demás fueran por los cauces previstos) y que igualmente se quedaron sin su parte del botín, pero el caso de Gerard López Segú es especialmente doloroso: él rescató dos veces a España cuando todo estaba a punto de irse al traste y él era el llamado a liderar el equipo en el Campeonato del Mundo sub’20 de Nigeria 1999, hasta que un inoportuno encontronazo en Enschede, Países Bajos, apenas un día antes de viajar a Lagos le borró de la lista de embarque y de la gloria. Esa fractura de pómulo sufrida en un partido de la sub’21 debió de dolerle casi tanto como quedarse en tierra con la maleta hecha y las vacunas puestas, aunque tal vez lo más doloroso sea pensar que, de haber estado Gerard en Nigeria, todo hubiera sido distinto: quizás, quién sabe, con Gerard en el campo España no hubiese ganado aquel Mundial sub’20. O tal vez sí. Nunca lo sabremos.

Un Mundial que, por otro lado, tampoco tenía que haber sido en Nigeria, porque el Mundial de Nigeria debería haber sido en 1995, y entonces sí que nada sería lo mismo. 

miércoles, 25 de diciembre de 2013

1991, Mundial sub'17: Un verano en la Toscana

Después de haber celebrado tres ediciones de categoría sub’16, la FIFA cambió sus normativas de edad y el de 1991 se programó como el primer Mundial de categoría sub’17 de la historia. Ecuador fue la sede designada inicialmente para acoger el campeonato; por desgracia, a comienzos de aquel mismo año se desató una epidemia de cólera en Sudamérica que afectó gravemente a numerosas regiones del país andino y la FIFA se vio obligada a trasladar el torneo a Europa. Aunque en un primer momento se afirmó que España sería la sede de emergencia, finalmente el gran éxito organizativo que había sido el Mundial absoluto de 1990 hizo que Italia fuera el anfitrión elegido. Superada la crisis sanitaria, Ecuador acogería el Mundial sub’17 de 1995 (curiosamente, en 1995 el Mundial sub’20 se tuvo que celebrar en Qatar por otra epidemia de cólera, esta vez en Nigeria, país que como sabemos acabó organizando el de 1999), pero el caso es que en 1991 dieciséis selecciones prejuveniles se plantaron en la Toscana dispuestas a pasar la segunda quincena de agosto en aquel incomparable marco, pues la bella región acogió el campeonato en su totalidad. Montecatini fue la base de operaciones de todos los equipos y los partidos se disputaron en dicha localidad y en Viareggio, Carrara, Massa y Livorno, quedando reservado el Comunale de Florencia como escenario de la gran final.

En la portada del Informe Técnico
se puede observar la línea que
prolongaba la frontal del área
para delimitar la zona de
aplicación del fuera de juego.
Si bien Italia’90 había sido, como ha quedado dicho, un éxito de organización, la baja calidad general del juego y, sobre todo, la escasa ambición ofensiva que habían mostrado la mayoría de selecciones participantes hizo que la FIFA se decidiera a buscar nuevas ideas que aportaran más frescura al deporte rey. Así, durante la década de los noventa los campeonatos juveniles se convirtieron en un inmejorable banco de pruebas para distintas reglas y sugerencias más o menos atrevidas. Algunas no pasaron de meros experimentos fallidos y otras consiguieron hacerse un hueco en el Reglamento, pero todas pusieron en bastantes apuros a unos chavales que apenas tenían tiempo para acostumbrarse a ellas antes de iniciar su lucha por un título mundial. En este Mundial sub’17 de 1991 se pusieron en práctica dos innovaciones reglamentarias: quedaba prohibido que el portero recogiera con las manos un pase voluntario con el pie de algún compañero, y sólo existiría el fuera de juego en los últimos dieciséis metros de campo (es decir, desde la altura del área grande hasta la línea de fondo). La primera regla, la de la cesión, acabó siendo aceptada por la International Board y puede decirse que ha cambiado profundamente la concepción del juego y, sobre todo, la del puesto de guardameta, pero la segunda fue un fracaso estrepitoso al que muchos jugadores y seleccionadores achacaron el mal papel de sus equipos en el Mundial de la Toscana. Como permitía a los delanteros situarse de forma casi fija en el borde del área, la nueva norma obligaba a los defensas a quedarse también allí, lo que o bien alargaba los equipos hasta límites insostenibles para cualquier centrocampista o bien acababa provocando una enorme concentración de jugadores en los últimos metros que embotellaba el juego y dificultaba los ataques, precisamente lo contrario de lo buscado. Las quejas fueron unánimes y la FIFA no necesitó más pruebas para descartar aquella idea, así que las líneas que prolongaban la frontal del área hasta las bandas nunca más volvieron a pintarse sobre un campo de fútbol.

