martes, 4 de mayo de 2010

1997, Europeo sub'16: Érase una vez en Egipto II (la precuela)

En su día hablamos de la selección sub'17 que en 1997 alcanzó brillantemente en Egipto la tercera plaza en el Mundial de la categoría, pero se nos había quedado en el tintero el primer paso de aquella camada, el Campeonato de Europa que sirvió para reservar plaza en el viaje a la tierra de los Faraones y, de paso, para llevar un nuevo título continental a las vitrinas de la Federación. Y si la crónica de ese Mundial sirvió para iniciar los artículos dedicados a los torneos anteriores al sub'20 de Nigeria, parece más que adecuado que retomemos esos relatos precisamente con el Europeo que precedió a la cita egipcia. Así que hoy es el momento de recordar aquel torneo, celebrado en varias localidades del centro de Alemania, en el que la selección española se alzó con el triunfo y recuperó así una hegemonía en la categoría que Portugal, con dos títulos consecutivos, había puesto en entredicho. De entrada, el combinado de Santisteban tuvo que vérselas con Inglaterra y la República Checa en un triangular en tierras británicas en el que estaba en juego la clasificación para la fase final. En el debut España se sobrepuso a los nervios, al ambiente hostil y a un tempranero gol inglés para acabar infligiendo un duro correctivo a la selección anfitriona, un 1-5 que sirvió como inmejorable carta de presentación ante el mundo. Un empate a uno ante los checos valió para asegurarse el pase, y a finales de abril el equipo se plantó en Alemania dispuesto a todo, aún siendo consciente de la dificultad que entrañaba ganar un campeonato que en aquellos años se disputaba a 16 selecciones.

Encuadrada en el grupo C, junto a Ucrania, Polonia y Austria, España sufrió una especie de déjà-vu en el partido inaugural ante los ucranianos. A los ocho minutos, un gol en contra y la expulsión del central Zuhaitz Gurrutxaga parecían trasladar al equipo al complicado partido en Inglaterra. Y en realidad algo así debió de suceder, porque la reacción hispana se concretó también esta vez en una inesperada goleada por 6-1 gracias a los goles de Miguel Mateos (dos), David Rodríguez-Fraile, Camacho, Corona y Antonio Cuartero, delantero por entonces de la cantera del Real Madrid, capitán de aquella generación y que se perdería la cita mundialista de Egipto por una inoportuna lesión. Con la moral por las nubes tras la remontada del primer día, España derrotó a Polonia por 2-1, con doblete de Juanjo Camacho, y selló su inmaculado pase a los cuartos de final con otra victoria, esta vez por 2-0, ante Austria, con goles de Nelo y David. El núcleo del equipo era prácticamente el mismo que jugaría el Mundial cuatro meses después, siendo las variaciones más significativas las del citado Cuartero y el central del Valladolid Javier Baraja, que tampoco pudo estar a orillas del Nilo (Sousa, Xavi o Sergio Santamaría serían algunos de los recambios), y ya entonces se veía que había mimbres para construir una gran escuadra.

Pero había que ir paso a paso, y el siguiente obstáculo iba a ser Eslovaquia, una selección que se plantaba en cuartos de final aprovechándose tal vez de la debilidad de un grupo que compartía con Turquía, Eslovenia e Islandia, pero que desde luego iba a vender cara su derrota. De hecho los eslovacos se adelantaron en el marcador al cuarto de hora, y España tuvo que remontar una vez más. Mateos igualó antes del descanso y en la segunda parte dos goles casi seguidos de Camacho pusieron las cosas en su sitio. En semifinales esperaba Alemania, el equipo anfitrión, que llegaba como favorito tras pasearse ante sus rivales, con nueve goles a favor y sólo uno encajado en los cuatro primeros partidos. Era una auténtica final anticipada y así se plasmó sobre el terreno de juego, con dos equipos luchando fieles a su estilo y que nunca dieron facilidades al rival. España tomó el mando del balón y logró romper el choque en el tramo final, gracias a sendos goles de Cuartero y David Rodríguez-Fraile. El postrero tanto alemán sólo sirvió para poner la pizca de emoción que necesita todo gran partido, y los chicos de Santisteban pudieron celebrar el pase a la final y la clasificación directa para el Mundial sub'17.

Hay una teoría en este tipo de campeonatos (y no sólo en el fútbol) que hace que los entrenadores suelan recelar cuando les toca enfrentarse por segunda vez a un rival al que ya vencieron en una fase anterior. Se dice que entran en juego la relajación de unos y las ganas de revancha de los otros, y que no es nada infrecuente que la víctima acabe convirtiéndose en verdugo. La realidad es que hay ejemplos para todos los gustos, unos que reafirman dicha teoría y otros que la desmontan, pero imagino que a Juan Santisteban no le haría mucha gracia tener que jugarse el título ante Austria, que había logrado el pase en una agónica tanda de penaltis ante Suiza. Tras haber derrotado a Alemania en semifinales y haber vencido claramente a los austriacos en la fase de grupos, la selección española tenía que asumir el papel de favorita indiscutible y eso, a estas edades, puede que pesara en las piernas y en la cabeza de nuestros chavales cuando saltaron al estadio de la pintoresca localidad germana de Celle. El partido discurrió con dominio español, aunque inmerso en una batalla física que favorecía a los centroeuropeos. Las ocasiones llegaban con cuentagotas pero ni el pichichi Camacho ni la pareja de arietes madridistas ni su compañero Corona fueron capaces de batir la meta rival, y por momentos parecía que la maldita teoría iba a sumar aquel 10 de  mayo un nuevo punto a su favor. Con empate a cero se llegó al final del tiempo reglamentario y de la prórroga, y hubo que recurrir a los lanzamientos desde los once metros para dilucidar quién levantaría el trofeo continental. Pero ahí emergió la figura del benjamín del equipo, el guardameta Iker Casillas, que detuvo el quinto y último penalti de una tanda hasta entonces sin fallo para tirar por tierra esos malos augurios y comenzar a inscribir su nombre en la mente de los aficionados. Era el cuarto entorchado en categoría sub'16 para España, y el primer título de una larga lista para el chaval de Móstoles. Él acabó llegando a lo más alto; la mayoría de sus compañeros, como ya les advertía Julio César Iglesias en El País el día después de la final (y como desgraciadamente comprobamos en aquella entrada sobre el Mundial que disputaron), terminó viendo cómo eran otros los que jugaban los partidos del siglo de cada semana. El orgullo de ganar un Europeo, eso sí, jamás se lo quitará nadie.

sábado, 24 de abril de 2010

Un año inolvidable

No quería, pero al final ha sido imposible. Me ocurre a menudo. Empiezo a escribir con una idea clara en la mente y acabo enrollándome de tal manera que, cuando me quiero dar cuenta, ya llevo cuatro párrafos para contar algo que sólo debía ocupar tres líneas. Esta entrada iba a servir para retomar el relato de los triunfos pasados de nuestras selecciones inferiores. Iba a aprovechar la circunstancia para felicitar a las actuales sub'17 y sub'19, que en estas últimas semanas han logrado su pase a la fase final de sus respectivos Europeos, y de paso iba a hacer un breve aparte para celebrar el aniversario del blog. Quería que fuera algo corto, porque con el ritmo de publicación que llevo últimamente y la temática de las entradas más recientes tampoco me parecía adecuado hacer otra sólo para hablar de mí, pero ya os digo que la síntesis con el teclado no es lo mío. Incluso esto que leéis en primer lugar, y que curiosamente es lo último que he escrito, se me ha ido de las manos cuando sólo quería indicar que esta es una entrada que no pensaba hacer. En fin. Asumo mis limitaciones. Aquí empieza mi particular discurso de aniversario. Gracias a todos por venir, y ponéos cómodos porque esto va para largo.

Estos días se cumple un año desde que me decidí a invertir parte de mi por entonces abundante tiempo libre en la creación de un blog, este blog, sin saber muy bien dónde me metía. Hacía relativamente poco que me había lanzado a la exploración de la blogosfera, pero pronto me picó el gusanillo y viendo algunas maravillas que hay por la red (y también algún engendro) pensé: "¿por qué yo no?". Así que comencé a darle vueltas a la cabeza, buscando hacer algo que me gustara y que, al mismo tiempo, fuera distinto a lo poco que ya conocía. Debía ser un blog de fútbol, evidentemente. De fútbol de selecciones, tal vez, menos proclive a generar polémicas absurdas y, al menos para mí, tremendamente atractivo. Pero el tema del Mundial me parecía demasiado ambicioso y además ya estaba cogido (te echamos de menos, Go to Sudáfrica). Entonces miré el calendario y encontré la oportunidad. Abril de 2009. Justo una década después de que un grupo de chavales desconocidos para el gran público lograra inscribir el nombre de España en la corta lista de países Campeones del Mundo sub'20. Chavales que luego corrieron distinta fortuna, pero a los que siempre creí que no se les brindó el reconocimiento que merecían por aquella gesta, y de los que casi nadie se acordó cuando tres de sus compañeros comandaron a la selección absoluta en la inolvidable Eurocopa de 2008. Y a unos pocos días de una efeméride tan señalada (¡10 años de nuestro único Mundial!), mucho me temía que su recuerdo hubiera quedado diluido en el tiempo.

El boceto se dibujó casi de inmediato en mi cabeza. Haría un repaso a aquel torneo, por si hubiera alguien que también sintiera la nostalgia de aquellas tardes frente al televisor animando a unos juveniles que se dejaban la piel en los campos nigerianos, requemados por el calor y el exceso de partidos. Lo haría por si alguien que por edad no hubiera tenido la oportunidad de vivirlo con esa intensidad quisiera conocer más detalles del campeonato. O, por lo menos, lo haría para no poder quejarme de que nadie se hubiera ocupado de hacerlo. Con un par de tardes de investigación por internet, cuatro ratos de inspiración literaria y una pizca de memoria escribí una serie de artículos sobre el Mundial sub'20 de 1999: una tímida presentación, una insulsa previa, crónicas de los siete partidos de España, vistazos generales al desarrollo del resto del torneo ronda a ronda y unos cuantos artículos del socorrido y efectivo tipo "¿Qué fue de...?'" con los que creí que mi misión de homenaje quedaba más que saldada.  

Pero, igual que Forrest Gump se daba la vuelta y seguía corriendo cuando llegaba a la costa, yo seguí escribiendo, aunque mis seguidores no fueran tan numerosos. Porque la historia acababa en el Ernst Happel de Viena, con Casillas, Xavi y Marchena levantando la Eurocopa, acompañados por otros muchos campeones de diferentes generaciones. Había que contarlo todo, empezando por la plata que se colgaron varios de esos juveniles de oro en los Juegos Olímpicos de Sidney. Expliqué cómo se clasificó el equipo, di mi punto de vista sobre el conflicto entre la FIFA y el COI a cuenta del torneo olímpico de fútbol y retomé las crónicas, aunque en versión reducida. Estaba acabando mayo y para entonces ya sabía que no, que no podría dejarlo tan fácilmente como había supuesto en un principio. A un ritmo que ahora veo casi demencial, colgué artículos sobre cada torneo, mundial o europeo, en el que hubiera destacado alguna selección española durante esos diez años, y fui convenciéndome, por si tenía alguna duda, de que nada fue casual en la victoria de 2008. No puede serlo cuando 20 de esos 23 elegidos habían crecido ganándolo todo con la camiseta de España. Torres, Iniesta, Silva, Cesc, Piqué, Mata... año por año revivimos la fulgurante aparición de todos los que hoy son algo en nuestro fútbol, de los que todavía esperan y pueden serlo y también de aquellos que perdieron el tren de la élite pero que pueden presumir de haber compartido triunfos con alguna de las más rutilantes estrellas del balompié mundial.

En algo menos de cinco meses había recorrido un camino de diez años, con nada menos que cincuenta y dos estaciones, aproximadamente una cada tres días. Y había llegado al final, al último título antes de la Eurocopa, a la despedida de Juan Santisteban como seleccionador y a la incógnita de un futuro por escribir. O, visto de otra manera, había llegado a un nuevo punto de partida. Tocaba cambiar de registro, hablar sobre el presente, jugar a analista del Mundial sub'20, intentar escribir crónicas casi a tiempo real, contar una derrota inesperada y matar el tiempo de espera hasta el Mundial sub'17 con otro viaje en el tiempo, a un pasado algo más lejano pero igual de brillante que el que ya había visitado. Entonces llegó la hora de regresar a Nigeria, de ver cómo unos críos imberbes volvían a levantar el alicaído ánimo de la afición al fútbol base con un prometedor tercer puesto, y de dar un salto de mil visitas gracias a la entrevista a Paco Grande, uno de los muchos viajeros que se subieron alguna vez al tren de los Recuerdos de Nigeria. Pero ese tiempo libre que me había incitado a convertirme en su maquinista ya había empezado a desaparecer, y eso me impedía seguir alimentando la caldera de esta locomotora. Tres retazos de glorias pretéritas y algún toque de actualidad han servido para evitar que entre en vía muerta, y por enésima vez prometo que no tardará en reemprender la marcha. Hoy iba a ser el día, pero ya os he dicho que no he sido capaz. Gracias a todos por hacer de este año de recuerdos un año inolvidable, y aquí seguiremos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Libre indirecto: La crisis llega a la sub'21