España, selección debutante en un Mundial de esta categoría, llegaba como una de las máximas favoritas gracias al brillante Campeonato de Europa conquistado tres meses antes en Suiza. La inmensa mayoría de los dieciocho jugadores convocados por Juan Santisteban habían formado parte de aquella escuadra ganadora; de hecho, de los dieciséis campeones de Europa sólo el mediocentro mallorquín Gabriel Capó y el portero madridista Carlos Redondo se quedaron sin acudir a Italia. En su lugar viajaron el central Felipe Vaqueriza y el meta coruñés Álex Sánchez, mientras que Joyce Moreno y Pepe Gálvez se beneficiaron de las dos plazas extra. Estos fueron los elegidos por el seleccionador español:


Núm. - Nombre - Nacimiento -Posición - Club
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1.- Javier LÓPEZ VALLEJO – 22/09/1975 – AR – C.A. Osasuna
2.- José GÁLVEZ Estévez – 03/08/1974 – DL – R.C.D. Mallorca
3.- Carlos CASTRO Caputo – 17/12/1974 – DF – Sevilla F.C.
4.- César PALACIOS Chocarro – 19/10/1974 – DF – C.A. Osasuna
5.- Enrique MEDINA Ortega – 14/09/1974 – DF – Valencia C.F.
6.- RAMÓN González Expósito – 25/11/1974 – DF – Real Valladolid C.F.
7.- JUAN CARLOS Gutiérrez Calderón – 09/10/1974 – DF – F.C. Barcelona
8.- GERARDO García León – 07/12/1974 – MC - C.A. Osasuna
9.- Carlos Alejandro Sierra Fumero, “SANDRO” – 14/10/1974 – MC – Real Madrid C.F.
10.- Pedro VELASCO Morón – 08/10/1974 – MC – Real Madrid C.F.
11.- Antonio Segura ROBAINA – 30/11/1974 – DL – U.D. Las Palmas
12.- Juan Carlos MURGUI Pardo – 15/11/1974 – DL – F.C. Barcelona
13.- José Alejandro Sánchez García, “ÁLEX” – 30/12/1974 – AR – R.C. Deportivo
14.- José Miguel López Quevedo, “JOSEMI” – 06/08/1974 – DL – Rayo Vallecano
15.- Felipe VAQUERIZA Rodríguez – 23/01/1975 – DF – Real Madrid C.F.
16.- EMILIO José Carrasco Ortiz – 14/11/1974 – MC – U.D. Pavía
17.- Joyce Renato MORENO Venecia – 29/09/1974 – DF – Real Madrid C.F.
18.- Daniel García Lara, “DANI” – 22/12/1974 – DL – Real Madrid C.F.


Los chavales llegaron a la concentración previa tras unas largas vacaciones y apenas pudieron disputar un par de amistosos antes de viajar a Italia, por lo que a Santisteban le costó mucho devolverles el ritmo de competición. El técnico sevillano optó por usar la misma alineación tipo del Campeonato de Europa, la formada por López Vallejo; Castro, Quique Medina, Palacios, Juan Carlos; Gerardo, Sandro, Velasco, Emilio; Robaina y Murgui. Ramón, que podía jugar tanto de central como de lateral izquierdo, era la principal alternativa que el seleccionador manejaba para la defensa, y Gálvez el delantero que solía aparecer desde el banquillo. El resto de convocados tuvo un papel meramente testimonial: el portero suplente Álex y Joyce Moreno no llegaron a debutar, Josemi disputó 9 minutos repartidos en tres encuentros y Dani García Lara sólo jugó el último cuarto de hora del partido inaugural, mientras que Vaqueriza hizo su debut (aunque jugando como titular, eso sí) el día de la final, debido a la sanción de Quique Medina.