La actualidad me obliga a sacar tiempo de donde quizás no debería para abrir una nueva sección de opinión en el blog, que no sé si tendrá continuidad (la sección, digo, porque el blog sigue vivo, sólo está hibernando y para muestra la preciosa cabecera que lleva algunas semanas dándonos la bienvenida, obra de Toni_8, al que aprovecho para reiterar mis agradecimientos por su desinteresada labor como diseñador y sobre todo como administrador del Foro de las Ligas Fantásticas, por el que todavía me dejo caer de vez en cuando y que recomiendo a todo aquel que quiera unirse a un grupo de chalados por los juegos de tipo “fantasy league” capaces de apuntarse igual de convencidos a la Liga Fantástica Marca que a una serie amistosos de cricket, pasando por la Premier, la Champions, el circuito de la ATP o el Mundial de F1, por citar sólo algunas competiciones). Nueva sección de opinión, decía, que inauguro intentando exponer de una manera más o menos ordenada el maremágnum de ideas encontradas que puebla mi mente tras el último partido de la selección sub’21.

Hace tan solo un par de entradas, aunque ya va para dos meses, comentaba la difícil situación por la que atraviesa esta categoría desde hace varios años, en los que hemos fallado una y otra vez a la hora de clasificarnos para las principales citas (Europeos y Juegos Olímpicos) y durante los cuales, además, el público general ha ido perdiendo paulatinamente el interés que un día mostró hacia una selección que reunía a los mayores talentos jóvenes de nuestro fútbol. Comentaba entonces, justo tras la derrota de la actual sub’21 en Holanda, que era difícil decir si este bajón en el rendimiento debía ser motivo de preocupación. Hoy, curiosamente después de una victoria (muy gris y ante Liechtenstein, eso es verdad), parece existir unanimidad en torno a esa cuestión. La cosa preocupa, y mucho. Los medios, muchos de los cuales hace tiempo que habían abandonado el seguimiento a esta selección, centran sus críticas en el seleccionador, Juan Ramón López Caro, y de paso en el Director Deportivo de la RFEF, Fernando Hierro, como responsable último de su contratación y de la de otros técnicos cuyo mayor mérito (y pecado) parece ser el haber pertenecido en algún momento de sus carreras a la disciplina del Real Madrid.

Se pone en duda la capacidad de todos ellos, especialmente la de López Caro (asunto sobre el que no puedo opinar más que por lo que todos vemos en los partidos), y se condena ese endogámico sistema de contratación, obviando que es el mismo que impera en la Federación desde bastante antes del aterrizaje de Hierro: Santisteban llegó recomendado por Luis Suárez, entonces seleccionador absoluto, Goikoetxea y Sáez vinieron de la mano de Javier Clemente, y Ginés Meléndez fue contratado en 2002 a petición de Iñaki Sáez, flamante seleccionador absoluto y con quien había coincidido años atrás en el Albacete. La diferencia radica en la experiencia que todos ellos acumulaban ya en el trato con chavales y de la que carecen Luis Milla, Aitor Karanka y, en menor medida, el propio López Caro, quizá más preparados técnica y tácticamente pero sin ese plus que da el haber trabajado tantos años entre jóvenes promesas como los Santisteban o Sáez. En ese punto entiendo y hasta comparto las críticas que se hagan al nuevo equipo de trabajo que, por lo demás, tampoco ha tenido demasiado tiempo para demostrar su valía. Pero el caso es que se ha puesto de moda atizar al muñeco por cualquier causa, y López Caro ha optado por el peor camino posible, el de la “Clementización”.

Ya sea por su carácter, su personalidad o por el modo de entender su profesión, el seleccionador sub’21 parece haber reconocido implícitamente que la batalla mediática está perdida y se dedica a hacer lo que considera oportuno sin ofrecer más que explicaciones a medias y respuestas evasivas ante las preguntas que generan sus decisiones, provocando más incomprensión y reforzando las teorías de sus críticos. Como ocurría con el rubio de Barakaldo, la prensa es el enemigo y el seleccionador se siente a gusto en su trinchera. Bojan no va porque no tiene minutos en el Barça hexacampeón, pero Joselu sí acude a las convocatorias a pesar de que tampoco disfruta de mucho más tiempo de juego en un Celta que purga sus penas en Segunda. Ni Domínguez ni Canales, jugadores que acumulan muchas horas de vuelo en Primera División con sus clubes, parecen tener hueco en un equipo que otrora se nutría precisamente de los jóvenes que despuntaban en la máxima categoría, pues se entendía que la sub'21, más que la última etapa del fútbol base, era la primera del fútbol profesional de selecciones, por llamarlo de alguna manera. El criterio del seleccionador es inescrutable y el resto de mortales no estamos capacitados para entenderlo, por lo que López Caro deduce que no hace falta dar más explicaciones. Pero como la imagen que la selección está mostrando bajo su mando no es precisamente buena, la bola se hace más y más grande y se ve impulsada por la importancia mediática de los “proscritos” del entrenador sevillano, que, tristemente, al final es lo que provoca que la selección sub’21 haya recobrado parte del protagonismo perdido en los últimos años. Algo injusto, pues a uno también le molesta este repentino interés de los medios en criticar a un equipo al que últimamente no se le habían dedicado más que unas pocas líneas, pero que al fin y al cabo es parte de este mundillo del fútbol contemporáneo, en el que el puro deporte ha pasado a un segundo plano. 

Y aquí entiendo que hay que ir un poco más allá en la crítica. Quizá por ese desapego hacia el teórico filial de la absoluta, tal vez por esos años de escaso seguimiento y menor conocimiento de su realidad, mucha gente olvida lo que comentaba al principio, que la crisis de resultados no es algo que haya comenzado ni con Hierro ni con López Caro. Más bien al contrario, pues precisamente la primera participación española en un Europeo sub’21 desde el lejano año 2000 tuvo lugar el verano pasado, en la primera temporada completa de ambos en la RFEF (cierto es que Sáez dejó bien encarrilada una clasificación que a punto estuvo de irse al garete ante Suiza en la eliminatoria previa a la fase final, y que una vez allí ni el juego ni los resultados estuvieron a la altura de las expectativas). Se dice también que al menos antes había un criterio conocido, un estilo de juego similar en todas las categorías, que los jugadores parecían disfrutar más en el campo gracias a la labor de los técnicos… pero también podría ser que, sencillamente, aquellos futbolistas fueran algo superiores a los actuales. Uno mira las plantillas de aquellas selecciones y ve (y lo hemos ido comprobando en este blog) que en casi todas ellas había al menos un par de jugadores que han crecido hasta convertirse en miembros de la mejor selección española de todos los tiempos, la actual. Jugadores que hoy son de los mejores del mundo en sus respectivos puestos, y cuyo altísimo nivel es algo que ya se podía adivinar en sus apariciones con las inferiores. Hoy en día, sin embargo, en estas categorías me cuesta ver a un Cesc, un Iniesta, un Xavi o un Torres en potencia, y eso no es sólo responsabilidad de los seleccionadores, aunque a veces se equivoquen al prescindir de aquellos que más se les acercan. Porque tampoco a nivel de clubes vemos a demasiados jugadores jóvenes que derriben la puerta, como decía Camacho, y que nos hagan decir "éste chico va a marcar una época". Durante años nos acostumbramos a ver a esos auténticos proyectos de cracks, y quizá ahora que sus sucesores no llegan a ese nivel no somos capaces de reconocer la realidad. Que, hoy por hoy, no hay mucho más, y que tal vez López Caro sea, al mismo tiempo, víctima y verdugo. Pero, como dije al principio, es sólo una opinión fruto del tremendo lío que tengo en la cabeza. ¿Cuál es la vuestra?

jueves, 21 de enero de 2010

1995, Europeo sub'18: La primera vez

Mi primera vez fue con apenas diez años, casi once. Puede que un poco joven para saber apreciar todos los detalles, sí, pero aun hoy sonrío cuando mi mente evoca la emoción de aquel mágico instante, los nervios y la excitación del comienzo y la inmensa explosión de alegría al final. Supongo que a todos nos pasará algo parecido, pues es una de esas cosas que no se olvidan. Luego vendrían más ocasiones (no muchas, la verdad): una escapadita casi a escondidas en la adolescencia, aquella noche después de una memorable fiesta universitaria, ese fin de semana loco en Madrid... y para de contar. Debo reconocer también que además en esa corta lista ha habido de todo, grandes triunfos y alguna que otra decepción, pero lo cierto es que esa primera vez fue sencillamente especial: el sitio, la compañía, el desenlace... todo hizo de aquella cálida tarde de mayo un momento casi perfecto. Cada uno tendrá sus anécdotas, pero en mi caso se trató de algo tan maravilloso que durante años guardé como oro en paño las evidencias de aquella experiencia iniciática. Y tranquilo todo el mundo, que estoy hablando de la primera vez que pude presenciar en vivo y en directo un partido de una selección española de fútbol.

Si habéis sido capaces de relacionar el título con el párrafo anterior, ya sabréis que mi debut como animoso hincha de la selección española se produjo en un partido de juveniles. Si algún psicoanalista viniera a caer por estas páginas no tardaría en vincular esa experiencia de mi infancia con el hecho de que muchos años después me decidiera a escribir un blog que repasara los éxitos de esos equipos, y quizá tuviera razón. Pero dejemos a un lado esas pulsiones del subconsciente y empecemos a hablar de fútbol, que ya va siendo hora. Estamos en el mes de mayo de 1995, sólo un par de semanas después de aquel Mundial sub'20 de Qatar que tanta expectación levantó en nuestro país, y en una pequeña capital de provincia que lleva una década sin catar fútbol de primer (o segundo) nivel. No es de extrañar pues que el torneo clasificatorio para la fase final del Europeo sub'18 de 1995 genere tanta ilusión en mi Palencia natal, que hasta adecenta su vetusto estadio para la ocasión. Tras eliminar a Finlandia en la primera ronda, España ejerce de anfitrión del único torneo triangular de la fase intermedia (el resto de países juegan una eliminatoria a doble partido) y recibe a las selecciones juveniles de Rumanía y Ucrania con varios de los jugadores que han destacado en la cita mundialista, como Roger, Toni Velamazán, César o Joseba Etxeberría, que tras su actuación en Qatar ha pasado de ser un perfecto desconocido a convertirse en el principal reclamo de la selección (de hecho su imagen ilustraba el cartel anunciador del torneo, que desgraciadamente perdí en alguna mudanza). Además, en aquel grupo comandado por Andoni Goikoetxea figuran nombres como los de Rufete, Angulo, Diego Ribera o Carlos Domínguez "Carlitos", que no tardarían en sonar a muchos aficionados. La clasificación parece obligada pero, como siempre, conseguirla no será tan fácil. En el primer partido Rumanía da la sorpresa y en la segunda parte neutraliza los goles de Velamazán y Etxeberría para arañar un empate ante los nuestros, pero dos días después pierde ante Ucrania por 2-1 y deja el billete en juego para el último encuentro, que enfrentará a ucranianos y españoles. En ese decisivo duelo, el de mi bautismo internacional, Roger adelanta a España en la primera parte, pero el empate le sirve a Ucrania y al principio de la segunda mitad un tanto de un entonces desconocido Andriy Shevchenko (alguna apuesta me he ganado gracias a su presencia  aquella tarde en el antiguo estadio de "La Balastera") pone a su selección con pie y medio en la fase final de Grecia. Afortunadamente Etxeberría sale al rescate de los de Goikoetxea y con su gol a falta de veinte minutos permite que la fiesta en las abarrotadísimas gradas (más de 10.000 personas) sea completa.