Gerardo dispara en el duelo ante Cuba.
En primer término, Murgui.
Con tres equipos de cada Confederación (salvo de Oceanía, a la que únicamente representaba Australia), los participantes se repartieron en cuatro grupos de cuatro componentes, pasando a cuartos de final los dos primeros de cada grupo. España quedó encuadrada en el Grupo D, junto a Uruguay, Cuba y Ghana. Disputó todos los partidos de esta primera fase en Livorno y arrancó su participación mundialista derrotando por 1-0 en un igualado partido a la selección charrúa, gracias a un gol de Dani en la segunda parte. Superado el primer escollo, el equipo se soltó en el duelo ante Cuba. Los caribeños sólo habían perdido 2-1 contra Ghana en su debut, aunque ese era un marcador demasiado ajustado que no hacía justicia a la enorme superioridad mostrada por los africanos. A diferencia de los ghaneses, España sí estuvo acertada de cara a puerta y el duelo acabó con un sonrojante 7-2 en el luminoso. Dos goles de Robaina y uno de Emilio Carrasco abrieron brecha antes del descanso; luego marcaron Murgui, un defensa cubano en propia puerta (aunque en un principio se le atribuyó el quinto gol a Robaina y en la web de FIFA se lo adjudican a Velasco), César Palacios y Ramón, redondeando el resultado sendos tantos de Marten Pellicier y Casamayor para Cuba. Con ambos equipos ya clasificados gracias a sus dos victorias, el duelo ante Ghana de la tercera jornada se convertía en decisivo para determinar la primera plaza del grupo y, de esa manera, evitar a Brasil en cuartos de final. A España le valía el empate y un 1-1 fue lo que obtuvo, en un atractivo choque que dejó claro que aquellos dos equipos eran, precisamente junto con Brasil, los mejores del Mundial. Eso sí, Ghana demostró estar bastante por encima de los nuestros, que se aliaron con la suerte y la mala puntería rival para conseguir el resultado deseado. Los africanos impusieron en todo momento su físico y buen juego colectivo y se adelantaron al comienzo de la segunda parte con un gol de su capitán Opoku, pero Pepe Gálvez logró la igualada veinte minutos después al rematar una falta lateral y los de Santisteban consiguieron mantener aquel marcador hasta el final.

Del Piero marró este penalti ante EE.UU.
e Italia no pasó de la primera fase.
Acabar como líder de grupo permitía a España evitar a la canarinha, pero ni mucho menos ofrecía un cruce cómodo: los caprichos de los bombos habían hecho que los principales favoritos al título tuvieran que enfrentarse en cuartos de final y España y Ghana debían medirse ahora a Alemania y Brasil, respectivamente, mientras que los cruces de los otros dos grupos deparaban un Argentina - Australia y un Qatar - Estados Unidos, partidos desde luego con mucho menos cartel que los que enfrentaban a los clasificados de los grupos C y D. No obstante, los norteamericanos eran la principal sorpresa del torneo, pues habían logrado un pleno de victorias en un grupo nada sencillo que compartían con Argentina e Italia. Los locales, entre los que destacaban los nombres de Luigi Sartor, Alessandro Birindelli y, sobre todo, Alessandro Del Piero, no habían estado en la fase final del Campeonato de Europa (Portugal les eliminó en la fase previa) y fueron derrotados en el partido inaugural por Estados Unidos, con Del Piero fallando un penalti que hubiera significado el empate; luego no fueron capaces de ganar a China y no pasaron del empate a cero contra Argentina.

Robaina en el partido de cuartos de final.
Sin embargo, pese a adelantarse al poco de comenzar su partido de cuartos, los estadounidenses no supieron aprovechar su buen momento de forma y una ordenada selección qatarí logró el pase a semifinales en la tanda de penaltis. Mientras Brasil y Ghana daban un magnífico espectáculo en Carrara, lo esperable de aquella auténtica final anticipada que se resolvió a favor de los africanos por 2-1, en la reedición de la final del Europeo Alemania sorprendió a España con un gol de Babatz al cuarto de hora. Pero, al igual que en Berna, los españoles fueron claramente superiores y merecieron remontar ya antes del descanso, aunque hubo que esperar a la segunda parte para que Murgui y Robaina dieran la vuelta al partido. En los últimos compases del encuentro, el rayista Josemi lograba el 3-1 que certificaba el pase de España a la siguiente ronda. Por su parte, Argentina no tuvo mayores problemas para deshacerse de Australia por 2-1 y sería el rival de España en las semifinales.