Dos meses después hay alguna novedad en la lista de Andoni Goikoetxea y Teodoro Nieto para la fase final del Europeo sub'18. Etxeberría se toma un merecido descanso tras una gran temporada en la que ha sido Bota de Oro de un Mundial sub'20, ha metido a la sub'18 en el Europeo, ha debutado en Primera División con la Real Sociedad y ha completado su traspaso al Athletic Club de Bilbao. Otros jugadores, como Guti, reciben su primera llamada de la selección, y junto a muchos otros (Rufete, Iván Ania, Diego Ribera, Carlitos, Angulo...) conforman la base de un equipo que acude a Grecia dispuesto a todo. El reto es complicado, pues el torneo se disputa con un formato corto (el tradicional en la categoría) en el que el título se decide por enfrentamiento directo entre los dos campeones de grupo, lo que no deja lugar al más mínimo tropiezo. Encuadrada en el grupo B junto a Holanda, Turquía y Hungría, España debuta ante el conjunto magiar con una trabajada victoria por 2-1 (goles de Diego Ribera y Carlitos, su sustituto en la segunda parte) y apenas dos días después derrota contundentemente a los otomanos por 3-0 (con los mismos goleadores, aunque esta vez Carlitos hace doblete saliendo nuevamente desde el banquillo). Holanda, que también ha superado a esos dos rivales con cierta comodidad, es el difícil contrincante por un puesto en la finalísima. Pero los Melchiot, Wooter, Musampa, Zenden o Van Bommel no pueden con nuestras promesas y dos goles de Angulo al comienzo de la segunda parte ponen a España en la final y, a pesar de que los holandeses logran recortar pronto la diferencia, ni siquiera la expulsión del bigoleador asturiano compromete el pase de la selección española al encuentro definitivo.

En ese partido por el título espera Italia, vencedora sin escesiva brillantez de un grupo en el que estaban Grecia, Noruega y Eslovaquia, y que cuenta en sus filas con jugadores como De Sanctis, Buffon, Ambrosini, Totti o Pirlo. Pese a la indudable calidad del cuadro azzurro, España no da ninguna opción a los transalpinos y desde el principio se hace con el dominio del esférico, dejando a su rival prácticamente inédito en ataque. Tras sendos intentos de Rufete y Diego Ribera que se topan con los postes, Carlitos abre la lata pasada la media hora y justo al borde del descanso Guti amplía la ventaja hispana, encarrilando un triunfo que el propio Carlitos se encarga de certificar al cuarto de hora de la reanudación con dos goles en un minuto. El menudo delantero sevillista firma así un hat-trick con el que rubrica un torneo de ensueño, en el que ha consiguido marcar nada menos que 6 tantos en cuatro partidos. El 4-0 es ya imposible de levantar y aunque Totti anota el gol del honor al transformar un libre directo en el último minuto, España se proclama Campeona de Europa sub'18. Y aunque parezca increíble, se trata (cómo no), de su primer título continental en esta categoría. La primera vez. Nuestra primera vez.

miércoles, 13 de enero de 2010

Esto no se para, esto no se para...

Ha pasado más de un mes desde la última entrada y creo que va siendo hora de, por lo menos, dar señales de vida. Los cambios que anunciaba en mi vida laboral por fin han llegado y con ellos la falta de tiempo para actualizar el blog, pero las ganas siguen ahí y pronto espero poder retomar las entradas con los muchos éxitos de nuestras selecciones inferiores que nos quedan por repasar; eso sí, será de manera más pausada, más dilatada en el tiempo y (al menos esa es mi intención) con más calidad, más detalles y más información. Mientras tanto, os dejo con unos minutos musicales.


jueves, 10 de diciembre de 2009

1998, Europeo sub'21: Máxima eficacia

A veces los títulos llegan cuando uno menos se lo espera. En el caso que hoy nos ocupa no es que no se confiara en una selección repleta (como casi siempre) de grandes jugadores, sino que simplemente no parecía la ocasión más propicia para levantar un trofeo. Con la atención de la afición dispersa entre la resaca de las celebraciones por la séptima Copa de Europa del Real Madrid y los preparativos para el Mundial de Francia'98 (torneo del que curiosamente sí esperábamos bastante más), el Europeo sub'21 de Rumanía no levantaba demasiada expectación. Si dos años antes, jugando en casa (y con Raúl y De la Peña en el equipo) no habíamos sido capaces de ganar, nada nos hacía pensar que esta vez sí lo pudieramos conseguir. Pero mientras veíamos a nuestra selección levantando la copa, seguro que más de uno se prometió no volver a dudar de una España de categoría sub lo que fuese.

La larga fase de clasificación para esta cita, paralela a la del Mundial de Francia 1998, comenzó en octubre de 1996 en la República Checa con una sufrida victoria por 1-2 gracias a dos postreros tantos de Morientes y Celades, bajo la dirección del seleccionador absoluto Javier Clemente. Con el rubio de Barakaldo en el banquillo llegarían el empate ante Eslovaquia en el Insular de Las Palmas que supuso el principio del fin de la prometedora carrera futbolística de Álvaro Benito, un ajustado triunfo ante la Yugoslavia de Dragutinovic, Paunovic y Stankovic, y una apagada goleada en Malta con Salva Ballesta como bigoleador. En febrero de 1997, y ante la débil selección de la isla mediterránea, Iñaki Sáez se estrenó dejando muchas dudas (1-0 y gracias), pero empezó a convencer con su victoria en Yugoslavia por 1-2 y dejó al equipo al borde de la clasificación tras un contundente 4-0 a los checos en Burgos. El pase a la fase final quedó sellado en septiembre en Eslovaquia tras un trepidante encuentro que acabó con un marcador de 3-4 (con dos goles del debutante Benjamín) que puso de manifiesto la superioridad técnica de los jóvenes españoles en su grupo.

Aunque Iñaki Sáez era ya quien se sentaba en el banquillo de la sub'21, lo cierto es que el verdadero mando recaía en Javier Clemente, como demuestra el hecho de que fuera el propio seleccionador absoluto quien anunciara conjuntamente las listas de convocados tanto para el Mundial como para la Eurocopa sub'21. Esa autoridad había motivado la marcha de Andoni Goikoetxea unas semanas antes de los Juegos Olímpicos de Atlanta'96, pero a Sáez no parecía incomodarle. Así que los 20 convocados (por Clemente) para la fase final de Rumanía fueron los siguientes: Josico (Albacete), Felipe Guréndez (Osasuna), Arnau y Roger (Barcelona), Ito y Míchel Salgado (Celta), Valerón (Mallorca), Iván Pérez (Betis), Guti y Víctor (Real Madrid), Esteban (Oviedo), José Félix Guerrero (Racing), De Paula y López Rekarte (Real Sociedad), Benjamín y García Calvo (Valladolid), Cuartero y Marcos Vales (Zaragoza), Salva Ballesta (Sevilla) y Ballesteros (Tenerife). Antes de comenzar el torneo, el valencianista Angulo sustituiría a De Paula por lesión. Por el camino, además de Celades, Etxeberría y Morientes (que dieron el salto a la absoluta para disputar el Mundial), se habían quedado jugadores como Álvaro Benito (que iba de operación en operación), Toni Velamazán, Manuel Pablo, David Cordón, Santi Ezquerro, César o Iván De la Peña, que debido a las lesiones y a los problemas con Van Gaal había ido perdiendo sitio en el Barça y consecuentemente en la selección sub'21.