El capitán Juan Carlos en lucha con
un delantero argentino.
El partido contra la albiceleste, celebrado en Massa, resultó tremendamente disputado, como no podía ser menos. España salió mejor, dominando y creando ocasiones, y en el ecuador de la primera mitad Murgui aprovechó un despeje del meta argentino a disparo de Emilio Carrasco para anotar el 1-0. A partir de ahí los sudamericanos comenzaron a aproximarse cada vez más a la portería de López Vallejo, pero sus puntas, Oliveri y Comelles, no se mostraron tan acertados como en el resto del torneo y España pudo conservar esa mínima ventaja hasta el final de los 80 minutos reglamentarios. La aparición de Marcelo Gallardo en la segunda parte supuso un revulsivo para Argentina, pero faltó tiempo para que tuviera impacto en el marcador. Además del “Muñeco” Gallardo, otros jugadores de aquel equipo tendrían luego una buena trayectoria profesional, como Rodolfo Arruabarrena y Claudio Husaín, además por supuesto de un Juan Sebastián Verón que comenzó el torneo como titular pero fue perdiendo el sitio hasta el punto de no salir del banquillo en aquel partido de semifinales.

Un defensa de Qatar frena a Nii Lamptey.
El otro partido de la penúltima ronda se resolvió, sorprendentemente, en la tanda de penaltis. Como se esperaba, Ghana fue muy superior a Qatar durante todo el encuentro, pero volvió a mostrar esa preocupante falta de acierto en el remate que ya había acusado en la primera fase. Los árabes, muy disciplinados, aguantaron las acometidas africanas con orden e incluso dispusieron de alguna opción a la contra que no materializaron. El 0-0 inicial no se movió y, con sólo dos goles marcados en todo el torneo, Qatar se encontraba a un paso de plantarse en la finalísima. Sin embargo, esta vez sus lanzadores no estuvieron tan acertados como en cuartos de final y fue la selección de Ghana la que obtuvo un premio tan sufrido como merecido a tenor de lo que había mostrado en el campeonato. Los qataríes también perderían el tercer y cuarto puesto ante Argentina en los lanzamientos desde los once metros.

En la final España sólo creó peligro
a balón parado.
La final, disputada el 31 de agosto de 1991 en el Comunale de Florencia ante unos cinco mil espectadores, volvió a evidenciar la superioridad de Ghana sobre España. Se enfrentaban la selección con la media de edad más baja de todos los participantes (Ghana, 16 años y 1 mes) y la selección con la media de edad más alta (España, 16 años y 8 meses); al menos eso decían los datos oficiales, porque las sensaciones eran bien diferentes. En el equipo de Ghana había siete jugadores que ya habían disputado el Mundial sub’16 de 1989 y otros seis que todavía podrían jugar el Mundial sub’17 de 1993, pero muchos de quienes vieron a los africanos en directo sospechan aún hoy que tal vez las edades de sus pasaportes no coincidieran con las reales. En declaraciones a “Mundo Deportivo”, el mismo Juan Santisteban afirmaba tras el encuentro de la primera fase que “un chaval de 17 años no puede tener tanta experiencia, potencia física y habilidad, juraría que todos rebasan los 20 años”, crítica que repitió al concluir la final. Eterna polémica nunca resuelta que en la década de los noventa (e incluso a día de hoy) hacía navegar a muchas federaciones africanas y asiáticas entre la culpabilidad de la trampa voluntaria y el inocente victimismo derivado de la precariedad administrativa existente en sus países. En cualquier caso, lo único seguro es que aquella tarde Ghana fue mejor que España y venció merecidamente en un partido en el que sólo López Vallejo y la ya consabida mala puntería ghanesa mantuvieron a España con vida hasta los últimos instantes.

Emmanuel Duah, en la imagen, fue
el autor del único gol de la final.
Dirigida por el alemán Otto Pfister, un clásico de los banquillos africanos, y guiada en el campo por el niño prodigio Nii Odartey Lamptey, Ghana dominó en todo momento a una España que a duras penas lograba frenar los continuos ataques rivales. El gol africano parecía simple cuestión de tiempo, pero entre la gran labor del meta navarro y los errores de los atacantes el partido se mantenía con el resultado inicial bien entrado ya el segundo tiempo. Con la importante baja en defensa de Quique Medina por acumulación de amonestaciones (el central valenciano fue incluido en el Once Ideal del campeonato), Santisteban optó por dar entrada en el once titular a Vaqueriza, meter un tercer central como Ramón y colocar a Juan Carlos Gutiérrez, habitual lateral zurdo, en el centro del campo en detrimento de Pedro Velasco. La idea era acumular pulmones para perseguir a los potentes jugadores africanos y fiarlo todo a lo que pudiera cazar Robaina (el otro español presente en el Once Ideal) o a una acción a balón parado, única parcela en la que España parecía poder competir de igual a igual con sus rivales, pero fue precisamente en un córner donde llegó el gol de Ghana. A falta de escasos cinco minutos para el final del partido Duah se aprovechó de un despiste defensivo hispano y, entrando completamente solo desde el punto de penalti, batió de potente cabezazo a López Vallejo. Apenas quedaba tiempo para algo más que no fuera tirar de rabia y coraje y eso fue lo que hicieron los jóvenes españoles, encerrando a Ghana en su área en varios saques de esquina consecutivos en los que a punto estuvo de llegar el empate, sobre todo con un cabezazo de César Palacios que un defensa sacó en línea de gol. Pero el balón no quiso entrar y aquella de Florencia se convirtió en la primera de las tres finales mundialistas de categoría sub'17 que España ha jugado y perdido a lo largo de su historia (luego vendrían las de 2003 y 2007), todas con Juan Santisteban como seleccionador.




Nii Lamptey con la copa del
Mundial sub'17.
Varios jugadores de aquella selección de Ghana estarían presentes en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, cita en la que conseguirían la medalla de bronce, así como en el Mundial sub’20 de Australia 1993, cuya final perdieron ante Brasil. Sin embargo, y como suele ser habitual en las selecciones sub’17 de cualquier país, pocos llegaron luego a destacar en la élite del fútbol profesional: quizás el más conocido para todos sea Samuel Kuffour, el inolvidable central del Bayern Munich. Además de él, tan solo Mohammed Gargo (varios años en el Udinese) tuvo una sólida carrera en el primer nivel internacional. Por el camino se quedaron promesas como Emmanuel Duah, el goleador de la final, que formó parte de la plantilla del Mallorca que logró el ascenso a Primera en 1997, y sobre todo el Balón de Oro de aquel Mundial, Nii Lamptey, que a los 16 años ya era un fijo en el Anderlecht belga y al que el mismísimo Pelé había nombrado como su sucesor. Desgraciadamente, Lamptey no solo no llegaría a triunfar en el fútbol, sino que se convertiría en el paradigma de juguete roto: analfabeto y maltratado en su niñez, fue pasando por multitud de equipos para mayor gloria de su representante, que lo estafó, y acabó peleado y olvidado por su propia federación. Tampoco el máximo goleador del campeonato, el brasileño Adriano (hizo 4 dianas, las mismas que Lamptey y una más que Robaina), llegó muy lejos en su carrera profesional; ni él ni ninguno de sus compañeros de expedición pasaron de clubes de segundo nivel europeo, y eso los que salieron de su país natal.

Murgui, delantero titular de la sub'17 de 1991
Entre los españoles también ocurrió algo parecido. Jugadores como Josemi (debutó con el Rayo en Primera y luego jugó para Osasuna y Jaén), Ramón (pieza importante en el Valladolid, pasó al filial del Atlético y de ahí a Las Palmas, Córdoba o Recreativo), Vaqueriza (del Castilla pasó al Mallorca B y luego estuvo en el Murcia) o Joyce Moreno (Oviedo, Leganés, Burgos, Badajoz o Granada, entre otros equipos) se mantuvieron varios años en Segunda División con rendimientos dispares. Otros no llegaron a la élite, y de ellos sabemos que el delantero valenciano Murgui se retiró prematuramente, desencantado por la manera en que el Barcelona intentó llevar su progresión a base de cesiones; que su compañero de equipo Juan Carlos Gutiérrez, capitán de esta selección, vio truncada su carrera por un accidente de tráfico; que Carlos Castro jugó varios años en el Ceuta y en el Hércules en 2ªB antes de pasar a la secretaría técnica de Alicante y Murcia; que el portero Álex Sánchez dejó el Deportivo para enrolarse en el Atlético de Madrid B, sin demasiada suerte, y acabar en la Tercera gallega; y que Pedro Velasco salió del Castilla para iniciar una larga trayectoria en numerosos equipos de la división de bronce antes de comenzar una nueva etapa en los banquillos; mientras que del extremo zurdo Emilio Carrasco apenas encontramos un paso fugaz por el Polideportivo Almería.