En esta fase final de 1998 la UEFA, que daba tumbos buscando la fórmula de competición idónea para este torneo, optó por un novedoso formato consistente en eliminatorias a partido único desde cuartos de final. España debutó el 24 de mayo ante Rusia en Bucarest, en un partido que dominó de principio a fin amparada en un sólido sistema defensivo que servía de base para las escaramuzas de Valerón, Roger y Marcos Vales. Además Arnau paraba todo lo que llegaba a su portería y con esos ingredientes la victoria parecía más cerca que la derrota, y aunque hubo momentos para la duda, un gol de Iván Pérez a diez minutos del final certificó el pase de España a las semifinales. El rival, Noruega, invitaba al optimismo, pero como casi siempre hubo que trabajar a fondo para conseguir la victoria. Nuevamente España controló el ritmo del partido, pero tanto Valerón como Guti (declarado mejor jugador del choque) vieron como el palo rechazaba sus disparos en la primera parte. Salva, sustituto en el once inicial de Iván Pérez, tampoco acertaba con la portería nórdica, y los tempraneros cambios introducidos por Sáez no sólo no mejoraron la puntería sino que colocaron  al equipo en una situación crítica cuando Míchel Salgado se vio obligado a retirarse lesionado, dejando a España con diez. Afortunadamente Noruega apenas inquietó la meta de Arnau, ni siquiera durante los minutos en los que disfrutó de superioridad numérica (al filo del 90 fue expulsado Heggem), llegándose a la prórroga con el marcador inicial. Y al poco de comenzar el tiempo extra, una combinación entre Guti e Iván Pérez encontró por fin el camino del gol (de oro) y nos metió en la segunda final consecutiva de la categoría. El partido por el título, celebrado en el estadio del Steaua, contó con otro rival inesperado, Grecia, y fue quizá en el que peor jugaron los de Sáez. Pero las finales hay que ganarlas, y eso fue lo que hicieron nuestros chavales ante una selección griega en la que aparecían ya varios de los jugadores que acabarían conquistando el europeo absoluto en 2004, como Dellas, Basinas o Karagounis, entre otros. En un disputado encuentro en el que Arnau resultó decisivo una vez más, Iván Pérez aprovechó un balón suelto en el área tras un córner para adelantar a España al poco de comenzar la segunda mitad. Y como en los dos encuentros anteriores, ese solitario tanto del bético fue suficiente para llevarse el partido.

No deja de ser curioso que un equipo con tanto potencial ofensivo (Roger, Valerón, Guti, Víctor, Benjamín, Salva) acabara ganando el campeonato basándose en una fortaleza defensiva que le valió a Arnau para obtener el premio al Mejor Jugador del torneo. Cosas de Clemente, quizás. Pero lo importante es que, aunque fuera de una manera más típica de Italia que de España, nuestra selección consiguió levantar un trofeo que se resistía desde 1986 y que, aunque entonces no lo imaginábamos, ya no hemos vuelto a conquistar. De hecho, para encontrar la primera participación de España en una fase final de la categoría tras este título de 1998 y el tercer puesto en la siguiente edición tenemos que viajar hasta el verano pasado, cuando el equipo de López Caro no pudo siquiera superar la fase de grupos. Para la próxima edición, que además clasifica para los Juegos Olímpicos de 2012, el pase se ha complicado tras la derrota en Holanda. De fallar, serían ya 3 olimpiadas consecutivas sin representación española en el torneo de fútbol. La crisis de la sub'21 parece evidente pero resulta difícil decir si debe ser motivo de preocupación. Siendo (como el resto de selecciones inferiores) una categoría todavía de formación, puede ser en la que con más razón se debería aplicar el criterio de obtención de resultados, pues constituye el último escalón antes de la élite y ahí hay que aumentar el grado de exigencia en todos los niveles, incluido el de los resultados. Y esos resultados no se están consiguiendo, pese a haber contado con grandes jugadores, pero tampoco se puede negar que en los últimos años los mejores exponentes de la sub'21 apenas han jugado un puñado de partidos en ella antes de integrarse con éxito en la absoluta, que es donde sí se exigen resultados (y afortunadamente se están logrando). Por otra parte, en esta categoría se citan ya las promesas más firmes de cada país, jugadores que mayoritariamente ya están despuntando en las distintas ligas, y esto hace que casi todas las naciones presenten equipos muy competitivos, aunque se trate de federaciones que en categorías inferiores no suelan obtener buenos resultados por no realizar una adecuada búsqueda de talento. Como casi siempre, no es fácil llegar a alguna conclusión definitiva, pero en todo caso deseamos que pronto haya otro grupo que pueda revivir el triunfo de la generación a la que hoy recordamos.



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Fotos: El Mundo Deportivo

viernes, 4 de diciembre de 2009

La ¿maldición? de Cobi

El otro día se quedó pendiente un repaso a la carrera de nuestros campeones olímpicos en Barcelona'92, especialmente a las circunstancias especiales que rodearon casi todas sus retiradas. Porque la mayoría disfrutaron de unas carreras relativamente brillantes, alcanzando en muchos casos la selección absoluta, participando en Mundiales y Eurocopas y logrando varios títulos con sus respectivos equipos, pero también casi todos se vieron envueltos en lesiones y polémicas a la hora del adiós, muchas veces más temprano de lo normal para un futbolista profesional. Seguramente no sean más que un cúmulo de casualidades, pero no deja de ser curioso echar un vistazo y ver que del once titular de la final prácticamente nadie se salva de lo que la gente no tardó en llamar "la maldición de Cobi".

Toni Jiménez había completado un torneo olímpico memorable. Se había hecho con el puesto adelantando a un Cañizares que se perfilaba como titular antes del campeonato, y consiguió llegar a la final sin recibir ni un solo gol. Aquel año había estado cedido por el Barça en el Figueres, con el que se quedó a un paso de ascender a Primera. Tras los Juegos estuvo a punto de firmar por el Zaragoza pero a última hora prefirió la oferta del Rayo Vallecano, con el que debutó en la máxima categoría de la mano de Jose Antonio Camacho. Con el técnico murciano viajó después al Espanyol, al que devolvió a Primera, asentándose rápidamente como uno de los mejores guardametas de la categoría (llegó incluso a debutar con la absoluta, con Camacho, cómo no), hasta que en 1999 fichó por el Atlético para conformar una portería de auténtico lujo junto a Molina. Pero todo se torció. Suplencia, descenso y un error garrafal en la final de Copa ante su ex-equipo le marcaron y desde entonces la inseguridad y los errores fueron sus acompañantes. Pese a regresar al club perico en 2003, la temporada siguiente se retiró con 34 años, una edad no excesivamente elevada para un guardameta.

Juanma López era uno de los defensas más temidos por los delanteros de la Liga a principios de los 90. Fuerte y expeditivo, su juego al límite le ocasionó más de un disgusto en forma de expulsión y pronto se le colgó la etiqueta de leñero, aunque en su defensa alegaremos que en su historial no consta ningún lesionado. Tras ganar el doblete con su Atleti, su carrera se truncó en 1997 con una grave lesión de rodilla de la que recayó en varias ocasiones (una incluso por culpa de un accidente doméstico) y que acabó obligándole a retirarse en 2001.

Abelardo ya había debutado con la selección absoluta en uno de los primeros partidos de Miera y era uno de los defensas con más proyección del país. Su crecimiento le llevó al Barça en 1994, donde fue pieza indiscutible en el equipo hasta que las lesiones comenzaron a acosarle. Problemas musculares y de rodilla le llevaron a decir adiós a los terrenos de juego en 2003, cuando militaba en el Alavés. Actualmente entrena al filial de su Sporting y hace sus pinitos como comentarista televisivo.

Roberto Solozábal fue el primero de los titulares en caer. Capitán de la selección y símbolo de la cantera rojiblanca hasta su salida del club de Manzanares en 1997, Solozábal destacaba por su buena planta, colocación, inteligencia táctica y un aseado manejo de balón, pero acabó siendo víctima de dos de los propietarios más peculiares del fútbol español, Jesús Gil y Manuel Ruiz de Lopera. Tras el doblete atlético de 1996 y la decepción de la Champions League la temporada siguiente, el capitán colchonero fue puesto en la lista de transferibles en una de esas extrañas decisiones de Gil y recaló en el Betis, donde terminó todavía peor: apartado del equipo y en los tribunales, que además acabarían dando la razón al club hispalense. Era la temporada 1999-2000, y aquel mismo verano Solozábal decidió colgar las botas y dedicarse a sus negocios.

Mikel Lasa probablemente sea el titular que menos padeció por la supuesta maldición. Lasa fue un carrilero zurdo criado en la Real Sociedad y que durante 6 temporadas recorrería la banda del Bernabéu, aunque perdiendo importancia en el equipo año a año. En 1997 la llegada de Capello (y sobre todo la de Roberto Carlos) le obligó a hacer las maletas con rumbo al Athletic, donde alcanzaría el subcampeonato liguero en la mejor temporada del club bilbaíno en los últimos años, pero tampoco pudo hacerse un hueco en el equipo y acabó fichando por el Real Murcia, donde permaneció dos años y consiguió un ascenso. Luego firmaría por el Ciudad de Murcia, también en Segunda, y en 2004 pondría fin a su carrera, con 33 años.

Albert Ferrer puso fin a sus correrías por la banda derecha en 2003, al finalizar su contrato con el Chelsea, al que llegó en 1998 como uno de los efectos colaterales del aterrizaje de Louis Van Gaal en Can Barça. Quizá el tener que dejar su club de toda la vida fuera el único efecto de la maldición, porque en Londres brilló varios años, llegando a ser considerado uno de los mejores extranjeros de la Premier, hasta que la edad y la llegada de jóvenes valores le condenaron al banquillo y luego a la retirada, cuando contaba con 33 primaveras.

Luis Enrique, uno de los muchos canteranos del Sporting presentes en los Juegos, ya pertenecía entonces al Real Madrid y acabaría fichando por el eterno rival de los blancos en 1996, tras una salida no demasiado amistosa de la Casa Blanca. Futbolista de raza y tremendamente polivalente, en el Barça disfrutó de sus mejores años como profesional hasta que el club entró en barrena a comienzos de siglo. Señalado indirectamente como uno de los responsables del mal momento del equipo, decidió retirarse en 2004 y durante un tiempo se instaló en Australia, entregado a su otra pasión: el atletismo. Participó en varios maratones y pruebas de triatlón hasta que el año pasado fue reclutado por el Barça para sustituir a Guardiola como técnico del filial blaugrana.

Pep Guardiola disfruta nuevamente de las mieles del éxito como entrenador, pero su última etapa como futbolista al máximo nivel no fue demasiado positiva. Tras ser y ganar todo en el Barça, en 2001 Guardiola anunció su marcha al fútbol italiano, negando que la mala marcha del equipo esa temporada tuviera algo que ver en su decisión. Simplemente quería probar otro fútbol mientras todavía estuviera a un nivel aceptable, pero no tuvo demasiadas ocasiones. Jugando en el Brescia, Pep dio positivo por nandrolona en un control antidopaje en el mes de noviembre y se pasó cuatro meses sancionado, perdiendo las opciones de acudir al Mundial de 2002 y protagonizando un largo proceso judicial del que todavía no hace mucho que quedó absuelto. El escándalo, que de cuando en cuando amaga con volver a la primera plana, no afectó a su fichaje por la Roma, pero en la Ciudad Eterna Capello no cuenta con él y acaba volviendo al Brescia. Luego Guardiola inició una exótica aventura en el Al Ahly de Qatar y, después de un año retirado, acudió a la llamada de su amigo Lillo para disputar el Clausura mexicano de 2006 con los Dorados de Culiacán. Entre medias completó el curso de entrenador, y tras anunciar su retirada definitiva a finales de 2006, la temporada siguiente asumió el mando del Barça B con las miras de todos puestas en su futuro con el primer equipo. El resto es historia.

Rafael Berges también ha probado suerte como entrenador, aunque sin tanto éxito. Berges era un lateral y centrocampista zurdo que tras pasar por el Tenerife desarrollaría casi toda su carrera en el Celta, siempre acosado por las molestias físicas, y al que una grave lesión obligaría a colgar las botas definitivamente en 2002 cuando ya había regresado a su Córdoba natal.

Alfonso Pérez Muñoz también tuvo que lidiar con multitud de problemas físicos. Durante varios años estuvo considerado el sucesor de Butragueño hasta que un pipiolo de nombre Raúl le adelantó por la derecha. El de Getafe tuvo que buscarse la vida en el Betis, donde triunfó con sus goles y se ganó otra oportunidad al más alto nivel: la que le dio el Barcelona tras la Eurocopa de 2000. Pero las cosas no funcionaron y tras pasar una breve etapa en el Olympique de Marsella regresó a Heliópolis, aunque ya no pudo volver a rendir al máximo y acabó retirándose en 2004. Para la historia quedará su gol a Yugoslavia en la Eurocopa de 2000 y el estadio de Getafe que lleva su nombre.