Toni Robaina fue la estrella española
en el Europeo sub'16 y en el Mundial sub'17
Más fácil es seguir las carreras de López Vallejo (pretendido en su juventud por el Milan, permaneció en Osasuna antes de jugar en Villarreal, Recreativo y Zaragoza, donde una denuncia por participar supuestamente en apuestas ilegales acabó provocando su salida hacia Grecia), César Palacios (con una larga trayectoria en Osasuna y Numancia), Quique Medina (uno de los primeros mitos del Villarreal, y que pasó también por Alavés, Salamanca o Getafe), Gerardo García León (fichado por el Real Madrid para su cantera tras el Mundial, desarrolló una extensa y sólida carrera en Valencia, Málaga, Real Sociedad o Córdoba, entre otros clubes), Pepe Gálvez (del Mallorca fichó por el Valencia, y luego por el Betis antes de retirarse en el Burgos, a causa de las lesiones), Dani García Lara (Real Madrid, Zaragoza, Mallorca, F.C. Barcelona o Espanyol fueron algunos de sus equipos durante los mejores años de su carrera), Sandro (que acabó el Mundial como máximo asistente del campeonato con 6 pases de gol y que, tras debutar con el Real Madrid, destacó en Málaga y Levante), y Robaina, gran figura de esta generación en aquellos campeonatos de 1991, pretendido entonces por los dos grandes de nuestro fútbol y que vivió los mejores años del Tenerife en Europa antes de pasar al Sporting de Portugal e iniciar, con apenas 27 años, una cuesta abajo profesional que le llevó a varios clubes de 2ªB y Tercera antes de su retirada en 2009. De todos ellos, sólo Dani consiguió ser internacional absoluto: jugó cinco partidos entre 1998 y 2000 y marcó un gol en un amistoso contra Croacia.

Un bagaje demasiado gris para una generación que, como suele ocurrir, creímos que estaba llamada a hacer algo más grande. Quién sabe si el joven Toni Segura, que ha adoptado el nombre futbolístico de su padre, Toni Robaina, podrá vivir las mismas experiencias que su progenitor en las selecciones inferiores; de momento el chaval juega en la cantera del Betis (lo que le permitió a su padre dejar su trabajo en el servicio de limpieza del ayuntamiento de Las Palmas), ha estado en la órbita del Manchester City y ya ha sido convocado por Albert Celades para la selección sub’16 que en 2014 deberá ganarse su presencia en el Europeo sub’17, competición cuyo palmarés sigue dominando España pero que nuestro país no disputa nada menos que desde 2010. Por edad, el joven Robaina todavía podría acudir a la siguiente edición, la de 2015, a su vez clasificatoria para el próximo Mundial de la categoría: tras dos ediciones mundialistas sin España, en las botas del joven Toni y en las de sus compañeros de generación está la oportunidad de emular lo conseguido por aquel equipo que lideraba su padre hace ya más de veinte años. Ojalá.

Alineación de España en la final del Mundial sub'17 de Italia 1991.
Arriba: Sandro, Vaqueriza, Palacios, Ramón, López Vallejo, Juan Carlos.
Abajo: Murgui, Castro, Robaina, Emilio, Gerardo.
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Fuentes:
Martialay, Félix (2007): "Todo Sobre Todas las Selecciones", Ed. Esteban Sanz
Informe Técnico del Campeonato del Mundo sub'17 1991, disponible en FIFA.com
BDFútbol.com
Hemeroteca "Mundo Deportivo"
(Todas las imágenes han sido extraídas del Informe Técnico del campeonato)

jueves, 12 de diciembre de 2013

1991, Europeo sub'16: España conquista la vieja Europa

En realidad no ha pasado tanto tiempo, apenas un suspiro en términos históricos, pero a veces da la sensación de que lo hemos olvidado casi por completo. ¿Somos realmente conscientes de lo mucho que ha cambiado el mapa político de Europa en apenas veinte años? En 1990, cuando la unificación alemana era ya un hecho, Europa tenía poco más de treinta Estados; hoy hay más de medio centenar, y en demasiados casos su aparición no ha sido precisamente pacífica. Y, sin embargo, lo cierto es que al menos a mí me resulta chocante la naturalidad con la que hemos vivido y asumido un proceso tan traumático, hasta el punto de que la URSS o la Yugoslavia unificada nos parecen conceptos antediluvianos, países desaparecidos mucho antes de lo que en realidad lo fueron.

La multiplicación de países en el Viejo Continente ha tenido también, obviamente, su reflejo en el fútbol, y los campeonatos de categorías inferiores son un buen medio para observar el proceso de construcción de esta nueva Europa en la que vivimos. A lo largo de la década de los noventa todos los torneos continentales debieron adaptarse a la progresiva aparición de nuevas federaciones, y la periodicidad anual de los campeonatos de base convertía a éstos en la primera competición internacional oficial que disputaban muchas de las nuevas selecciones. Eso trajo también alguna complicación, sobre todo a la hora de establecer los formatos de las fases de clasificación, que sufrieron constantes cambios (y algún que otro desvarío de los dirigentes de la UEFA) hasta que la situación política se calmó y se pudieron fijar sistemas de competición más racionales. Pero en 1990, cuando arrancó la fase de clasificación del Campeonato de Europa sub’16 de 1991, la URSS y Yugoslavia todavía estaban ahí, aunque dentro de sus fronteras ya pocos creyeran en su existencia, y no deja de ser curioso que, precisamente en el último torneo futbolístico de selecciones que les vio participar, España tuviera que vérselas con aquellos dos gigantes ya tambaleantes en su camino a un nuevo título continental.

Como por aquel entonces los Europeos sub’16 los disputaban 16 selecciones de las 34 afiliadas a la UEFA (y San Marino no solía inscribir a sus equipos juveniles), las fases de clasificación eran bastante cortas: para la edición de 1991 se establecieron 13 eliminatorias a ida y vuelta y dos grupos de tres equipos cada uno, de los que sólo sus campeones pasaban a la fase final, que organizaría Suiza. España fue una de las selecciones que se jugaron su presencia en tierras helvéticas en una eliminatoria directa; su rival, la teóricamente débil Malta, no hacía presagiar demasiadas complicaciones. Sin embargo, la clasificación estuvo en el aire durante los cuatro meses y medio que transcurrieron entre el partido de ida jugado en noviembre de 1990 en la isla mediterránea, que acabó con un inquietante 1-1, y el duelo de vuelta celebrado en Almendralejo (Badajoz), a finales de marzo de 1991. Por fortuna, en el Francisco de la Hera los chavales que dirigía Juan Santisteban pusieron de manifiesto su superioridad y golearon por 5-0, con sendos dobletes de Dani García Lara (por entonces ya en el Real Madrid) y Juan Carlos Murgui (canterano del F.C. Barcelona). Un gol del madridista Joyce Moreno, nacido en Panamá y que luego intentaría sin éxito ser internacional absoluto por ese país (la normativa FIFA vigente en aquel momento no se lo permitió), redondeó la manita con la que España sellaba su pase a la fase final.

En Suiza se formaron cuatro grupos de cuatro equipos, cuyos campeones pasarían directamente a semifinales; además de luchar por el título, los finalistas acompañarían a Italia como representantes europeos en el Mundial sub’17 que se disputaría en la Toscana en agosto de aquel mismo año. El sorteo había encuadrado a España en el grupo D, junto con la URSS, Islandia y Yugoslavia, y el debut se produjo el 8 de mayo de 1991 ante la potente selección soviética, con la que ya nos habíamos visto las caras el año anterior en un torneo amistoso disputado precisamente en Italia. Entonces España había caído claramente derrotada por 3-0, pero en el Campeonato de Europa cambiaron las tornas y el equipo de Santisteban superó en todo momento a la URSS, como refleja el 4-1 final. Toni Robaina (todavía perteneciente a Las Palmas) y Gerardo García León (Osasuna) abrieron brecha en el marcador en la primera parte; los soviéticos recortaron antes del descanso pero en el segundo tiempo Murgui y Quique Medina (entonces en las categorías inferiores del Valencia) sellaron la victoria hispana. El partido contra Islandia, que había dado la sorpresa al derrotar a Yugoslavia en la primera jornada, se presentaba ahora como decisivo para asegurar el liderato del grupo y con él el pase a semifinales. España no falló y los goles de Ramón (defensa del Valladolid) y Robaina pusieron una ventaja suficiente como para que el postrero tanto de Hreidarsson no supusiera ningún inconveniente.