¿Y qué decir de Kiko Narváez que nadie conozca? Pues si acaso que aquel Oro le sirvió para convencerse de que definitivamente podía hacer carrera en esto del fútbol, a pesar de que ya el año anterior había sido el salvador de su Cádiz. Después ficharía por el Atlético, se convertiría en un ídolo para la afición del Manzanares y acabaría descendiendo a los infiernos. Lastrado por sus eternos problemas de tobillo, salió mal del club rojiblanco (y quién no) y tras ver frustrado en dos ocasiones su traspaso al Calcio (primero al Milan y luego al Lazio), se retiró con más pena que gloria en el Extremadura en 2002 y comenzó entonces una meteórica carrera en los medios.

Pero el maleficio también afectó a varios suplentes. De hecho el primero en sufrir sus perniciosos efectos fue un ocupante habitual del banquillo, el defensa Miguel Hernández, que en 1992 pertenecía al Rayo Vallecano y que en 1994 fichó por el Espanyol, por petición expresa de Jose Antonio Camacho, su ex-entrenador en Vallecas. Pero en Barcelona no tuvo casi oportunidades y tras fichar por el Lleida de Segunda División acabaría colgando las botas en 1998 por una grave lesión. Dos años más aguantó el centrocampista David Billabona (en la imagen), que destacó varias temporadas en el Racing pero al que tampoco respetaron las lesiones. Tras dejar el fútbol, Billabona se marchó a vivir al Pirineo oscense, alejado por completo de su antiguo oficio.

Párrafo aparte merece Santiago Cañizares. Criado en la cantera del Real Madrid, brilló en Elche y Mérida en Segunda y tras los Juegos el Celta le dio la oportunidad de debutar en Primera. Pronto se ganó el puesto, el Zamora y la convocatoria con la absoluta, con la que tuvo un brillantísimo debut en el inolvidable partido ante Dinamarca que nos dio la clasificación para el Mundial de 1994. Volvió al Real Madrid, pero en Chamartín vivió primero a la sombra de Buyo y luego de Illgner, justo cuando parecía que iba a asentarse en la portería merengue, por lo que tras ganar la Copa de Europa de 1998 puso rumbo a Valencia. Allí demostró ser uno de los mejores porteros del país y se mantuvo inamovible bajo los palos, pero también comenzó a sufrir los efectos de la maldición. Una actuación más que discreta en la Eurocopa de 2000, dos finales consecutivas de Champions perdidas y un extraño incidente en el hotel que le privó de acudir al Mundial 2002 sirvieron para alimentar la leyenda. Y cuando parecía que todo volvía a funcionar, en 2008 llega Ronald Koeman al banquillo ché y decide apartarlo del equipo. Fueron cuatro meses de ausencia, declaraciones incendiarias y mal ambiente en general que acabaron con la destitución del holandés, la vuelta del portero a la titularidad y, finalmente, la rescisión amistosa del contrato mientras surgía una turbia acusación de una menor que afortunadamente no tardó en aclararse.

Del resto no podemos decir que hayan padecido demasiado por este hipotético embrujo.  Paqui eligió el verano de 2004 para colgar las botas, en su caso después de completar una carrera llena de altibajos que le llevó por Tenerife, Zaragoza, Hércules, Las Palmas y Osasuna, jugando sólo con cierta regularidad en las Canarias. Javier Manjarín, que no llegó a disputar ni un minuto en aquellos juegos, sí tuvo un brillante paso por Primera. Criado como muchos de sus compañeros de selección en la cantera de Mareo, fichó por el Deportivo en 1993 para formar parte de aquel SuperDepor que tantas alegrías y alguna que otra lágrima causó a la afición coruñesa. En 1999 se marchó al Racing de Santander, y en 2001 inició una aventura al otro lado del charco que le llevó al Atlético Celaya y al Santos Laguna de la Liga mexicana. Regresó a Galicia en 2004 para retirarse en el Arteixo. Otro que no tuvo mayores problemas con la supuesta maldición fue Jose Emilio Amavisca (en la imagen), que en 1994 fichó por el Real Madrid, se ganó un sitio para el que parecía descartado antes de empezar la temporada y se convirtió en pieza clave de aquel Madrid de Valdano. Luego su importancia en el equipo iría disminuyendo y en 1998 fichó por el Racing, club en el que se había formado y donde vivió un descenso (junto a Manjarín, ¿quizá fruto de la maldición?) que provocó su salida hacia el Deportivo en 2001. Allí vivió los mejores momentos del gran equipo de Irureta, semifinales de Champions incluídas, y en 2005 puso fin a su carrera en el Espanyol, donde apenas jugó una temporada.

La carrera más plácida de todos fue sin duda la de Paco Soler, que no se movió de Mallorca desde que debutara en 1990 hasta su retirada en 2004. Luego, ya como entrenador, probó suerte en el Beira Mar portugués, pero no tardó en volver a la isla para entrenar al Atlético Baleares. Ni rastro de maldición. Tampoco podemos decir que la historia de su paisano Gabriel Vidal tenga mucho que ver con la mala suerte, simplemente no llegó a destacar. Pasó por Leganés, Getafe, Ciudad de Murcia, Granada y Atlético Baleares, siempre bajando de escalón, hasta retirarse en 2004. Por último, Antonio Pinilla (en la imagen) fue junto con Cañizares el componente más longevo de aquella selección, ya que se mantuvo en activo hasta el final de la campaña 2007/2008. Criado en la cantera del Barça, la explosión del Dream Team le obligó a buscar su sitio en clubes menores y tras pasar cedido por Mallorca y Albacete recaló en Tenerife, donde se convirtió en uno de los puntales del equipo en los mejores años de su historia. Tras el descenso del club chicharrero, en 2001 Pinilla fichó por el Salamanca y al año siguiente fue traspasado al Nástic de Tarragona, en el que acabaría su carrera tras vivir todo tipo de situaciones: ascensos, descensos, lesiones, bajas, nuevas contrataciones... Tras más de 200 partidos con el club grana, Pinilla ejerce ahora las labores de director deportivo.

¿Conclusiones? Pocas, y cada uno tendrá las suyas, pero hemos de reconocer que toda esta historia ha servido al menos para recordar un poco mejor a nuestros campeones olímpicos, ¿no?