Con cuatro puntos ya en el bolsillo, ni siquiera la derrota en el tercer partido contra una Yugoslavia que había perdido sus dos choques anteriores (y en la que figuraban chavales como Albert Nadj o Dragan Ciric) impidió a España encabezar su grupo y colarse en semifinales. Sobreponiéndose a un tempranero gol yugoslavo, Robaina y Murgui dieron la vuelta al marcador antes del descanso, pero en la segunda parte los balcánicos consiguieron remontar para despedirse del torneo con una victoria. Aquel partido disputado en Menzingen el 12 de mayo fue además la última aparición de Yugoslavia como país unificado en un torneo continental de fútbol: la escisión de Eslovenia se produciría poco más un mes después del campeonato sub’16 y para entonces el conflicto armado en Croacia parecía ya, por desgracia, algo inevitable; luego llegaría el estallido de la guerra y el bloqueo de la ONU que supuso entre otras cosas la exclusión de las selecciones yugoslavas de todas las competiciones deportivas, entre ellas la recordada Eurocopa absoluta de 1992. Aquel mismo día, y también con victoria (2-0 ante Islandia), se despidió la URSS de las fases finales de los campeonatos futbolísticos europeos: la contundente derrota contra España de la primera jornada dejaba a los soviéticos sin opciones pese al empate final a 4 puntos y, aunque la URSS se clasificó luego para la Eurocopa de Suecia y el Europeo sub’18 de 1992 (en el caso de los juveniles, ganando un grupo para nostálgicos en el que también figuraban Yugoslavia y Checoslovaquia), la selección que participó en esas fases finales lo hizo ya bajo la denominación de Comunidad de Estados Independientes (la URSS como tal todavía jugó el Mundial sub’20 de Portugal 1991, en el mes de junio, acabando en tercera posición en su última aparición en una fase final internacional).

Ajena a la página histórica que acaba de contribuir a cerrar, España conseguía el pase a la penúltima ronda, en la que esperaba Grecia. La selección helena había superado a su archienemiga Turquía en la fase previa y se había metido en semifinales gracias a su goleada por 4-0 a Suiza en la tercera jornada, que le había servido para resolver a su favor el empate a cinco puntos con Portugal. Un solitario gol de Robaina al comienzo de la segunda parte sirvió para doblegar a una Grecia que no opuso demasiada resistencia, aunque la emoción se mantuvo hasta el final gracias, entre otras cosas, al penalti fallado por Juan Carlos Gutiérrez (F.C. Barcelona) a falta de diez minutos. Con la moral por las nubes y la clasificación para el Mundial asegurada, España se enfrentó en la final de Berna a una Alemania muy superior físicamente (no en vano su delantero centro era el gigantón Carsten Jancker) pero que no pudo hacer nada ante la mayor movilidad y calidad técnica del conjunto español. Alemania, que también había sufrido en la fase de grupos debido a su derrota inicial frente a Austria (luego ganó a Suecia y goleó a Bulgaria), se había deshecho en semifinales de Francia en los lanzamientos de penalti. Liderados por el tinerfeño Sandro desde el centro del campo, los de Santisteban completaron un gran partido y dos goles en el primer tiempo del grancanario Robaina (principal figura no ya del equipo, sino de todo el torneo) rubricaron el que en aquel momento suponía el tercer campeonato de Europa de categoría sub’16 para la selección española. La final no se televisó en España, pero hace unos años Julio Maldonado colgó en su web un resumen de la retransmisión suiza que había conseguido para su inmenso archivo; de ahí dio el salto a Youtube y gracias a ello podemos disfrutarlo ahora aquí.




Además de los jugadores mencionados, en aquel equipo figuraban nombres como los del portero osasunista López Vallejo y su compañero César Palacios, por citar a dos de los que más destacaron luego en el fútbol nacional, pero también hubo otros a los que recordaremos en la entrada que pronto (?) dedicaré a la brillante actuación de este equipo en el Mundial sub’17.


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Fuentes: 
Martialay, Félix (2007): "Todo Sobre Todas las Selecciones", Ed. Esteban Sanz
http://www.rsssf.com